Dejó que el teléfono sonara una y otra vez. En un momento dado pareció que iba a contestarlo, pero se contuvo a tiempo. El teléfono sonó durante diez minutos y una vez que cesó, reinó el silencio y la tranquilidad.
Una vez que dejó de temblar, se dio prisa y terminó de mutilar el cuerpo. Tras la fechoría, se marchó.
El hombre y su amigo.
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Los veía pasar todas las tardes, recorrían la plaza, luego el hombre se
sentaba en el bar de la esquina y pedía un aperitivo, pasaban horas, hasta
qu...
Hace 1 semana.


1 comentario:
Me revientan las interrupciones cuando uno está haciendo una tarea relevante.
Grande, Neto, como siempre...
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