El tren pasa a metros de mis sueños, tirando con fuerza de los vagones cargados de ilusiones. El maquinista hacer sonar el pito de la locomotora cuando me ve y mueve su brazo encogido arriba y abajo, como si estuviera jalando una soga invisible.
El tren siguió su rumbo, dejando tras su paso el silencio roto, las vías vacías y el humo perdiéndose en el aire.
Es un punto en el horizonte, como mis metas. Volverá a pasar mañana y pasado, y cada día. Sin embargo me he acostumbrado a contemplarlo y resignarme a la complicidad de un maquinista ajeno a la verdad que distrae mi mirada y esconde mi alma.
¿Quién dijo asesinos?
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Se conocieron en uno de los tantos lugares de citas que pululan por
Internet, dudaban en verse, el miedo al desengaño, a no ser lo que esperaba
el ...
Hace 6 días.

