La veo tendida a mis pies en sumiso sueño.
Obediente silencio que es compasión de la muerte.
Las estrellas no lloran lo que no sienten ni objetan lo que no han visto.
El rocío es escenario secundario. Olor a pino en el aire.
A los lejos, un ulular histérico vaticina la pesadumbre.
Ella sigue a mis pies. Se fue, llevándose las respuestas.
Quedarán las penas y viviré con ellas.
Por siempre.
La casa de los abuelos.
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La costumbre de mis padres de pasar los veranos en la casa de los abuelos
terminó en ese año, en que mis sentidos se despertaron al terror, ellos no
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Hace 20 horas.

