Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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14 de julio de 2020

Lavando ropa

Tengo la manía de mezclar ropa de color con ropa blanca dentro del lavarropas para que se destiñan. Incluso, que se destiña la de color con otra de color. Al cabo de varios lavados, ninguna prenda tiene la tonalidad original.
Hace poco compré un pantalón en oferta. Parecía de primera calidad, pero prácticamente me lo regalaron. De un negro tan intenso que la mirada parecía perderse en el entramado de los hilos, casi de forma hipnótica.
Cuando lo puse a lavar por primera vez, lo mezclé con ropa de color. Tenía el presentimiento que iba a teñir a las demás prendas. Atónito quedé al ver que el pantalón seguía negro impoluto y el resto de la ropa ahora era blanca.
Cuál agujero negro, les había robado el color.  Ahora lo lavo a mano, aunque creo que lo voy a regalar. Ya me decoloró dos fuentones y un balde.

13 de julio de 2020

Estrella personal

Cuando era pequeño, solía subirse hasta lo alto de un fresno que había en el fondo del patio. Jugaba con tocar las estrellas con las manos. Entrecerraba los ojos y trataba de alcanzarlas. Flor de susto se pegó la noche que al estirar la mano, agarró algo caliente y brillante. ¡Había agarrado una estrella! Era apenas un poco más grande de lo que se veía en el cielo. La guardó en una caja de madera, sobre la mesa de luz. Desde entonces, cada noche abría la tapa y la admiraba largos minutos.
Últimamente la veía con menos brillo, más pequeña. Finalmente, anoche, el fulgor se fue apagando hasta desaparecer del todo. Quedó una piedra redonda, toda chamuscada. Hoy fue hasta las vías y al pasar al ferrocarril se la arrojó con furia. Rebotó contra un vagón y se perdió en los matorrales. Quiso buscarla, arrepentido, pero en silla de ruedas y con el tubo de oxígeno a cuestas, lo mejor era volver para el geriátrico.

11 de julio de 2020

La cartera

En la cartera llevaba la billetera, el porta cosméticos, la tarjeta del colectivo, auriculares para el celular, el celular, un cargador, un espejo para mirarse de tanto en tanto, un peine ancho, un frasquito de perfume, una botella de agua de medio litro y un libro para leer en los ratos muertos.
Pero también, por las dudas, llevaba un sánguche de mortadela y queso, una manzana, servilleta, un juego de cubiertos descartables, un paquete de galletitas dulces, una tableta de chicles, una bolsita de caramelos media hora y un cepillo de dientes de viaje, que venía con la pasta dental.
Como estaba fresco, por las dudas, tenía también un par de guantes, bufanda y gorrito de lana. Y no podía faltar, para toda ocasión imprevista, toallitas y ropa interior de recambio. 
- ¿Señorita, tiene para rato? - repitió por enésima vez el oficial, en el control de rutina, mientras veía acumularse gente de manera preocupante.
- No me apure, que el DNI siempre lo tengo a mano.

9 de julio de 2020

Luna llena

Soñé que me asomaba afuera y estaba lleno de personas deambulando de un lado a otro, flores en mano. En lo alto, la luna llena iluminaba los rostros con un matiz de muerte que estrujaba el alma.
Desperté repentinamente, con cada hueso del cuerpo temblando. La agitación era tremenda. Dudé en asomarme o no. Tenía pánico. Al final lo hice.
El cementerio estaba vacío. La luna bañaba con su blanquecina luz a las tumbas más próximas. Suspiré. Total normalidad. Volví a la mía, a continuar con el descanso eterno.

8 de julio de 2020

Viejos locos

El viejo Solís estaba loco. Cada noche salía a la terraza para lanzar insultos al aire, que se escuchaban en toda la manzana.
Y se veía venir que el otro loco de la calle, el viejo Iriarte, en cualquier momento le salía al cruce. 
Fue así como durante cinco días los insultos iban y venían por el aire, de techo en techo, y nosotros, en nuestros hogares, tratando que las palabras y gritos no llegaran a oídos de los más pequeños.
Fueron cinco días nada más porque la señora María Rosa, la que hace pastelitos cada sábado y los regala en la plaza, se asomó por la ventana con el rifle de caza que había pertenecido a su difunto marido y los bajó de un tiro en la sien a cada uno.
Nuevamente las noches se viven en paz en el barrio.

7 de julio de 2020

Carnicería

La ruta es una carnicería de bichos, me dijo hace tiempo mi tío. Y recuerdo muy bien cómo el auto quedaba adornado por cientos de insectos destrozados en el impacto. Una carnicería, sin dudas.
Hoy no hay manera de atropellar a uno solo. No porque sean más vivos y ahora esquiven a los autos. Es que no se ven más. La mierda esa que rocían en los campos, dicen los más duchos en el tema.
Puede ser, claro que sí. Pero me temo algo peor. Un enorme complot. Todos los bichos ocultos bajo tierra, construyendo el coche más grande del universo, esperando el momento de sacarlo a la superficie y hacernos trizas.
Aunque esto solo lo escribo aquí, dónde nadie lo puede leer. Si me preguntan, son los químicos esos.

6 de julio de 2020

Palabras

¡Incesto, mamá!
Cuando Braulio apareció por el pasillo, con esas palabras en la boca, mamá paso del asombro, a la perplejidad, luego a la gracia y finalmente la nostalgia.
Cuántas veces en su infancia había provocado la risa de sus padres, tíos y abuelos, diciendo "canoba", "estuatua", "toballa", "bujero", "cocholate", "galartija". Junto a las palabras llegaron imágenes de tiempos felices, sin responsabilidades, de juegos y complicidades. De pronto, se sintió alegre, lejos de los problemas diarios de la vida de adulto.
Abrazó a su pequeño y llevándolo de la mano hacia el patio, le prometió juntar todos lo des "incestos" que pudieran encontrar.
Mientras tanto, en la habitación contigua, papá sometía a Clarita en una relación, que, mintiéndole descaradamente, le hacía creer que era normal.

4 de julio de 2020

Fantasmas callejeros

Dos pocillos sobre la mesa, el café humeante en su interior, las manos entrelazadas de las personas en la mesa, las miradas húmedas y brillantes, el sonido de fondo de cubiertos entrechocando, una suave melodía en los parlantes de pared, los televisores encendidos en un canal de noticias y un barman con el rostro vuelto hacia la cocina. 
Un instante en la mañana, breve, fugaz. Lo capta todo de una sola vez, al poner un pie dentro del bar. Tiene estampitas en la mano y un enorme deseo de comer. Pero solo hay una mesa con gente y mucho por recorrer. Se marcha sin siquiera cerrar la puerta. Nadie lo ha notado. Es un fantasma de la calle, uno de los miles y miles que deambulan con estómagos crujientes por la ciudad.

3 de julio de 2020

Espectáculo nocturno

Aquella noche desafiaron al frío y muchos prejuicios. A la distancia, para Ismael el recuerdo tiene otro peso. La enorme fogata, las llamas en su danza etérea pintando la noche y el crepitar del fuego, matizando los silencios de sus voces, embelesados por el espectáculo nocturno.
Entonces, escucharon los gritos, el sonido de gente corriendo y la presencia de un chico exhausto, que llegó hasta ellos. Estaba golpeado y asustado. Detrás llegaron otros, más grandes, gritándole obscenidades.
Fue un impulso. Se pusieron delante del chico. Y uno sacudió en el aire una antorcha encendida. Se fueron y más tarde, se marchó el chico.
La fogata se consumió con las horas. No así sus pensamientos. Aquellos insultos, esos "puto", "gay", "trolo", a Ismael le siguen doliendo al día de hoy.  Y cuando se los dicen a él, imagina que corre hacia una fogata en la que unos desconocidos lo van a defender.

2 de julio de 2020

Las formas del tiempo

Pasa el tiempo, las horas, los días, los meses. Inmóvil, lo veo escabullirse por los rincones. Tiene forma de telarañas, de hojas secas, de manchas de humedad, de polvo cubriendo los muebles, del canto de los pájaros, de la descomposición de la carne, de la vida minúscula que recorre las superficies, del fétido olor que de un momento a otro desaparece, de los impuestos amontonándose en la entrada, de los golpes a la puerta cada vez más espaciados de los vecinos, de los huesos que ya se notan debajo de la piel.
Tarde o temprano, la tirarán abajo y allí me encontrarán. Distraído, observando escapar al tiempo, ajeno al presente, distanciado del pasado.

30 de junio de 2020

Modas virales

La última moda en las redes sociales era sacarse una foto con solamente un barbijo cubriendo las partes íntimas.
De un día para otro las únicas imágenes que se veían eran cuerpos desnudos con un pedacito de tela ahí abajo. Los moderadores de las redes en vano trataron de impedir la propagación del desafío viral.
Pero como toda moda, y más en estos tiempos vertiginosos, ya pasó. Ahora el reto es la foto totalmente vestidos, con una parte íntima al aire. 
Es difícil precisar cuál de las dos tuvo más exito. Aunque más difícil todavía es imaginar el próximo desafío.

29 de junio de 2020

Cervecero

Necesitaba un pasatiempo que al mismo tiempo le fuera práctico. Había probado con varias cosas: salir a correr, modelismo, guitarra, troll en redes sociales, pero nada lo convencía. Hasta que se sumergió en el mundillo de la cerveza artesanal. 
No solo le gustó, ocupó su tiempo libre y le dió una excusa para tomar cerveza junto a sus amigos, sino que reveló en él una faceta que no conocía, que era la imaginación para crear sabores.
Tras probar las variedades tradicionales, comenzó a experimentar: frutales, con chocolate, con leche, frutos secos. Luego fue por el lado de las legumbres y verduras. La de remolacha fue un éxito. Pero no conforme, buscó otros horizontes para el paladar. Primero hongos, luego carnes, comidas caseras (la de canelones ganó varios premios) y cuando parecía que había alcanzado un techo, descubrió el mundo de los sólidos: ladrillos, rocas, calefones, cartón corrugado, hierro, acero, aluminio.
Actualmente está experimentando con oro y diamantes, para un jeque árabe. Lo cierto es que cuando le preguntan cuál es la que más le gusta, responde siempre lo mismo: la que aún no cociné.

28 de junio de 2020

Tecnología

Desde no hace mucho hay aplicaciones en el celular para calcular el horario en el que pasa el colectivo. Esto, según Mateo, le ha quitado sustancia a la vida. Ya no hay riesgo de llegar corriendo y perderlo por metros, o de estar esperando una eternidad pensando en mil cosas y nada al mismo tiempo con esa premonición casi siempre errónea de que el bondi cambió el recorrido y uno no se ha enterado.
Solo basta organizarse, mirar con antelación en la aplicación y salir con el tiempo necesario. La aplicación mató el riesgo, el sentido de la aventura.
Por eso reniega tanto Mateo de la tecnología. Hasta va más allá y muestra su contrariedad para con el día en el que ni siquiera uno tenga que salir de su casa para trasladarse hasta otro lugar.
Fastidiado, termina siempre de la misma manera sus discusiones: "Hasta dónde vamos a llegar, hasta dónde. Vamos a convertirnos en esclavos de la tecnología... si es que ya no lo somos". 

27 de junio de 2020

Hipótesis

Inventé una historia, totalmente inverosímil. Muy grotesca, burda, tonta. Cualquiera que la escuchara, se reía o se enojaría, por las barbaridades que decía, involucrando además, a personas de la ciudad. Pero no se la conté a nadie. En cambio, con un programa de diseño, la preparé como si fuese una noticia publicada en un diario. Luego imprimí el recorte y le tomé fotos. Finalmente la compartí en varios grupos. Para la noche, todo el mundo daba por sentado que aquella historia era real.
No importa lo que dijera, cómo lo desmintiera, era mayor el poder de destrucción de una mentira que el de reparación de mil comunicados posteriores. Y no era necesario que pusiera a prueba la hipótesis. La historia estaba repleta de ejemplos.

26 de junio de 2020

Alimento perfecto

Todo lo que comía le caía mal. Comenzó a dejar los fritos, el alcohol, luego las comidas muy calóricas, los azúcares, las harinas, los lácteos, las carnes, los procesados, todo lo que tuviera químicos. Pero seguía sintiéndose mal. Dejó las legumbres, las verduras, y finalmente las frutas.
Ya sin opciones para comer, con mucha bronca, le dió un mordisco a un libro. Muy para su asombro, lo notó exquisito. Era una edición ilustrada de Los viajes de Gulliver. Se lo devoró en pocos minutos. De postre comió el tomo uno de Mafalda.
Desde entonces, no tiene problemas digestivos. Salvó, quizá, cuando prueba algún libro de política o de autoayuda. Y lo que más le gusta es que ahora va a comprar la comida en librerías de saldo. Eso sí, de tanto en tanto se da un gusto y cena en la librería de algún shopping de moda.

24 de junio de 2020

Lucidez

En sus últimos días había perdido la lucidez. Cada tanto volvía a ser el de siempre pero eran pequeños destellos en una cada vez más pronunciada desmejoría.
Olvidaba nuestros nombres, los recuerdos más próximos y evocaba situaciones que nunca habían ocurrido o totalmente deformadas. La realidad que había conocido se disolvía en la fragilidad de su cuerpo, en la aterradora sombra de la muerte que cada vez acechaba más cerca.
Aquella tarde, preocupado, me dijo que había olvidado su avión fuera del hangar. Apreté su mano y reprimiendo un suspiro de resignación, le dije que no se preocupara, que nadie le robaria un avión. Sonrió y descansó.
Fue más tarde que nos dejó. Entre la burocracia de los papeles, el velatorio y todos los ritos de rigor, volví a casa dos días después. Pensé que el cansancio me jugaba una mala pasada, pero no. Aún no puedo mover el avión del frente de casa y el municipio amenaza con multarme por interrumpir el tránsito en la calle.

22 de junio de 2020

Acromatopsia

Una afección de muy pequeña provocaba que todo lo viera en matices blancos, negros y grises. No conocía los colores ni podía imaginarlos. Los demás lo comparaban con vivir en una película filmada antigua. Para ella, era su realidad, su forma de conocer el mundo. No podía, tampoco, extrañar lo que no podía entender.
Le preguntaban mucho sobre eso, porque era una pintora muy famosa. Sus cuadros eran maravillosos y el color resaltaba de una manera pocas veces visto. ¿Cómo podía lograrlo? la interrogaban una y otra vez. Tan solo sonreía, pero nunca respondía. 
Para ella no era tan difícil, solo debía cerrar los ojos y dejarse llevar. El diablo cumpliría el resto del pacto.
"Cuando sea grande, quiero ser la pintora más famosa del mundo" dijo a los tres años en aquella habitación oscura. Una voz le respondió: "Deseo concedido, pero en lugar de tu alma, me llevo tus colores".

21 de junio de 2020

En la isla

Cada mañana la embarcación partía hacia la isla llevando alimentos, elementos de limpieza, ropa y algunos niños que cruzaban el río para asistir a la escuela.
Retornaba por la tarde, aligerada de peso, solo con los niños después del día de clases.
Los días de tormenta no salía, y si el clima cambiaba durante la jornada, no volvía y los pequeños dormían en las instalaciones del colegio isleño. 
Una lluvia los obligó a quedarse, cómo tantas otras veces. Pero esta vez llovió una semana seguida. Emprendieron el regreso tras la séptima tarde en la isla. 
Volvían contentos, pero al llegar a la costa, la ciudad ya no estaba.

20 de junio de 2020

Sirenas

Cada vez que suenan las sirenas de la policía, de los bomberos o de alguna ambulancia, se me paraliza el corazón. Es como que se activa un proceso en mi cuerpo, poniéndose tenso hasta el último músculo. Y la atención se fija en el teléfono, porque - pienso - en cualquier momento va a sonar y una voz desconocida me va a informar de alguna desgracia.
Hoy las escuché una vez más, tan fuertes, tan cercanas, que me obligaron a abrir los ojos bien grandes. Busqué el teléfono, casi a ciegas, mientras el cuerpo se convertía en un bloque de nervios. 
Comprendí entonces que no podía hacer un solo movimiento, apretujado entre los hierros retorcidos del coche. El teléfono no iba a sonar. Las sirenas venían por mí.

19 de junio de 2020

Corte y confesión

Varias veces estuvo a punto de confesarle su pasatiempo a sus clientes. No a todos, claro, sino con aquellos que más confianza había ganado en sus años de profesión. 
La tijera y la navaja, dos elementos cortantes y si se quiere, mortales, crean un vínculo que otras profesiones no tienen. Ser peluquero requiere responsabilidad. Un peluquero que se pianta corta una garganta de lado a lado. El vínculo es de entrega entre uno y el otro. Por eso estuvo a punto, y sin embargo, no se animó. 
Cuando cierra el local, barre todos los cabellos y los mete en una bolsa. En su casa, más tarde, los separa por color y tonalidad. Luego agarra alguno de los tantos  gatos que tiene drogados y con minuciosa precisión, empieza a injertar sobre la piel los cabellos de sus clientes, para transformarlo en una especie de león en miniatura y sumarlo a su colección de monstruos salvajes que tanto lo llenan de felicidad.

18 de junio de 2020

Soñador

De chiquito soñaba con tener una espada. Quizá por eso terminó trabajando en una carnicería, manejando una cuchilla enorme con la que podía hacer los cortes fácilmente.
También soñaba con atravesar mil peligros y rescatar de las garras de un poderoso enemigo a su amada princesa, casi siempre encerrada en un castillo. Por eso quizá cada tarde cruzaba las vías y se mandaba para el otro lado del pueblo, dónde no era visto con buenos ojos, para visitar a su novia.
Claro que lo que siempre deseó, más que nada, fue derrotar a un dragón furioso. Es probable que sea la causa que lo llevó a cortarle la cabeza al padre de su novia valiéndose de su enorme cuchilla, cuando lo descubrió metiéndose a hurtadillas por la ventana.
Ahí anda ahora, prófugo en otros reinos.

17 de junio de 2020

Un cumpleaños

El hombre llevaba un sobretodo marrón bastante desgastado y una bufanda que le daba dos vueltas al cuello y le cubría la mitad del rostro. Las arrugas que se dejaban ver delataban el paso del tiempo.
- Deme un whisky - dijo - Es mi cumpleaños.
Detrás del mostrador doña Berta lo miró y con cierta incomodidad le hizo notar una obviedad, al menos para ella.
- Esto es una tintorería.
El hombre miró a su alrededor.
- Entonces deme lo más fuerte que tenga.
- Tengo un quitamanchas importado, muy bueno.
- Deme un vaso y déjeme la botella.
Se acodó en el mostrador y en quince minutos se bebió casi todo el líquido. Pagó en efectivo y dejó una buena propina. Cuando se iba, doña Berta le deseó feliz cumpleaños. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas. Devolvió el saludo inclinando la cabeza.
Doña Berta pasó un trapo sobre el mostrador y sirviéndose el culito que había quedado en la botella dijo en voz alta "cada loco con su tema" y tras elevar el vaso en un brindis ficticio apuró la bebida con resignación. 

16 de junio de 2020

Casa con escalera

En la calle en la que vivo hay una vivienda que no tiene ni puertas ni ventana, tan solo un buzón para el correo y una escalera que sube al techo.
Jamás he visto a nadie salir ni entrar. Pero si he notado que le han despachado cartas y facturas de servicios en el buzón. Ya estaba cuando me mudé, hará un año. Le pregunté a algunos vecinos, pero solo sonríen y cambian de inmediato de tema.
Una noche esperé a que no anduviera nadie por la calle y fui hasta la escalera. Subí y me detuve de golpe. Allí arriba no había techo, tan solo un abismo enorme. Una ráfaga de viento casi me hizo perder la estabilidad. Temblando, me alejé corriendo. Ahora, cuando alguna visita me pregunta por esa casa, sonrío y le cambio de tema.

14 de junio de 2020

Diez años


Diez años que no lo veía, diez largos años. Un amigo entrañable, pero por esas cosas de la vida nos perdimos el rastro. Y hoy, en la calle, nos vimos. Al mismo tiempo, con esas casualidades que llevan a la risa y la evocación de viejos tiempos.
Y me pregunta si aún dibujo y me alegro que recuerde eso de mí. Le respondo con alegría que sigue siendo mi pasatiempo aunque sueño con la utopía de vivir de ello. Espero una aprobación, un chiste, algo, menos lo que sucedió.
Sacó de su mochila tres cuadernos escritos a mano: "Mi novela gráfica y la vas a dibujar vos". Y quizá vencido por la nostalgia, la resignación de la amistad, la falta de carácter de mi parte, le dije que sí.
Y acá estoy, con la idea de cortarme las venas con un lápiz, pero dibujando velozmente, tratando que estas doscientas páginas que tengo por delante, pasen volando. Como esos diez años sin vernos.

13 de junio de 2020

Búho

El búho me miraba con recelo. Una mirada penetrante, de mal augurio. Me vinieron a la memoria cuentos de mi abuelas, en dónde las lechuzas y los búhos eran fieles sirvientes de brujas y hechiceros. Me recorrió un frío por todo el cuerpo.
El búho, sin embargo, seguía inmóvil en su lugar, clavándome sus ojos enormes como si tratara de atravesarme. Me debe haber bajado la presión, porque por unos segundos sentí que una bruma negra me rodeaba. En cualquier momento se abalanza sobre mí, pensé al borde de la histeria. Pero resistí, recobré el ritmo en la respiración y traté de mover las piernas.
La mano sobre el hombro me sobresaltó. Creo que hasta grité. Mi novia largó una carcajada y dijo:
- ¿Vas a pasar al patio a conocer a mis viejos o te vas a quedar toda la tarde mirando ese feo búho de adorno?

12 de junio de 2020

Té bien caliente

No le gustaba el té tibio. El agua tenía que hervir y la pava lanzar chorros de vapor por el pico y levantar la tapa al menos medio centímetro. Solo así, el té era té. 
Tenía la boca acostumbrada y no se quemaba. Sin embargo, a sus visitas les advertía que debían esperar al menos cinco minutos para comenzar a beberlo. Lapso para el cual ella ya se había tomado el suyo.
Sin embargo, a Etelvina decidió no avisarle. Le había molestado que le criticara una foto en Instagram y sin dudarlo la invitó a tomar el té. Incluso, dejó hervir el agua mucho más de lo que acostumbraba.
Con solo el primer sorbo, a Etelvina le desapareció la mitad del rostro. Igual, no sintió mucho dolor. Una vez en el piso, la remató con la punta de un paraguas. 

11 de junio de 2020

Femme fatale

El auto rojo estacionó delante de nosotros. Se bajó la ventanilla y se asomó una pelirroja. Nos hizo señas, pero solo el Pelado se acercó. Cruzaron unas palabras que nos fueron ajenas y de inmediato se subió al auto.
Cuando lo volvimos a ver, dos años después en un bar, tenía abundante cabellera y se había tatuado un auto rojo en el brazo. Nos acercamos para charlar pero nos cortó el rostro. También vimos a la pelirroja, del brazo de otro flaco. Al vernos nos sonrió y guiñó un ojo.
El Zurdo casi cae en su embrujo, pero lo paramos a tiempo. Fue el Chino el que se dió cuenta que su reflejo en el ventanal que daba a la calle la mostraba tal como era: alta, esquelética, de cuernos prominentes y una larga cola terminada en punta.

10 de junio de 2020

Un relato del futuro

Una tarde, jugando con los filtros de la cámara de su celular, fotografiando desde la ventana de su habitación, le hizo una instantánea al diablo.
Se lo veía con claridad, entre un canasto para la basura y el poste que señalaba la parada del colectivo urbano. O al menos, era lo que ella decía.
Todos reían al ver la imagen. Y replicaban lo mismo: ¡Es solo un hombre con traje y un maletín!
Sintió angustia durante muchos meses, al no poder convencer a nadie de lo que había fotografiado. Hasta que fue demasiado tarde. Las paredes de la ciudad aparecieron de un día a otro empapeladas con la imagen del hombre: "Votá a Samael Mussimeni". 
Lo que pasó luego, ya todos lo saben.

8 de junio de 2020

Derrota

La explosión nos dejó aturdidos. Las esquirlas siguieron cayendo varios minutos después. Las llamas, las cenizas, el humo, nos envolvían como un torbellino.
Buscamos en el exterior algo de oxígeno, pero el aire estaba tan espeso y viciado como en el interior. Fue entonces que las vimos.
Enormes maquinarias metálicas tan altas como un edificio, sostenidas por soportes flexibles en forma de piernas, avanzando por la ciudad, destruyendo lo que aún no estaba en ruinas.
Busqué a mis compañeros alrededor pero no se veía a más de un metro.  Escuché gritos y también detonaciones menores: estábamos contraatacando. Pero no podríamos resistir mucho más. Apreté los dientes y asumí el final. Oprimí el botón de reset en mi casco virtual.
- ¡Esteban, qué ortiva - me dijo Alejandro, quitándose con bronca el equipo 3D - aún podíamos combatir un poco más!
No le contesté. Nuestra suerte estaba echada.

7 de junio de 2020

El Capitán

Un amigo juntó sus ahorros, se compró una casa rodante y salió a recorrer el mundo. 
Antes de irse me prometió una postal de cada frontera que cruzara. Sería, además, su manera de mantenerse en contacto porque odiaba las computadoras y celulares.
Cada dos o tres meses el correo golpeaba mi puerta. Las postales eran fotografías que él mismo tomaba y venían acompañadas de breves textos escritos a mano en el reverso. Pequeños comentarios, indicios del lugar donde la había tomado. Y firmaba siempre igual: "Hasta la última frontera no paro, su amigo El Capitán".
Tengo una caja con más de doscientas postales. Se pueden dar una dimensión del viaje de mi amigo y del tiempo que no le doy un abrazo. Dudo incluso, que alguna vez vuelva a verlo. La postal de esta mañana me ha tomado por sorpresa. El terreno colorado, las mesetas de fondo y un mensaje tan escueto como revelador: "Marte, la frontera que me faltaba. Su amigo, El Capitán".