ADIVINA ADIVINADORA
Por Ernesto Parrilla
Personajes:
GLADYS, la adivina. Unos sesenta años, maquillada en exceso, movimientos exagerados, colores estrafalarios en su vestimenta.
JULIANA, la clienta. Treinta y algo años, muy segura de sí misma, prolijamente vestida y maquillada, movimientos calculados. Primera impresión: se cree importante, mira con desdén.
Una mesa chica, mantel largo, una bola de cristal encima, bien en el centro, dos sillas, una de cada lado. En uno de los laterales, una puerta o entrada. Cerca de la mesa hay un aparador, armario o roperito, que en el interior tiene botellas semi vacías de bebidas alcohólicas.
Gladys mientras tararea una canción, le pasa el trapo a la mesa con movimientos bruscos, pule la bola de cristal como si le sacara lustre a un zapato, se detiene, la observa, la escupe y sigue pasándole el trapo.
GLADYS: ¡Reluciente!
Se seca la frente con el trapo sucio. Se da cuenta que está sucio, hace un gesto de fastidio, lo arroja lejos, estira parte de su vestimenta y se la pasa por la frente para limpiarse mejor. Se acerca al armario, abre la puerta y empieza a sacar botellas de a una. Las mira a contraluz para saber qué contienen.
GLADYS: La última vez por apurada me tomé medio litro de Procenex Pino. Al menos hubiese sido Aires de Montaña.
Escoge una botella y toma del pico.
GLADYS: Ahhhhhhhhh ¡Qué placer!
Guarda la botella. Golpes en la puerta. Gladys mira su muñeca como si tuviera un reloj de pulsera (pero no lo tiene).
GLADYS: No sé qué mierda miro si el último reloj que tuve lo empeñé para cambiar esa bola de porquería. Más golpes en la puerta. Por cómo tengo el estómago, deben ser las 10 de la mañana. Más golpes en la puerta.
GLADYS: ¡Ya vaaaa! ¡Ya vaaaa! ¡Qué es la única puerta que tengo, mieeerda! Se acerca a la puerta. Vuelven a golpear. ¡Ya vaaaaaa!
En Off se escucha la voz de la clienta.
CLIENTA (JULIANA): ¿Quién soy?
Gladys se frena, abre los brazos en cruz fastidiada.
GLADYS: Pero, me cago. Una pelotuda para empezar el día.
GLADYS: Alzando la voz ¡Una clienta! Y abre la puerta.
Entra Juliana, parsimoniosa, estudiando todo con la mirada. Le extiende la mano.
JULIANA: Ha adivinado.Mi nombre es Juliana y efectivamente, soy una nueva clienta.
GLADYS: No por nada el cartel de afuera dice adivinadora. Tuve que empeñar hasta las bombachas, pero me gusta el rosa furioso.
JULIANA: ¿Es rosa? Ay, lo siento. No me di cuenta. ¿Pero… no lo tiene apagado?
GLADYS: Y si, para qué lo voy a tener encendido a la mañana. Con lo que cuesta la luz... ni a la noche lo enciendo. Total, me conocen por el boca a boca.
JULIANA: ¿También es enfermera…? ¿No son las enfermeras las que que hacen el boca a boca?
Gladys entorna los ojos.
GLADYS: Perdón, ¿me dijo que hacía usted? ¿No, verdad?
JULIANA: No, no le dije. Adivine.
GLADYS: No joda.
JULIANA: Soy Ejecutiva en una importante empresa.
GLADYS: Con eso me dijo todo. Venga, pase y siéntese en la silla. Y por favor… no me toque la bola. Si algo me molesta, es que me toquen la bola.
JULIANA: ¡Ay, por favor! Tomando asiento ¿Por qué haría eso?
GLADYS: Es tentadora.
JULIANA: Señalando la bola. ¿Eso?
GLADYS: Si, eso.
JULIANA: Hace un ademán de que descuide. Puff.
Gladys le da la espalda para acercar su silla. Juliana se apura para tocar la bola y volver el brazo velozmente, para aparentar que no hizo nada. Gladys se gira y la observa fijamente.
GLADYS: La tocó.
JULIANA: ¿Qué dice?
GLADYS: Mmmm
JULIANA: Ni me moví.
Gladys sin dejar de mirarla, trae la silla con la pierna y se sienta.
GLADYS: Usted me dirá.
JULIANA: Adivine.
Gladys revolea los ojos.
GLADYS: Viene porque tiene un problema y necesita respuestas.
JULIANA: Exactamente. Le cuento. Mi esposo se sacó la lotería. O el Quini, no sé, algo se ganó. Pero no mucho. Aunque lo suficiente para no depender de mi dinero. Porque él es carpintero, de diseño, pero desde hace rato que le va como el culo. Ahora todo el mundo compra hechos de melamina y semi armados, así que imagínese el tremendo zángano que tengo viviendo bajo el mismo techo. Pero ojo, que a mí me gusta que Ricardo dependa de mi dinero. Y justamente, ese es el problema. Ahora, desde hace un mes, que según me dijo, fue a lo de una adivina que le dió los números para que jugara, el tipo está hecho un bacán.
GLADYS: ¿Se llama Ricardo, es carpintero, fue a una adivina a la que hace un mes no visita y se ganó la lotería? ¿Es algo mayor que usted?
JULIANA: Si, me gustan mayores… ¿Cómo lo sabe?
GLADYS: Porque Ricardo es un hijo de puta… perdón, digo, veo aquí en la bola que su Ricardo es mayor que usted.
JULIANA: ¿La bola le muestra eso?
GLADYS: ¿Y qué hace su marido, ahora que es millonario?
JULIANA: Se ríe. No, no. Tampoco la pavada. No es millonario. Pero se hizo unos pesitos.
GLADYS: Sinvergüenza.
JULIANA: ¿Cómo dice?
GLADYS: Que hable sin vergüenza. Si tiene plata, tiene plata.
JULIANA: El punto no es ese. Es que ahora no depende de mí. No lo puedo tener bajo mi control. Imagínese, soy ejecutiva de una importante empresa. Tengo que tener bajo control a la gente.
GLADYS: ¿No debería hablar eso con su psicólogo?
JULIANA: Se ríe. Claro que no. Si él acudió a una adivina y le fue bien...
GLADYS: hablando encima de lo que está diciendo Juliana Hiiiijo de puta
JULIANA: ...por qué no ir yo también a una adivina y que me vaya bien. ¿No?
GLADYS: ¿Pero mal no le va, no? Si a su edad ya es ejecutiva...
JULIANA: Quiero más. Soy ambiciosa.
GLADYS: ¿Más trabajo?
JULIANA: Se ríe. No, ¡qué va! No tengo tiempo para trabajar. Estoy de reunión en reunión. Desde casa, por zoom. Salgo de una y entro a otra. Termina esa otra, y empieza una más. Todos los días así. Hoy un ejecutivo no trabaja. Solo se reúne. Es estresante. No se imagina.
GLADYS: Le debe quedar el culo cuadrado.
JULIANA: Perdón, no la sigo.
GLADYS: Hace bien. Cuénteme un poco sobre usted, sus padres, su infancia.
JULIANA: Señalando la bola Eso no se lo muestra esa cosa.
GLADYS: Alarmada ¡No la toque!
JULIANA: ¡No la toco! ¡No sea paranoica!
Gladys se relaja. Juliana respira hondo. Se pone de pie. Se sienta. Vuelve a ponerse de pie y camina.
JULIANA: Mi vida no ha sido fácil. Mi mamá me abandonó cuando tenía siete años. Según papá, se escapó con un enano de circo Gladys se lleva las manos a la boca. Juliana sigue deambulando por la sala mientras habla. Pobre mi viejo, se tuvo que hacer cargo de todo. No sabía ni hacer un huevo frito.
GLADYS: Típico de Roberto Se tapa la boca con la mano.
JULIANA: Volviéndose hacía Gladys. ¿Cómo sabe su nombre?
GLADYS: Señalando la bola. Está ahí, clarito. Roberto.
Juliana se acerca rápidamente a la mesa.
JULIANA: ¿Y qué más ve?
GLADYS: A Roberto rascándose el higo a más no poder mientras tú madre trabajaba a destajo limpiando casas ajenas y luego, al llegar a su casa, tenía que ponerse a limpiar la mugre que hacía su marido. Todos los días la misma historia. Y Roberto como si nada, patinándose los pocos pesos que entraban en vinos baratos y raspaditas de la quiniela.
JULIANA: Llevándose las manos a la boca. ¡Mi mamá limpiaba casas! ¡Lo recuerdo!
GLADYS: Y no solo eso, tu mamá estudió para actriz, haciendo malabares con su tiempo, su trabajo, cuidándote a vos, preparándote las cosas para el colegio, pero Roberto le decía todos los días que perdía el tiempo, que jamás en la puta vida Gladys se pone de pie con fuerza, tirando la silla hacia atrás eso le iba a dar de comer, generando en ella un resquemor y odio que crecía día a día y que alimentaba un ego interno que jamás había advertido, sintiendo el impulso de dar un portazo, hacer un borrón y cuenta nueva, saltar al vacío sin importar dónde Gladys está exhausta y abandonar una vida donde nadie valoraba lo que hacía. Incluso su hija.
JULIANA: ¿Yoooo? ¿Todo eso ve en la bola? Faaaaa.
GLADYS: Es importada.
JULIANA: ¿Francesa? ¿Persa? ¿De medio oriente?
GLADYS: Made in China.
JULIANA: pensativa ¿Mamá era actriz? ¿Cómo es que no lo sabía?
GLADYS: Eras chica. No te importaba.
JULIANA: Y papá siempre perdió plata con la timba. También recuerdo eso. Y ahora Ricardo, a diferencia de papá, ¡tuvo suerte!
GLADYS: Andá a saber quién lo ayudó a elegir los números
JULIANA: ¿Y de mi mamá que ve? ¿Qué fue de ella?
GLADYS: Fue una infeliz que le creyó a un enano. Creyó que iba a ser la gran protagonista de obras dramáticas y fue el hazme reír que recibía los tortazos de los payasos.
JULIANA: La mentira tiene patas cortas.
GLADYS: ¡Era un circo, Gladys! ¡No sé que mieeerda esperabas!
JULIANA: Gladys, si ese era su nombre. ¡Como el suyo! Gladys, la adivinadora.
GLADYS: Cómo el mío, exacto. Menos mal que sos Ejecutiva. Flor de padres tuviste.
JULIANA: No puedo quejarme de mi papá. A pesar de todo, nunca me dejó. En cambio ella…
GLADYS: Haciendo que se concentra en la bola A ella la veo espiando desde el otro lado de la calle tu casa, tu escuela, viendo cómo crecías, avergonzada de lo que había hecho, triste de la persona en la que se había transformado.
JULIANA: Cubriendo con sus manos el rostro ¡Yo la vi varias veces! Llora Pero nunca se lo dije a papá. Ni tuve el valor para enfrentarla.
Gladys se cubre la boca, se levanta, va hacia el armario y saca una botella de whisky y dos vasos. Los apoya con fuerza sobre la mesa.
GLADYS: Ayuda mucho para comprender lo que una ve acá en la bola.
JULIANA: Deme, deme. ¿Importado no tiene?
GLADYS: Sirviendo Tomá y no jorobés. Tu madre dejó de espiarte cuando eras adolescente. En la misma época abandonó el circo, sus sueños de actriz y se hizo vi… bibliotecaria.
JULIANA: ¿Bibliotecaria? Jamás la vi con un libro.
GLADYS: El destino es así, impredecible.
JULIANA: Si lo sabré yo. Cuando era niña soñaba con ser bailarina. Pero mamá me decía que no perdiera el tiempo.
GLADYS: Eras un espanto bailando. Se apura en aclarar. Veo en la bola que eso te decía tu mamá.
JULIANA: Llora Mamá era muy cruel. Yo amaba bailar. Aún lo amo. Se para y comienza a danzar alrededor de la mesa. Gladys la observa, tragando saliva, con un puño en el pecho.
JULIANA: Bailando. Yo… quería ser… bailarina… y triunfar… recorrer el mundo… quería…
GLADYS: ¡Basta!
Juliana se detiene abruptamente, se tambalea pero mantiene el equilibrio.
GLADYS: ¡Me mareás! Y podés pegarle a la mesa y tirarme la bola al suelo. Sentate, haceme el favor. Te voy a decir algo. Juliana se sienta. Tu mamá te decía eso por una razón. Me lo dice la bola y yo te lo digo a vos. No tenía plata para pagarte las clases. Y por eso te mentía.
JULIANA: ¿Me mentía?
GLADYS: Una mentira piadosa.
JULIANA: Quiere decir… Llora
GLADYS: ¿Vas a llorar por todo? Hace fondo blanco del whisky que tenía en el vaso. Sí. Tu mamá en realidad pensaba que bailabas bien, que tenías talento. Pero no podía costear las clases.
JULIANA: Llorando. Entonces mi mamá… mi mamá…
GLADYS: Sirviendose más whisky. Si, tu mamá.
JULIANA: No, no puedo creer eso. Ella me odiaba. Por eso nos dejó. Y yo la odio y nada me va a hacer cambiar de opinión.
GLADYS: Ya es tarde para todos. Nadie merece el perdón y nadie está obligado a darlo. Brindemos por eso.
Brindan. Beben.
JULIANA: ¿Y mi futuro?
GLADYS: ¿Qué pasa con tu futuro?
JULIANA: Justamente, eso quisiera saber.
GLADYS: En unos minutos vas a pagarme mil pesos, que es lo que cuesta la sesión. Más certeza que esa, no existe. Ríe.
JULIANA: ¿Pero qué me deparará la vida? ¿Seré feliz? ¿Volveré a tener el control de Ricardo? ¿En cuanto tiempo derrochará su dinero y vendrá de rodillas nuevamente a pedirme el mío?
GLADYS: Cómo para que no se busque a otra...
JULIANA: ¿Otra? ¿Está diciendo que la bola le muestra a Ricardo con otra? ¡Lo que me falta, ser cornuda!
GLADYS: Digo… ¡digo muchas cosas! Vi algo, no sé. A veces me hace interferencia.
JULIANA: ¿La bola?
GLADYS: Si, con el cartel de neón rosa.
JULIANA: Pero si está apagado.
GLADYS: Ahora también sabe de electricidad.
JULIANA: No, pero... Gladys interrumpe
GLADYS: ¡Pero nada! En síntesis, Roberto fue un pelotudo, Ricardo es un hijo de puta, y tu madre, una estúpida toda la vida. ¿Querés saber qué va a ser de vos? ¡Pues no lo sé! ¿Qué querés ser, Juliana, decime? Hacé de cuenta que soy tu madre. ¿Qué me dirías?
Juliana se estira y le pega un cachetazo. Las dos se quedan inmóviles unos segundos, en silencio.
JULIANA: Perdón… es lo que le hubiera hecho a mi madre.
GLADYS: Bien merecido lo tenía. Aunque la idea era que le dijeras algo, no que la….
Golpes en la puerta.
JULIANA: Golpean.
GLADYS: No me diga. Golpes en la puerta. Gladys se pone de pie y avanza hacia la puerta. ¡Ya vaaaa! ¡Ya vaaaa!
Se escucha una voz de hombre, en off.
HOMBRE: ¿Quién soy?
Gladys gesticula y abre los brazos en cruz.
GLADYS: ¡Otro pelotudo! ¡Son todos vivos, eh!
JULIANA: ¡Qué parecida a la voz de Ricardo!
Gladys se da cuenta que es Ricardo y se pone nerviosa.
GLADYS: ¿Quién? No, no tengo Ricardos de clientes. Hablando hacía la puerta. Edmundo, regresá más tarde, porque ahora estoy ocupada.
HOMBRE: Gladys, soy yo, no soy Edmundo, soy… Interrumpe Gladys con voz bien alta.
GLADYS: ¡Me vas a decir a mí quién sos, Edmundo! ¡Haceme el favor! Andate y volvé más tarde.
HOMBRE: Pero Gladys, tengo una buena noticia…
GLADYS: Ya conozco la buena noticia.
HOMBRE: ¿Y cómo?
GLADYS: Adiviné, o qué mierda crees que hago. Andate antes que salga y te de a chancletazos en el culo. Gladys vuelve ofuscada a la mesa.
JULIANA: El mismo tono de voz que Ricardo.
GLADYS: Los hombres son todos iguales. Incluso en el tono de voz. Sean pelotudos, enanos o hijos de puta. Somos mujeres Juliana, nunca necesitamos de nadie para ser alguien. Qué nos dejen hacer creer esas falacias. ¡Somos mujeres! Que nunca se te olvide.
JULIANA: Sabe… me cae muy bien.
GLADYS: Ajá.
JULIANA: Me gustaría venir seguido.
Gladys asiente con la cabeza. No le salen palabras.
JULIANA: Me siento a gusto acá. Lejos de Ricardo. Y ahora que pude desahogarme un poco del pasado, también lejos de mi madre.
Gladys agarra velozmente la botella y le da un sorbo del pico.
JULIANA: Hasta me dieron ganas de retomar las clases de baile.
GLADYS: ¿A esta edad?
JULIANA: ¿Qué tiene la edad? El tema son las ganas.
GLADYS: Las ganas, los huesos, los músculos…
JULIANA: El futuro no está escrito. Puede que la bola no lo sepa todo. La toca con la mano, Gladys reacciona poniéndose de pie pegándole en la mano.
GLADYS: ¡Cuántas veces te tengo que decirte las cosas Juliana! ¡La bola no se toca, que lo tiró!
JULIANA: Perdón ma… Gladys.
Se hace un silencio. Juliana se toca la mano golpeada. Gladys le da la espalda, caminando hacia el armario. Lo abre. Observa las botellas. Lo cierra. No se da vuelta para hablar.
GLADYS: La sesión ha terminado. Puede retirarse. Deje los mil pesos sobre la mesa.
JULIANA: Dejando el billete sobre la mesa. Volveré la semana que viene.
GLADYS: Me parece bien.
Juliana mirando por encima del hombro avanza hacia la puerta, pero Gladys no se gira para mirarla.
JULIANA: Hasta la próxima semana.
GLADYS: Hasta la próxima semana.
Silencio.
Sale.
Desde el lado de afuera se escucha la voz de Juliana, que pregunta:
JULIANA: ¿Quién soy?
Gladys, gira hacia la puerta, se cubre la boca con las dos manos y rompe en llanto, cayendo de rodillas.
Apagón.
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Me encantará conocer tu proyecto y facilitar los permisos necesarios para su realización.


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