Llegué y ella no estaba, pero la hornalla estaba encendida y encima, tenía la olla. Se podía sentir el agua hirviendo. Supe que no estaba porque faltaba la moto y cuando la moto faltaba era porque ella no estaba. Pero la hornalla estaba encendida y encima, tenía la olla. Me acerqué, pero no me animé a levantar la tapa. Tenía que levantarla para ver qué había dentro, pero ese era el punto. Yo sabía que había dentro. Porque la moto no estaba, ni ella, y la hornalla encendida tenía encima la olla. Y aún peor, era consciente que si levantaba la tapa, mi mundo acabaría en ese mismo instante. Entonces, demorando la muerte, mi muerte, me senté a la mesa, apoyé la cabeza contra el mantel y me largué a llorar.
El hombre y su amigo.
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Los veía pasar todas las tardes, recorrían la plaza, luego el hombre se
sentaba en el bar de la esquina y pedía un aperitivo, pasaban horas, hasta
qu...
Hace 1 semana.


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