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3 de octubre de 2011

De los que huyen

Su cuerpo se desmoronaba a pedazos y cada mañaba debía limpiar lo que dejaba a su paso. Temía el día en el que sus dimensiones alcanzaran las de una sombra. Pero para entonces, difícilmente contaría con la cordura suficiente que le permitiese darse cuenta de la realidad.
Comenzó aquella penuria el día que decidió dejar a su mujer plantada en el altar. Estaban todos los invitados dentro de la catedral y había visto, por una pequeña ventana, que el coche que la traía a ella había aparcado frente a la fachada.
De repente sintió un nudo en el estómago, una sensación de horror lo embargó por completo y tuvo la imperiosa necesidad de salir corriendo por una puerta trasera. Saltó un tapial y se escapó por el patio de la casa de al lado.
Tomó un taxi en la esquina y pidió que lo acercaran a la terminal de ómnibus. Compró el boleto hacia el destino más distante y no miró ni por un segundo a través de la ventanilla.
De eso habían pasado seis meses. Al día siguiente de la fuga, perdió el primer cabello. Luego fueron las uñas, una a una. A eso, siguió la piel. Hacía tres meses que no salía del pequeño apartamento que alquilaba con los pocos ahorros que había sacado del banco.
Los médicos no supieron que decirle. Los estudios no revelaban nada. Le preguntaban si había estado de viaje, si había pasado por algún shock emocional... pero él contestaba a todo "no".
Aquella mañana, a los tropezones, caminó hasta el teléfono. Se había decidido a llamar a la mujer con la que se iba a casar. Estaba seguro que se moría y sentía la culpa sobre la espalda. Ni siquiera se preocupó por los restos de su cuerpo que quedaban atrás.
Le contestó su suegra. Fue fría y directa. Su hija había muerto de pena aquella misma noche. Y lo que le sucedía a él, no era otra cosa que una brujería.
- Pagarás cada lágrima con un pedazo de cuerpo y cuando ni eso alcance, tu alma se desmembrará en el mismísimo infierno.
Colgó, dejándose caer al suelo. Estaba temblando. ¿Ella había muerto? ¿Se podía alguien morir de pena? Quiso llorar pero no pudo, los lagrimales los había perdido hacía unos días. A duras penas gateó hasta su cama y se tendió a esperar la muerte.
Cuando ésta llegó reconoció en su figura al desalmado que había causado seis meses atrás, que tuviese que ir por una joven hermosa, destrozada por el amor que no fue. Y la muerte, entonces, optó por ignorarlo.
- No volveré por tí, jamás. Te despedazarás pero no morirás. Y así sufrirás por siempre.
El hombre o lo que quedaba de el, perdió toda esperanza. Tenía la eternidad por delante para descifrar por qué había escapado. Sin embargo, las respuestas a veces lo único que hacían era darle la razón a los demás. Perdido por perdido, escogió seguir siendo el egoísta de siempre y volvió a huir, esta vez de su propia mente.

13 comentarios:

SIL dijo...

Bueno, si alguien se quería rajar de sus obligaciones, que lo piense mejor ehhhhhh...

:P

Todos vamos perdiendo girones a medida que vivimos, no hay una sola vivencia que no nos arranque uno... :)


Abrazo grande, Netito.

SIL

el oso dijo...

Todo por rajar del casamiento...

Uno nunca se escapa, a lo sumo gambetea un rato.
Abrazo

Netomancia dijo...

Doña Sil, a veces perdemos y otras ganamos. O al menos, sentimos que... Muchas gracias! Saludos!!

Don Oso, para frase célebre la suya ja. Genial. Un abrazo!

Felipe R. Avila dijo...

¿La suegra le mando la brujería?
Sin palabras...

Con tinta violeta dijo...

Genial la historia Neto. El tío me parece de lo mas recalcitrante...al final con castigo y todo sigue intentando evadirse...
Besos!!!

mariarosa dijo...

Terrible. Él sólo causo su castigo, su consciencia no le perdono el mal causado.
Buenísima historia.

Felicitaciones por intervenir en la aontología de Dunken. Aplausos y felicitaciones.

Un beso y buena semana.

mariarosa

Horacio Beascochea dijo...

Muy buena historia. Y coincido con Sil, una va dejando jirones mientras camina, quizás porque el andar es lo más importante, para no morir de pena.

Saludos

PájaroyOsoyLiebreyPez dijo...

Excelente historia Neto, me encantó...
Abrazo y buena semana...

Camilo dijo...

Que buen relato. Me ha encantado. Tremenda tortura la que ha de sufrir el pobre hombre, por culpa del miedo.
http://idasueltas.blogspot.com/

artnueve dijo...

macho, hay cosas de las que uno no se salva, hay gualichos terribles, y a veces es mejor quedarse en el molde jeje
un relato macabramente genial!

Panchuss dijo...

ciclos, ciclos y mas ciclos.

primero, me gusta la técnica, el primer parrafo y el ultimo encierran la idea de una persona que se va desgastando día a día, que se va consumiendo. una persona que no quiere llegar a ser su sombra.
dejando de lado el principio y el final, me queda una persona que le tiene miedo al amor, y a los desafios, pero que los quiere superar.

la muerte no hace mas que refrendar todo lo que dice el cuento al principio, un hombre que va desapareciendo de a poco, pero que jamas terminara de desaparecer. la maldicion de la suegra le da un poco de humor negro y comicidad al cuento.

conclusion: pese a todos los errores que cometio, aprendio a ser como era, y se la bancó.

muy buen texto.

panchuss

sucaras pacaras dijo...

Escribes muy bien, es una bonita casualidad toparse con tu blog.

Netomancia dijo...

Don Felipe, en la familia siempre hay algún que otro hechicero, cuídese. Un abrazo!

Doña Tinta, es que hay gente persistente ja. Saludos!

Doña Mariarosa, muchas gracias!!! No participó este año? Saludos!

Don Horario, que linda frase nos ha dejado a todos en el comentario. Saludos!

Don Flagg, como siempre, muchas gracias!

Don Camilo, tremenda y quizá para algunos, justa. Saludos!

Don Dieguito, en el molde es el lugar más seguro jaja. Un abrazo!

Don Panchuss, brillante análisis y lectura!! Un lujo. Saludos!

Doña Sucaras, muchas gracias!!