Ella también es una sobreviviente. En la era post pandemia, en mayor o menor medida, todos lo son. Nadie salió indemne. Lucía se seca las lágrimas. Y vuelve a la carga con la cuchilla. Tac Tac Tac. El sonido es parte de la rutina. Atraviesa la cocina y llega incluso hasta el mostrador. La joven es eficiente, puntual, educada. Los dueños le han ofrecido en reiteradas ocasiones pasar a otras tareas, dejar de picar cebollas, que es todo lo que hace. Le han visto condiciones para atender al público, incluso la confianza como para manejar dinero en la caja. Pero Lucía dice que no, tantas veces como se lo proponen. No da explicaciones. Solo agradece y vuelve a lo suyo. Es que no comprenderán que está en el lugar dónde quiere estar. Que es allí, delante de la tabla de picar, en aquel restaurante tan concurrido, donde la cebolla se transforma en su aliada y maquilla las lágrimas de tristeza que no cesan de doler. Se sobrevive, día a día. Como se puede, dónde se puede…
La señora Ivone.
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*El pueblo amaneció alborotado. Había muerto Madame Ivone. Entre la pena de
sus chicas y la sonrisa maliciosa de las vecinas del lugar, la noticia no ...
Hace 2 horas.
4 comentarios:
Las lágrimas que duelen son las peores, pero tan fáciles de disimular...
Saludos,
J.
Un lugar ideal para disfrazar la tristeza que nos han dejado aquellos que por una u otra razón ya han partido, un placer el visitarte, saludos cordiales desde mi querida Guatemala
Hacete publicidad con la nota de infobae por acá también, así se entera más gente.
Saludos,
J.
Camufla sus lagrimas de sobreviviente, como lagrimas de cebolla.
Muy emocional el relato.
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