Si alguna vez me pusiera a pensar que cuando te saludo, puede ser el último saludo, que cuando conversamos puede ser la última vez que escuche tu voz, si tan solo me pusiera a reflexionar... no dejaría jamás de hablar contigo.
Sufro en silencio, a la distancia, sin poder contar las horas, sin más lágrimas por derramar.
Me aferro a tu voz, a tus ganas, a tus fuerzas. Me aferro a tu corazón, dejando el mío en el esfuerzo.
Cuántas veces nos asa, Neto, lo que acaba de describir soberanamente.
ResponderBorrarSi uno puede seleccionar la temática para el llanto sin faltarle nunca ni equivocarse jamás.
Neto, pásese por el blog que hay un regalito para ud. Eso sí, no me azote por esto...
ResponderBorraraferrate así al tuyo, de esa forma, y lo tendrás todo.
ResponderBorrarBien me quedare con esta reflexion para la vida y me llevo el link para visitaros más seguido vale :)
ResponderBorrarmuchos besos y abrazos etéreos
como si faltasen motivos para llorar, no?...sin excusas sin grandes preambulos las lagrimas se encargan de primerear y dar paso a esos llantos cautivos de vaya a saber que...bonito post!
ResponderBorrarVoy a reflexionar todo el día, talentoso escritor, porque me paso la vida llorando (don Oso sabe)...
ResponderBorrarPero en el fondo, no soy tan patética...
Preciosa entrada.
ABRAZOS.