<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829</id><updated>2012-02-15T16:51:10.504-03:00</updated><title type='text'>Netomancia</title><subtitle type='html'>&lt;i&gt;cuando cierras los ojos, nace un nuevo mundo&lt;/i&gt;</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>435</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8450827327125495909</id><published>2012-02-15T01:10:00.075-03:00</published><updated>2012-02-15T01:10:00.505-03:00</updated><title type='text'>Nunca jamás</title><content type='html'>No tenía ni pensaba tener. Y no le harían cambiar de idea. Lo sabía desde pequeña, desde aquellas primeras peleas con los varones en el patio del colegio. Discusiones estúpidas contra mentes toscas, que lo único que sabían hacer era burlarse de ella o de sus compañeras.&lt;br /&gt;Y en la medida que crecía y maduraba su forma de pensar como también su cuerpo, fue comprendiendo otras cosas, entre ellas, que los chicos eran todos unos imbéciles. Le sobraban motivos para aseverarlo. Se creían tan vivos creyendo que nadie se daba cuenta que espiaban sus piernas, que asomaban la vista sobre sus escotes o intercamiaban revistas de mujeres desnudas, que en su afán de ser audaces, le parecían retrasados mentales.&lt;br /&gt;Fue catalogándolos a lo largo de toda su vida, lo suficientemente bien como para estar segura de que nunca tendría. Podía diferenciarlos en babosos, pajeros, manoseadores, huecos, tontos, degenerados y desagradables. No había varón que no entrara en alguna de sus categorías, a pesar de que algunas amigas quisieran defender a los chicos que les gustaban.&lt;br /&gt;Había dejado la secundaria con placer, odió esos últimos años. Las chicas regalándose en cualquier esquina, provocativas y descocadas, y ellos, con la mesa servida en bandeja, devorando sin pasión e indiferencia.&lt;br /&gt;Los años de la facultad no habían sido mejores. Se alejaba de las fiestas, de las compañeras que no dejaban de hablar de hombres y de los hombres mismos, a quiénes los años no parecían asentarlos en la vida, siempre tan predecibles y con la idea fija del sexo entre ojo y ojo.&lt;br /&gt;El "para cuando" de sus familiares le resultaba insoportable, pero detestaba más aún que se lo dijeran sus amigas. Incluso, su compañera de departamento, con la que lidiaba a diario porque insistía en querer llevar a su novio allí, se volvía una tortura. Si quería tener novio, que lo tuviera, pero lejos de su lugar, de su espacio personal.&lt;br /&gt;La determinación ante todo. No le importaba si se quedaba sola en el departamento, eran estúpidos y ella no compartiría ni un segundo con gente así. Además, para qué quería uno. Eran egoístas y solo pensaban en ellos. Terminaría siendo una sirvienta más, como su madre o su abuela.&lt;br /&gt;Si su compañera de departamento quería que su novio la pudiera visitar, que se consiguiera otro lugar. Fin de la charla. Había visto en el rostro de ella la desilusión e interiormente lo disfrutó. El que quiere celeste, que le cueste, pensó para sus adentros.&lt;br /&gt;Se iría, estaba seguro de eso. Se iría en una semana o dos. Lo había visto dibujado en sus ojos ni bien recibió su negativa. Y le parecía bien. Si quería involucrarse con ellos, que se mantuviera lo más lejos posibles. No dejaría que pisaran su territorio. No, de ninguna manera. &lt;br /&gt;Nunca tuvo ni nunca tendría.Y así era feliz.&lt;br /&gt;O al menos, se decía serlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8450827327125495909?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8450827327125495909/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8450827327125495909&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8450827327125495909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8450827327125495909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/02/nunca-jamas.html' title='Nunca jamás'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8620912274834451944</id><published>2012-02-12T01:10:00.005-03:00</published><updated>2012-02-12T01:10:00.090-03:00</updated><title type='text'>El sol o las cervezas</title><content type='html'>Se sentía mal desde antes. Quizá el sol a lo largo de todo el día, mientras disfrutaba de la playa con sus amigos o las cervezas que con el pasar de las horas había ido ingiriendo. El punto era que ahora la cabeza le daba vueltas. Una sensación muy extraña, rara. No era el típico mareo a causa del alcohol, que tan bien conocía. Era aún peor, una especie de terremoto interior que pugnaba por salir.&lt;br /&gt;Sentado en la punta de la mesa de aquel bar en la playa, donde recibían a diario el atardecer, observaba como sus amigos parecían borronearse delante de sus ojos al mismo tiempo que sus voces flotaban a la deriva, como si estuviera escuchándolos a través de una radio con mala sintonía.&lt;br /&gt;El mozo iba y venía, llevando botellas vacías y dejando en su reemplazo otras repletas y bien frías. Pero su vaso seguía lleno, con el contenido ya sin la temperatura ideal. El estado en el que se encontraba no le permitía concentrarse, ni siquiera para dirigir su brazo hacia el vaso, tomarlo con la mano y llevarlo a la boca. Algo en su interior le decía que tenía algo grave, que debía dar aviso a sus amigos.&lt;br /&gt;Se preguntaba cómo podía ser posible que ninguno notara que estaba mal. ¿Nadie extrañaba sus comentarios? ¿Acaso no estaría pálido? El solo hecho de permanecer como una estatua, rígido, en aquella silla con publicidad de Budweiser, que minuto a minuto parecía hundirse más en la arena, debería ser indicio de su estado. Sin embargo, sus amigos seguían parloteando a los gritos, riéndose a carcajadas, ignorando totalmente su enfermizo momento.&lt;br /&gt;Su cuerpo estaba cayendo. No era una sensación, más bien, le estaba pasando. Notó que el nivel de la mesa subía. Pensó, en realidad, que era eso lo que sucedía. Pero no. No era la mesa la que subía, sino su cuerpo que iba hacia abajo. Un alerta se encendió en su cabeza, pero no pudo dar aviso a sus amigos. Intentó abrir la boca, pero no supo como hacerlo. En ese instante, la mesa ya había alcanzado la altura de sus ojos.&lt;br /&gt;La silla se estaba hundiendo en la arena, no había otra explicación. Lo comprobó al sentir el contacto de sus tobillos con la fina arenilla. ¿Arenas movedizas? ¡Tonterías! Estaba en la playa, en un bar del lugar, dónde transitaban cientos de personas por día. Si allí hubiese arenas movedizas, todo el mundo lo sabría. Imaginó que ahora sus amigos notarían lo anormal de la situación, pero volvió a equivocarse. Seguían charlando entre ellos y cuando volteaban la mirada hacia donde él estaba, ahora con arena hasta las rodillas y parte del asiento enterrado, parecían no darse cuenta, como si aquello no estuviese pasando.&lt;br /&gt;Empezaba a desesperarse, a preocuparse. Elevó los brazos cuando sintió que estaba tocando la arena. El abdomen desapareció tras un cosquilleo. No veía ni sus miembros inferiores ni el short azul que había comprado para esas vacaciones. Ahora podía ver la parte inferior de la mesa plástica, incluso un chicle pegado por algún maleducado.&lt;br /&gt;Alguien pronunció su sobrenombre. Por un instante creyó en el milagro, que al fin se habían percatado de que se estaba hundiendo, que la playa se lo estaba tragando. Pero no, era la voz de Alfonso, ya algo pastosa por tanta cerveza, que transmitía la decisión del grupo:&lt;br /&gt;- Bueno Pepe, esta noche pagás vos. Así que muchachos, un aplauso para el Pepe que hoy costea los vicios de todos.&lt;br /&gt;Escuchó el tronar de palmas y algún que otro insulto dicho en forma cariñosa. Hubiese querido retribuir el afecto o al menos, pedir ayuda, pero no pudo. Tenía la arena en el cuello. De todas formas, bajó uno de los brazos que apuntaba al cielo y lo enterró en la arena que cubría su cuerpo, tanteando casi por instinto hasta llegar al bolsillo del pantalón corto, donde tomó los dos billetes de cien que recordaba haber guardado esa misma mañana.&lt;br /&gt;Con esfuerzo sacó el brazo otra vez a la superficie. Las pequeñas partículas de arena adornaban su piel con gracia. Pero aquel espectáculo ya estaba privado para su vista, dado la cabeza quedó enterrada tan pronto como sus amigos comenzaron a pararse para emprender la partida. Los billetes de cien resistían entre sus dedos, ondeándose con elegancia, producto de la brisa fresca que llegaba desde el río.&lt;br /&gt;Sintió como alguien de un tirón le arrebataba el dinero y decía "gracias, espero verlos mañana" y reconoció en esa voz a Carlitos, el mozo del bar del que ya eran habitué. Sus dedos no tardaron en hundirse también, hasta desaparecer por completo en aquel pedazo de playa. Quería advertir que estaba ahí, pero si antes no pudo abrir la boca, ahora menos podría, aprisionado por esas minúsculas partículas de cuarzo que todo lo abarcaban.&lt;br /&gt;Volvió a escuchar la voz de Carlitos, que volvía con el vuelto y anunciaba que lo dejaba sobre la mesa. Le hubiese encantado decirle que se lo quedara, pero le era imposible. Que raro todo esto, pensó Pepe resignado, sintiendo arenisca en cada milímetro de su cuerpo, covencido de que mal se sentía desde antes y que no había razón alguna para echarle la culpa al sol o a las cervezas. Ni dar un bufido con bronca, pudo. Se limitó a cerrar los ojos antes que se le llenaran de arena y a pensar esperanzado que quizá, alguna niña munida de una palita plástica lo desenterrara al día siguiente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8620912274834451944?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8620912274834451944/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8620912274834451944&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8620912274834451944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8620912274834451944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/02/el-sol-o-las-cervezas.html' title='El sol o las cervezas'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2112735525536261070</id><published>2012-02-09T01:10:00.028-03:00</published><updated>2012-02-09T16:35:37.640-03:00</updated><title type='text'>La paliza</title><content type='html'>Como si la paliza no fuese suficiente, Benito levantó del suelo un ladrillo y se lo arrojó a la cabeza. Le dio de lleno, abriendo un surco en la frente del otro. La sangre dibujó una hoz en el piso, casi un presagio de futuro.&lt;br /&gt;Su mirada ciega lo absorbía todo. Resoplaba por el esfuerzo y sus dientes chirriaban con saña. La muerte se estaba consumando, podía sentirla. Arrojó un puntapié al cuerpo malherido de su oponente haciéndolo rodar hasta el otro lado de la calle.&lt;br /&gt;La cabeza chocó contra el cordón de la vereda opuesta y parte del torso se empapó con el agua estancada. El sonreía y avanzaba cansinamente hasta su contrincante. Nadie encendía las luces en el interior de las viviendas, pero sabía con certeza que estaban allí, observando entre los pliegues de las ventanas con solemne morbosidad.&lt;br /&gt;- Vamos, a ver si ahora podés, dale, probá ahora, dale, probá te digo - le gritaba con fuerza a la figura tendida en el suelo.&lt;br /&gt;No obtuvo respuesta alguna y entonces, soltó una carcajada. El cuerpo tendido sobre la calle gimió de dolor. El barrio siguió en silencio, espiando en la penumbra. El vencedor comenzó a alejarse lentamente. Se iba riendo y no era para menos. Detrás había dejado golpeada y dolorida a la maldita muerte, que sin previo aviso, había ido esa noche por él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2112735525536261070?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2112735525536261070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2112735525536261070&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2112735525536261070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2112735525536261070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/02/la-paliza.html' title='La paliza'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6855533032399261526</id><published>2012-02-06T01:10:00.121-03:00</published><updated>2012-02-06T01:39:54.234-03:00</updated><title type='text'>El pueblo que está cruzando</title><content type='html'>Hay un oráculo en el pequeño pueblo del otro lado del límite provincial. Es tan ínfimo ese paraje que ni el nombre se recuerda. Se le dice "el pueblo que está cruzando" y se le señala al interesado el angosto arroyo que divide en aquel punto una provincia de otra. Lo primero que se ve es el precario puente que hace de nexo entre las dos geografías políticas. Ha resistido décadas y lo seguirá haciendo, como si un designio así lo determinara.&lt;br /&gt;También es cierto que el lugar no es muy transitado. La autopista es el camino habitual de todos los vehículos que transitan por la región. Y el pueblo más grande, el de este lado del límite, no es muy importante y aunque tiene cerca de ocho mil habitantes pasa desapercibido para los ojos de los que marchan raudamente de un lado a otro por la veloz arteria asfaltada.&lt;br /&gt;Quiénes se aventuran allí lo hacen por una única razón: visitar al oráculo. Aquel pueblo apenas si tiene doscientos habitantes y en una de las últimas casitas con techo de chapa y paredes muy angostas, las puertas siempre están abiertas de par en par para recibir la visita de todo aquel que está detrás de una respuesta.&lt;br /&gt;Dentro de esa humilde vivienda se encuentra Adolfo, un hombre ya anciano, que ronda los noventa y tantos años de edad y que a pesar de ello mantiene su aspecto sano y fuerte, aunque algo encorvado por el tiempo. De todas formas se las apaña para atender a todos los que acuden, al tiempo que se cocina, hace los mandados y cuida su quinta, además de mantener su hogar lo más limpio posible.&lt;br /&gt;- Si uno quiere estar limpio de alma, debe comenzar por limpiar su casa - suele repetir a los visitantes que van en busca de ayuda.&lt;br /&gt;Vive en soledad, pero es solo una forma de decir. Lo visitan a diario decenas de personas, todos de lugares distantes, que atraviesan cientos de kilómetros para poder estar cara a cara con él.&lt;br /&gt;El viejo los recibe de manera muy particular, ya sea invitándolos a ponerse cómodos en sus sillas de mimbre para tomar unos mates con él o bien, como ha sucedido, si justo está en la huerta, pidiéndoles una mano para alguna tarea que demandara algo de fuerza. De una u otra forma logra crear con el visitante, al que en la mayoría de los casos no ha visto antes, un vínculo íntimo y eso le permite, luego, poder percibir las respuestas que la persona quiere.&lt;br /&gt;Es difícil precisar como es que toman conocimiento de la existencia de Adolfo, pero el boca a boca ha sido el medio de comunicación más importante de la historia, así como el más antiguo, por lo que tampoco puede extrañarse la peregrinación diaria de vehículos o gente de a pie, que con gusto (a pesar del cansancio y las horas de viaje encima) se encaminan hacia el pueblo que está cruzando.&lt;br /&gt;Vaya a saber uno lo que hablan Adolfo y sus visitantes, pero suele dedicarles el tiempo necesario, por más que afuera de la vivienda hubiese más gente aguardando. Más de una vez se ha visto en horas de la madrugada gente esperando en la puerta, mientras dentro de la humilde casita Adolfo seguía hablando con otra persona.&lt;br /&gt;Otra cosa que decía Adolfo a todo aquel que quisiera escuchar, era que servir al oráculo era ser prisionero de la vida de los demás y era muy cierto. No podía cerrarles la puerta en la cara y pedirles que volvieran al otro día. Habían esperado por horas y por ende, los atendía.&lt;br /&gt;Había jornadas en las que no dormía, sobre todo cerca de los fines de año, cuando la gente acudía casi en masa, esperando las respuestas necesarias para comenzar los doce nuevos meses que se avecinaban de la mejor manera. No era de extrañar entonces verlo cabecear mientras quitaba yuyos entre medio de los zapallos o cuando, apoyado en algún estante del almacén, esperando su turno, dejaba caer su mentón sobre el pecho y se dormía hasta que era llamado al mostrador.&lt;br /&gt;No ponía reparos, era su vida. Y el pueblo lo dejaba ser. Un tácito acuerdo, donde todos ganaban. A nadie le importaba ya no recordar el nombre del lugar, mientras hubiese para comer y donde refugiarse en las noches, podían ponerle como quisieran. Vive en "lo de Adolfo" es una de las frases que suele emplearse en el pueblo de este lado al hacer referencia de algún vecino del pueblo que está cruzando.&lt;br /&gt;Con los años el viejo se transformó en la referencia de este lugar olvidado del mundo. La gente llega y le da color con su movimiento a un sitio que de otra forma sería un odio rutinario para todos sus habitantes. Este el escenario que vemos desde temprano, sol a sol, luna a luna.&lt;br /&gt;Nosotros, los que estamos a un paso, ya hemos dejado de acudir a su casa de puertas abiertas. Antes íbamos con frecuencia, de una escapada. Tanto la gente de este lado, como del otro. Pero los autóctonos ya no nos dejamos engañar. Porque la realidad es que Adolfo es un chanta. Si, un chanta y la madre. Por eso les digo que ignoro de lo que hablará con la gente que lo visita, pero si fueron por una respuesta es probable que se lleven una mentira enorme como una casa.&lt;br /&gt;Lo digo y lo decimos por experiencia propia. ¿Cuánto tiempo fuimos con nuestras preguntas urgentes? Muchísimo. Y nunca, pero nunca, ninguno de los que somos de este lado y fuimos, como los que conozco del otro lado cruzando el puente, y qu también acudieron, tuvimos la "bendición" del oráculo ese de mierda. ¿Cuántas veces le hemos preguntado "Adolfo, que sale esta noche en la quiniela"? para que ese viejo de porquería nos lanzara un número cualquiera, al que corríamos a apostar como tontos borregos.&lt;br /&gt;Por eso, al ver esa peregrinación diaria pienso para mis adentros "crédulos imbéciles" mientras les sonrío con cierta ironía, al mismo tiempo que les señalo con la mano el frágil arroyo con su puente a cuestas y les digo entre pitada y pitada "queda en el pueblo que está cruzando".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6855533032399261526?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6855533032399261526/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6855533032399261526&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6855533032399261526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6855533032399261526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/02/el-pueblo-que-esta-cruzando.html' title='El pueblo que está cruzando'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-9171002203547306795</id><published>2012-02-03T01:10:00.162-03:00</published><updated>2012-02-03T01:10:00.134-03:00</updated><title type='text'>Desconfianza de la noche</title><content type='html'>La noche es una compañera peligrosa, le había inculcado siempre su madre. Por esa razón se cuidaba cuando debía deambular bajo la luna y discernir entre las sombras para tantear la realidad de los miedos dibujados por las palabras de años y años.&lt;br /&gt;De todas formas, la noche crucial en su vida no lo sorprendió caminando desprevenido bajo las estrellas. Y podría decirse que si hubiese ocurrido en una vereda cualquiera, quizá su destino sería otro. Pero las desgracias no vienen solas, llegan por alguna razón. Llámese vaticinio o fatalidad, el destino tiene varias caras pero se obstina en mostrarnos solo una.&lt;br /&gt;Cómo le ocurrió a Fidel, aquel que de niño le habían enseñado a desconfiar de la oscuridad, la noche en la que se le hizo muy tarde tras la sobremesa en la casa de unos amigos. Lo más prudente, pensó entonces y debió haber razonado durante largo tiempo después, habría sido quedarse en aquella casa, durmiendo en un sofá prestado o sobre un colchón en el piso.&lt;br /&gt;Pero en cambio, decidido a regresar a su departamento, se encontró caminando hacia la parada del colectivo, con el croar de alguna que otra rana y el canto de los grillos como únicas compañías. No se trataba de la línea local, sino de media distancia. Su hogar distaba sesenta kilómetros de aquel paraje en el que se había críado.&lt;br /&gt;Era entrada la madrugada y una brisa le recordaba que estaba desabrigado. Añoraba ya la posibilidad descartada minutos antes del sofá en lo de su amigo. Su vista iba del reloj en su muñeca izquierda a la ruta, más precisamente al fondo, donde las luces de un semáforo lejano cambiaban cada tanto. Esperaba ver emerger de la oscuridad la figura amarilla del omnibus. Lo esperaba con ansias. La soledad en aquel lugar lo angustiaba, además de la necesidad de apoyar su cabeza contra el respaldo y poder dormitar aunque sea media hora.&lt;br /&gt;Ya su mente se interrogaba de manera lapidaria, preguntándose si acaso en ese horario tendría transporte. Se respondía negativamente, casi resignado a una espera eterna, o al menos, hasta el amanecer, cuando la línea de media distancia retomara su recorrido.&lt;br /&gt;Sin embargo se produjo lo que en ese preciso instante creyó, era un milagro. La sencilla forma del colectivo irrumpió en el horizonte, dejando ver sus bordes rectos y el cartel luminoso que a medida que se acercaba, invitaba a leer el nombre de la ciudad destino, aquella que albergaba su cama y sus sábanas.&lt;br /&gt;Subió Fidel sintiéndose más seguro, recobrando el calor en el cuerpo y retomando una respiración normal. La noche lo angustiaba terriblemente y a pesar que ya era un joven crecidito, el miedo todavía lo perseguía.&lt;br /&gt;Se ubicó casi al fondo de la doble hilera de asientos. Apenas si viajaban seis o siete personas al momento de subir. Podría descansar tranquilo. Solo subieron dos pasajeros más antes de abandonar la ciudad que otrora cobijara su niñez. Y sería este último detalle, el que desencadenara todo.&lt;br /&gt;Soñó en los minutos que se abandonó al sueño que estaba en su departamento mirando televisión, mientras comía una pizza con la muzzarella bien caliente. No supo si era por sentirse en su hogar o por lo sabrosa de la pizza, pero se despertó con una inmensa sensación de bienestar.&lt;br /&gt;En realidad una conversacion lo arrancó de la ensoñación. Era un diálogo que se producía en el asiento atrás suyo. Recordaba que allí se habían sentado los dos últimos jóvenes en subir. No iba a negarlo, el aspecto de ambos no le había gustado. Gorritas con visera que le tapaban los ojos, camperas holgadas y varias cadenitas en las manos y cuello.&lt;br /&gt;Los escuchaba hablar, con un tono elevado, incluso amenazante. Las palabras no eran nítidas, pero no porque no escuchara, sino porque pronunciaban muy mal. Y cada dos o tres palabras, había una que no entendía. Era joven, pero aquella jerga se le escapaba.&lt;br /&gt;De a poco la charla comenzó a cobrar sentido. Los dos jóvenes de gorrita estaban planeando asaltar a los pasajeros.&lt;br /&gt;El miedo lo puso rígido, pero solo fue un instante. Debía actuar. Por lo que escuchaba, los dos andaban calzados. Es decir, tenían armas de fuego. No podía caminar por el pasillo y avisarle al chofer, porque estos se avivarían y serían capaces de cualquier cosa por escapar. Decidió lo más arriesgado, que fue lo primero que se le ocurrió tras descartar avisarle al conductor. Hablarles.&lt;br /&gt;- Chicos - les dijo girándose hacia ellos, casi con un hilo de voz; carraspeó para tomar fuerzas y seguir adelante - Chicos, no pude evitar escucharlos y quería pedirles que no lo hagan. Somos pocos, no vale la pena.&lt;br /&gt;Los dos muchachos se miraron entre sí, no se imaginaban que iban a escuchar el plan. Además, las tres cervezas que se habían tomado en una estación de servicio antes de subir los había entonado y no era cuestión que un boludo les dijera que tenían que hacer.&lt;br /&gt;- Flaco, chito. Te quedás calladito. Si no decís nada, la sacás barata. ¿Estamos?&lt;br /&gt;- En serio, mirá bien, no vale la pena. Mirá si se te escapa un tiro y...&lt;br /&gt;- Flaco, hacele caso a mi amigo. Quedate piola en su lugar que nosotros hacemos lo nuestro, bajamos y todos a salvo.&lt;br /&gt;- Y si por esas cosas se les escapa un tiro...&lt;br /&gt;- Si hacés algo raro, el tiro va para vos. Si el chofer decide hacerse el héroe y frenar, el que la liga es él. Y cualquier pelotudo que se haga el valiente, lo quemamos. Así que mirá para delante y esperá tu turno.&lt;br /&gt;- Dale loco, media pila, mirá si vas a asaltar este cole, es tarde, tengo que llegar a casa...&lt;br /&gt;- ¿Lo escuchás al gil este? ¿Vos sabés flaco con quién estás hablando? Nosotros cocinamos a varios, somos pesados, no te pasés de vivo con nosotros, no te pasés.&lt;br /&gt;- No muchachos, no quiero que se malentienda, lo único que quiero es que no nos pase nada.&lt;br /&gt;- Si te quedás callado no te pasa nada.&lt;br /&gt;- Y... ustedes tienen armas, cómo puedo confiar que no va a pasar nada.&lt;br /&gt;- ¿Querés que te de el arma? ¿Qué la tiremos por la ventana? - los dos de gorrita se pusieron a reír - Vos si que sos gracioso gil eh - acotó uno de ellos.&lt;br /&gt;- Bueno - dijo el otro - Vamos a hacer esto rápido, porque la conversación me está aburriendo.&lt;br /&gt;Y dicho esto, se puso de pie blandiendo el arma en la mano y gritando a toda jeta.&lt;br /&gt;- ¡Hijos de mil putas, los estamos robando! ¡Chofer, ni se te ocurra frenar que te lleno de agujeros pedazo de forro!&lt;br /&gt;- ¡Dale, la plata, vayan sacando la plata que tengan encima! - decía el otro mientras corría por el pasillo - Dame el celular mierda - le dijo de mala gana a un hombre que intentaba esconderlo debajo de la cola.&lt;br /&gt;- ¡Vamos! ¡Vamos! Colaboren carajo. Vos imbécil, vos, dale, eso, la guita - exclamaba uno de lo ladrones, mientras se alejaban de los últimos asientos, avanzando hacia el chofer.&lt;br /&gt;Fidel había quedado casi acurrucado en su asiento, temblando, porque cuando habían sacado las armas, pensó que lo primero que harían era dispararle un tiro en la cabeza. Cerró los ojos y recordó la voz de su madre, advirtiéndole sobre los peligros de la noche. Quiso replicarle a la voz, objetando que no estaba en la calle, sino dentro de un colectivo. Al mismo tiempo rezaba, pidiendo que los de gorrita se hubiesen olvidado de él.&lt;br /&gt;Pero no, sintió el caño del arma contra la frente.&lt;br /&gt;- Dale chabón, abrí los ojos. Faltás vos, dame la plata y el celular.&lt;br /&gt;- Esperá - dijo levantando los párpados - te doy guita, pero el celular tiene datos del laburo y...&lt;br /&gt;- Dame el celular o te quemo, así nomás te lo digo.&lt;br /&gt;Dudó, pero con la mano temblorosa terminó alcanzádoselo.&lt;br /&gt;El ladrón tomó el aparato y apartó la pistola de la cabeza.&lt;br /&gt;- Flaco, no te preocupes, que vos vas a terminar mejor que nosotros en la vida. ¡Chofer! Frená para que bajemos y volvé a arrancar hijo de puta, que si veo que hacés algo raro te quemo, escuchaste te quemó - vociferó mientras corría hacia la puerta.&lt;br /&gt;El colectivo frenó bruscamente sobre la banquina de la ruta y los dos muchachos bajaron corriendo para perderse en la oscuridad, que los encubrió como tragándose un bocado rico y sabroso.&lt;br /&gt;Los pocos pasajeros quedaron en silencio, llenos de impotencia. Fidel aún sentía el frío del cañón en su frente y se imaginaba que allí todavía debía estar el círculo que éste había dejado sobre su piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El miedo a la noche, a los peligros que pueden esconderse tras su velo de estrellas mentirosas, que engañan con su brillo con el fin de hacerle creer a todos que son preciosas, dignas de ser observadas, en tanto la maldad se expande a espaldas de uno y lo toma por sorpresa.&lt;br /&gt;La noche es eso, un despliegue de escenarios propicios para el crimen. Su madre tenía razón. La noche era ante todo una compañera peligrosa.&lt;br /&gt;Había oportunidades, cuando la luna era único testigo de su deambular nocturno, que volvía a sentir el cañón sobre su frente. Por momentos pensaba que aquella marca jamás se había ido.&lt;br /&gt;Ese viaje fue traumático, marcó su vida. Fue el desencadenante de lo que aconteció después. El temor lo desbordó al punto tal de hacerlo temblar ante la mínima sombra. Un pasado de advertencias gobernó su mente y durante largo tiempo sucumbió ante el recuerdo de su madre, los miedos inculcados y la experiencia de aquel asalto.&lt;br /&gt;Pero como todas las cosas, no duró demasiado. Lo suficiente como para que comprendiera lo que debía hacer. La manera de enfrentar su miedo.&lt;br /&gt;La noche ahora es su aliada. La que lo protege, envolviéndolo en su espesura cuando corre campo adentro tras saltar del colectivo que acaba de robar. Lo hace cada noche, esperando toparse con esos rostros conocidos y poder así cerrar el círculo.&lt;br /&gt;No le molesta el miedo que causa, ni la sensación de estar a punto de ser apresado. El fue víctima de ese miedo y vivió preso del mismo. Ahora se siente vivo, porque lo enfrenta, lo hace suyo, lo gobierna. Pistola en mano grita desaforado y se imagina el escarnio que recorre interiormente a cada víctima y por una vez en la vida sabe que el enemigo no es la noche, sino el hecho de confundirla con la oscuridad que vive dentro de uno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-9171002203547306795?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/9171002203547306795/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=9171002203547306795&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/9171002203547306795'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/9171002203547306795'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/02/desconfianza-de-la-noche.html' title='Desconfianza de la noche'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1513090110114398760</id><published>2012-01-31T01:10:00.018-03:00</published><updated>2012-01-31T01:10:00.250-03:00</updated><title type='text'>Pibe, pensalo bien</title><content type='html'>Mirá Carlitos, si te parece bien hacelo, dale para delante pibe pero no sé, pensalo bien, acá en el club tenés muchas posibilidades, pensá que el Turco Maderna se retira este año y si no es este año, es el próximo, vos lo viste al Turco, si ni se puede mover, para perseguir a un rival necesita una moto por lo menos, así que si el Turco se va es un casillero que avanzás pibe, claro, ya sé, están los hermanos Contreras, y esos son jóvenes pero con el nivel que tienen ¿cuánto te pueden durar en el club? una temporada o dos pibe, no más, después se las pican, vuelan, se van al mejor postor, eso de amar la camiseta no existe más y no importa que los Contreritas vengan jugando con el club desde el baby, ya eso no importa, cuando pinte la moneda los hermanitos hacen los bolsos y se marchan, y con el nivel que tienen hacete la idea que un campeonato más o dos y luego chau, si te he visto no me acuerdo, así que Carlitos esperá, no aflojes, vos sabés que tenés condiciones, además si vas a otro club a probarte y no quedás, acá te van a mirar feo cuando vuelvas, te conviene seguir peleándola acá, que si bien sabés hay buenos jugadores adelante, están al caer y cuando eso suceda ¡zaz! das el paso que te hace falta para afirmarte, porque es verdad, sos suplente en la reserva y ya tenés casi veintidós, pero ojo, no te asustes, he visto a grandes jugadores afirmarse en primera con más edad como el Águila Alarcón, te acordás, bueno no creo, tu viejo quizá se acuerda, vos vieras, tenía casi treinta cuando comenzó a jugar en primera, parecía el abuelo de los demás porque no solo no jugaba, vivía chupado Alarcón, así que el tinto le había modelado la cara, no sabés pibe lo que era esa nariz, roja como un tomate, parecía que estaba a punto de explotar y sin embargo el Águila jugó cinco torneos, cinco pibe y dejó un grato recuerdo porque se ganaron tres campeonatos en esa época, así que pibe que tengas veintidós pirulos no es señal de nada malo, al contrario, vas a empezar a jugar más maduro, mirá lo que le pasa a la mayoría de los pibes con las hormonas revolucionadas, con más ganas de coger que de otra cosa, que salen a la cancha como tromba y terminan mandándose macanas de todos los colores, y así Carlitos, vos supieras todos los pichones de crack que vi fracasar y que al poco tiempo colgaron los botines y que flor de jugadores que eran en las inferiores, no tenés idea, esto no es para cualquiera, acá no solo llegan los mejores sino los que perseveran, fijate el caso de Odilio, y si, me vas a decir que es el aguatero, bien, si, pero vos sabés lo que perseveró Odilio para ser aguatero y pensá que adelante tenía a grandes glorias del club que la vida bueno, viste como es la vida, dejó mal parados y necesitaban unos mangos y entonces las comisiones directivas los ponían de aguatero, pero Odilio sin ser alguna gloria pero cagado de hambre hasta los huesos insistió e insistió hasta que se le dio y ahora andá a sacarlo a Odilio, se las juna toda y es un tipazo, así que ya sabés, te armás de paciencia, venís a las prácticas, hacés banco cuando te toque el banco, salís a jugar cuando te toque jugar y en un par de años tenés pista libre para aterrizar vos pibe. ¿Estamos Carlitos? Dale, arriba ese ánimo ¡qué te vas a ir a probar a otro club, no seas boludo! En dos años, primera para vos. Segurísimo... siempre y cuando no traigan refuerzos. Y viste pibe, si se van Maderna y los hermanos Contreras, hay que ser realistas, hay que traer gente, no vamos a poner a Odilio a jugar, ¿no, verdad?. Pero tranquilo Carlitos, persevera y llegarás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1513090110114398760?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1513090110114398760/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1513090110114398760&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1513090110114398760'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1513090110114398760'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/pibe-pensalo-bien.html' title='Pibe, pensalo bien'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7556072135867627178</id><published>2012-01-28T01:10:00.058-03:00</published><updated>2012-01-28T01:10:00.777-03:00</updated><title type='text'>El hombre de la esquina</title><content type='html'>Lo asombroso era la constancia. Verlo todo el día parado en aquella esquina, sin importar si había sol, llovía a cántaros o si al mundo lo atravesaban ráfagas de viento de sesenta kilómetros por hora. &lt;br /&gt;Su presencia era una postal en aquel punto de la ciudad. Aparecía bien temprano, con el sol comenzando a asomar por el este y permanecía hasta entrada la noche, cuando el firmamento era propiedad de las estrellas y la luna.&lt;br /&gt;No ha faltado en todo este tiempo aquel buen vecino que quisiera acercarle una silla, pero como si aquella fuese un sacerdocio, el hombre agradecía y se negaba muy amablemente a aceptarla.&lt;br /&gt;Cualquiera podía detenerse a conversar, no tenía inconveniente para ello. Era un hombre culto, aunque visiblemente perturbado. Si bien se lo veía sereno estando allí de pie y se lo percibía calmo a la hora de entablar una charla, su rutina no hablaba de una actitud o comportamiento normal. &lt;br /&gt;La pregunta infaltable era la tendiente a descifrar las razones que lo movían a estarse parado en esa esquina. Y el hombre no la eludía. Decía que aquel punto del universo, en la unión de esas dos veredas, estaba el sentido de la vida y que su misión era poder comprenderlo.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué solo de día? - le preguntó más de uno alguna vez.&lt;br /&gt;- Porque de noche duermo - respondió con toda lógica en cada oportunidad.&lt;br /&gt;Nos preguntábamos siempre si la revelación del sentido de la vida le llegaría de repente o necesitaba ese minucioso estudio del ir y venir de las personas que realizaba a diario. De todas formas nos hacíamos esas preguntas en tono de broma.&lt;br /&gt;Quién de nosotros no se ha parado a su lado algunos minutos, los suficientes como para observar desde el punto de vista del hombre. Sin embargo, más que la calle proyectándose hacia un lado y el otro, lo mismo que las veredas, los negocios y frentes de viviendas de siempre y el cambiante ir y venir de peatones, no vislumbrábamos nada que nos llamase la atención.&lt;br /&gt;- ¿Y usted que ve? - se le preguntó una y mil veces.&lt;br /&gt;- Lo mismo que usted - respondió ante cada ocasión, siempre con una sonrisa en la boca.&lt;br /&gt;Cuando llovía uno esperaba que al menos abriese un paraguas o algo para protegerse, pero no, dejaba que el agua le cayera sobre su cuerpo sin demostrar la menor preocupación. Temíamos que se enfermera, dudábamos que tuviera obra social o cobertura médica. Sin embargo, siempre aparecía al día siguiente.&lt;br /&gt;Eso si, comía puntualmente. Al mediodía extraía del bolsillo derecho de su saco (el uso de esta prenda era una de las principales características de este hombre, ya sea invierno o verano) un sánguche que devoraba con ganas pero sin prisa. Al atardecer, del bolsillo izquierdo, hacía aparecer una manzana o banana. A diferencia de lo que sucedía con la silla, si alguien le convidaba para comer, aceptaba. Salvo que fuesen chocolates, que según decía, le caían pesados.&lt;br /&gt;- ¿Y, ya lo encontró? - solía preguntarle Bermúdez cada mañana, cuando llegaba para abrir el puesto de diarios.&lt;br /&gt;- No estaría aún acá, mi amigo - le respondía sonriendo el hombre.&lt;br /&gt;Severiano se llamaba, aunque nunca supimos el apellido. Al menos, nunca hasta antes de morir. &lt;br /&gt;Pocos debemos imaginarnos dónde nos encontrará la parca en el momento último de nuestras vidas. Con este hombre era muy factible que sucediera ahí mismo, en la esquina que pasaba los días de su vida. Y así ocurrió. Pero no fue un ataque al corazón o una muerte súbita, ni mucho menos un ACV o una neumonía. Fue un colectivo de línea.&lt;br /&gt;La mala fortuna, la desgracia, llámese como quiera. Un auto que cruza en rojo, el colectivero que intenta un volantazo para evitarlo y la esquina que se le viene encima. Y debajo del monstruoso vehículo, aplastado y con las piernas, costillas y brazos quebrados, terminó Severiano.&lt;br /&gt;Una muerte que nos llegó de congoja a todos los vecinos que nos habíamos acostumbrados a tenerlo como parte del paisaje, del barrio, de la ciudad misma, porque... ¿quién no había oído hablar del loco de la esquina? Y ahora, de repente, ya no estaba. La esquina no era lo mismo sin su presencia. Parece extraño, pero es así.&lt;br /&gt;Al recordarlo nos preguntamos todos si habrá valido la pena todo el esfuerzo por encontrar el sentido de la vida, porque al fin y al cabo lo suyo fue un apostolado que no le dejó vivir, al menos de la manera en la que lo demás entendemos esa palabra.&lt;br /&gt;Y nos carcomen las dudas. ¿Entendemos bien esa palabra? ¿Vale la pena buscar el sentido? ¿Quedarse en una esquina esperando la revelación? Coincidimos en que no, en que Severiano estaba loco. Al menos, justificamos su muerte. Y al mismo tiempo, nos justificamos nosotros. &lt;br /&gt;Quizá finalmente, creo a veces, el hombre encontró el sentido, irónicamente en el momento cúlmine de su existencia. Quizá el sentido de la vida no sea otro que esperar la muerte. &lt;br /&gt;Y vaya que don Severiano la esperó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7556072135867627178?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7556072135867627178/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7556072135867627178&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7556072135867627178'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7556072135867627178'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/el-hombre-de-la-esquina.html' title='El hombre de la esquina'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1844312211384930373</id><published>2012-01-25T01:10:00.008-03:00</published><updated>2012-01-25T01:10:00.081-03:00</updated><title type='text'>Equívoco</title><content type='html'>Qué feo es equivocarse. Dicen sin embargo que errar es humano. Pero es horrible. La sensación que nos deja se asemeja un temblor interno, una duda lacerante que nos recorre de pies a cabeza poniendo a prueba hasta la última fibra y crispando cada nervio.&lt;br /&gt;Qué feo, si señor. Más si nos ocurre haciendo algo importante. Por ejemplo, en el trabajo. Un sitio donde tenemos responsabilidades, quizá un cargo o simplemente funciones puntuales a las que atenernos.&lt;br /&gt;Nos miden, nos evalúan, y algún paranoico incluso puede decir, esperan el más mínimo error para reprocharnos. &lt;br /&gt;Es feo, claro que si.&lt;br /&gt;Así lo entendió Rómulo después de haber enviado el correo electrónico. Lo supo de inmediato, incluso antes que el teléfono sonara. Aún escuchaba el sonido de la campanilla cuando cerró la puerta de su oficina por última vez. Se dirigió hacia la salida que daba a la calle. No necesitaba que lo echaran. Ya lo había hecho él solo.&lt;br /&gt;Feo, muy feo es equivocarse. Escoger de la lista de contactos "Gerentes" en lugar de "Gentuza del club" y mandarles un e-mail con el asunto "Hola manga de putos".&lt;br /&gt;Feo, de tal magnitud que únicamente podemos atinar a una sola respuesta: irnos y no regresar jamás.&lt;br /&gt;Por vergüenza, aunque sea.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1844312211384930373?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1844312211384930373/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1844312211384930373&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1844312211384930373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1844312211384930373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/equivoco.html' title='Equívoco'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5829226363811373164</id><published>2012-01-22T01:10:00.023-03:00</published><updated>2012-01-22T01:10:00.772-03:00</updated><title type='text'>Gaspar</title><content type='html'>Las promesas, vaya tema ese para Gaspar. Las promesas y la que te parió, solía decir en voz alta mientras caminaba por las veredas del barrio hablando solo, como era su costumbre.&lt;br /&gt;Los más chicos detenían sus juegos para verlo pasar y paraban las orejas para escuchar que nuevos improperios lanzaba al aire. Algunos le daban más de sesenta años, otros aventuraban que era mucho más joven pero que la vida le había jugado una mala broma.&lt;br /&gt;En cambio, los adultos lo ignoraban. Se cuidaban, eso si, de no entorpecerle el paso, porque Gaspar no miraba por donde caminaba y si tenía alguien delante, lo atropellaba sin excusas para luego ponerse a rezongar por eso mismo.&lt;br /&gt;Cuando alguien ajeno del barrio, de visita allí por razones diversas, se percataba de Gaspar era lógico que preguntara ¿y éste loco quién es?. Era el loco, el personaje diferente, el que rompía la monotonía de las calles, de las casas todas iguales, de la rutina de los mandados por la mañana, las siestas por la tarde y el andar cansino de las nochecitas.&lt;br /&gt;Dormía en la plaza, cuando el placero se lo permitía, que era casi siempre. Las noches de invierno también, pero bajo el refugio de un sauce y varias mantas que le alcanzaban algunos vecinos piadosos. Comía gracias a las ofrendas de comerciantes generosos y se bañaba de vez en cuando, siempre que la fuente de la plaza tuviera agua.&lt;br /&gt;Y a pesar de ese afecto mudo, de esa presencia aceptada por el barrio, que solo mostraba su peor faceta cuando lo ignoraban mientras caminaba, como si el hecho que el hombre se mezclara con la sociedad fuese malo, Gaspar no sabía de agradecimientos.&lt;br /&gt;Nunca un gracias, un Dios se lo pague, nada de nada. Recibía y nada más. Si era comida, la comía. Si era abrigo, lo guardaba hasta usarlo. Si era ropa y la suya apestaba, se la ponía en ese momento. Pero sin gracias de por medio. &lt;br /&gt;Solo hablaba al caminar, casi siempre en voz alta. Y la mayor parte de las veces se lo oía despotricar contra las promesas. El "que te parió" despertaba risas, pero no parecía importarle demasiado, porque jamás se detenía a ver de donde provenían. Y lo más probable, como decían algunos, era que quizá ni escuchara que alguien se reía de él.&lt;br /&gt;Gaspar y sus promesas, yendo y viniendo a lo largo del día, recorriendo cada vereda, pasando cerca de todos los vecinos. Sin saludar, sin dar gracias, sin nada más que lo que llevaba puesto y sus palabras sin sentido. Eso era Gaspar, eso y los años encima, su historia desconocida, su pasado infranqueable.&lt;br /&gt;Y solo por eso, por ese entendimiento tácito de esa vida cruel, es que los vecinos lo aceptaban. ¿Cuáles eran las promesas? ¿Algún amor no correspondido? ¿Un empleo que nunca llegó? ¿Algo que políticos de turno no le dieron?&lt;br /&gt;¿Acaso importa? ¿Acaso queremos saberlo? ¿Cambiaría algo para Gaspar de ser así?&lt;br /&gt;No, al barrio no le interesa y está bien. Cada uno sabe de promesas, cada uno tiene sus problemas y camina las mismas veredas, salvo que las palabras van por dentro y el despotricar sirve de poco, más cuando los dados ya han caído sobre la mesa.&lt;br /&gt;Se escucha a veces un suave cuchicheo, unas risas y nada más. Gaspar sigue siendo el loco del barrio y para todos es suficiente. &lt;br /&gt;- Ojo, ahí viene - le advierte la señora de rojo a su amiga.&lt;br /&gt;- Si, me corro, no vaya a ser que se enoje.&lt;br /&gt;Escuchan al pasar el "promesas y la que te parió" y se miran sonriendo. A lo lejos el viejo dobla la esquina. Ha dejado cierto olor a su paso. &lt;br /&gt;- ¡Cuarenta y tres! - llama el verdulero.&lt;br /&gt;- Es el mío - dice la señora de rojo.&lt;br /&gt;Y la vida sigue ocurriendo, así, sin más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5829226363811373164?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5829226363811373164/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5829226363811373164&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5829226363811373164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5829226363811373164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/gaspar.html' title='Gaspar'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1793697823132758377</id><published>2012-01-19T01:10:00.003-03:00</published><updated>2012-01-19T01:10:01.139-03:00</updated><title type='text'>Luz nieve</title><content type='html'>Solo aquel que ha visto a la muerte o desea verla, puede transitar en una noche de lluvia el camino que lleva al cementerio olvidado. El lugar, que para muchos en el pueblo es un mito, existe de verdad y está varios kilómetros adentro, luego de atravesar el bosque, pero son pocos los que han podido llegar.&lt;br /&gt;¿Para qué alguien querría ir al cementerio olvidado? La respuesta es muy simple: allí reside la delgada línea entre un mundo y el otro, entre los vivos y los muertos. Y si uno quiere seguir viviendo, debe hacer lo posible para poder llegar. Antes, claro, tiene que haber muerto y vuelto a vivir.&lt;br /&gt;Cuando Juan resbaló de la montaña que escalaba en la cordillera junto a sus amigos españoles, supo que iba a morir. Fue en el mismo momento que sintió como la piedra cedía debajo de su calzado. En ese instante se abrió un abismo en su mente, mucho más profundo que el que en realidad se cernía entre su cuerpo y el firmamento.&lt;br /&gt;Luego tan solo se sintió caer. Mentalmente también las luces se apagaban. Su cuerpo iba camino a la muerte de manera estrepitosa y su cabeza hacía lo propio, presionándolo con imágenes puntuales, decisivas. Se moría y la culpa de otros avatares, rencores guardados y amores sin profesar, se sucedían unos a otros, con la seguridad de torturarlo, de impulsarle aún más velocidad a ese final tan angustiante que lo esperaba metros más abajo.&lt;br /&gt;Sintió el impacto, pero en las extremidades. Luego todo fue oscuridad y más tarde, una solemne luz blanca, tan blanca como la nieve que solía divisar en las alturas, a temperaturas bajas. Pero aquí, esa luz nieve era cálida, confortable. Se sentía bien, sereno. Al menos, al principio.&lt;br /&gt;No sabía dónde estaba, pero su cuerpo no le dolía, por lo que era una buena noticia. Lejos, vio cinco figuras. Se acercó para buscar una respuesta y en la misma medida, las figuras se alejaron. De golpe un brazo salió de la nada y lo tomó del cuello. El rostro dueño de ese brazo era atroz y su voz, era la del mismo diablo:&lt;br /&gt;- ¿Qué haces aquí? ¿Qué haces? ¿Quién crees que eres para morir en este momento? Vuelve maldito ser vivo, vuelve y recibe tu castigo de morir en vida, día a día y aguardar en vano hasta que te llame. Vuelve, condenado, vuelve a tu martirio terrenal.&lt;br /&gt;La voz desapareció luego de vociferar esas palabras y con la voz, retrocedió el brazo, la luz nieve y las figuras que se recortaban lejos. Volvió la oscuridad y de inmediato, el dolor. &lt;br /&gt;- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! – el grito desgarrador resumía el calvario que sentía. Y gracias a ese último alarido de su garganta, fue que sus dos compañeros andinistas españoles pudieron dar con él entre las rocas, aún respirando. Con un hilo de vida, pero respirando.&lt;br /&gt;Su vida ya no fue la misma. Perdió sus piernas y también la posibilidad de seguir escalando. Apenas si podía movilizarse en la ciudad o en su departamento y veía en ese sobrevivir diario la ironía del destino, justo a él, que escalaba gigantes montañas, él que podía superar cualquier obstáculo, ahora era un rehén de una silla de ruedas y de una ciudad no pensada para gente así.&lt;br /&gt;¿Acaso había sido Dios el que le había hablado o el mismísimo Diablo como había pensado en su momento? Lo había meditado durante muchas noches de largos meses, en los que no pudo conciliar el sueño. Y estaba seguro que no era ni uno ni el otro. El brazo, la voz, pertenecían a la muerte.&lt;br /&gt;Se engañó mucho tiempo creyendo que alguna vez su vida sería como antes. Luego supo que ilusionarse era en vano. Comenzó a vagar por grupos de auto ayuda, sin encontrar nada que lo animara. Las palabras de la muerte eran un eco en su cabeza, como lo había vaticinado aquello era un martirio día a día que a veces lo llevaba a pensar en terminar con todo.&lt;br /&gt;Fue en una reunión con personas que habían experimentado la muerte o al menos, la experiencia del “túnel de luz” que conoció a Gaspar. Era un hombre entrado en años, vigoroso y con un fuerte carácter. Solía discutir con todos y levantarse de su asiento enojado con alguien para salir del recinto dando un portazo. Una noche no lo hizo y coincidieron los dos en el bar de la esquina. Compartieron una mesa, dado que Juan no podía quedarse en la barra, que se le hacía eterna de alta.&lt;br /&gt;Cada uno contó su experiencia, sin caer en sentimentalismos. Eran dos personas resignadas, que solo buscaban en esas reuniones un justificativo para levantarse al día siguiente. Al escuchar la historia de Juan y de su mal momento en la luz nieve, tal como él la seguía llamando, Gaspar entornó los ojos.&lt;br /&gt;- Hay tres clases a la hora de experimentar la muerte – le dijo – La primera es aquella en la que no regresas, la segunda es la que regresas lleno de esperanza y la tercera es la que regresas creyendo estar vivo cuando en realidad estás muerto.&lt;br /&gt;- No entiendo la último – le confesó Juan.&lt;br /&gt;- Claro que si, la tercera es tu caso.&lt;br /&gt;Juan no lo entendió. Se quedó mirando a su compañero de mesa, que apuraba el último trago de cerveza. &lt;br /&gt;- Tú crees que volviste, pero no es así – Gaspar veía en los ojos de Juan la incomprensión – Me puedes decir que estás delante de mí, que estás tomando una cerveza y te voy a creer, lo estoy viendo, no soy ciego. Pero ya estás muerto, regresaste sin vida, solo eres una cáscara sin alma. La muerte se divierte, hace esas bromas. Te tendrá penando en vida. ¿Entiendes? Un muerto penando en vida. ¿Qué peor contradicción, que paradoja podría ser más cínica?&lt;br /&gt;Juan se tomó la cabeza. Podía avistar algo de esa idea, pero la creía imposible. Pero en el fondo, alguien reía en su interior y estaba seguro, era la muerte. Y sabía, estaba convencido, que era verdad.&lt;br /&gt;- Ve a Paraje Blanco, es un pueblo pequeño, en el oeste. No aparece en los mapas, pero puedes llegar preguntando. Nadie le negará ayuda a un lisiado. Allí te dirán cómo encontrar cierto lugar. Puedes que allí la muerte se redima y te permita descansar donde te corresponde.&lt;br /&gt;Recién dos años después de aquella charla con Gaspar, y tras mucho andar, Juan se encontró atravesando el bosque de Paraje Blanco en su silla de ruedas, mientras entre las copas de los árboles el atardecer coronaba el cielo. &lt;br /&gt;Su peregrinar había sido en solitario. Donde se dirigía únicamente lo esperaban a él. No necesitaba a nadie más. En el pueblo se habían mostrado reticentes, pero nadie dudó, al mirarlo a los ojos, que ese hombre en sillas de ruedas, rostro fatigado y pronunciadas ojeras, ya estaba muerto antes de llegar. Un muerto en vida, uno más. La muerte seguía jugando con la gente y para ellos la sorpresa se había extinguido hacía décadas.&lt;br /&gt;El cementerio no era como los demás. No tenía murallas que lo ocultaran de la sociedad, ni presuntuosos mausoleos. Apenas si se veían algunas cruces de madera y lápidas derruidas con los años. La totalidad de los árboles que se erigían con pobre firmeza estaban secos. Algunos cuervos revoloteaban entre sus ramas, dándose picotazos entre ellos y desparramando en sus movimientos oscuras plumas al aire.&lt;br /&gt;La noche se había cerrado en lo alto para cuando las ruedas de la silla dejaron sendos surcos sobre la tierra húmeda del lugar. Al notar la presencia de un extraño, los cuervos cesaron sus peleas.&lt;br /&gt;De repente el silencio asaltó el paraje y embargó a Juan en una extraña sensación. Aquel silencio era igual al que había vivido años atrás, antes de arribar a la luz nieve. Cerró los ojos y aguardó el brazo, el mismo que aquell vez se despegara de la oscuridad, tomándolo otra vez del cuello. Prácticamente sintió las garras aferrarse a su piel. Pero fue eso, solo una sensación, porque nada apareció en la noche. Solo una brisa, suave pero fría, que lo hizo temblar.&lt;br /&gt;Y tras la brisa, llegaron los pasos sobre la grava. Pasos fuertes, pero sin prisa. Lejos, entre cruces apuntando a ninguna parte, vio avanzar a la muerte. No llevaba una hoz como decían las creencias, ni tampoco vestía un traje con enorme capucha que lo cubriera de pies a cabeza. No era un ser físico, tan solo una sombra, una figura que se movía haciendo constar su presencia, que pisaba sin pies, que hablaba sin boca, que respiraba sin nariz.&lt;br /&gt;- Muchos llegan después de tanto buscar – dijo la voz de aquella sombra, que tan bien recordaba de aquel atroz momento en la luz nieve. &lt;br /&gt;Juan no contestó. Se limitó a observarla. La sombra se paseó a su lado, rodeándolo, como si estuviera cotejando a esa persona en silla de ruedas con el recuerdo de aquel andinista que quiso morir antes de tiempo y se atrevió a viajar hasta el más allá sin el permiso debido.&lt;br /&gt;- ¿Consideras que ahora si es tu hora? ¿Vienes para que te lleve? ¿Tienes el coraje para morir de una buena vez?&lt;br /&gt;- Ya morí una vez. &lt;br /&gt;- No, no estabas muerto aquella vez.&lt;br /&gt;- Pero tú hiciste que lo estuviera a partir de aquel momento.&lt;br /&gt;La muerte sonrió. &lt;br /&gt;- Haces ver como que el fracaso de la oportunidad que te di es culpa mía.&lt;br /&gt;- Yo no fracasé – refutó enojado Juan – Yo debí morir y no sucedió así, pero te encargaste que mi vida después de eso fuese igual que estar muerto.&lt;br /&gt;La sombra se movió de un lado a otro. Ya no sonreía. &lt;br /&gt;- Morir día a día es lo que hacen todos. El martirio terrenal es el mismo para todos. ¿Por qué crees que esas palabras fueron diferentes para ti? ¿Hay cosas peores que la muerte? No lo creo. ¿Qué esperas que sea la muerte? ¿Un lugar de reflexión y relajamiento? ¿Unas largas vacaciones? Tuviste una oportunidad y te dedicaste a no usarla. ¿Me culpas a mí ahora?&lt;br /&gt;- Me han dicho que aquí está la respuesta a todo eso, que la línea entre la vida y la muerte reside en este cementerio.&lt;br /&gt;- ¿Una línea? Qué interesante. Suelen venir muchos como tú a este lugar. Puede que eso lo haga más atractivo. Estoy en todas partes. En definitiva soy la muerte. Pero si quieres que sea acá, será acá. &lt;br /&gt;- ¿Qué debo hacer?&lt;br /&gt;- ¿Para qué? – preguntó la muerte.&lt;br /&gt;- Para dejar de sufrir.&lt;br /&gt;- Puedes morir o simplemente, intentar vivir.&lt;br /&gt;- Ya estoy muerto.&lt;br /&gt;- Entonces no me necesitas. &lt;br /&gt;- ¡Si te necesito! &lt;br /&gt;La muerte había empezado a alejarse. Juan movilizó con fuerza su silla e intentó darle alcance. Una de las ruedas tropezó con una cruz y perdió el equilibrio. El cuerpo cayó hacia un costado, sin darle tiempo de anteponer los brazos. La cabeza dio contra media lápida partida, que estaba en el suelo. Primero fue el golpe, luego una grieta en la frente y más tarde, un borbollón de sangre escapando. Juan murió al instante. La sangre siguió vertiéndose unos minutos más.&lt;br /&gt;En ningún momento la muerte volvió sobre sus pasos. No le hacía falta. Su trabajo lo había hecho años atrás, convenciendo a un ser vivo de que estaba muerto. Al fin y al cabo, todos los mortales lo están. Solo es cuestión de tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1793697823132758377?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1793697823132758377/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1793697823132758377&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1793697823132758377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1793697823132758377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/luz-nieve.html' title='Luz nieve'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6655057779848118160</id><published>2012-01-16T01:00:00.062-03:00</published><updated>2012-01-16T01:43:27.741-03:00</updated><title type='text'>Días de pálida belleza</title><content type='html'>Era un buen día para morir. No tenía dudas. Corría una brisa suave que acariciaba la piel. El cielo estaba cubierto por pequeñas nubes amontonadas y en el horizonte se asomaban las islas, distantes y salvajes, como lo hacían cada día, desde que tenía memoria.&lt;br /&gt;El bote resposaba sobre el agua, en un vaivén calmo y hasta hipnótico. Dentro, el hombre ya había arrojado un par de rifles, la carpa y una mochila con provisiones. Buscó con la vista los remos, que recordaba haber dejado cerca del muelle. Los había construdio con sus manos en la juventud.&lt;br /&gt;Estaba preparado, así que respiró hondo y miró por última vez su humilde casa y la costa que la rodeaba. Escuchó ladrar al perro, pero lo ignoró a pesar del corazón que le pedía volver y soltarlo. No podía, alguien lo haría más tarde.&lt;br /&gt;El agua lo invitaba a internarse río adentro. El sol entibiaba su rostro, casi con dulzura. Sus ojos estaban atentos, observaban los puntos lejanos con ávida experiencia, aguardando el menor movimiento sospechoso. Algunos pájaros surcaron el cielo y sus sombras se proyectaron sobre la viva superficie marrón, de textura brillante y movimiento continuo.&lt;br /&gt;Las islas se acercaban en la medida que sus brazos empujaban más y más los remos. Aquel era un ejercicio que conocía bien, pero era la primera vez que lo ejecutaba para salvar su vida.&lt;br /&gt;Su casa era un punto en la orilla cuando vio el humo desprenderse hacia el cielo. Habían llegado. Ya sabían que había escapado y pronto se harían al río con furia y desesperación. Debía llegar rápido a las islas, buscar un escondite, refugiarse un tiempo prudente y luego seguir tierra adentro hasta encontrar otros brazos del río e intentar la fuga hacia destinos remotos.&lt;br /&gt;De vez en cuando miraba hacia la columna de humo y se preguntaba cómo es que había ocurrido. Aún no lo entendía. Al menos, no comprendía su conducta. De repente todo lo que conocía se había esfumado y en su lugar se habían plantado sentimientos tan horrendos como lo que hizo.&lt;br /&gt;Seguía sin entender. Él, que jamás había utilizado sus armas para otra cosa que no fuera la caza, él,al que desde chico le habían enseñado a respetar a los demás y sobretodo a las mujeres. Él, que ahora escapaba tras la masacre que había cometido en el pueblo. Así, de repente, tras un click en su cabeza, sin siquiera entenderlo.&lt;br /&gt;Si, era un buen día para morir. Después de lo que había hecho, era lo menos que le podía pasar. Cerró los ojos y aflojó sus brazos, dejando de remar.&lt;br /&gt;El bote se detuvo en el río, moviéndose solo por la corriente. Pronto le darían alcance y se cobrarían venganza. Él lo sabía bien, y así lo quería. La muerte lo salvaría del infierno que bullía en su mente. Existían días hechos para morir y ese era uno de esos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6655057779848118160?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6655057779848118160/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6655057779848118160&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6655057779848118160'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6655057779848118160'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/dias-de-palida-belleza.html' title='Días de pálida belleza'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5794601025983645714</id><published>2012-01-13T01:10:00.052-03:00</published><updated>2012-01-13T01:10:01.809-03:00</updated><title type='text'>Frase con eco</title><content type='html'>La conversación había tomado un cauce controvertido desde hacía minutos, pero la última frase que le escuchó a su novia, fue la que lo estremeció. &lt;br /&gt;- No es justo esperar a que se mueran los padres para ser beneficiaria - había dicho a un grupo de amigas con las que dialogaban en la cocina.&lt;br /&gt;El había estado pintando las rejas del frente y el ir y venir le había permitido escuchar retazos de la charla. Antes ya se había sorprendido al oír oraciones como "la venganza es lo mejor", "habría que esperar el primer descuido y zaz" o la que hasta entonces le había preocupado más, que fue "se puede matar a alguien y que nadie se entere".&lt;br /&gt;Debía reconocer que la mayoría de las veces que discutía con su novia, le daba algo de miedo. Más que nada porque los ojos se le inyectaban de furia y cuando hablaba, o gritaba en realidad, parecía estar rabiosa y con ganas de morderlo. Por esa razón, evitaba discurrir en confrontaciones.&lt;br /&gt;Las amigas, en tanto, si bien no las conocía del todo, se asemejaban en ciertas actitudes. Ademanes fuertes, seguros, miradas que orillaban lo helado, saludos parcos... bueno, tampoco creía justo describir así a su novia, porque se llevaban bien, se querían y estaban proyectando juntos sus vidas. Era cierto, como en toda relación, había temores. Pero los suyos no tenían tanto que ver con proyectos laborales o la situación económica.&lt;br /&gt;Le hubiese gustado interrumpir la conversación y preguntar si aludían a situaciones especiales, pero el solo hecho de pensar de entrar a esa cocina y pronunciar una sola palabra lo intimidaba. No sabía con exactitud la razón de ese miedo, que le parecía incluso irracional, dado que convivían desde hacía dos meses y salvo pequeñeces, ella se comportaba normal.&lt;br /&gt;Pero aquellas pocas palabras sobre los padres se repetían en su cabeza como un eco. Hacía poco ella le había comentado que sus padres tenían cierto dinero guardado y que repartirían entre los hijos (su novia solo tenía un hermano) pero recién, cuando ambos murieran. Había sido un comentario al pasar, entre el reproche y la resignación.&lt;br /&gt;Sin embargo, escuchado ahora en aquella conversación, encontraba otro matiz. Seguramente las amigas asintieron ante ese comentario, aunque ignoraba que acotaciones al margen se habrían impuesto sobre la razón, si es que acaso hubo alguna.&lt;br /&gt;De algo estaba seguro. Cada una de las amigas recordaría esa frase. Y eso, en la idea que el eco estaba generando en su cabeza, era una gran, pero gran, coartada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5794601025983645714?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5794601025983645714/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5794601025983645714&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5794601025983645714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5794601025983645714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/frase-con-eco.html' title='Frase con eco'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2258320817671432553</id><published>2012-01-10T01:10:00.067-03:00</published><updated>2012-01-10T01:39:27.661-03:00</updated><title type='text'>La vida es una ilusión</title><content type='html'>Cuando las luces se apagaban y los últimos pasos que se alejaban hacia la salida llegaban como un eco marchito, el mago se refugiaba en el cuartito del fondo del humilde teatro. Agradecía el descanso que le proporcionaba la silla, la firmeza del respaldo para su espalda y también el vaso de agua y el plato con comida que le dejaban preparado.&lt;br /&gt;No había paga por su trabajo, no le hacía falta. El encanto mayor eran las sonrisas, las muecas de sorpresa, los gestos de asombro. &lt;br /&gt;En el cuartito comía y descansaba, disfrutando el silencio. Durante la función sus oídos recibían aplausos y a veces carcajadas, cuando sus actos con rutinas de humor así lo propiciaban. Pero allí, solo ante su plato de comida y el vaso de agua, podía pensar con tranquilidad, casi escuchando a sus ideas.&lt;br /&gt;Era un buen ejercicio, podía pensar el show de la noche siguiente, encontrarle la vuelta al truco que se le había ocurrido unos días antes, incluso, repasar los rostros de los presentes y hasta llevar la cuenta de las veces que cada vecino había ido a verlo sobre el escenario.&lt;br /&gt;Pero había una imagen, que al llegar, lo absorbía por completo. Y eso sucedía cada noche, porque ella iba a todas las funciones. Era pelirroja, de enormes bucles y miraba curiosa. Se sentaba en las primeras butacas, pero jamás se acercaba a saludarlo al término del espectáculo, como solían hacer otros. Se iba en silencio, sonriente, mirando de vez en cuando por encima de su hombro, como asegurándose que él seguía allí, recibiendo apretones de manos y palmadas en la espalda.&lt;br /&gt;Se sabía el nombre de todo el pueblo, salvo de esa chica. Se reía de su mala fortuna, porque si había un conocimiento que quería hacer suyo, era justamente el de ese nombre. Pensaba que sabiendo el nombre, no podría resistirse a marcharse si el la llamaba con fuerza.&lt;br /&gt;Su rostro se paseaba delante de sus ojos, como un grato fantasma, mientras apuraba el último trago de agua. Se sintió satisfecho. Limpió algunas migajas que habían caído encima de su ropa y se puso de pie. Contempló el cuartito desde la puerta y tras un movimiento de sus manos, el lugar se redujo a una pequeña cajita de cartón. La tomó entre las manos y salió del teatro, por la puerta principal. Dejó la cajita en la vereda e hizo otro movimiento, ahora con una varita. El teatro de esfumó en el aire. En el suelo, donde antes había estado la construcción, había otra caja, un poco más grande que la anterior.&lt;br /&gt;Tomó la chiquita y la introdujo dentro de la otra. Y llevándolas entre sus manos, caminó por la calle, observando la enorme luna que se elevaba entre los árboles. Al llegar a la salida del pueblo, giró sobre sus talones y parpadeó dos veces. El pueblo dejó de existir. &lt;br /&gt;El mago sonrió complacido. Era hora de descansar y recuperar energías. Siempre la mejor función era la que no se había dado y cada noche soñaba con lo mismo, con dar con el nombre de la pelirroja. Suspiró profundo y puso en marcha sus piernas. Sus manos llevaban la caja y su magia, la ilusión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2258320817671432553?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2258320817671432553/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2258320817671432553&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2258320817671432553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2258320817671432553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/la-vida-es-una-ilusion.html' title='La vida es una ilusión'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7721456957627384910</id><published>2012-01-07T01:10:00.069-03:00</published><updated>2012-01-09T23:43:59.347-03:00</updated><title type='text'>A través de la pantalla</title><content type='html'>Las distancias, que tema tan complejo para su corta edad. Pero la vida es tan voraz que, o bien uno se sube al tren o queda por siempre varado en el andén, esperando algo que con el tiempo hasta olvidará de tanto esperar.&lt;br /&gt;Eran muchos los amigos de la infancia y la adolescencia que habían abandonado el pueblo. Cada año sucedía lo mismo con una nueva camada de jóvenes, que albergaban la esperanza de un futuro mejor en ciudades lejanas, cuyos nombres pronunciaban con júbilo en sus bocas, como si estuviesen recitando el sentido de la existencia.&lt;br /&gt;Pero él se había quedado. Era de los pocos.&lt;br /&gt;El destino lo había puesto joven al frente del almacén de su padre, lisiado desde hacía años. Y esa era su función en el pueblo o como él pensaba, su lugar en el mundo. Y estaba bien. Al menos, siempre lo había creído así. Claro que ahora le costaba un poco y la razón tenía cuerpo de mujer.&lt;br /&gt;Se llamaba Estela y se habían puesto de novios el verano último, en ocasión que ella había vuelto al pueblo en sus vacaciones. Estudiaba en una ciudad distante a seiscientos kilómetros. Sus visitas en el año eran esporádicas y para fechas especiales, como ser cumpleaños o fines de semana largos. Pero no siempre podía hacer un tiempo en su agenda, debido al propio estudio.&lt;br /&gt;La distancia, pensaba Andrés, una y mil veces, desde que se despertaba hasta que se acostaba, en la soledad de su cuarto, a seiscientos kilómetros de la mujer que amaba. La puta distancia, solía decirse en el umbral del sueño.&lt;br /&gt;Por esa razón había tenido que sumarse al tren de la nueva tecnología. Reacio a las computadoras, aprendió a usarlas. Ni siquiera para su almacén las utilizaba, le gustaba llevar las cuentas como lo hacía su padre y como antes lo había hecho su abuelo.&lt;br /&gt;Sin embargo, tras cerrar el almacén, comer algo, encendía cada noche la computadora, abría el programa para poder hablar y verse al mismo tiempo, del que apenas recordaba el nombre y diferenciaba de todos por su ícono celeste, y esperaba ansioso que su novia se conectara.&lt;br /&gt;Aquello era un ritual que solo se veía interrumpido si ella tenía un parcial o final al día siguiente. Había comprendido que las tecnologías, si bien no acortan las distancias, las hacen parecer menos dramáticas. Aunque muchas veces se quedaba mirando la pantalla, observando la imagen que le llegaba de su novia y se soñaba atravesando ese cristal hasta corporizarse del otro lado, para luego abrazarla y besarla. Se lo había hecho saber a ella y como era lógico, rieron un buen rato.&lt;br /&gt;Lo extraño había comenzado una semana atrás. Un sábado si mal no recordaba. Estaban hablando y viéndose a través de la computadora como lo hacían normalmente. Ella fue a buscar algo a su habitación y antes que a ella, Andrés observó llegar una sombra al ordenador.&lt;br /&gt;- Estela... - dijo tímidamente - ¡Estela!&lt;br /&gt;El oyó que ella le contestaba desde lejos, casi en forma inaudible. Al cabo de unos segundos apareció casi corriendo y la vio en la pantalla.&lt;br /&gt;- Andrés, que pasa...&lt;br /&gt;- Estella, ¿quién está con vos?&lt;br /&gt;- Estoy sola - dijo riendo - ¿Por qué me preguntás eso?&lt;br /&gt;- Acabo de ver una sombra pasar por el video que me llega.&lt;br /&gt;Ella volvió a reír, no sabiendo si se trataba de una broma u otra cosa.&lt;br /&gt;- Andrés, no hay nadie. ¿Dónde la viste? ¿No habrá sido alguna distorsión en la imagen? Viste que estas camaritas a veces fallan o la conexión se pone lenta...&lt;br /&gt;Finalmente Andrés cedió, no muy convencido. Y olvidaron el tema para hablar de ellos, de lo que sentían, de lo que se extrañaban.&lt;br /&gt;Para la noche siguiente era un episodio barrido de la memoria. Hasta que en un momento dado, no tuvo dudas de lo que veía.&lt;br /&gt;- Estela, veo una sombra de una mano en la pared, date vuelta, mirá, mirá... . - anunció en un susurro.&lt;br /&gt;La joven se sacó los auriculares y giró la cabeza.&lt;br /&gt;- ¿Dónde Andrés? Me asustás.&lt;br /&gt;- Ahí, justo donde estás mirando. ¿Estela, no la ves? Fijate, hasta pareciera que el brazo doblara donde termina la pared.&lt;br /&gt;Andrés observó a su novia levantarse y ausentarse vario segundos. Cuando comenzaba a preocuparse, retornó a su silla.&lt;br /&gt;- Andrés, tiene que ser algún problema en tu monitor. No veo nada y, por suerte debo decirte, tampoco hay nadie. ¡Además de los exámenes que tengo la semana que viene, nadie me acecha, te lo juro! - bromeó ella.&lt;br /&gt;Pero a la noche siguiente el muchacho supo que no era ninguna falla de su máquina, ni de video. Claramente, detrás de Estela, percibía la figura oscura de una persona. Se lo advirtió, pero ella insistió que no había nada. Y para demostrarlo, se movió por el lugar donde él le decía que estaba viendo la forma oscura.&lt;br /&gt;- Pero... - balbuceó vacilando.&lt;br /&gt;- Bien, vamos a hacer una cosa. ¿Sabes tomar una imagen de la pantalla? Bien, te enseño y vemos que aparece.&lt;br /&gt;Con paciencia Estela logró que Andrés capturada una imagen de la pantalla, pero en el archivo jpg que le envió, el video aparecía normal.&lt;br /&gt;- No hay nada aquí querido - sentenció ella y tras eso, no tocaron más el tema, por más que él no dejara de ver la figura en ningún momento.&lt;br /&gt;Los dos días siguiente ocurrió lo mismo. Pero su insistencia solo consiguió el enfado de su novia. Por eso, cuando volvieron a conectarse, ni siquiera lo mencionó. Sin embargo, la figura parecía cada vez más nítida y más oscura. En un momento, al abandonar ella la silla, incluso vio a la forma ocupar el asiento y hasta podía jurar que lo observaba sin ojos atentamente.&lt;br /&gt;Cuando esa noche, tras cerrar el almacén y llamarla al celular, cosa que hacía siempre, para coordinar el encuentro nocturno en la computadora, ella no contestó, una señal de alarma se encendió en su interior. Probó varias veces más, pero no hubo respuesta más que la casilla de mensajes del contestador.&lt;br /&gt;Le envió unos cuantos mensajes, sin resultados en el momento. Un par de horas más tarde, estando ya conectado y esperando que ella apareciera, el ringtone de su celular le avisó que ella había escrito. Eran solo dos palabras: Me conecto.&lt;br /&gt;Resultaban frías a la vista, tanto que le dolió el pecho. Al minuto vio que el usuario de ella aparecía como "conectado". Hizo la llamada y ella atendió.&lt;br /&gt;- Hola Estela mi amor - dijo ganando tiempo, aguardando que ella activara el video.&lt;br /&gt;No hubo respuesta. No hizo falta.&lt;br /&gt;Al encenderse el video dos figuras oscuras, una de un hombre y otra de una mujer, llenaban la pantalla que tenía delante de los ojos.&lt;br /&gt;Aterrorizado, supo que las distancias eran ahora más lejanas que nunca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7721456957627384910?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7721456957627384910/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7721456957627384910&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7721456957627384910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7721456957627384910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/traves-de-la-pantalla.html' title='A través de la pantalla'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4147281970949114270</id><published>2012-01-04T01:10:00.027-03:00</published><updated>2012-01-04T06:50:38.507-03:00</updated><title type='text'>Un nuevo fin del mundo</title><content type='html'>Salió corriendo a la calle, sin importarle los coches que viajaban en una y otra dirección. La avenida estaba atestada en esa hora. Pero estaba cegado por sus pensamientos. Un colectivo de línea frenó dos metros antes de atropellarlo. El hombre se arrodilló sin percatarse de la mole que estuvo a punto de aplastarlo. Extendió sus brazos al cielo y aulló su profecía.&lt;br /&gt;Tres hombres corrieron desde la vereda a sacarlo del lugar. El hombre hablaba del fin del mundo, de la llegada del demonio, de lenguas de fuego que lloverían del infierno. Algunos transeúntes miraban con compasión la escena, la locura del desconocido, el peligro al que se había expuesto (y expuesto a otros, claro).&lt;br /&gt;Del edificio donde había salido, aparecieron una mujer y un joven que dijeron ser familiares. Mientras el hombre se revolvía en su locura, la mujer lo abrazó pidiéndole calma. El muchacho se notaba compungido, triste. Se lo llevaron en medio de sus gritos, de sus profecías sobre el fin de la humanidad.&lt;br /&gt;La gente lo veía marcharse, casi a la rastra. Sentían pena por esa mujer y aquel joven. Solo unos pocos sopesaron el dolor interno de esa persona, el motivo de esa demencia, de esa realidad tan trágica y cruel. El colectivo de línea reanudó su marcha y siguió su viaje. Los coches siguieron yendo y viniendo como si nada.&lt;br /&gt;En un departamento de aquel edificio en cambio, seguiría el infierno. El de la esposa y el hijo, y el de hombre, tan personal como los pensamientos fatídicos que torturaban su mente. Allí, para ellos, aquello era el fin de mundo.&lt;br /&gt;Y para muchos en otras partes, acontece uno a cada instante, en forma de muerte, de separación, de decepción. Es que el infierno suele descender sobre nosotros en formas imperceptibles y a veces, ni tiempo a gritar nos da.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4147281970949114270?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4147281970949114270/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4147281970949114270&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4147281970949114270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4147281970949114270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/un-nuevo-fin-del-mundo.html' title='Un nuevo fin del mundo'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7258663216070539785</id><published>2012-01-01T01:10:00.017-03:00</published><updated>2012-01-01T01:10:00.623-03:00</updated><title type='text'>El hombre que no quería morir</title><content type='html'>De todos sus males, siempre el peor había sido la resignación. Era relativamente joven, había estado a punto de formar una familia y de pronto lo asaltó una enfermedad. Una tragedia habitual en este ínfimo punto del universo donde la muerte y la vida se disputan segundo a segundo su protagonismo entre los mortales.&lt;br /&gt;Tres meses, a lo sumo cuatro había dicho el médico. Se había despedido de quién iba a ser su mujer, de sus amigos, de sus familiares lejanos, de aquellos conocidos que la vida se había encargado de poner en su camino.&lt;br /&gt;Pero ese mal que siempre lo había aquejado, esta vez se hizo a un lado. Y cuando el cronómetro expiraba, las últimas partículas de arena se arrojaban a la mitad inferior del reloj de la vida, de su vida, profirió un grito desde las entrañas, más fuerte que mil gritos juntos.&lt;br /&gt;Quiero vivir gritó.&lt;br /&gt;De eso van ocho años. Su hijo más grande ya va a primer grado y la niñita que es el sol de la mañana en su corazón, ya viste el delantalcito del jardín.&lt;br /&gt;Su médico lo sigue llamando a diario. Ya es una rutina, un motivo para sonreír, para mirar al cielo y agradecer. Contesta su celular y dice: "Aún sigo vivo y así seguiré".&lt;br /&gt;Porque el peor de los males es la resignación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7258663216070539785?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7258663216070539785/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7258663216070539785&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7258663216070539785'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7258663216070539785'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2012/01/el-hombre-que-no-queria-morir.html' title='El hombre que no quería morir'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4623240654720110697</id><published>2011-12-29T01:10:00.145-03:00</published><updated>2011-12-29T01:10:00.473-03:00</updated><title type='text'>El encanto de las serpientes</title><content type='html'>Era su primera visita a un psicólogo. Desde que tenía uso de razón, sentía adversidad sobre las personas que acudían a estos especialistas. No encontraba lógica alguna en el hecho de sentirse bien a partir de contarle a un desconocido cosas personales. Se le antojaba un profesional a medias, una especie de chanta con título, que lo único que haría mientras durara la consulta&amp;nbsp;sería escucharla y mover la cabeza, asintiendo o negando, según correspondiera la situación. Llegó repleta de preconceptos y mucho disgusto. Esto último debido a que en su casa la habían obligado&amp;nbsp;a ir. &lt;br /&gt;Su padre estaba preocupado, lo mismo que su madre. Pero no fueron ellos quienes más insistieron, sino su hermana. Había existido desde que eran chicas una reticencia a hablar de problemas particulares entre las dos jóvenes. No eran los tres años que separaban una de la otra, sino la personalidad que poseían. Ella era menos segura, no tan linda y algo más inteligente; y su hermana, hermosa, despreocupada por el estudio y ferviente partícipe de evento social que se preciara de tal. Sin embargo, para sorpresa de ambas, la mañana en que ella estaba llorando desconsoladamente, su hermana abrió la puerta de la habitación y tras acomodarse a su lado en la cama, la escuchó durante hora y media y le habló durante un lapso similar, no solo demostrando tener los pies sobre la tierra, sino un conocimiento sobre su persona que jamás hubiese pensado.&lt;br /&gt;Su hermana era la mayor y la que más libertad tenía a la hora de salir de la casa.&amp;nbsp;La vida que llevaba parecía tener la luz de los días, mientras que la suya, solo las sombras de media tarde. Pero algo de esa luz la alcanzó en aquella charla y finalmente cedió. Por eso aguardaba ahora con paciencia su turno, en una sala pequeña, de banquetas verdes y una pequeña mesa en el centro, donde solo había una revista del cable.&lt;br /&gt;Un cuadro en la pared mostraba a una niña corriendo entre flores de todo tipo. El celeste acuarela del cielo contrastaba con la diversidad de colores que se mezclaban en formas de flores. Un solo detalle la sobresaltó en su silenciosa observación. Una serpiente que aparecía escondida entre unos tallos, a pocos metros de la pequeña. Aquello la desconcertó. ¿Estaba la serpiente esperando atacar a la niña? ¿Tan solo era un detalle más del cuadro? ¿Acaso el pintor lo había hecho con un significado? ¿O esa serpiente era fruto de su imaginación?&lt;br /&gt;La puerta del consultorio se abrió a sus espaldas. Salió una mujer de unos treinta y algo, junto a un niño de unos ocho o nueve años. El chico iba llorando. Intentó sonreírle a la pasada, pero su pobre esfuerzo no llegó a los ojos del pequeño. En cambio la otra mujer, con seguridad la madre, si la vio pero hizo caso omiso y pasó a su lado sin siquiera dirigirle un saludo. &lt;br /&gt;Se quedó observando como se iban por la puerta de calle, que al abrirse filtró un poco de luz del exterior. Si no fuese que el psicólogo la llamó por su apellido, se habría quedado mirando ese espacio en el suelo donde el sol había hecho brillar la superficie unos instantes, para luego quedar sumido otra vez en la opacidad en la que se encontraba el resto del lugar. &lt;br /&gt;El hombre al final no era ningún cuco y no solo escuchaba, sino que también le hablaba. Y preguntaba. Demasiado tal vez. Lo más difícil fue explicarle el verdadero motivo por el que estaba allí. Había otros, como ser la insistencia de sus padres y el calificativo de "persona negativa" que todos le ponían ante sus frases&amp;nbsp;y acciones. Sin embargo la esencia de su presencia allí radicaba en aquella charla con su hermana, en la intimidad de la cama&amp;nbsp;en la que dormía desde que era una pequeñita. E increíblemente, el cuadro de la sala de espera le había recordado parte de esa conversación. La idea de esa serpiente entre tanto color y alegría, le había dado escalofríos, de la &amp;nbsp;misma manera que su constante forma de ver las cosas le ocasionaba malestar y depresión.&lt;br /&gt;Aquella serpiente era la perversidad personificada, la maldad plasmada en un detalle casi ínfimo, pero presente, esperando su momento de atacar y terminar con todo lo bello. Aquella pincelada de forma alargada y escamosa era el verdadero significado de aquella imagen. Ignoraba quién lo había pintado, pero lo comprendía. El mal no necesita ser inmenso para asustar. Puede parecernos insignificante y de golpe, devorarnos. &lt;br /&gt;Cómo un cáncer.&lt;br /&gt;Un ataque cerebro vascular.&lt;br /&gt;Un infarto.&lt;br /&gt;Un conductor ebrio.&lt;br /&gt;Una maceta mal colocada en el balcón de un séptimo piso.&lt;br /&gt;La vida es un escaparate de maldad. No siempre visible, muchas veces disfrazada. Pero siempre latente,&amp;nbsp;esperando la oportunidad de arrojar una sombra sobre la luz, de esconder la belleza, de robar la felicidad. No sabía si el psicólogo la entendería y&amp;nbsp;tampoco lo esperaba. Pero era cierto, necesitaba hablarlo con alguien más.&lt;br /&gt;Sus miedos se remontaban a sus primeros años. Pero no había sido hasta el último invierno que se convirtieron en pesadillas. Desde que había aprendido a caminar, la curiosidad era su mejor compañera. Dado que su hermana le prestaba poca atención, se había apañado en sacarle fruto a sus horas en soledad.&amp;nbsp;Se creía una exploradora y así fue creciendo, siempre con su afán aventurero, recorriendo techos, subiendo árboles, devorando libros y libros, alimentando sus conocimientos y al mismo tiempo, abriendo nuevas puertas con&amp;nbsp;renovadas preguntas y más desafíos para su apetito mental.&lt;br /&gt;Y sumando miedos, claro está. Porque aprendía de enfermedades, de la muerte, de la locura que se instalaba en ciertas personas convirtiéndolas en psicópatas, asesinos o violadores. Se asustaba con la contaminación, con los cambios climáticos, con el incremento de la mortandad infantil, con la hambruna que arrasaba ciertas regiones... saber implicaba el riesgo de no tener los paliativos para todo aquello que&amp;nbsp;ella anhelaba confrontar y remediar.&lt;br /&gt;Pero esos eran solamente sus miedos. Había algo más que comenzó el último invierno. Y al querer hablar de eso, desvió la mirada del psicólogo y la llevó a sus brazos: la piel erizada y fría, un cierto temblequeo en sus articulaciones. Sintió como las lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos. Ese algo más que escondía como algo horrible que llevaba dentro crecía y era hora de enfrentarlo. Así se lo había hecho saber su hermana.&lt;br /&gt;- Nuestra fuerza proviene de cuánto deseemos estar bien, Ana - le había dicho antes de abrazarla y abandonar el cuarto. &lt;br /&gt;Para estar bien, debía mirar a los ojos a aquello. Y para ello, debía utilizar toda su fuerza. Juntó el coraje y devolvió la vista al punto fijo que se había impuesto: el psicólogo. ¿Cómo explicar esa fuerza sobrenatural que llegó aquel invierno, ese poder que le permitía detectar la maldad alrededor, por minúscula que sea? ¿Cómo explicarle a ese hombre tan común, bien vestido, con un título universitario en la pared, que la maldad es como el polvo que&amp;nbsp;se respira&amp;nbsp;por el sencillo acto de estar en el aire que permite sobrevivir? ¿Cómo decirle, en pocas palabras, que el mal es parte de todos y que de una u otra manera, se hace uso de éste en algún momento dado la vida? ¿Cómo hacerle entender que por momentos no podía discernir si acaso veía lo que creía ver o simplemente era producto de una mente desbordaba por la negación, que de tanto temer a lo malo, lo había convertido en su eje de existencia?&lt;br /&gt;Había llegado el momento de hablar y ahora le temblaba la boca y le palpitaba el corazón. ¿Y si estaba loca? ¿Y si todos aquellos que le decían en broma que le faltaba un tornillo, en definitiva tenían razón? ¿Y si acaso no solo era negación, sino también demencia? ¿Había sido el acto de su hermana de convencerla tan solo cariño y bondad o un esfuerzo último de repulsión para sentarla en el banquillo de los acusados donde la tildarían oficialmente como carente de cordura?&lt;br /&gt;Estaba allí y no tenía otro camino. De repente, esa luz que tantas veces veía en otros, iluminó su mente. Para estar bien, debía ser fuerte. Era verdad. Pero ante todo, debía seguir siendo ella, para mal o bien. Exploradora, curiosa, inteligente. &lt;br /&gt;Miró al profesional a los ojos y con voz clara y precisa, le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Qué le transmite la serpiente del cuadro que está en la sala?&lt;br /&gt;Y en silencio, esperó su destino.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4623240654720110697?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4623240654720110697/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4623240654720110697&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4623240654720110697'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4623240654720110697'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/el-encanto-de-las-serpientes.html' title='El encanto de las serpientes'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6279010437746712154</id><published>2011-12-26T01:10:00.001-03:00</published><updated>2011-12-27T20:59:01.888-03:00</updated><title type='text'>El frasco de vidrio</title><content type='html'>El paso del tiempo obligaba a buscar cada vez más lejos los recuerdos felices. Le ocurría como cuando niña, que quería buscar los caramelos que estaban al fondo del frasco de vidrio y su bracito no los alcanzaba. En aquel entonces, era su abuelo el que tomaba el recipiente con sus enormes manos y como si no pesara nada, lo inclinaba para que ella se hiciera con su premio.&lt;br /&gt;Pero de eso habían pasado años y años, una inmensa capa de polvo cubría todo lo que había rodeado esa escena, única que lograba escapar de los tropezones de la mente en ese laberíntico sobrevivir al paso de las décadas.&lt;br /&gt;Su andar se había vuelto lento, casi un suplicio. La vista era un pálido espejo de colores moribundos con eternas neblinas que la sumían en una oscuridad repentina. Ni siquiera el oído era el fiel amigo de antaño. Y sus manos, vencidas por la artritis, apenas una sombra de aquellas que supieron acariciar.&lt;br /&gt;No obstante, ella dejaba su cama y atendía la casa. Salía a la calle y saludaba a sus vecinos y a todo aquel que la quisiera saludar. Celebraba cada comida con alegría, sabiendo que otros no tenían que comer. Lavaba la ropa y aseaba las habitaciones. Barría el patio y también la vereda. Hasta se cruzaba la calle para comprar al fiado en el almacén de Oscar.&lt;br /&gt;Nunca abandonaba la sonrisa, ni los días de lluvia en los que no se animaba a andar por miedo a resbalarse. Ni cuando sus hijos y nietos prometían visitarla y brillaban por su ausencia. Ella sonreía igual, no importaba que pasara.&lt;br /&gt;Y lo hacía por una sola razón. No quería que la muerte la sorprendiera en el momento cúlmine, porque como su abuelo le había enseñado, en aquel pasado tan distante y esquivo, nada mejor que una sonrisa para aliviar disgustos ni nada mejor que la risa para abrazar a un enfermo. &lt;br /&gt;A pesar de todo, la sonrisa y la risa seguían allí. Y con seguridad, cuando ya nada quedase, seguirían estando. Como aquel bracito de niña, la vida siempre se quedaba corta. Y nada mejor que su abuelo y su sabiduría para ayudarla a alcanzar a ser feliz.&lt;br /&gt;Para eso no había edad ni excusas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6279010437746712154?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6279010437746712154/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6279010437746712154&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6279010437746712154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6279010437746712154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/el-frasco-de-vidrio.html' title='El frasco de vidrio'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1328955898175513254</id><published>2011-12-23T01:10:00.049-03:00</published><updated>2011-12-23T03:06:17.331-03:00</updated><title type='text'>Fuego en el cielo</title><content type='html'>El silbido es la antesala del final. El sonido agudo que atraviesa la paz, que la destroza y hace añicos. Y a lo lejos, los fuegos en el cielo, estallando en mil colores como una arcaica celebración. Los niños corren&amp;nbsp;por las callejuelas sucias, sus pies repletos de barro y arena. Los apremia una promesa de salvación, del otro lado de las trincheras.&lt;br /&gt;La sangre hierve joven, inconsciente y detrás del terror una mueca sonriente pretende hacerse a la luz. Pero los disparos silban cerca. Apenas una delgada línea los separa de la muerte, pero siguen adelante, mientras el polvillo y el escombro que la munición le roba a la pared se desparrama a sus espaldas.&lt;br /&gt;Se han criado con ese ruido y los colores en el cielo. Esas luces que en la noche parecen inundar la negrura, para estallar en matices hirientes una vez que tocan la tierra, llevándose vecinos, familiares y amigos. Quedan los restos de un pasado que no volverá a ser, que no sueñan con volver a ver.&lt;br /&gt;El mundo parece absorberlos, pero ellos siguen corriendo, metiéndole piernas a sus ganas de seguir vivos, encorvando sus cuerpos, agachando la cabeza, doblando en los recodos a tiempo, jadeando sin cesar, respirando con la boca abierta y al borde del desmayo, ya sin aliento.&lt;br /&gt;Y la trinchera se antoja lejana, distante, como un oasis, un país lejano, una promesa de ayuda que no llegará, de paz que nadie querrá, de felicidades que sus corazones ya no albergarán. Hay ardor en los pies descalzos, en la piel desgarrada por los silbidos que apenas pudieron esquivar. Pero no se resignan, porque resignarse es lo mismo que morir. Y la vida, por más penosa que sea, es vida. Es un don. Es un regalo. Es un placer incluso en el dolor, es una sonrisa detrás de una mueca de terror.&lt;br /&gt;Y es la trinchera justo delante de los ojos, para quedar otra vez a salvo. Se arrojan salvajemente del otro lado, poniéndose a resguardo. Los niños están agitados pero así y todo se miran unos a otros y comienzan a reír. Están todos, cansados, pero vivos. Y eso solo, amerita la risa. Una risa carente de felicidad, pero repleta de otra cosa: satisfacción. &lt;br /&gt;Uno de los niños saca de una bolsa varias varillas de pan y media torta, lo poco que han podido robar de los restos de la&amp;nbsp;panadería más cercana.&amp;nbsp;Y lo&amp;nbsp;ofrece a los más pequeños que esperaban allí en el refugio. Y con un hilo de voz, faltándole el aire, bendice la esperanza:&lt;br /&gt;- Feliz Navidad, es poco, pero suficiente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1328955898175513254?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1328955898175513254/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1328955898175513254&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1328955898175513254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1328955898175513254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/fuego-en-el-cielo.html' title='Fuego en el cielo'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1872605070683806742</id><published>2011-12-20T01:10:00.064-03:00</published><updated>2011-12-20T01:10:04.027-03:00</updated><title type='text'>Fabricante de mentiras</title><content type='html'>Básicamente me dedico a eso. A mentir. Así me gano la vida y puedo enorgullecerme de hacerlo muy bien. Mi posición económica es muy buena, fruto de esa labor que tan bien desempeño. Se podrían escribir libros de mi, pero la mayor parte serían mentiras. &lt;br /&gt;Llega un momento que son tantas las capas de mentiras que recubren mi figura, que ya no importa encontrar la verdad perdida en alguna parte. Incluso, se transforma en una nimiedad no menos&amp;nbsp;insignificante que una mota de polvo.&lt;br /&gt;Mis mentiras no son ficciones literarias, sino realidades disfrazadas, a veces hasta encapuchadas, destinadas a tomar como rehenes a los desprevenidos de turno. Pero nadie se entera, nadie asume su rol de víctima, porque nadie&amp;nbsp;cae en la cuenta jamás&amp;nbsp;que se enfrenta a hechos carentes de veracidad.&lt;br /&gt;En una realidad ficticia, solo gana el que inventa las reglas o las impone. El secreto es crear la ilusión necesaria, el show de máscaras de plástico que van y vienen, el papel picado, la música, las palabras indicadas, e incluso, hasta inventar las oposiciones, los bandos contrarios, los reclamos, los pedidos de justicia. &lt;br /&gt;En definitiva, para triunfar, es vital convertirse en un Dios, en alguien por encima de los demás, que puede decidir sobre los otros sin que los otros, se animen a replicar un pero. Hacerles creer que esas decisiones son vitales, que el beneficio es de ellos. Con el tiempo, las técnicas se han pulido. &lt;br /&gt;Los métodos tiranos y autoritarios han dejado paso a otros más civilizados. Los semblantes ya no son los mismos. Hay más sonrisas, más acercamiento a las masas. Es más fácil mentir cuando la confianza existe, cuando el otro nos siente cerca.&lt;br /&gt;Con la práctica, esto se convierte un arte y uno, en un artista. Basta un gesto para faltar a la verdad. Una insinuación puede dejar cavilando un eje cualquiera entre lo real y lo falso y sin embargo, no estar ni de un lado ni del otro, porque incluso, esa realidad donde cavila el eje, tampoco es verdadera.&lt;br /&gt;La mentira en la mentira nos aleja más y más de la verdad. Y si alguien se atreve a buscarla, a traerla ante nosotros, diremos que es mentira, y a quién sino a un mentiroso, le cree la gente. Porque así está acostumbrada desde que el hombre se siente parte de una sociedad.&lt;br /&gt;Lo habitual es lo que se convierte en corriente, la mentira es el plato del día, a toda hora, en todo lugar. Nos llega en muchas formas, nos embriaga de tal manera que no nos permite ver bien, nos engaña con una visión tan deformada como real, porque así nos hemos encargado que sea. &lt;br /&gt;Me dedico a eso, a mentir una y otra vez, al punto de hacer de ello, ni profesión. Somos muchos, cada vez más. Es la manera más fácil y rápida de lograr poder. Uno vende lo que los demás quieren. Ellos tienen lo que quieren de uno. Mentiras y mentiras. ¿La verdad? Ya no vale la pena en estos tiempos que corren. Ya es tarde para ponerse a buscarla. &lt;br /&gt;Miento si digo que necesito ocultar todo esto para ser elegido por la gente al cargo que aspiro. Pero mentiría más aún si dijera que con la mentira no se llega a ninguna parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1872605070683806742?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1872605070683806742/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1872605070683806742&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1872605070683806742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1872605070683806742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/fabricante-de-mentiras.html' title='Fabricante de mentiras'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5483306814724668644</id><published>2011-12-17T01:10:00.050-03:00</published><updated>2011-12-17T01:10:01.699-03:00</updated><title type='text'>Nada de luz</title><content type='html'>El hombre apartó una cortina y dejó a la vista una puerta que conducía a un pasillo de escasa iluminación. Apenas podían verse las figuras dibujadas en las paredes. Ella lo siguió con cierta vacilación. ¿Tendría acaso que limpiar allí también? Si, suponía que si. Pero el hecho de pensarlo, le daba escalofríos. En realidad, el museo mismo le daba terror, sobre todo al imaginarse sola con la oscuridad ya instalada en el cieloraso, cubriendo de sombras&amp;nbsp;las cosas, sin más compañía que sus elementos de limpieza.&lt;br /&gt;Sin luz aquel lugar parecía un pasaje a las entrañas de una casa embrujada. Incluso el sonido del piso de madera al sufrir el peso de ambos era el testimonio grave de un quejido. El hombre la condujo hasta una puerta que se erigía al final del pasillo. Era de chapa, antigua y un picaporte dorado coronaba la invitación que esperaba no le hiciera: Abrirla.&lt;br /&gt;Pero eso sucedió. Supo antes de entrar que no era buena idea. De pronto, sintió una nostalgia enorme por sus pequeños, que había dejado en casa de su madre mientras ella se ocupaba de asistir a la entrevista de trabajo. Pensó en su marido, de viaje con el camión haciendo un flete a seiscientos kilómetros. Y que sería de las gallinas, sueltas en el fondo de la casa. Con seguridad al llegar la noche, el perro del vecino las destrozaría. Pero para entonces, ella ya no estaría...&lt;br /&gt;El presentimiento era enorme. Sin embargo, a pesar de sentirse paralizada, avanzó. Siguió al hombre. ¿Acaso había alguna fuerza extraña que la obligara a ese andar autómata? No entendía la razón por la cual no se detenía y ya. Solo debía frenar sus piernas y pegar media vuelta. Recorrer de nuevo el pasillo oscuro pero en dirección contraria, atravesar todo el hall del museo y sus antiguos y extraños objetos y abandonar el edificio para regresar con su familia.&lt;br /&gt;Solo debía hacer eso, pero no podía. Sus miedos parecían agarrotarle las piernas, en la misma medida que atenazaban su respiración y le quitaban el habla. Si tuviese que gritar, no podría. Se sentía prisionera en su cuerpo, una imbécil que miraba la espalda del hombre y lo seguía por ese lugar oscuro y tenebroso. Hasta que el hombre, se detuvo. En el mismo momento, ella hizo lo mismo.&lt;br /&gt;La voz grave del encargado llegó a sus oídos, como proveniente de otra dimensión. &lt;br /&gt;- Aquí, Susana, podrá guardar los elementos para la limpieza. Está oscuro porque a ellos, la luz les lastima los ojos. Así que por favor, ni siquiera use linterna en esta zona.&lt;br /&gt;Susana miró hacia todas partes, pero no comprendió a lo que el hombre se refería. El lugar estaba oscuro, pero podía divisar las siluetas de los baldes, de los envases de detergentes y más allá, contra la pared, escobas, palos de piso y hasta un lampazo grande. &lt;br /&gt;- Nada de luz Susana, ¿entendido? - preguntó el hombre.&lt;br /&gt;La mujer, que iba perdiendo el miedo, asintió con la cabeza.&lt;br /&gt;- Si señor Ramírez, nada de luz, no se preocupe. &lt;br /&gt;El temor se había disipado. En su lugar había un dejo de preocupación sobre el pedido de Ramírez, no por el pedido en si, sino por la cordura del encargado. &lt;br /&gt;Se retiró sin saber que más de doscientos pequeños ojos la observaban marcharse desde la oscuridad. Ramírez si lo sabía, pero había aprendido con los años a no molestarlos con la luz. Y si eso seguía así, nada malo sucedería. &lt;br /&gt;Algunas risillas se escucharon en el pasillo, pero Susana las atribuyó equívocamente a su propia mente y un intento desesperado de enmendar el irracional miedo de minutos antes. &lt;br /&gt;- Y recuerde Susana, nada de luz en aquel sector - volvió a decir Ramírez despidiéndola hasta el día siguiente en la puerta del museo. &lt;br /&gt;La vio irse, resignado. Es que Ramírez ya había perdido toda esperanza de encontrar una persona que limpiara que respetara esa regla. Odiaba cada tres días tener que&amp;nbsp;buscar una nueva empleada, tras desaparecer la anterior.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5483306814724668644?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5483306814724668644/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5483306814724668644&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5483306814724668644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5483306814724668644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/nada-de-luz.html' title='Nada de luz'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5148130609363018972</id><published>2011-12-14T01:10:00.004-03:00</published><updated>2011-12-14T01:10:00.658-03:00</updated><title type='text'>El trayecto final</title><content type='html'>Hay lugares comunes, recurrentes, que se transforman en parte de nuestro cotidiano existir. Sin premeditarlo ni tampoco desearlo, de pronto comprendemos que pasamos gran parte del día en sitios donde si tuviésemos que elegir, no estaríamos. Es así que si sumamos los minutos, al término de una semana quizá hayamos estado horas viajando en colectivos, otras tantas esperándolos, unas más en las colas para pagar los servicios y una eternidad en nuestro puesto de trabajo.&lt;br /&gt;Dónde menos estamos y disfrutamos, es allí donde nos sentimos bien, que puede ser nuestra casa, la de nuestra novia, amigos, padres o la canchita de fútbol del picado de los viernes.&lt;br /&gt;Lo cotidiano nos supera, nos roba la vida con verdadero empeño de hormiga. Molidos, a la noche, nos arrojamos al abismo del sueño casi sin darnos cuenta que el mayor tiempo que pasamos bajo lo que consideramos nuestro techo, lo hacemos durmiendo.&lt;br /&gt;Y el día, lo vivimos casi corriendo: para llegar a tiempo al trabajo, a realizar los trámites, porque quedamos en vernos con mengano a tal hora, con fulano más tarde; y vamos de un lado a otro, sin detenernos. A veces extrañamos los años de la infancia, sin responsabilidades y mucha inocencia, y otras, los de la adolescencia, con miles de nuevos mundos detrás de cada esquina. Hoy el mundo se nos antoja anodino, repetitivo, casi un karma.&lt;br /&gt;Mientras transitamos desde la última parada del día hasta casa, repasamos si algo de lo que hicimos a lo largo de la mañana y la tarde valió la pena, si acaso una de las tantas corridas para llegar a tiempo tuvo como beneficiario a uno mismo. Caemos en la cuenta que no, que todo es por un motivo ajeno, nada se hace por el bienestar propio. Incluso, se nos hace imposible recordar cuando fue la última vez que hicimos algo para sentirnos bien. Si incluso llevarla a ella al baile es para que no se enoje o haga una escena, o ir a lo de los chicos a jugar al póker lo hacemos para que no queden en banda. ¿Visitar a los viejos? Y si, es lindo, pero también, la idea es no recibir reproches. ¿Una salida a pescar, con amigos? Si, pero siempre mirando de reojo el reloj, porque quedan cientos de cosas por hacer en casa que dejamos para el fin de semana.&lt;br /&gt;No disfrutamos, perdimos el gusto por ello. Y tampoco entendemos cómo es posible que antes nos resultara tan habitual y fácil de lograr. Pensamos que es culpa de la edad, que los años han pasado muy veloz e injustamente, que no solo es la barriga cada vez más prominente o el cabello que escasea en mayor abundancia, sino también el espíritu más avejentando, como aprisionado por enormes pilares del tiempo. El ánimo decae, a la risa de antaño le cuesta más desprenderse de nuestro rostro cansado, la paciencia no es la misma, el humor se ha vuelto huraño y la imaginación ha dejado de remontar vuelto.&lt;br /&gt;Consecuencias de crecer y resulta preocupante. En el sentido de no estar preparado, de no conocer las formas adecuadas para contrarrestar esos cambios. Nos miramos al espejo antes de ir a dormir y el señor que vemos reflejado nos parece una persona lejana, ausente. Sin embargo, la reconocemos al instante. Es la que convive con uno desde que se tiene memoria, pero al mismo tiempo, ha dejado de serlo hace rato.&lt;br /&gt;Y ese tramo final en el colectivo, ese trayecto con el que cierra su jornada, es el que termina de darle el cachetazo final. En un horario, además, de los denominados “pico”, que lo obliga a viajar parado, observa con indignación a gente mayor de pie, asida a las barandas y haciendo equilibrio en cada vaivén del transporte mientras jóvenes indiferentes ocupan asientos sin mayor preocupación. Aquello lo enerva y lo llama a la reflexión, se siente más viejo aún, a pesar de no serlo en edad. Y cuando parece que no solo basta con un día ajetreada, el hecho de estar exhausto, los apretones o empujones dentro del colectivo, la falta de educación de muchos, lo escucha. No lo cree posible, pero es verdad. Su oído no miente, su cabeza no se siente acribillada por algo imaginario, aquello es bien real. Está en el aire, lo envuelve, lo aturde, lo machaca. Supone que a los demás les sucede lo mismo y que luchan por reprimir sus pensamientos, que intentan alejar su mente a otra dimensión. Pero él ha perdido la capacidad, ya no sabe abstraerse y la sociedad y sus nuevos modos recaen sobre su ser, casi como una lápida. &lt;br /&gt;La música, esa puta música estridente. Ese chillido proveniente de un celular con parlantes, ese “chi qui chin” “chi qui chin” propio del oprobio, que arremete con irreproducibles y asqueantes “psh psh psh” y cuyos versos remiten al espanto, a la degradación más baja del vocabulario humano.&lt;br /&gt;Ese sonido llega a su cerebro y lo traspasa. Es un hierro caliente en su oreja, es una herida sibilante en su condición ciudadana, es la falta de respeto que desborda el vaso de paciencia que lleva en su interior. Y estalla. &lt;br /&gt;- ¡Si tenés ganas de escuchar música, ponete auriculares la puta madre que te parió!&lt;br /&gt;Vaya si lo hace. Está colorado, respira agitado. Y entonces dos grandotes con sombreros de viseritas y equipos deportivos se ponen de pie tres asientos a la izquierda. A uno alcanza a verle el celular en la mano, del otro solo recuerda su cara prepotente y el puño cayendo. &lt;br /&gt;Solo sabe que hizo lo que cualquier hijo de vecino hubiese hecho. Revoleó su portafolio y se lo encajó entre el cuello y la mandíbula. El puño quedó en el aire, la figura se desplomó hacia atrás como un árbol viejo y vencido por el viento, mientras el compañero de prepotencia se hacía a un lado, ahora temeroso por la reacción de la que era testigo. &lt;br /&gt;Se hizo un silencio repentino. El mundo se detuvo dentro de ese colectivo, a cinco cuadras de su parada habitual. Pudo darse cuenta como cada uno de los pasajeros e incluso el chofer, habían detenido la respiración. La escena parecía extraída de una película de alto presupuesto, sentía que si se apresuraba podía girar en trecientos sesenta grados alrededor del joven desplomándose. Pero sobre todo, se sentía bien.&lt;br /&gt;Entonces la gente atinó a una sola cosa: romper en aplausos. Las palmas batieron al grito de vítores por la hazaña. La música ya no sonaba para todos, el portador del celular la había apagado y estaba ayudando a su golpeado amigo a ponerse de pie, para abandonar el transporte en la siguiente parada. No era tonto. Sabía que la multitud apretujada estaba ganando un factor crucial: el sentido de la unión.&lt;br /&gt;Los aplausos llovieron a lo largo de esas cinco cuadras y sintió la gloria acariciarle el ego. La paz recorrió su cuerpo y se sintió en paz con aquello que lo rodeaba. Algo de la vieja esencia seguía aún en al aire. Algo no había perdido.&lt;br /&gt;Esa noche descansó con una sonrisa y una verdad: aquello que nos hace mal no es siempre culpa de los demás, sino, de uno mismo que lo deja avanzar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5148130609363018972?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5148130609363018972/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5148130609363018972&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5148130609363018972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5148130609363018972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/el-trayecto-final.html' title='El trayecto final'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4396517112980267564</id><published>2011-12-11T01:10:00.093-03:00</published><updated>2011-12-11T01:10:00.315-03:00</updated><title type='text'>El bailarín de milonga</title><content type='html'>Pero a Mateo la idea le seguía pareciendo muy arriesgada. Y a pesar de todo, había dicho que si. El, que solo gustaba de bailar en milongas, si era posible cada noche, se encontraba agazapado dentro de un utilitario pequeño de vidrios polarizados, esperando que se diera la orden.&lt;br /&gt;¿Pero cómo era que había llegado a esa situación? Si, su nulo carácter era quizá la razón principal, pero se habían presentado otras circunstancias, si es que podía llamarlas así.&lt;br /&gt;El Tano podía ser una de las respuestas. Siempre fue una mala influencia. Desde pequeño, cuando cascoteaban a las hermanitas González, o molestaban a los niños del jardín que funcionaba en la misma manzana donde estaba su casa. &lt;br /&gt;Había aparecido después de varios meses. Según sabía, estaba dejando pasar el tiempo, para que se enfriaran un par de enemistades que se había hecho por levantar apuestas clandestinas. Apareció de repente en La Crencha, donde iba a bailar los jueves, y como si esos meses no hubiesen transcurrido y al mismo tiempo, olvidara que había desaparecido debiéndole una buena guita, lo llevó hacia la barra.&lt;br /&gt;- Mateo, me tenés que ayudar la semana que viene. Tengo un trámite.&lt;br /&gt;La sola idea de tenerlo enfrente le daba un vuelco al corazón. Tenerlo cerca era sinónimo de vértigo, de problemas, de no saber como escapar. Ni siquiera valía la pena pedirle que hablaran más tarde, que Analía lo estaba esperando para bailar. El Tano no escuchaba. El Tano, en realidad, se cagaba en todos. Pero era el Tano. Su amigo de la infancia, de la adolescencia. Con el que más había compartido cosas a lo largo de su vida. Y por supuesto, el culpable de un sinfín de problemas.&lt;br /&gt;- Tanito, mirá, depende... sabés que podés contar conmigo, pero estoy haciendo buena letra y...&lt;br /&gt;- No se habla más Mateo querido. Te paso a buscar. Si es el martes por La Papirusa... ¿seguís yendo ahí los martes, verdad? Y si es el jueves, vengo acá.&lt;br /&gt;- ¿Un trámite de noche, Tano?&lt;br /&gt;El Tano sonrió. La pregunta estaba de más y Mateo lo sabía. Por más esperanza que albergara su corazón, la piedra de montaña será eternamente árida al tacto y el sol cegará siempre al que lo mire. Nada ni nada cambia, nunca jamás. Lo vio marcharse, mientras la música flotaba en el aire. Analía fue a buscarlo para salir a bailar, pero el desconsuelo atenazaba sus piernas. &lt;br /&gt;Y ahora, allí en el utilitario, la sensación no se había disipado en lo más mínimo. Incluso, había crecido como un cáncer. Miró el reloj. Casi las tres de la mañana. Se imaginaba en la milonga, aprovechando el resto de energía para seguir moviéndose al ritmo del 2x4. Pero ni esa imagen le quitaba el miedo que galopaba con brío en su corazón.&lt;br /&gt;No quería echarle toda la culpa al Tano. Pudo haber dicho que no y punto. O no aparecer ni el martes ni el jueves a bailar. Pero en el fondo sabía que quería estar. Su madre se lo había dejado en claro unos años atrás, tras echarlo de la casa: si defendía a su amigo era porque él era igual de delincuente. Podía ser verdad, o no. A veces se pensaba como un ángel protector del Tano, el que intentaba arrearlo por el buen camino. Y otras, se creía un tonto justamente por ese intento en vano. Pero como en las noches, alrededor de las mesas, era cuestión de seguir los pies del otro. Y él seguía los del Tano con armonía, como si fuese la dama de la pareja.&lt;br /&gt;Algunos perros ladraban en un umbral cercano. No debía asomarse hasta tanto recibiera la orden, así que se mantenía abajo, con la cabeza casi sobre el asiento. El tiempo parecía hacerse eterno, prolongarse en cada partícula de aire que lo rodeaba. Su boca estaba áspera y pastosa. Casi no podía tragar saliva. &lt;br /&gt;Y estaba el tema del dinero. De la ausencia del mismo, en realidad. Apenas si ganaba en la verdulería donde trabajaba algo como para poder invitar a Analía en las noches con uno u otro trago. Pero vivía al fiado, siempre suplicando unos días más para cubrir las deudas. El trámite del Tano podría brindarle un poco de aire, un respiro de unos meses. En la penumbra del utilitario sabía que responsabilizar al Tano no era la verdad en todo el asunto. Aunque reconocía que pensarlo así, le quitaba parte de la angustia que le carcomía el alma, más que nada al pensar en su madre, a la que no llamaba ni visitaba desde que lo echara de la casa.&lt;br /&gt;Mateo se supo culpable de sus actos, de estar allí y de todo lo que pudiera pasar con su vida. La vida no tenía música de fondo. Cuando se estaba en el baile, se bailaba. No importaba cómo ni si se hacía bien o no. Por eso amaba las milongas, porque allí era otra cosa, allí sabía lo que hacía, era respetado por eso. En cambio, bajo las estrellas y la luna que alumbraba a todos por igual, era un don nadie, un tipo sin carácter que se metía en problemas por no saber hacer otra cosa, un perdedor sin prescripción.&lt;br /&gt;La vida es una tortura en la que uno es el propio verdugo. Lo comprendia desde siempre, pero no conocía la salida para ese infierno. Sintió vibrar el teléfono celular en su bolsillo. Esa era la señal. Suspiró profundo y cerró los ojos. Las manos bañadas en sudor sacaron de la cintura el revólver y al fin se incorporó dentro del utilitario. Salió a la calle, recibiendo el abrazo de la noche como una mortaja milenaria. Cruzó la calle y dobló la esquina, tal como estaba pactado. Y dejó que la vida continuara, según lo que el destino había escrito para su existir en aquel arrabal de miseria.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4396517112980267564?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4396517112980267564/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4396517112980267564&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4396517112980267564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4396517112980267564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/el-bailarin-de-milonga.html' title='El bailarín de milonga'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-481402420566133316</id><published>2011-12-08T01:05:00.006-03:00</published><updated>2011-12-08T21:05:41.703-03:00</updated><title type='text'>Gracias carnaval</title><content type='html'>El pueblo era chico, como todo pueblo. De veredas anchas, árboles altos y viejos, y gente sentada en la puerta de sus casas. &lt;br /&gt;Esa tarde no era como cualquier otra, había mucha expectativa. Las calles, que en las tardes de verano solían estar desiertas, el movimiento de niños y jóvenes era continuo. Los más grandes observaban sonrientes ese ir y venir, un desgaste sano de energías.&lt;br /&gt;Los más pequeños corrían con globos de agua, apuntándose entre si y arrojándolos con fuerza, con el fin de alcanzar a otros y reír con ganas en caso de alcanzar el objetivo de mojarlos.&lt;br /&gt;Quiénes habían superado los doce años pero no habían llegado a los quince, no corrían a nadie, sin embargo, ayudaban en todo a los más grandecitos. Y el resultado de ello se podía ver en el centro de la calle principal del pueblo: un carro, colorido y enorme, que acompañaría a la comparsa en el carnaval de la noche.&lt;br /&gt;Lo jóvenes trabajaban sabiendo que no tenían demasiado tiempo para terminar de ornamentarlo, sin embargo eran prolijos y cuidadoso en cada aspecto. ¡La primera participación en mucho tiempo del pueblo en el carnaval de la ciudad lindante no podía quedar librada al azar!&lt;br /&gt;Algún que otro hombre de edad, testigo o partícipe de antiguas comparsas, se acercaba para observar o aportar consejos. Los pocos adultos que colaboraban, en cambio, dejaban que fueron sus hijos los que llevaran adelante la iniciativa. Ellos habían impulsado la idea y por lo tanto, eran los merecedores de hacerla realidad.&lt;br /&gt;La música de la comparsa se escuchaba en todo el pueblo. Practicaba desde hacía un mes en el predio del colegio, al menos cinco horas diarias. Eran cincuenta y para la ocasión se habían confeccionado trajes de colores vivos, con mucho amarillo y verde. &lt;br /&gt;El acontecimiento había revolucionado a los pocos habitantes y todos, en mayor o menor medida, estaban involucrados. Todos salvo don Ignacio, que mientras el resto de la gente participaba colaborando o aunque sea, observando, se encerraba en su casa, buscando distracción en sus gallinas y patos.&lt;br /&gt;- Vamos don Ignacio – le dijo Agustín, su nieto más chico, pero el hombre, que peinaba canas desde que tenía memoria, rehusó con un simple gesto y siguió encorvado sobre los bebederos de sus aves.&lt;br /&gt;El pequeño Agustín entre desilusionado y preocupado, recurrió a su mamá. Le costaba ver a su abuelo, una persona alegre y entusiasta, de esa forma. ¡Era el carnaval! Todos tenían que estar contentos. &lt;br /&gt;Su mamá le acarició la cabeza, acomodando los rulos que el viento, en su jugueteo, había movido hacia todas partes. &lt;br /&gt;- El nono está bien, no te preocupes - le dijo. Pero algo en sus ojos, quizá un dejo de tristeza, le hizo sospechar que no era tan así. &lt;br /&gt;Salió a la calle, donde estaban sus hermanos y amigos. Se agachó justo a tiempo para evitar un globo con agua en la cara. Al instante estaba persiguiendo a sus atacantes, mientras reía a carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las gallinas picoteaban el balanceado, mientras se empujaban entre si. Más allá, los patos, se bañaban en el estanque que les había hecho. Escuchó los pasos a su espalda y luego la delicada voz, que como cada vez que la oía, colmaba su alma de calidez.&lt;br /&gt;- Papá... tenés que hablar con Agus, sabés lo que te adora y te ve así, tan triste...&lt;br /&gt;Ignacio se puso de pie, pero solo para dirigirse a un tronco que servía de banco. Invitó a su hija sentarse a su lado. Meditó unos minutos en silencio y luego le contestó.&lt;br /&gt;- Marisa, sabés lo que significa el carnaval en mi vida, te criaste viéndonos con mamá bailar en lo más alto del carro del pueblo, mientras el pueblo entero nos aplaudía con felicidad. Después que ella... - su voz se quebró, vaciló un instante – después de aquello, el carnaval me la recuerda tanto que no puedo soportarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su hija le tomó la mano. Ella se había separado de su marido dos años antes y le costaba entender como sus padres habían podido estar tanto tiempo juntos. Y hubiesen estado toda la vida, si la enfermedad de mamá no lo impedía. Pero no solo compartieron la vida, sino aquello que los hacía realmente felices: el carnaval y la comparsa.&lt;br /&gt;- Hay algo papá que jamás te dije. Cada vez que te veo y que estoy con vos, me resulta imposible separar tu imagen de la de mamá. Pienso en vos y automáticamente, en ella. ¿Te das cuenta si por ese motivo, entonces, te dijera que no quiero verte?&lt;br /&gt;Su padre levantó la vista hacia ella, hacia ese rostro angelical que viera crecer desde sus primeras horas.&lt;br /&gt;- Es distinto... - se excusó.&lt;br /&gt;- No papá, no lo es. Aquello que el pueblo está disfrutando afuera, en la calle, es lo que te hizo sentir vivo toda la vida, a vos y a mamá. Y de golpe, porque ella no está más, pasa a ser lo que más odiás.&lt;br /&gt;- No nena, no es que lo odie...&lt;br /&gt;- ¿Entonces? Si no lo odiás, acompañá a tu nieto, contale quién eras, cómo es que esa persona que tanto admira y sigue a todas partes, cuando era más joven era el rey de la comparsa y cómo, lo más importante – Marisa se enjugó una lágrima – tenía a su lado a la reina más hermosa del planeta. &lt;br /&gt;- No... no puede corazón. &lt;br /&gt;Marisa se puso de pie y lo besó en la mejilla. “Si, podés” le susurró al oído y se metió en la casa.&lt;br /&gt;Las gallinas cacareaban a sus pies, pero no se percataban que también él estaba llorando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mamá ¿a que hora salimos? Ya se están llevando el carro a la ciudad.&lt;br /&gt;- No hay apuro Agus, ellos tienen que ir antes, para preparar todo. A nosotros nos pasa a buscar la tía Cecilia en un rato.&lt;br /&gt;El chico puso cara de fastidio y se dejó caer en el sillón delante del televisor. Su hermano más grande se estaba bañando y el que le seguía aún estaba jugando en la calle. &lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa? - le preguntó la madre al pasar por delante de donde estaba sentado. &lt;br /&gt;- Es que quiero ir a ver como se preparan. &lt;br /&gt;- Agustín, por favor, ya vamos a ir.&lt;br /&gt;El niño quedó solo ante el televisor sin encender. Por la ventana vio a su abuelo, aún en el patio. Supo que había escuchado la conversación, por la forma en la que lo miraba y porque esa ventana no tenía vidrio.&lt;br /&gt;Lo llamó con un gesto. Agustín salió al trote. Al llegar al patio, su abuelo estaba abriendo el portón del fondo del patio. &lt;br /&gt;- Vamos pequeño, a dar un paseo. &lt;br /&gt;El niño sonrió ante la invitación y subieron a la vieja camioneta del abuelo. Cuando el motor se puso en marcha, Marisa se asomó al patio.&lt;br /&gt;- Eh, ¿dónde van? ¡Agustín todavía tiene que bañarse!&lt;br /&gt;Recibió como respuesta un dedo en alto por parte de su padre y la manito agitándose en forma de saludo de su hijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cecilia conducía tomando todos los recaudos posibles, lo que hacía un viaje corto, como el que tenía hasta la ciudad, de apenas unos diez kilómetros, una eternidad. Si bien Marisa estaba acostumbrada, el hecho de no saber donde estaba su hijo y su padre hacían que el viaje le pareciera un verdadero fastidio.&lt;br /&gt;- Tranquilizate, nos deben estar esperando en el bar de la plaza, tomando una gaseosa. Hacete cargo nena, vos convenciste a papá que llevara a Agustín al carnaval y eso es lo que seguro hizo – Cecilia habló sin despegar un segundo la vista del parabrisas.&lt;br /&gt;- Si, pero me hubiese avisado. Sabés que no me gustan que salgan sin llevar teléfono. ¿Y si les pasa algo? &lt;br /&gt;En el asiento trasero, los niños jugaban ajenos a la conversación, inmiscuidos en su particular mundo, impacientes por llegar y disfrutar del desfile, las comparsas y por supuesto, todo el algodón de azúcar que pudieran comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar de la plaza estaba atestado de gente, pero no había indicios de don Ignacio y Agustín. Marisa estaba preocupada, pero intentaba disimularlo. En tanto, renegaba con sus otros dos hijos, que no se quedaban quietos.&lt;br /&gt;- Relajate querés – aconsejó su hermana – Ya van a aparecer, sabés como es papá.&lt;br /&gt;El desfile por la calle principal arrancaba aplausos y gritos entre la multitud. La música hacía vibrar el aire, desde la veinte de altoparlantes dispuestos de un lado y otro de la avenida. En el cielo estrellado, fuegos artificiales coronaban una fiesta gigantesca, en la que la mayoría de los pueblos de la zona estaban representados. &lt;br /&gt;Entre tanta gente, era difícil reconocer a los vecinos del pueblo, pero Marisa no perdía oportunidad, cuando se cruzaba con uno, de preguntarle si había visto a su hijo o a su padre. &lt;br /&gt;La música que llegaba de los parlantes le resultó conocida. Era la que utilizaba la comparsa del pueblo. Del otro lado de la calle vio a un grupo de conocidos que vitoreaban dando saltos en el lugar. Miró hacia la otra punta y a lo lejos divisó el carro y la comparsa del pueblo.&lt;br /&gt;Se veían preciosos, con esos trajes coloridos, las plumas que las chicas llevaban tan bien y el carro, sin dudas pintoresco y uno de los más vistosos hasta el momento.&lt;br /&gt;Sus hijos se escaparon para llegar hasta el borde de la vereda y poder así, apreciarlo mejor cuando pasaran por donde estaban ellos. Quiso detenerlos, pero dejó que fueran. Ella hacía lo mismo cuando era pequeña para poder ver a sus padres, encaramados en lo alto del carro, bailando y disfrutando.&lt;br /&gt;Miró hacia aquel lado. Hasta le parecía ver la figura de su padre en lo alto, bailando al ritmo de la música. Cuántos recuerdos despertaban, todos felices. Si mamá viviera... &lt;br /&gt;Sacudió la cabeza, debía dejar los recuerdos de lado. Le hacían ver visiones. Sonrió. Podía haber jurado que había visto a su padre en el carro. Miró otra vez. No podía ser. Buscó a su hermana con la vista, pero se había alejado unos metros. &lt;br /&gt;La comparsa avanzaba y las luces lo hacían todo más nítido. Ahora si, no le quedaban dudas... ¡era su padre! Y bailaba, sonreía, hasta tiraba besos y... Marisa se llevó la mano a la boca, mientras dos lágrimas le caían por las mejillas. A su lado, intentando imitarle los pasos, bailaba su hijo. Abuelo y nieto, los reyes de la comparsa. Sus ojos se nublaron, pero ya no estaba triste ni enojada. &lt;br /&gt;Cuando pasaron frente a ella, su hijo gritó su nombre, bien fuerte. Marisa les mandó besos con la mano, a los dos. &lt;br /&gt;Entre tanta gente, la música, los fuegos de artificio y la emoción, sintió por un instante que su madre la abrazaba. &lt;br /&gt;- Gracias carnaval, gracias – murmuró, al mismo tiempo que sus otros dos hijos volvían a ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-481402420566133316?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/481402420566133316/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=481402420566133316&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/481402420566133316'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/481402420566133316'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/gracias-carnaval.html' title='Gracias carnaval'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3065521061196244432</id><published>2011-12-05T01:09:00.001-03:00</published><updated>2011-12-05T01:09:00.732-03:00</updated><title type='text'>La conspiración de los ladrones</title><content type='html'>Durante meses se juntaron en un sótano de la calle Moreno, en el viejo barrio Las Callejuelas del Olmo. Los vecinos veían llegar personas sospechosas, enfundadas en trajes oscuros o llamativas prendas que cubrían sus rostros, pero por miedo, se alejaban de las ventanas y ni se les pasaba por la cabeza el llamar por teléfono a la policía. En Las Callejuelas todo se sabía tarde o temprano.&lt;br /&gt;Las reuniones se prolongaban largas horas y cada vez eran más los que asistían. Llegaban en coches viejos o motos, con los motores apenas ronroneando, en el mayor de los silencios. Se iban muy tarde, cuando el barrio dormitaba ataviado en pijamas de algodón. Algunos dicen haber visto las luces bajas reflejadas de los vehículos a través de las ventanas, mostrando el ocaso de aquellas noches.&lt;br /&gt;De un momento a otro dejaron de juntarse. El plan se había puesto en marcha y aún se ejecuta. Todos somos víctimas de ellos, a veces sin darnos cuenta. Sigilosos y casi inadvertidos, los ladrones merodean calles y ciudades, pueblos y avenidas. &lt;br /&gt;Roban lo más valioso que nos queda, de manera organizada y sin vergüenza alguna. Nos despojan sin que comprendamos exactamente qué. Para cuando todos puedan darse cuenta y entiendan la gravedad del asunto, ya será muy tarde.&lt;br /&gt;Los que hemos descubierto el eje de esta conspiración, tememos lo peor. Su accionar es sencillo, premeditado. Nos detienen en una esquina cualquiera y nos hablan, de esto y lo otro, o nos preguntan la hora, el tiempo, el día, tal calle, tal cruce, tal salida a la autopista. Si acaso recordamos a fulanito o menganito, o nos hablan de recuerdos muy lejanos, en los que tardamos en caer.Y así, de a poco, nos roban el tiempo. Nuestro tiempo. &lt;br /&gt;Nos van sacando segundos, minutos, horas, que nunca llegaremos a recuperar. Algunos nos hemos avivados y hacemos caso omiso a los desconocidos que nos detienen por nada. Y sin darse cuenta, muchos conocidos se han hecho cómplices, repitiendo los mismos artilugios. Es que la conspiración es tan grande que es imposible detenerla. Muchos se han sumado a la causa sin habérselo propuesto.&lt;br /&gt;Hoy en día existe gente robándole el tiempo a otros a cada paso. Aún no podemos determinar que hacen con el botín. Lo único cierto es que cada vez disponemos de menos tiempo para nuestras vidas. Por eso, no doy la hora, no devuelvo un saludo ni me detengo a conversar del tiempo. &lt;br /&gt;Sólo el egoísmo nos salvará de esta conspiración de los ladrones. Sólo eso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3065521061196244432?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3065521061196244432/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3065521061196244432&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3065521061196244432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3065521061196244432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/la-conspiracion-de-los-ladrones.html' title='La conspiración de los ladrones'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7581069987425633583</id><published>2011-12-02T01:10:00.030-03:00</published><updated>2011-12-02T01:10:00.991-03:00</updated><title type='text'>Los soñadores</title><content type='html'>Se dedicaban a soñar. El trabajo les resultaba relativamente fácil. Llegaban con sus ideas y les pedían que las soñaran. Ellos cumplían, por un módico precio.&lt;br /&gt;Llegaban enamorados desilusionados queriendo que les soñaran una nueva oportunidad o el desengaño de una infidelidad. Y ellos lo soñaban.&lt;br /&gt;Acudían poderosos en sus autos de lujo, exigiendo sueños donde se adueñaran de todo. Y ellos, lo soñaban.&lt;br /&gt;Uno tras otro, no dejaban de llegar.&lt;br /&gt;Políticos con anhelos de grandeza.&lt;br /&gt;Pobres con deseos de revancha.&lt;br /&gt;Deportistas con hambre de gloria.&lt;br /&gt;Laburantes con esperanza de una mejor vida. &lt;br /&gt;Jóvenes con un gran futuro en sus ojos.&lt;br /&gt;Y ellos todo lo soñaban.&lt;br /&gt;Advertían, cuidadosamente: "Si experimenta una sensación de felicidad por la mañana, no tema, es que lo estamos soñando. Pasa que no me quedó ningún turno para la noche y lo puse en el sueño de las 10.30 horas".&lt;br /&gt;La gente se iba satisfecha. Al menos en los sueños de otros, obtendrían aquello que no les permitía dormir en paz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7581069987425633583?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7581069987425633583/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7581069987425633583&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7581069987425633583'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7581069987425633583'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/12/los-sonadores.html' title='Los soñadores'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8619219165653616639</id><published>2011-11-29T01:10:00.002-03:00</published><updated>2011-11-29T01:10:02.441-03:00</updated><title type='text'>Tita en la oscuridad</title><content type='html'>- Che, negro ¿y la Tita?&lt;br /&gt;Manuel alzó los párpados, pero los bajó otra vez hacia el suelo, donde con una rama de paraíso estaba trazando un dibujo, aprovechando que la tierra estaba suelta de haber jugado un rato antes a las bolitas.&lt;br /&gt;Permaneció así, un buen rato. Esteban lo miraba, acostumbrado a esos silencios entre una pregunta y otra. A veces se decía que a su amigo le faltaba un tornillo, pero Manuel era así y punto.&lt;br /&gt;De pronto se puso de pie y arrojó la rama lejos, en un ademán de fastidio.&lt;br /&gt;- Dale, vamos. Acompañame. Si llega a volverse sola, mi viejo me faja - Manuel miró la hora en el reloj de los Powers Rangers, que su mamá le había regalado al cumplir los siete - Ya está por salir,es la hora del timbre.&lt;br /&gt;Caminaron sin hablar las dos cuadras hasta la escuela, siempre bajo la sombra de la arboleda de tilos, para evitar el fuerte sol de noviembre. Al acercarse al portón principal, fueron cautelosos. No se dejaron ver, poniéndose al reparo del colectivo escolar, estacionado al borde de la vereda.&lt;br /&gt;- Si nos ve la directora se nos arma un lío grande Manuel.&lt;br /&gt;- Ya lo se - respondió el amigo.&lt;br /&gt;Primero fue el griterío, luego el ir y venir de guardapolvos blancos. Estaban saliendo. Las maestras estarían firmes como estatuas, supervisando la partida de sus alumnos, atentas al mínimo problema.&lt;br /&gt;Manuel asomaba la cabeza y la volvía a esconder. Aún no había señales de Tita. Esteban lo codeó y llevó la vista hacia el portón. Su amigo tenía razón, ahí salía el curso de su hermana.&lt;br /&gt;Esperaría a que pasara por al lado del colectivo y allí la llamaría.&lt;br /&gt;- Esteban, ni bien la veamos... ¡auch!&lt;br /&gt;Sintió un puntazo en la frente, como si un pájaro hubiese aterrizado en su cabeza. El dolor dejó paso al ardor y su mano, al tocar la piel golpeada, se topó con algo viscoso y tibio.&lt;br /&gt;- ¡Tenés sangre! - le advirtió Esteban.&lt;br /&gt;- ¿Mucha¡ - preguntó asustado - Sentí como si me... mirá, ahí, al lado de tu pie, esa piedra, alguien me tiró con esa piedra.&lt;br /&gt;Buscaron con la vista alrededor y entonces los vieron. Casi llegando a la esquina, sonriendo de oreja a oreja, el Raúl y sus tres compinches: Alejo, Mauro y Gonzalo. El primero, de flequillo corto y zapatillas amarillas, aún sostenía la gomera entre las manos.&lt;br /&gt;- Vení, vayamos para allá... - la voz de Esteban demostraba miedo. Manuel, dolorido, se dejó llevar.&lt;br /&gt;Entonces, recordó a Tita y volvió por ella. La decisión, se dijo un segundo después, fue apresurada.&lt;br /&gt;Al lado de Tita, estaba la directora y por el gesto que ocultaba su habitual semblante parsimonioso, no estaba de buen humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ofelia era portera del colegio, pero bien podría haber sido enfermera. Al menos eso le parecía a Manuel, mientras se mordía el labio para reprimir los alaridos de dolor mientras la mujer le pasaba un algodón con agua oxigenada encima de la herida.&lt;br /&gt;Esteban estaba sentado justo al frente, en una silla similar a la suya, de tapizado verde. Tita jugaba con su muñeca, apoyada en el escritorio de la directora. La dueña del mismo, en tanto, colgaba en ese preciso instante el teléfono, luego de haber llamado a los padres de ambos niños.&lt;br /&gt;- ¿Duele? - le preguntó sin ironía la directora a Manuel. El niño respondió con un movimiento de cabeza. Aún tenía la boca ocupada en tratar de no gritar.&lt;br /&gt;Cuando Ofelia finalizó con la curación, la directora Martínez le dio las gracias y le pidió que los dejara solos. La portera / enfermera salió al pasillo, llevándose a Tita, a pedido de la otra mujer.&lt;br /&gt;El semblante habitual estaba otra vez instalado en la figura de esa señora que a los ojos de los niños, era un ser temible y que el solo hecho de estar en la “dirección” del colegio, significaba que era el fin para ambos. Quizá si imploraban, pero sabían, los dos, que era tarde.&lt;br /&gt;- Bien, quién de los dos me va a contar por qué se escapan de la escuela continuamente. Les doy la oportunidad que ustedes elijan.&lt;br /&gt;La sonrisa que les mostró decía “es una trampa” y tanto Manuel como Esteban estaban seguros que aquel que hablara, sería expulsado de inmediato. El otro, el que callara, no solo sería expulsado, sino que además sería humillado en público, seguramente con la directora pellizcándole la oreja.&lt;br /&gt;Ninguno de los dos pronunció palabra alguna. Esteban balanceaba nervioso las piernas, de atrás hacia delante, esperando que de un momento a otro la puerta se abriera e hicieran aparición sus padres, que traerían como regalo a la fiesta un bonito cachetazo.&lt;br /&gt;Manuel tenía ganas de llorar, en parte por el golpe en la frente, y en parte, por la situación. Habían sido descubiertos. Si tan solo...&lt;br /&gt;- Hagamos un trato - dijo la para entonces reina de los condenados - Me dicen la verdad y yo trato de ayudarlos con sus padres. No les garantizo nada, pero podría negociar que el castigo no sea tan... ¿duro?&lt;br /&gt;Los amigos cruzaron fugazmente sus miradas. Es una trampa, es una trampa, se decían&lt;br /&gt;mentalmente, aunque era imposible que supieran que ambos pensaban lo mismo, por más que los&lt;br /&gt;ojos delataran esa idea.&lt;br /&gt;Al cabo de dos minutos, la mujer rodeó el escritorio con su silla y la colocó justo a mitad de camino entre uno y otro. Tomó asiento y posó sus ojos oscuros sobre el niño lastimado.&lt;br /&gt;- Manuel ¿quién te hizo eso en la frente? - preguntó.&lt;br /&gt;A pesar del dolor, de saber la respuesta, de recordar al muy maldito con la gomera en la mano, se quedó en silencio.&lt;br /&gt;- ¿Fuiste tú? - le preguntó a Esteban, al mismo tiempo que colocaba su cuerpo en dirección al otro chico.&lt;br /&gt;Esteban se apuró en negar con la cabeza, enfáticamente.&lt;br /&gt;- Bien - dijo ella - No fuiste tú, pero sabes quiénes fueron.&lt;br /&gt;El interrogatorio era muy difícil de afrontar, se sentía pequeño ante la situación. Además, era la directora, no por algo llegaban a ese cargo.&lt;br /&gt;- Si... - dijo finalmente, casi dudando. Su amigo, que hasta entonces miraba el suelo, levantó la vista con claro gesto de decepción.&lt;br /&gt;- Necesito que me lo digas - pidió la mujer. Había urgencia en su tono de voz.&lt;br /&gt;- Fue... - Esteban repasó mentalmente los últimos dos meses, las golpizas en los recreos, la forma en la que le quitaban los caramelos que llevaba de casa o compraba en el kiosco escolar y pensó en tragarse las palabras, pero en un esfuerzo sobre humano, logró pronunciarlas - Raúl. Raúl Ortelano y sus amigos.&lt;br /&gt;- Muy bien. Es un gran paso. Y ahora dime tú, Manuel, antes que lleguen tus padres y sepan que desde hace una semana y media junto a tu amigo se están escapando en pleno horario de escuela, ¿fue Raúl Ortelano el que te lastimó la frente?&lt;br /&gt;Manuel quería golpear a su amigo, meterle una toalla en la boca, lavarle la lengua con jabón. Pero en realidad, a pesar de la bronca, una sensación rara le recorría el cuerpo. Algo similar a cuando sin querer volteaba el vaso repleto de agua pero lograba agarrarlo en al aire con la otra mano y evitaba al menos que se hiciera añicos en el suelo. Si, sentía eso, una especie de alivio.&lt;br /&gt;Esta vez su silencio no se hizo extenso.&lt;br /&gt;- Si señora directora, fue ese chico - le dijo y de inmediato, mirando a su amigo, sonrió. Una lágrima desbordó por la mejilla y no era de dolor, sino de alegría. Esteban le devolvió el gesto, con cierta felicidad.&lt;br /&gt;La directora Martínez comenzaba a armar el rompecabezas, uno tan complejo que necesitaba ser&lt;br /&gt;analizado como adulto pero visto de cerca como niño.&lt;br /&gt;- Niños - les dijo - entiendo que tienen miedo, pero esto que les voy a preguntar es muy, pero muy importante: ¿Cuál es la razón por la que se escapan de la escuela?&lt;br /&gt;Si bien la piedra parecía incrustada en la frente, Manuel sabía que no estaba allí. Había sido el golpe, pero había rebotado y caído a los pies de su mejor amigo. Esa pregunta parecía aquella piedra, se asemejaba a un gomerazo, pero no lo era, porque una vez que dijera la verdad, la misma quedaría a los pies de la directora.&lt;br /&gt;Tenía miedo, claro que si. Pero era como el temor a la oscuridad, cuando mamá apagaba las luces de la habitación. A veces era tal, que deseaba llorar. Pero no podía hacerlo, porque debía ser fuerte, porque Tita tenía aún más miedo en ese mundo que de golpe se volvía negro. Y entonces, asustado y todo, estiraba la mano hacia la cama de su hermana y la cerraba con cariño sobre ese pequeño manojo de dedos, tiernos y cálidos, que instantáneamente, con ese contacto, dejaba de temblar.&lt;br /&gt;No iba a ocultar el temor a una venganza de Raúl. Pero tampoco podía vivir con pánico, exponerse al enojo de sus padres y de la escuela, por culpa de un chico. Sus ojos estaban en su amigo. Veía lo mismo en Esteban, la misma sensación. No podían estirar sus manos y entrelazar los dedos, como hacía con su hermana en la oscuridad, pero la sensación era que lo estaban haciendo. Y entonces, de repente, sintió que ya no temblaba.&lt;br /&gt;No le hizo perder más tiempo a la directora: le contó la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez que llegaron sus padres, esperaron afuera en el pasillo por más de una hora. Entre los dos se turnaban por entretener a Tita, fastidiada por no estar en casa mirando los dibujos en la televisión. Además, pensó Esteban, que también tenía hambre, Tita aún estaba sin merendar.&lt;br /&gt;- Si no hubiéramos vuelto por Tita, las cosas habrían salido mal, todo seguiría igual ¿te das cuenta? - mencionó Manuel.&lt;br /&gt;- Si - dijo pensativo Esteban - ¿Negro, le harán algo a Raúl?&lt;br /&gt;Mientras miraba a su hermana haciendo trompa con la boca, Manuel sonrió. Sinceramente, le&lt;br /&gt;importaba poco lo que hicieran con Raúl. Lo que valoraba, era que Raúl no se iba a meter más con ellos. ¿Cómo lo sabía? En realidad sabía que no se lo iba a permitir. La vida es más que silencios donde no se dice nada y se guarda todo. Es valor para enfrentar la oscuridad y la verdad, que a veces, son la misma cosa.&lt;br /&gt;- Puede que si, puede que no. Qué más da. Nosotros la tenemos a Tita - dijo riendo al mismo tiempo que tomaba a su hermanita de la cintura y la levantaba en el aire - ¿O no Tita? ¡Tenemos a Tita!&lt;br /&gt;Los dos amigos estallaron en carcajadas en el pasillo y la infancia volvió a instalarse entre ellos, con la felicidad a cuesta, más allá de los golpes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8619219165653616639?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8619219165653616639/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8619219165653616639&amp;isPopup=true' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8619219165653616639'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8619219165653616639'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/tita-en-la-oscuridad.html' title='Tita en la oscuridad'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1156405911602828283</id><published>2011-11-26T01:08:00.005-03:00</published><updated>2011-11-26T01:08:00.560-03:00</updated><title type='text'>La nada</title><content type='html'>El día que la sordera me ganó la batalla, era el más importante de mi vida. Desperté alterado, por cierto dolor de cabeza y un zumbido angustiante. La oscuridad y el silencio me asustaron sobremanera.&lt;br /&gt;Al ponerme de pie, sentí que la habitación se tambaleaba. Me aferré de las paredes, pero caí al suelo. Sentí el golpe con toda la fuerza en cada hueso, pero no lo escuché. Aquel detalle, no menor, me paralizó el corazón.&lt;br /&gt;Me miré las manos, sin atisbar ningún intento de ponerme de pie y chasqueé los dedos. El movimiento fue perfecto, los dedos se frotaron en ese instante justo necesario para producir el sonido que desde chico me divertía hacer. Pero ahora, en la penumbra, con la mano bien cerca de la vista, solo produjo la nada.&lt;br /&gt;No podía ser verdad, tenía que tratarse de una pesadilla. Me arrojé otra vez a la cama, me cubrí con las sábanas hasta la cabeza, consciente a cada instante del silencio que gobernaba las acciones. Me esforcé en dormirme, más no pude hacerlo. Cerré los ojos y permanecí así, en un estado entre el llanto y el sueño.&lt;br /&gt;Me asustó una mano sobre el hombre, que me zamarreaba. Giré con los ojos bien abiertos y la piel helada. Era Don Jacinto, el técnico, que gesticulaba con las manos al mismo tiempo que movía los labios sin producir sonido alguno.&lt;br /&gt;En realidad, comprendí, sí lo producía. Pero estaba aquello ajeno a mis sentidos. Abrí mi boca para hablar, pero la sentí a mil kilómetros de distancias, como que también había dejado de ser dueño de la misma. No supe si hablaría bajo, normal o gritaría, así que opté por cerrarla y atinar a levantarme.&lt;br /&gt;Mi cabeza no cesaba en su intento de encontrar una explicación. Se remontaba a los primeros dolores, a la infección del pasado año, a los antibióticos y otros estudios a los que me había sometido. Pero nada le dije al equipo. Siempre los hice en privado. Temí que el problema me apartara de lo que más me gustaba hacer, que era salir al campo de juego.&lt;br /&gt;Me dirigí con mucho miedo a la cocina. Las largas mesas ya estaban servidas y prácticamente todo el plantel estaba en sus lugares. La escena era surrealista. Los movimientos, los gestos, los cubiertos y pocillos que iban y venían, seguramente tintineando, con voces alegres y distendidas jugando bromas de un lado a otro y sin embargo, ante mi, se extendía un campo árido de silencio, una barrera invisible de incomprensión.&lt;br /&gt;El pánico se apoderó de mí, no podía estar allí. Vi que Manuel y Jaime me llamaban con sus manos. Supe que si me quedaba allí parado, colapsaría. Giré sobre mis pasos y abandoné el lugar. Caminé por el pasillo sin escuchar mis propios pasos. Si alguien me estaba llamando para que regresara, jamás lo supe.&lt;br /&gt;Mis pasos se aceleraban en proporción a mi desesperación. Crucé el gimnasio y estuve a punto de llegar al hall de entrada, pero giré hacia los dormitorios. Me encerraría hasta el horario del partido. No debían saber lo que me sucedía. Si eso ocurría, me dejarían al margen y toda mi vida hasta aquí habría sido en vano.&lt;br /&gt;Estaba a metros de la habitación, lo estaba consiguiendo, cuando al doblar un recodo, choqué de frente con el Dr. Almamonte. Iba rápido, no pude evitarlo. Jamás sentí su andar hacia mí o quizá, el típico silbido con el que se paseaba de un lado a otro. Me llevé la mano a la boca y extendí mis manos hacia el. De alguna forma quería hacerle saber que lo sentía. &lt;br /&gt;El movimiento de sus labios fue claro, pero no supe que dijeron. En su semblante, no obstante, no había indicio de disgusto. Es más, sonreía y me hablaba. ¡Qué contestarle! Atiné a una reacción instintiva: sonreí. El doctor me miró como estudiándome. Seguí viaje, dejándolo atrás. De pronto, lo tenía a mi lado, lo miré de reojo y seguí caminando. La puerta de la habitación estaba a escasos diez metros. Pero el doctor me tomó del brazo y me obligó a que me girara hacia el.&lt;br /&gt;Fue angustia lo que observó en mi rostro. Mis ojos no resistieron más y dejaron a su suerte varias lágrimas, que raudas descendieron como un tropel sobre mis mejillas. El hombre me hablaba, pero bajé la vista hacia el suelo.&lt;br /&gt;Me llevó hasta mi habitación y agradecí interiormente que al entrar, cerrara la puerta a nuestras espaldas. Me sentó en la cama y acercó una silla. Seguramente me hablaba, porque con cierto recelo levantó mi mentón para que mis ojos posaran su vista en el.&lt;br /&gt;Veía sus labios desplegarse en movimientos familiares, permitiendo que el sonido se formara como por arte de magia. Pero el truco me había sido vetado, desconocía la clave para descifrar tal maravilla. Aquello que era tan natural, ahora me distanciaba de todos, me había convertido en un horrendo despojo de inutilidad, que a partir de entonces vería destrozado todos sus sueños. Lloré con mayor intensidad.&lt;br /&gt;Vio mi angustia pero no la comprendía. Seguía hablándome. Con temor, levanté mis manos y las llevé a mis oídos. Con ellas, los tapé y con un movimiento de lado a lado con la cabeza, dije el resto. &lt;br /&gt;El doctor quedó callado. Esta vez creí entender lo que sus labios decían: ¿No oyes?&lt;br /&gt;No oyes. Dos palabras que me sentenciaban. Eso había preguntado el doctor y la respuesta era afirmativa. No oía. Le hice un gesto de esperar, me puse de pie enjugándome las lágrimas y me dirigí al cajón inferior, donde guardaba mis pantalones. Debajo de la ropa había un sobre marrón.&lt;br /&gt;Lo saqué con culpa y se lo entregué. Eran mis estudios previos, de dos años hasta la fecha. Era el paso a paso de mi enfermedad, el presagio de esta sordera que nunca imaginé, llegaría. Me senté a observar con más angustia que antes, el semblante del hombre al pasar minuciosamente las hojas de los informes, ver las placas radiográficas y asentir con pesadez ante las conclusiones que ya había leído mil veces.&lt;br /&gt;Esos diez minutos fueron eternos. Como la lectura de un veredicto de un juez. Y el acusado, el que estaba en el banquillo, era mi futuro. El doctor, finalmente, apoyó las hojas sobre su regazo.&lt;br /&gt;Me miró con firmeza, pero tuvo el tino de no hablarme. Dio vuelta una de las hojas y dejó la cara en blanco hacia arriba. Sacó una pluma de su bolsillo y escribió algo que luego me mostró:&lt;br /&gt;-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Por qué no recurriste antes a mi oficina? ¿Tenías miedo que te apartara del equipo?&lt;br /&gt;Dejé correr una lágrima. No tuve necesidad de expresar nada más. Lo entendió. Escribió otra cosa:&lt;br /&gt;-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Debo hablar con el entrenador, debe saberlo. El partido es en dos horas.&lt;br /&gt;La desesperación se apoderó de mi y el lo comprendió. &lt;br /&gt;-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Debo decirle – escribió.&lt;br /&gt;Le imploré como podía que no. No sabía como hacerlo, así que me arrojé a sus piernas y las abracé, como si fuera mi madre y tuviera cinco años. Era la misma sensación, de pedirle perdón y una nueva oportunidad. El hombre me sujetó de los hombros. Vi en sus ojos que estaba conmovido. Quizá mis lágrimas, mis deseos de jugar, mi futuro tan incierto, lograron convencerlo. Quizá algo de todo. Quizá nada de eso.&lt;br /&gt;Me pidió que lo esperara. Volvió a los pocos minutos, escribiendo en una hoja apoyada ahora sobra una carpeta.&lt;br /&gt;-&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Le he dicho al entrenador que estás con unos pequeños problemas estomacales, pero nada que impida que juegues. Por favor, acompáñame ahora. Estaré cerca en todo momento y veré como hacer para que nadie se entere de tu situación. Pero sabes que luego del partido, deberé informarlo.&lt;br /&gt;Asentí con ganas. Por primera vez en el día, la esperanza me abrigaba como una tibia manta en un crudo invierno.&lt;br /&gt;El doctor me acompañó al vestuario y a lo lejos me hacía señas comprensibles, para que asintiera en tal o cual situación. Es que me hablaban, me preguntaban si estaba bien y necesitaba el pie para contestar. Actué un poco, para que me creyeran tan concentrado en el partido que no escuchaba a nadie. La verdad era otra. Realmente, no escuchaba a nadie.&lt;br /&gt;La salida al campo de juego fue atípica para mis sentidos. Todo el colorido sin sonido, la algarabía silenciosa. Mis compañeros me palmeaban la espalda y arengaban, pero solo veía el movimiento de sus labios.&lt;br /&gt;Unos contrincantes se acercaron, pero los evité, por no saber que sucedería. No podía arriesgarme. Cuando empezó el partido, me sentí perdido. No escuché el silbato del árbitro. Me di cuenta que estaba en marcha porque mis compañeros comenzaron a moverse. Comprendí que si alguien me pedía apoyo, no lo escucharía. Por un momento pensé en abandonar. Pero me era imposible. Era el cotejo más importante de mi vida, la gran final.&lt;br /&gt;Las gradas colmadas parecían olas de un mar lejano, cuyo sonido me era imposible descifrar. Pero me alentaba ese movimiento hipnótico, casi afrodisíaco que solo la pasión puede despertar.&lt;br /&gt;Cometí un par de errores, por no escuchar al árbitro. Pero fui disimulando bien. El técnico batía sus palmas con fuerza cuando le pasaba cerca, como si me pidiera mayor esfuerzo o quizá, mayor concentración. &lt;br /&gt;Así transcurrió el partido sin que pudiéramos sacarnos diferencias. Sobre el final tuve la oportunidad soñada, la que imaginé desde pequeño, jugando en el colegio o en las calles de mi barrio junto a los amigos de la infancia. Esa jugada que está más allá del bien y el mal, que es la gloria misma, que solo se les permite a los que harán historia como santos o demonios y cuya suerte queda echada por ese momento, crucial, único, definitorio. El silencio era mi reino y también mi salvación. No sentí la presión, no escuché los gritos. Avancé y ejecuté, sabiendo que era mi última ocasión para llegar al sueño, ya que después, vendría la nada.&lt;br /&gt;Vi moverse la red, sentí el suelo temblar bajo mis pies y de pronto mis compañeros se arrojaron sobre mi. Lo viví en total silencio, soltando el llanto contenido, la angustia de las últimas horas. &lt;br /&gt;Me arrojé exhausto al suelo, sin poder detener las lágrimas. Me ayudaron a levantarme, casi me empujaron hasta mi campo de juego. El final llegó segundos después. Y más abrazos, más rostros felices, más lágrimas. Una fiesta silenciosa, en la que disfruté sin gritos.&lt;br /&gt;Almamonte me abrazó y lloró conmigo. &lt;br /&gt;Una hora más tarde, el plantel sabía mi verdad.&lt;br /&gt;Hace dos meses que estoy haciéndome estudios continuos. Pero parece que no hay forma de revertir la enfermedad. La infección me dejó sordo, de los dos oídos. Practico a diario y logro entenderme muy bien con mis compañeros, que día a día me están enseñando una lección de vida. Mis miedos, ya no existen.&lt;br /&gt;El vacío que dejó la ausencia de voces, lo colmo con el afecto de todos y el amor por el deporte. La nada al final nunca llegó. En su lugar lo hizo la esperanza y el cariño. Hoy soy más deportista que antes. Ahora comprendo que los sueños nunca terminan. Siempre hay algo más por lo que luchar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1156405911602828283?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1156405911602828283/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1156405911602828283&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1156405911602828283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1156405911602828283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/la-nada.html' title='La nada'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5351073183584086519</id><published>2011-11-23T01:05:00.001-03:00</published><updated>2011-11-23T01:05:00.535-03:00</updated><title type='text'>Matriz del miedo</title><content type='html'>Andrea despertó angustiada en medio de la noche. Miró la hora en el despertador, solitario testigo de la penumbra sobre la mesa de luz. Su corazón se estrujó como un trapo viejo; eran más de las cuatro. No había escuchado la puerta de calle, ni los pasos en el pasillo. No los había escuchado porque nunca se habían producido. &lt;br /&gt;Se levantó y rauda, sin preocuparse por vestirse, corrió hasta la habitación de su hija. Alicia no estaba, aún no había vuelto. La cama impoluta, sin desarmar, la almohada en su lugar, transmitían un mensaje difícil de digerir. De pronto tuvo la sensación de saberlo todo, por el simple hecho de ser madre. Y ese conocimiento, ese presagio, caló en sus huesos.&lt;br /&gt;Intentó sin embargo contener la respiración. Encendió las luces de la cocina y volvió a chequear la hora, esta vez en el reloj de pared. Habían acordado que a las tres y media, a más tardar, estaría de regreso en casa. Alicia no era de retrasarse. Jamás lo había hecho. Una chiquilla de quince, pero responsable, solía pensar de su hija.&lt;br /&gt;El teléfono celular estaba sobre la mesa, cargándose. Lo tomó y llamó al número de su hija. La línea llamó varios segundos y luego escuchó la voz de su niña, pidiendo que dejaran un mensaje, riendo en medio de la grabación. &lt;br /&gt;Se mordió los labios. Podía ser que no alcanzara a buscarlo en la cartera. Pero sabía que no era así. Tenía un presentimiento, tan fuerte como el lazo que las unía. Tragó saliva y marcó otra vez. Escuchó con enorme dolor el sonar en vano del teléfono. Dejó el teléfono sobre la mesa.&lt;br /&gt;Estaba nerviosa, impaciente, con ganas de llorar. Sentía que le faltaba el aire. El terror la envolvía de pies a cabeza. Un fino sudor recubría su piel. Su hija, su pequeña hija. Miró la hora otra vez y pensó que el mundo se le venía abajo. Se sujetó a la mesa y contuvo las naúseas. &lt;br /&gt;Había monstruos horribles en su mente. De enormes y afiladas garras. Veía fantasmas riendo con ganas, sombras escapando hacia los rincones. Abrió los ojos. Se aferró a la luz de la habitación. Sus miedos cobraban formas sobrenaturales, pero no se asemejaban al más temible, el único que realmente la agobiaba, que, carente siquiera de un atisbo de fantasía, asustaba como ningún otro y era, el destino de su hija.&lt;br /&gt;Volvió a buscar el celular, mientras contenía algunas lágrimas. Marcó el número de su ex esposo. Esta vez atendieron. No él, sino la otra, como ella le decía. La otra tardó en darse cuenta quién llamaba tan tarde, pero ante la desesperación en la voz, no dudó en despertar al padre de Alicia y alcanzarle el teléfono.&lt;br /&gt;Roberto se mostró preocupado, como toda persona al que despiertan de madrugada. Andrea intentó hilvanar con coherencia sus terrores y hacérselos saber. Qué Alicia no se quedaría más tarde de lo permitido, que habría llamado, que nunca había pasado... pero el relato se vio interrumpido. Roberto le pedía calma, pero ella no podía detener el llanto.&lt;br /&gt;Le pidió tranquilidad, que no se preocupara. Alicia era una niña y como tal no siempre tienen en cuenta lo que uno sufre, así que con seguridad estaba bien, pasándola bien y sin pensar en la hora. Ella retrucó sobre las llamadas que no atendió pero él adujo el ruido, la música, la cartera en otra parte. El le dijo que se acostara, que en cualquier momento llegaría. Que probara de llamar si quería, a una amiga, pero ateniéndose a las posteriores quejas de Alicia. &lt;br /&gt;La llamada fue casi una discusión, como los últimos años antes de la separación. Lo marchito no suele volver a florecer y como cuando escapa la primavera, los colores se añejan, se opacan, pierden el sentido. Quedó con el teléfono en la mano, observando la pantalla, queriendo ordenar las ideas. &lt;br /&gt;Quiso imaginar a Alicia subiendo las escaleras del frente de su casa, aprestándose a sacar las llaves de la cartera. Hasta pensaba que en cualquier segundo escucharía ese tintinear del metal, ese sonido que le devolvería la vida. Lo pensaba, pero no lo creía. Como tampoco podía imaginarla tal cual era. El rostro de su pequeña se desdibujaba entre manchas oscuras y sangrientas, los ojos verdes, siempre dulces, aparecían desorbitados, y sus facciones de muñeca de mamá dejaban escapar muecas de dolor y tristeza. &lt;br /&gt;Incluso, se colaban gritos, un pedido clamoroso de auxilio no correspondido. Y el llanto, ese que tantas veces había escuchado, a veces con ternura, al ver a su hija con las rodillas raspadas tras caerse del triciclo, o cuando quería, sin éxito, trepar al viejo árbol del patio. El mismo que solía aparecer las noches antes de los exámenes en el colegio, cuando las fórmulas matemáticas no salían. El llanto de Alicia, a veces tan inocente, era ahora un horroroso alarido en la oscuridad de sus cavilaciones. Y sucumbía en las fauces de la noche trémula, que se agitaba como un mar voraz, esperando siempre por sus incautas víctimas.&lt;br /&gt;Iba a llamar otra vez cuando el timbre de su casa la sobresaltó. Se le cayó el teléfono al suelo y la diminuta pantalla se quebró en dos. Pero no se percató de aquello. Se puso de pie de inmediato y corrió a la puerta. El timbre otra vez. Iba lo más rápido que podía, empujando sus piernas hacia delante. &lt;br /&gt;¡Alicia!¡Alicia! gritó como poseída llegando a la puerta. El nombre parecía una puñalada en la oscuridad, un deseo que se esforzaba por ser verdad. Alicia, repitió, casi sin fuerzas al mismo tiempo que le abría las puertas al dolor.&lt;br /&gt;Las dos figuras estaban allí. Hombres de trajes azules y miradas al piso. Personas a las que vería esa única vez, con el patrullero de fondo, repartiendo por doquier la falsa modestia de sus luces refulgentes. Seres que solo le asestarían un puñal en el corazón y se marcharían en el mismo anoninato con el que llegaron. &lt;br /&gt;Le preguntaron el nombre, le mostraron la foto, le dieron la noticia. Pero ella ya no estaba allí. Apenas si era un fantasma, un espíritu devorado por los monstruos que bullían en su interior. Destrozada por esas garras descomunales, afiladas y mortales, dejó que sus piernas flaquearan, que el frío suelo golpeara con violencia sus rodillas; que la gélida noche se apoderara de su cuerpo, de sus entrañas mismas.&lt;br /&gt;Lo sabía desde que la angustia la sorprendió en la cama, desde el momento en que sintió que el lazo no existía más. Ese vacío que solo una madre al borde de la locura puede explicar. Porque más allá de las refutaciones y falsas esperanzas, ella, ellas, sabrán la verdad, porque ningún miedo es mayor a ese, vestido de muerte y realidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5351073183584086519?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5351073183584086519/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5351073183584086519&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5351073183584086519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5351073183584086519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/matriz-del-miedo.html' title='Matriz del miedo'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3598078916192340060</id><published>2011-11-20T01:07:00.004-03:00</published><updated>2011-11-20T01:07:00.156-03:00</updated><title type='text'>Con el sello de la venganza</title><content type='html'>El café a punto, humeante, con dos de azúcar. La cuchara lo revuelve, gira y luego se deja caer sobre el plato.&lt;br /&gt;El pocillo va a la boca, con lentitud, para apreciar el humo que se eleva y confunde con el aire, perdiéndose fuera de la vista.&lt;br /&gt;Los ojos, en cambio, se concentran en el ventanal, ese que con letras fileteadas anuncian el título del comercio. Del otro lado, el gran edificio recibe los rayos del sol con fuerza, sin ningún tipo de presagio nefasto que lo alarme.&lt;br /&gt;Las puertas de aquel lugar, enormes, de madera, están cerradas, no obstante, observa como de a poco comienzan a llegar los invitados a la fiesta. Ingresan por una entrada lateral, ajenos del futuro.&lt;br /&gt;Bebe el café caliente, de a poco, saboreándolo con el paladar, degustando el exquisito aroma que se desprende cual fantasma travieso. El sonido del pocillo al rozar la tasa es un placer más en aquella tarde soleada.&lt;br /&gt;Afuera, el tránsito es escaso y las veredas están exentas de peatones. La siesta aún triunfa en aquellas horas del día. Acompaña, de momento, el silencio de las calles, la tranquilidad de la brisa, la piedad de las aves.&lt;br /&gt;Se conoce cada escena de la secuencia, casi de memoria. Ha estado observando el mismo espectáculo día a día, durante un mes. Cada pieza en su lugar, cada engranaje donde debe ir.&lt;br /&gt;Recuerda el primer día, la ira contenida. Hoy le sabe a inexperiencia. Pero lo comprende. La mañana anterior había recibido el sobre, en realidad, había encontrado el sobre en la puerta de su casa. El esperado envío de la editorial, la prueba de fuego de su libro.&lt;br /&gt;Se apuró en recogerlo del suelo y con solo levantarlo, la liviandad de aquello le hizo dar un vuelco al corazón. El sobre era solo sobre. Estaba vacío. Con terror observó como uno de los lados estaba abierto.&lt;br /&gt;Corrió hasta el correo, angustiado, al borde de un colapso. Lo atendieron de mala gana y se ofendieron de la acusación: “Acá nadie abre los sobres ni se roba nada”: Quiso hablar pero balbuceó y en una contienda verbal, aquello es lo mismo que bajar la guardia.&lt;br /&gt;Les quería decir que no era la primera vez, que un mes atrás se había perdido el envío de diez revistas que le mandaron desde Córdoba, por una colaboración; que antes, no le había llegado una antología en la que había salido un cuento suyo; que anterior a ello, había reclamado dos semanas por cinco ejemplares de una revista uruguaya; y que el año anterior, le habían mandado dos libros y folletería y solo había recibido la follet... pero balbuceó y le cerraron la ventanilla en la cara.&lt;br /&gt;Volvió con la cabeza gacha a su casa, aún sin poder pronunciar palabra alguna. Pero no fue necesario. Subió hasta su ático y desempolvó viejos libros de su padre. Allí estaba la respuesta, la primera pieza del gran engranaje.&lt;br /&gt;El café estaba perfecto. El día también. Miró el reloj de pared y contó en voz baja junto al segundero, aquel tramo final entre el pasado y el presente. La brecha entre la injusticia y la justicia. Entre el silencio y la...&lt;br /&gt;La ventanas tintinearon al mismo tiempo que el estruendo movió los cimientos del bar. Los vidrios cayeron hechos añicos al segundo siguiente, mientras que una bola de humo y miles de escombros volando, protagonizaban una escena de película en la calle de enfrente.&lt;br /&gt;… explosión.&lt;br /&gt;El mozo se arrojó debajo de una mesa, dejando caer la bandeja en la que transportaba tazas limpias. En la calle, el humo se expandía, pero dejaba ver ahora a través de su cuerpo imperfecto y algo estaba faltando en la escena cotidiana. Nada menos que el viejo edificio de enorme puerta de madera.&lt;br /&gt;Las primeras sirenas se escucharon muy a lo lejos, como provenientes de otra galaxia. Aún no había llegado nadie, la ciudad apenas si estaba despertando. El mozo salió de su escondite y tomándose la cabeza, salió a la vereda.&lt;br /&gt;El hombre terminó su café, nunca tan sabroso. Dejó el dinero sobre el platito, aprisionado por el pocillo. Incluía la propina.&lt;br /&gt;Se alejó caminando entre la humareda, esquivando los escombros arrojados por la venganza. Notó que recién comenzaban a acercarse los primeros curiosos.&lt;br /&gt;Era una tarde espléndida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3598078916192340060?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3598078916192340060/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3598078916192340060&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3598078916192340060'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3598078916192340060'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/con-el-sello-de-la-venganza.html' title='Con el sello de la venganza'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1672666821760569579</id><published>2011-11-17T01:05:00.004-03:00</published><updated>2011-11-17T01:05:00.559-03:00</updated><title type='text'>Otros tiempos</title><content type='html'>En otros tiempos la soledad era una cuestión geográfica, de dificultades a la hora de movilizarse. La pertenencia a un lugar, en ocasiones, sucedía a la fuerza. Pero el mundo ha evolucionado. Hoy nadie pertenece a ninguna parte y la soledad es un capricho de quiénes desean estar solos.&lt;br /&gt;Alumbrado por la frágil lámpara del escritorio, Sergio se entregaba a la compañía de sus amistades. Quién diría que aquel pequeño departamento cobijaba más de cien personas. Claro que ninguna ocupaba un lugar físico. No era necesario visitar a alguien para estar cerca, aquello era cosa del pasado. Una computadora, una conexión a internet y el planeta se inclinaba en señal de respeto. El mundo venía a uno, con un solo click.&lt;br /&gt;La noche transgredía la armonía rutinaria de la realidad que asomaba por la ventana, casi como un objeto más, indiferente. A un lado del ordenador, un televisor de alta resolución transmitía noticias como un loro parlanchín, al ritmo de la frenética exposición de imágenes que se sucedían una tras otra, en un collage de sangre, hambre y muerte.&lt;br /&gt;Sergio miraba de reojo, muy de vez en cuando. Pero aquella pantalla le traía lo que se perdía, por quedarse allí, delante de la pc. El teléfono celular ahora descansaba al lado del teclado, pero solía vibrar con urgencia bastante a menudo. Las voces familiares viajaban por redes invisibles de boca a oído y viceversa, no importara dónde ni cuando.&lt;br /&gt;Aquello era una central de operaciones moderna. No se gestaba ninguna guerra, sino lazos de amistad por todas partes. En un segundo, a cada instante, casi por arte de magia. Ni fronteras ni distancias. El chat, la cámara, los correos electrónicos y los mensajes, yendo y viniendo, como un proceso natural en la evolución del hombre, de la tecnología fruto de su creación.&lt;br /&gt;De pronto, Guadalupe dejó de responder. El le escribía, pero no había contestación. Le resultó extraño. Le preguntó a otro amigo si tenía problemas con el chat, pero tampoco contestó. Algo había pasado. Quiso abrir una página y la fatídica leyenda se hizo presente: no se podía encontrar la página. El temor de los temores, la pesadilla. Se había cortado el servicio de internet.&lt;br /&gt;Buscó el router, ese aparatito ignorado, escondido lejos de la vista, del que dependía su mundo. Lo apagó y encendió. Nada. La absoluta nada. Sintió un vuelco en la zona del abdomen, una señal de malestar.&lt;br /&gt;No podía estar ocurriendo. Desconectó todo. Muchas veces le habían dicho que apagando y prendiendo se solucionaban la mayoría de los problemas. Encendió, esperando el milagro.&lt;br /&gt;Escuchó el ruido del disco rígido mientras el nerviosismo palpitaba en sus sienes. Pero el sonido cesó. La pantalla permaneció en negro y el fantasma del olor a quemado envolvió la sala. Corrió a desenchufar los cables pero ya era tarde. La fuente de energía había dicho basta.&lt;br /&gt;Se tomó la cabeza con ambas manos, impotente. Aquello era un puñal en el corazón. Necesitaba ya mismo un delivery, alguien que conociera la ciudad y fuera en busca de un reemplazo. Se apresuró a tomar el celular, las manos le temblaban. Fue muy torpe. El pequeño aparato resbaló de su mano y cayó con fuerza al suelo. Provocó un sonido desgarrador. Una parte salió disparada debajo de la mesa y otra quedó girando sobre si misma, delante de sus ojos.&lt;br /&gt;Aguardó a que ese incesante movimiento terminara, y fue como una última exhalación. Se agachó con angustia para comprobar que su celular ya no servía. Estaba hecho añicos. Pensó en Guadalupe, en sus amigos, en la preocupación que tendrían ante la inesperada desaparición. Se apoyó en la mesa, apesadumbrado. No vio el televisor y su codo lo golpeó. Cayó pesadamente, con un estruendo como corolario.&lt;br /&gt;El pánico lo asaltó. Estaba solo en la habitación, rodeado de los restos de su tecnología. Era una zona de desastre. Contenía las lágrimas, por la incomprensión misma. No tenía a nadie a quién acudir, no tenía forma alguna de contacto. Por primera vez, se sentía en soledad.&lt;br /&gt;Atisbó a mirar la puerta. Pero no se animaba a salir. ¿Quiénes vivirían en ese mismo piso? ¿Quiénes serían sus vecinos? ¿Abrirían la puerta para dejarlo hacer una llamada? Las dudas lo asaltaban, pero también el terror. Salir fuera de aquel lugar era una idea en la que no pensaba desde hacía tiempo. Pero debía hacerlo, respirar hondo y tener el coraje...&lt;br /&gt;Tomó la decisión en un cerrar y abrir de ojos, mientras la luna engalanaba a sus espaldas el marco oscuro de la noche. Corrió a la puerta y se topó con ella. Rebotó como un saco de huesos y quedó tendido en el suelo. El picaporte no se había abierto cuando tiró de el. Lo recordó. Se activaba con una clave. La había colocado por seguridad, para que nadie lo perturbara.&lt;br /&gt;Pero no la sabía. No la tenía en su mente. Para qué, había pensado en su momento. La guardaba en su correo electrónico y una copia en su celular. Se puso de pie, dolorido.&lt;br /&gt;Golpeó con sus manos la puerta, esperando que alguien lo oyera. Golpeó y golpeó. Pero nadie lo escuchó. Estaban todos en sus departamentos, junto a cientos de amigos, viviendo sus vidas, sin importar el mundo, las distancias, las barreras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1672666821760569579?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1672666821760569579/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1672666821760569579&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1672666821760569579'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1672666821760569579'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/otros-tiempos.html' title='Otros tiempos'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4209855538212679038</id><published>2011-11-14T01:00:00.001-03:00</published><updated>2011-11-14T01:00:00.205-03:00</updated><title type='text'>Hasta el domingo que viene</title><content type='html'>Son traicioneros los recuerdos, sobre todo aquellos que vienen desde hace mucho tiempo, de cuando uno es niño, vislumbrando las imágenes veladas por cierto matiz sepia, como provenientes de otra vida casi inalcanzable.&lt;br /&gt;Con los años, uno intenta darle un marco, un contexto, ubicar esas imágenes sueltas en un ámbito más grande, que entonces era ignorado y que luego se instala naturalmente, como todas las cosas que llegan en su debido momento.&lt;br /&gt;De pequeño, cada domingo íbamos con papá a la cancha del pueblo. Era el día sagrado, que comenzaba bien temprano, con mis quejas para evitar la misa, la obligación inevitable a la que asistía llevado a los empujones por mamá y el regreso por las veredas repletas de árboles y sombra, ahora contento, porque por delante solo quedaban horas para disfrutar.&lt;br /&gt;El pollo a la parrilla, que se degustaba en un santiamén, el postre y esa sobremesa tan amena, a la que se sumaban dos tíos que vivían cerca y llegaban para el café con sus novias.&lt;br /&gt;Cuando mamá comenzaba a levantar los platos sucios, con papá nos poníamos en marcha. Ropa para ir a la cancha, la bandera del club y unas monedas para comprar golosinas a la pasada.&lt;br /&gt;En las calles los rostros habituales, seguidores del equipo, también emprendían el religioso andar hacia el otro lado de la ruta, donde estaba el predio con el campo de juego y las tribunas de madera.&lt;br /&gt;No importaba cómo íbamos en la tabla de la liga, estábamos ahí para apoyar. El club llevaba el nombre del pueblo y eso lo hacía una razón más que obvia para dedicarle la tarde y todo nuestro entusiasmo.&lt;br /&gt;La imagen, en realidad, comienza ahí, en la tribuna. Por alguna razón, me llamaba la atención la presencia de gente mayor en los partidos. Mientras el resto de los presentes saltaban, gritaban, alentaban, esas personas que para mi eran todos abuelos, disfrutaban de otra manera, casi en silencio, con la mirada siempre atenta al partido pensando vaya a saber en que cosas del pasado.&lt;br /&gt;Don Galván, que los días de la semana era común verlo en su taller de calzados, se sentaba en dirección a la línea media de la cancha. Era sin dudas el mejor lugar para ver un partido. Nosotros buscábamos también una ubicación cercana a esa posición. Por lo que era habitual cruzarnos en la tribuna.&lt;br /&gt;Llegaba temprano. Creo, sin temor a equivocarme, que miraba completo el partido de reserva. Se sentaba en el tablón de madera, radio portátil en la mano (que cuando el griterío arreciaba, acercaba al oído), sacando los ojos de la cancha solo en ocasión de saludar a conocidos que pasaban a su lado.&lt;br /&gt;Cuando terminaba el partido y mientras nosotros nos quedábamos en las gradas, porque papá compartía inquietudes (cuando no, críticas) con otros vecinos, era común verlo descender con sumo cuidado tablón por tablón, temiendo en mi caso por su salud, porque su cuerpo se veía tan frágil que en mi joven imaginación, una brisa podía sacarlo volando fuera de la cancha.&lt;br /&gt;Al caer la noche, papá me hacía otra invitación Ya relajado de la tarde repleta de algarabía, bañado y limpio por orden de mamá y la ya sabida frase “mañana tenés escuela”, era momento de ir a la rotisería para encargar una pizza o empanadas, que eran la especialidad de doña Paula, la dueña del lugar.&lt;br /&gt;La rotisería funcionaba en un local frente a la cancha, pero de este lado de la ruta. Antes había sido un bar, durante muchos años. Y quizá por eso, es que aún conservaba la barra antigua y las mesas, donde la gente mayor continuaba yendo a tomar algo o jugar algunas partidas al truco.&lt;br /&gt;Mientras aguardábamos que se hiciera la pizza o nos calentaran las empanadas, papá se acercaba al televisor y se quedaba mirando lo que estuviese puesto, que con seguridad era un partido de fútbol.&lt;br /&gt;En cambio, yo me entretenía mirando una mesa sobre la pared opuesta, en la que veía al viejo Galván y otros hombres mayores, charlando con efusividad, riendo otras veces, mientras los vasos de vinos apoyados sobre la mesa iban y venían de la madera a la boca, en un viaje incesante, repleto de misterio para mis escasos años de vida.&lt;br /&gt;No se si alguna vez repararon en mi o si acaso sabían quién era. Lo cierto es que a lo largo de lo años intenté recrear esas imágenes sueltas que me llegaban como fragmentos de una vida anterior, hasta finalmente poder armar el rompecabezas y tener la posibilidad de compartir este recuerdo en forma completa.&lt;br /&gt;Claro que ello me llevó a otra cosa, aún más compleja. Imaginarme la otra parte de la historia y vaya uno a saber la razón (porque la sola idea de por si me parecía extraña), lo hice.&lt;br /&gt;Intenté con la mente hacer el recorrido de don Galván, desde que bajaba esos tablones hasta esa mesa en lo de doña Paula, donde a diferencia de la cancha, se lo veía tan exultante y agradable, como si en la cancha le hubiesen robado algo y en el bar, se lo hubiesen devuelto.&lt;br /&gt;Me lo hice caminando con paso lento hasta el borde de la ruta, aún con la radio encendida, seguramente escuchando un partido de AFA o los comentarios de la jornada, ya finalizada. Su andar lento lo obligaba a esperar hasta que no vinieran coches en ninguna de las manos. Una vez del otro lado, &amp;nbsp;subía a la vereda y caminaba bajo los árboles, donde el trino de las aves ofrecía una sinfonía que invitaba a sentirse bien.&lt;br /&gt;Llegaba a su casa, donde Tita su mujer, la modista del pueblo, lo esperaba con el mate recién hecho. Compartían aquellos amargos con la mansedad de los años, la tranquilidad de tenerse el uno al otro, el cariño que no se dice pero se siente. La tarde caía de pronto y sin apuro, ponían la mesa, preparaban la comida y se sentaban en silencio, a disfrutar del rejunte del mediodía.&lt;br /&gt;Entonces don Galván, al terminar de comer, se ponía de pie, se acercaba a Tita y le daba un beso a la mejilla, al tiempo que le anunciaba: “Me voy un rato al bar”. Tita asentía con naturalidad, mientras se aprestaba a recoger la mesa.&lt;br /&gt;Si hacia frío, se ponía una campera liviana. Si el clima era agradable, salía como estaba. Llegaba al bar, que ahora atendía la hija del cordobés que supo ser dueño del lugar, y buscaba su mesa habitual. Ya no era un bar, estaban dedicados más a las comidas que a otra cosa. Pero ni a él, ni a sus conocidos de siempre, aquello le resultaba un impedimento. Tenían su mesa, sus vasos de vino y mucho para hablar.&lt;br /&gt;Como no podía ser de otra manera, se empezaba hablando de fútbol, del partido del club, de lo que había pasado en el ámbito nacional, para luego meterse en anécdotas de otros tiempos, en recordar a jugadores que aún jugaban en sus retinas como si fuera hoy, lo que les traía nostalgias, pero también alegrías, como así discusiones, pero en todo momento amistosas.&lt;br /&gt;Y así transcurría la maravillosa noche de domingo, hasta que alguno se daba cuenta de la hora y comenzaba a despedirse. Tras eso, la mesa no duraba mucho tiempo más. El adiós, la promesa de repetir la charla en una semana y “chau, hasta el domingo que viene”. Luego a cada uno le llegaría el lunes, la rutina, el trajín, la casa, ir al médico, pagar los impuestos, hacer los mandados. La vida. Esa que solo se detenía durante un par de horas en aquella mesa del bar frente a la cancha, los domingos por la noche.&lt;br /&gt;Cuando me fui a estudiar a la ciudad, dejé de pesar en el viejo Galván. Supe años después que le había tocado la hora. Supuse que todos aquellos que dejábamos de ver, corrían la misma suerte, con la diferencia que a unos, más que a otros, extrañaríamos en algún momento.&lt;br /&gt;Me recibí de médico en ocho años. Un logro, verdaderamente. Tuve la chance de quedarme en la ciudad, pero no quise. No solo porque había terminado con un noviazgo de tres años, sino porque añoraba mi pueblo, sus calles, sus aromas, los domingos en la cancha, mis amigos, mis viejos. Así que volví y vaya el destino, me enamoré de una chica, Noemí, que resultó ser nieta de Galván.&lt;br /&gt;De todas maneras, hasta ahora nunca le dije de mi sana obsesión con su abuelo, quizá por temor a que no comprenda todos los misterios que significaron en su momento para mi aquellas postales, la de verlo con radio pegada al oído, luego verlo cada domingo charlando con sus amigos en la mesa del bar, degustando un vaso de vino. Entonces, aquel era un mundo de gente grande, tan ajeno a uno, que cada matiz era como una pincelada de curiosidad en mi mente.&lt;br /&gt;A Tita la he conocido, pero dudo que su carácter sea el mismo. La noto triste, como buscando a su esposo en cada oración que pronuncia, en cada rincón de su hogar. Creo que en ocasiones, cuando uno se va, se lleva parte del otro, sin que este se de cuenta.&lt;br /&gt;Hoy Noemí me ha pedido que compre empanadas en lo de doña Paula. Está muy avejentada, pero sigue preparando manjares. Es domingo y me ha sorprendido, al entrar, encontrar el lugar vacío. Pero lo que más me abrumó, al poner un pie en el local, tras varios años de no hacerlo, es que todo está tal cual lo recuerdo. Solo el televisor es más moderno y por supuesto, las botellas detrás de la barra no son las mismas.&lt;br /&gt;Le pregunté a doña Paula cuánto iba a demorar y si podía aprovechar esos minutos en tomarme un vaso de vino en una de las mesas. No se cuál fue la razón, ni espero comprenderla algún día, pero me dirigí a la mesa donde solía ver a Galván y los otros hombres mayores. La mujer me trajo el vino y una servilleta.&lt;br /&gt;Me quedé mirando el vaso, como hipnotizado. Ni siquiera me gustaba demasiado el alcohol. Noté que le faltaba algo al cuadro. Estiré un brazo y de otra mesa tomé el cenicero. Ahora si. Estaba completo.&lt;br /&gt;Entonces, una silla a mi lado se hizo hacia atrás y apareció Galván para tomar asiento. Las otras sillas también chirriaron contra el piso al moverse. Habían llegado los demás. Nos saludamos, se saludaron y con un simple movimiento de cabeza, uno de ellos llamó a doña Paula. Llegó a la mesa rejuvenecida, con una bandeja con cuatro vasos con vino. Los sirvió con una sonrisa, mientras los hombres le decían piropos sanos e inofensivos.&lt;br /&gt;Galván dijo que el partido le había parecido aburridísimo. Yo, que había estado en la cancha, asentí con vehemencia. Los demás opinaron lo mismo y le echaron la culpa al técnico, que mandó al equipo a defender. No me pareció bien que toda la cruz recayera sobre el técnico y lo hice saber. Galván preguntó entonces quién era el responsable y salió hablando de un jugador que cincuenta años atrás había sido jugador y entrenador al mismo tiempo.&lt;br /&gt;El diálogo fue fluyendo por el tiempo, mechándose de diversas anécdotas, mientras nuestros vasos nos entregaban el reconfortante líquido, que nos embellecía el espíritu.&lt;br /&gt;A los otros dos que ingresaron, no los vi hasta que estuvieron en la barra. Primero no los reconocí. Solo cuando el chiquillo giró hacia la mesa, comprendí que aquel era mi padre y el pequeño, era yo. En ese momento un fragmento sepia se coló en mi retina, un recuerdo olvidado, la noche en la que junto a los viejos había un joven que me llevó a preguntar qué hacia allí, quién era, como osaba a romper la armonía de cada domingo. Miré al niño con detenimiento, pero solo un instante, no pude menos que bajar la cabeza.&lt;br /&gt;Me sentí aterrorizado. ¿Qué sucedía realmente? ¿Aquellos eran fantasmas que habían venido a mi mesa o el fantasma era yo, retrocediendo en el tiempo para compartir esa necesidad por la que pugnaba mi alma, de reconstruir un ayer misterioso y a la vez atractivo, que por años carcomiera mi cabeza...?&lt;br /&gt;Una mano suave me sacó del ensueño. La voz de Noemí llegó a mis oídos, tan repentinamente que me sobresaltó: “Norberto, ¿estás bien? Salí a buscarte, me tenías preocupada”.&lt;br /&gt;Mis ojos fueron a la mesa, donde solo un vaso a medio tomar y un cenicero, ocupaban su superficie. Las sillas estaban vacías y los demás vasos habían desaparecido. En la barra no había nadie, tan solo, del otro lado, doña Paula otra vez avejentada.&lt;br /&gt;Volví la mirada a Noemí, tan dulce y hermosa. No sabía que decirle, ni tan poco podía confesarle. No se que pensaría de mi. Me excusé, de manera simple: “Disculpame amor, se me fue el tiempo de la cabeza”.Fuimos hasta la barra, pagué las empanadas y tomados de la mano, salimos. Pero en un acto natural, casi sin pensarlo, antes de cerrar la puerta, la miré a doña Paula y a la distancia le grité: “Chau, hasta el domingo que viene”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4209855538212679038?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4209855538212679038/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4209855538212679038&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4209855538212679038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4209855538212679038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/hasta-el-domingo-que-viene.html' title='Hasta el domingo que viene'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7486264720959203419</id><published>2011-11-11T01:10:00.070-03:00</published><updated>2011-11-11T01:50:52.791-03:00</updated><title type='text'>Las seis rayas</title><content type='html'>La vieja leyenda era profética, pero como tal, desestimada, olvidada en los anaqueles de la biblioteca, donde los libros reposaban para la eternidad, sumando una capa de polvo tras otro.&lt;br /&gt;El pueblo, otrora gran punto de referencia entre los bosques de la zona, estaba abandonado a su suerte, como cruel broma del destino, que osó llevar los nuevos y veloces caminos más hacia al este, sumiendo a los pobladores en un aislamiento geográfico que pronto degeneró en algo peor: quedarse en el tiempo, ajeno a los progresos.&lt;br /&gt;En aquel estancamiento, perecieron también las posibilidades de dejar atrás los fantasmas que todo lugar posee, como herencia del tiempo, las maldades de la gente y el demonio mismo. En cada cimiento y en cada persona, habitaba un recuerdo, una historia, un legado del pasado devenido en una bruma que envolvía el alma y la materia.&lt;br /&gt;En cualquier latitud, un paraje de esa índole sería considerado un pueblo maldito. Sin embargo, allí, dónde ningún camino llegaba, el sitio era tierra del olvido, que no podía espantar a nadie, pues todos los que en sus tierras nacían y perecían, formaban parte del mismo círculo.&lt;br /&gt;Y debido a que las fechas habían perdido importancia, el tiempo se detuvo. Proseguía, claro que si, en la sucesión diaria de amaneceres y atardeceres, y los contrapuntos del día y la noche, pero nadie llevaba la cuenta, a nadie le importaba. &lt;br /&gt;Incluso el lenguaje era algo trivial, empleado con justeza y cuando la necesidad era mayor y la circunstancia así lo requería. Los gestos lo eran todo. Se aprendía a leer, por una cuestión de inercia. Aún, los viejos volúmenes de cientos de páginas almacenados en las viviendas o la biblioteca misma, motivaban la curiosidad de ser leídos.&lt;br /&gt;Las sociedades modernas huirían despavoridas con tan solo ver las costumbres de aquel lugar, o sus vestimentas. Ellos cultivaban su tierra y producían sus alimentos. No necesitaban a nadie más, aunque estaban tan alejados de todos, que era probable que también hubiesen olvidado la existencia de otros seres humanos.&lt;br /&gt;Incluso los animales eran proclives a evitar aquel sitio. Y fuera de allí, las referencias sobre ese pueblo perdido eran muy vagas. Mientras algunos ponían énfasis en la existencia del mismo como una mera leyenda, otros decían aseverar donde estaba emplazado pero enumeraban los peligros que podían existir para llegar o para sobrevivir al mismo.&lt;br /&gt;Y por esa razón, ante la inexistente comunicación entre aquel lugar enigmático relegado por la historia y los avatares del destino, y el resto de la humanidad, atenta a sus propios avances y fracasos, es que nadie pudo evitar lo que estaba dicho de antemano, escrito de puño y letra de un profeta, casi quinientos siglos atrás.&lt;br /&gt;Mientras aquellas hojas marchitas y amarillentas se cubrían de telarañas y en su interior escondían recelosa la historia ya escrita, con tinta de sangre, en una de las últimas casillas del pueblo nacía un niño, robusto, de buen peso, del que sus padres esperaban lo mismo que para sus hermanos: buenas piernas, buenos brazos y trabajo continuo en el labrado de la tierra.&lt;br /&gt;Y en tanto ese alumbramiento no alegraba a nadie, en la ciudad próxima más importante, una pareja primeriza celebraba entre abrazos el momento cumbre de aquella relación, que había acontecido segundos antes y cuyo fruto se mecía ahora en los brazos de su madre. Un niño hermoso, de rasgos fuertes, como sus abuelos, y el mentón de papá, según mamá.&lt;br /&gt;Un oceáno de por medio, al mismo tiempo, el ciclo alcanzaba su cénit. El niño recién nacido había sido abandonado envuelto en apenas una frazada, que lastimosamente lo cubría de la nieve que el cielo arrojaba con parsimonia sobre las calles. &lt;br /&gt;Algo los unía, además de aquella profecía robada a la memoria y desterrada en un pueblo maldito. Dos rayas en la piel, dos marcas que surcaban verticalmente las espaldas de las criaturas. Dos por cada niño, seis rayas en total. &lt;br /&gt;Estaba escrito que ocurriría y en la fecha prevista, la misma que los niños mostraban ante los ojos atónitos que carecían de las piezas para develar el misterio. Y que no supieran, les aseguro, era mucho mejor.&lt;br /&gt;Todo esto está ocurriendo. Hoy es la fecha, hoy es 11/11/11. El día de las seis rayas. Aquel que fuera profetizado y condenado al olvido, que quizá sobreviva en las maderas de alguna vivienda o memorias de algún habitante de aquel pueblo en medio de la nada, pero que el resto del planeta ignora.&lt;br /&gt;¿Qué dice la leyenda? No lo querrán saber. Les diría que aprovechen sus vidas, tan solo eso. No queda mucho tiempo por delante, pronto el olvido nos envolverá a todos, sin hacer preferencias. Cuando las seis rayas estén juntas, no quedarán ganas ni siquiera de tener esperanza, porque incluso la esperanza, estará maldita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7486264720959203419?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7486264720959203419/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7486264720959203419&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7486264720959203419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7486264720959203419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/las-seis-rayas.html' title='Las seis rayas'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8970471588162805201</id><published>2011-11-08T01:10:00.022-03:00</published><updated>2011-11-08T01:10:00.938-03:00</updated><title type='text'>Estruendo en la nada</title><content type='html'>Se escucharon los ecos del estruendo alejándose en la noche. Un perro viejo ladró a la distancia, pero fue la única respuesta que llegó a sus oídos. El humo se elevó cansino desde la punta del revólver hacia el cielo estrellado, casi como una necesidad de expresar que lo consumado no tenía marcha atrás.&lt;br /&gt;El campo lo rodeaba a sus anchas y se supo solo. Sin testigos. La muerte había hecho su parte, tal como lo esperaba. Las cuentas saldadas, el pasado pisado. Guardó el arma, cerrando los ojos para beber aquel silencio.&lt;br /&gt;Sintió así la corriente fresca de aire, el murmullo de los grillos, el croar de alguna rana en la espesura. Su piel se erizó, pero se sentía bien. Rejuvenecido. Aquel disparo había obrado el milagro, el que había perseguido por años, tras mucho sufrir.&lt;br /&gt;Aún podía escuchar el sonido retumbando en la noche. Pero solo en su memoria. La oscuridad ahora estaba sumida en una intensa paz. El horizonte se veía distante, pero amigable. La luna se erguía sobre su figura, pero sin verlo. Si en cambio, veía el cuerpo caído de espaldas sobre las matas de yuyo.&lt;br /&gt;Ese cuerpo que en algún momento, lo había cobijado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8970471588162805201?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8970471588162805201/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8970471588162805201&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8970471588162805201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8970471588162805201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/estruendo-en-la-nada.html' title='Estruendo en la nada'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5064801076352550493</id><published>2011-11-05T01:10:00.001-03:00</published><updated>2011-11-05T01:10:00.411-03:00</updated><title type='text'>El hombre que calificaba edificios</title><content type='html'>Viajar en tren no era una de sus debilidades, al contrario, lo detestaba. Pero aquello era su culpa y de nadie más. Tendría que haber reservado el pasaje de avión con anticipación y no acordarse el día previo. Era el tren o nada. &lt;br /&gt;El bamboleo en el asiento le daba naúseas. Y si eso le parecía poco, no podía evitar advertir que el hombre que estaba sentado a su lado lo miraba de reojo con bastante frecuencia. &lt;br /&gt;¿O me conoce o quiere iniciar un diálogo? pensaba escápandose con la mirada por la ventana, viendo desfilar el horizonte a gran velocidad, como una imagen repleta de manchas que viajaban en dirección contraria. Era lo segundo. No tardó en comprobarlo.&lt;br /&gt;- ¿Sabe a qué me dedico? - preguntó el desconocido, mostrando una amplia sonrisa y ningún indicio de estar sintiéndose una molestia para el casual compañero de viaje.&lt;br /&gt;Más por respeto que por otra cosa, meneó la cabeza, dándole el pie que el otro necesitaba para iniciar ese antojo de hablar que sin dudas lo perturbaba.&lt;br /&gt;- Califico edificios.&lt;br /&gt;- Ajá - contestó mirándolo sin muchas ganas, aún absorbido por el difuminado paisaje exterior.&lt;br /&gt;El hombre de la amplia sonrisa se quedó mirándolo, como esperando la pregunta que le permitiera develar el misterio tras esas dos primeras palabras. Pero no la iba a encontrar. Aunque difícilmente se diera cuenta de ello. Tan solo, como toda persona que ya ha decidido que seguirá hablando de lo que a otros no les importa, abrió la boca una vez más.&lt;br /&gt;- Si señor, califico edificios. Usted se preguntará, como todo el mundo ¿cómo es eso? Y como soy una persona que gusta de compartir conocimientos, pasaré a explicarle.&lt;br /&gt;Incrédulo, dejó de mirar por la ventana. ¿Tan grande podía ser el castigo por no haber reservado el pasaje de avión con antelación? No podía creerlo. &lt;br /&gt;- Mire - prosiguió el hombre, mostrando dos hileras de dientes grandes y blancos - hay varias formas de calificar edificios. Las más comunes son por zonas, según el valor de los terrenos y el estatus con el que se proyecta cada uno. Otros prefieren determinar la calificación por los servicios, tamaño y cantidad de las habitaciones, entre otros chiches. Mi método, sin embargo, es totalmente diferente. Y, podrá comprobar, novedoso.&lt;br /&gt;Su único escucha se limitó a observarlo, sin demasiadas pretensiones. Su rostro parecía resignado a tener que tragarse toda la perorata del desconocido. &lt;br /&gt;- Yo los califico - prosiguió sin dejar de mostrar la sonrisa ensanchada - por la cantidad de suicidios. &lt;br /&gt;¿Había dicho suicidios? Si, lo había dicho. ¿Calificaba los edificios por...? No podía ser cierto. Vaya fortuna la suya, tremendo loco se le había sentado al lado.&lt;br /&gt;- Seguramente piensa que es extraño, pero por el contrario, es el mejor parámetro para tasar un edificio. Claro, me preguntará si es bueno que haya suicidios o es malo. Le digo un secreto - le dijo acercándose y bajando el tono de la voz - Es bueno que se suicide gente en un edificio.&lt;br /&gt;El hombre hizo un silencio, como dándole el tiempo necesario a las palabras para surtir efecto en el otro. Y si, el efecto se producía, pero no tanto de sorpresa, sino de fastidio. Loco era poco, ese tipo estaba demente. Y tendría que aguantarlo sin poder descansar hasta llegar a destino. &lt;br /&gt;- ¿Dónde está el eje de esta teoría? En que un edificio sin suicidios carece de personalidad. En cambio, en uno donde se hayan producido uno o más, la idea que se hace del mismo es otra. Imagínese la situación, una pareja caminando por la calle y el hombre que le dice a su mujer: "Mirá Raquel, aquel tiene pisos en venta, pero sé que ahí no se suicidó nadie". Entonces Raquel le quita importancia al asunto y se esfuma cualquier posibilidad de venta. ¿Me capta? ¿Me sigue con la idea?&lt;br /&gt;¿Lo seguía? No, claro que no. ¿Pero iba a decirle que no a un demente? Movió la cabeza, afirmativamente, casi por instinto de supervivencia.&lt;br /&gt;- Ahora bien, usted pensará que un hecho trágico puede afectar el valor de un inmueble. ¡No! Se equivoca. Más personas querrán experimentar el vínculo existente entre el lugar de la tragedia y los sentimientos que hayan quedado allí pendientes de resolución. Es por eso que en ciertos edificios los suicidios se suceden uno tras otros. Porque es el mismo sentimiento que se repite. Claro, con distintas personas. Eso es obvio. Pero la tragedia atrae ¿me entiende?. Si yo le digo, tengo este departamento a cincuenta mil dólares, pero es virgen en materia de tragedias, ningún suicidio y a la par le pongo este, que sale cien mil más, pero tiene tres suicidios en su haber ¿con cuál se va a quedar? Obvio que con el de ciento cincuenta mil. ¡Imagínese! Sentirse envuelto por la muerte y hasta tener la posibilidad de mirarla a los ojos. No tiene precio. Vale cada centavo. ¿O me va a decir que no?&lt;br /&gt;Le tenía miedo. Si, mucho miedo. Ya no era la sonrisa cínica, su loca idea de los suicidios. Sino el terror surgía por cómo pronunciaba la palabra "muerte". Parecía articular cada músculo de su boca, como saboreando el sonido de esas seis letras. Aquello ya lo apartaba de la idea de un hombre demente y lo acercaba al de un psicópata. Ya se imaginaba la mano de su interlocutor viajando hacia el interior del saco y extrayendo un cuchillo de carnicero o más lejos aún, una pistola con silenciador, como en las películas.&lt;br /&gt;- Así que mi trabajo consiste en constatar los suicidios y si la tragedia es real, incrementar el valor de los inmuebles. No es tarea fácil, le digo. Fíjese que muchos propietarios intentan engañarme, matando a uno que otro y queriéndolo hacer pasar por suicidio, pero diga que uno es ducho en el tema y rápido se da cuenta. ¡No por nada gano lo que gano haciendo esto! - aseveró.&lt;br /&gt;Se rió con ganas, golpéandose las rodillas con las palmas de la mano. Luego emitió un suspiro largo y sereno.&lt;br /&gt;- No hay nada como este trabajo. Ahora voy para el interior, tengo que calificar dos edificios. Parece que en uno se suicidó un joven por amor y en el otro, dos ancianos, cansados de los achaques de salud, dejaron adrede abierta una llave de gas. Son dos casos distintos. Se va a cotizar más el edificio del joven, porque es una tragedia más impactante. Imagínese, un joven en la flor de la vida, le parten el corazón y paf, un sopapo de la vida. ¿Qué hace? ¿Enfrenta la vida o se mata?. Se mata y punto, para qué sufrir. Los dueños del lugar, chochos de la vida. No faltará quién especule que la piba con la que salía estaba arreglada con el dueño y esas cosas. Pero bueno, aquí entro en juego. Primero evalúo, hago mis pericias y constato que haya sido un suicidio real. Si lo es, ponemos precio. El de los viejitos, seguro el valor crecerá, pero no tanto. Son viejitos, usted sabe. Ya la han vivido, es una tragedia aceptable. En cambio el pendejo no, ese si que cotiza.&lt;br /&gt;Le guiñó el ojo, como haciéndolo cómplice de ese secreto del negocio. No podía sentirse más incómodo. Deseaba poder asentar otra vez su atención en la ventana, pero desviar la mirada en ese momento tan crucial podía significar perder la vida. Si, porque ese tipo otra cosa que psicópata no podía ser. &lt;br /&gt;- ¿Y usted? - preguntó el hombre - ¿No pensó nunca en incrementar el valor de su departamento? Porque supongo que vive en un departamento, digo, por la manera en la que mira el paisaje se ve que no está acostumbrado a eso. Mire que si tiene familia, les va a dejar una linda herencia. Lo mejor es aprovechar antes de los cuarenta. A usted le calculo unos treinta y algo. ¿No me equivoco, verdad? Bueno, no le estoy diciendo que vaya y se pegue un tiro ya mismo - rió con ganas y prosiguió - pero téngalo en cuenta. Antes de bajar le voy a dejar mi tarjeta. Y cualquier cosa me llama. Así ya voy preparando los papeles. Sabe, cuando lo vi acá dije "este tipo debe darse cuenta cuando hay una buena oportunidad dando vueltas". Por eso es que le cuento todo esto. Pero no lo importuno más. Hablar tanto me ha despertado el sueño, así que voy a intentar dormir un poco. Le sugiero que haga lo mismo, mire que el viaje es largo. Yo que usted hubiese viajado en avión, tiene pinta de habérselo podido costear. La próxima no sea tacaño y viaje en avión.&lt;br /&gt;El hombre se acomodó en su asiento y cerró los ojos. Al minuto roncaba plácidamente. Él, sin embargo, no pudo ni siquiera cerrar los párpados. La sensación de estar mirándose ante el espejo del baño de su departamento, con la hoja de afeitar acariciándole con frialdad las venas y arterias de su muñeca, se le hacía a cada segundo más real.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5064801076352550493?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5064801076352550493/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5064801076352550493&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5064801076352550493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5064801076352550493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/el-hombre-que-calificaba-edificios.html' title='El hombre que calificaba edificios'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7292119342634665184</id><published>2011-11-02T01:00:00.030-03:00</published><updated>2011-11-02T01:00:00.675-03:00</updated><title type='text'>En el puente</title><content type='html'>El puente es vértigo, es final. Es el equilibrio entre la vida y la muerte. El puente lo resume todo. Allí está parado Romeo, con la vista al horizonte, en un amanecer sombrío, esperando el momento de partir.&lt;br /&gt;La vida no es justa, piensa, mientras enumera sus penas. Son muchas, a pesar de la edad. A veces no es necesario vivir por años para comenzar a sufrir. El destino se empeña con ello. Una y otra vez.&lt;br /&gt;La brisa lo hace oscilar. Sus piernas aún están firmes en el borde mismo, pero el eje vertical se mantiene recto. Cierra los ojos, una vez más. En parte para volar en el tiempo y en parte para ocultar las lágrimas que quieren viajar barranca abajo, sobre sus mejillas.&lt;br /&gt;El viaje en los recuerdos no es muy lejos. Es hasta la tarde anterior. Cercana, palpable. Duele tanto como en ese instante. Su corazón siente parir el mismo dolor. La misma angustia.&lt;br /&gt;Está con su novia, pero ella le es esquiva. Se muestra rara, contestando con monosílabos. El se exaspera, le grita. Ella lo empuja, lo insulta. Le dice que ya no lo ama. Y lo deja en aquel oscuro pasillo del colegio. &lt;br /&gt;Sale a la calle, detrás de ella y la corre. La sujeta del brazo, quiere hablar, quiere preguntarle que le pasa. Pero lo rechaza, lo golpea con sus cuadernillos y le escupe la cara. Ahora si, la dejar ir. Se siente desorientado, incrédulo. &lt;br /&gt;Entonces, sin pensarlo dos veces, sigue sus pasos. Desde lejos, para que no se percate. A medida que la tarde se va, las sombras juegan con su persecusión silenciosa. Toma un camino que no le conoce, un rumbo que no es su hogar. Y entonces, se detiene frente a una puerta y toca el timbre. Espera con su figura delgada y su cabello lacio, del color del sol. Alguien sale a recibirla. Y ese alguien la abraza y la besa. &lt;br /&gt;El alma cae hasta el suelo, se desarma. Duele más que el escupitajo. Es un sabor amargo intenso. Y se cree morir.&lt;br /&gt;Abre los ojos. El amanecer está en su esplendor, aunque no es brillante. El día no lo será. El puente lo sostiene sin mucha convicción. Respira profundamente, deja entrar el aire a sus pulmones y luego lo exhala. Una y otra vez. Está cansado, casi no ha dormido. El puente ya deja de llamarle la atención. Con cuidado desciende y comienza a caminar por la calzada. Su figura se va alejando a medida que el destino lo recupera para sus propósitos. &lt;br /&gt;En el fondo del puente, varios metros más abajo de donde pasan los coches de un lado a otro, relámpagos ajenos a ese punto del planeta, los dos cuerpos yacen casi abrazados. Novia y amante, dormidos para siempre. Ya no respiran, ya no exhalan, ni lo harán jamás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7292119342634665184?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7292119342634665184/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7292119342634665184&amp;isPopup=true' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7292119342634665184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7292119342634665184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/11/en-el-puente.html' title='En el puente'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2292848569989147533</id><published>2011-10-30T01:05:00.000-03:00</published><updated>2011-10-30T01:05:00.646-03:00</updated><title type='text'>Lo que dice el espejo</title><content type='html'>Angustia. Era la sensación que se le atragantaba en la garganta al mirarse al espejo. Cada mañana el recorrido desde la cama al baño era un suplicio. Hoy no, hoy no, rezaba en silencio, mientras sus pasos cansinos lo acercaban a un nuevo funeral. Porque cada vez que se miraba al espejo, sabía que moría un poco.&lt;br /&gt;Se vestía, tomaba su maletín y salía a la calle, camino al trabajo. Tarde o temprano lo vería. Y entonces, como cada vez, debería hacerlo. Las lágrimas le empañaban los ojos y un nudo en el estómago le recordaban que aquello era real.&lt;br /&gt;Las personas iban y venían, desconocidos todos, hijos de una ciudad gigante que los convertía en casuales transeúntes de sus veredas, compartiendo el aire rancio, los sonidos lacerantes del tráfico, el roce de cuerpos cuyas mentes estaban en otra parte, siempre corriendo, temiendo llegar tarde a vaya saber que lugar.&lt;br /&gt;Tarde o temprano sucedería. Vería el rostro. El mismo que el espejo había reflejado en lugar del suyo. Aquel espejo maldito, que gobernaba sus días, dictándole quién debía morir, en que cuerpo hincaría una furia que no le pertenecía.&lt;br /&gt;Y cuando aquello ocurriera, no tendría escapatoria. No obedecer se pagaba caro. Vaya que si.&amp;nbsp;Otro espejo le mostraría, a otro prisionero, algún rostro amado y entonces...&lt;br /&gt;Allí estaba. El rostro de la mañana, haciendo cola para entrar a un banco. Era tan joven, que pena lo asaltaba. De todos modos, fue sacando el cuchillo con cuidado, mientras cruzaba la calle.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2292848569989147533?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2292848569989147533/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2292848569989147533&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2292848569989147533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2292848569989147533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/lo-que-dice-el-espejo.html' title='Lo que dice el espejo'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3998191609046803411</id><published>2011-10-27T01:10:00.060-03:00</published><updated>2011-10-27T01:10:00.282-03:00</updated><title type='text'>Tres soledades</title><content type='html'>El sonido del tránsito siempre es caótico a media mañana.&amp;nbsp;A las ventanas del octavo piso llega envuelto con el viento, en un monótono sinfín de bocinas y chirridos de gomas.&lt;br /&gt;Alisa ronronea sobre el mullido sofá, jugando con un pantalón de algodón que su dueña ha dejado abandonado la noche anterior. Ella, su dueña, está concentrada sobre su mesa de dibujo, observando las líneas de aquel plano que la tiene perturbada desde hace varios días.&lt;br /&gt;De vez en cuando desaparece de la habitación, para volver a los pocos minutos con una taza en la mano. Otras veces se cambia de ropa y sale hacia el pasillo. Cuando eso sucede, su regreso puede demorar horas. &lt;br /&gt;En soledad, Alisa recorre el departamento buscando con qué distraerse. Es cuidadosa y resulta muy difícil que hiciese algún daño, no obstante, si ocurre algún accidente, como la vez que derramó la azucarera sobre la mesada de la cocina, la dueña no lo notaría y hasta quizá, se preguntase en que momento se le había volcado aquello.&lt;br /&gt;Es que la dueña vive muy acelerada. Dibujando sus planos, corrigiéndolos, hablando por teléfono con otra gente, rezongando, comiendo a las apuradas y sin sentarse a la mesa y muchas veces, incluso olvidándose de alimentar a Alisa. Va y viene varias veces en el día. Por momentos todo parece detenerse, que son los momentos en los que se concentra sobre los papeles, pero luego el movimiento sigue su rutina.&lt;br /&gt;Sólo&amp;nbsp;la penumbra del anochecer trae calma, cuando el cansancio la vence y la obliga a arrojarse sobre la cama. Pero su sueño es inquieto y no son pocas las noches en las que se despierta y ya no puede volver a cerrar los ojos. Entonces, regresa a su mesa de trabajo y perpetua la esclavitud con su deber, mientras Alisa acaricia sus piernas o se enrosca en alguna prenda arrojada al azar sobre el piso de parquet.&lt;br /&gt;Y que sucede conmigo en aquel octavo piso, se preguntarán extrañados. Nada, solo contemplo, escucho y dejo pasar el tiempo, que es mi riqueza. De vez en cuando Alisa se me queda mirando, pero ni siquiera me maulla. Aunque debo confesar que tampoco lo hace con los demás fantasmas que conviven en esta existencia, por lo que no me hago problemas y me permito seguir observando a esos seres tan vivos y solitarios.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3998191609046803411?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3998191609046803411/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3998191609046803411&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3998191609046803411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3998191609046803411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/tres-soledades.html' title='Tres soledades'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1876508588764852116</id><published>2011-10-24T01:10:00.058-03:00</published><updated>2011-10-24T01:10:00.072-03:00</updated><title type='text'>La orden del general</title><content type='html'>La orden del general no podía ser evadida. Sus terminantes palabras habían sentenciado al hombre y su deber era cumplir con esa demanda. Pero allí en medio del desierto, bajo el sol lacerante y pérfido, su mano temblaba asiendo la pistola.&lt;br /&gt;El gimoteo indescifrable que nacía en el alma, se deslizaba a duras penas por su garganta y escupía con dolor por la boca, llegaba a sus oídos disfrazado de llanto y lamentos. Aquellas palabras en otro idioma, de todas maneras, lograban vencer cualquier barrera, porque el pedido de piedad tiene el mismo sonido bajo cualquier cielo.&lt;br /&gt;Se aferró al arma y la sostuvo con firmeza. Debía dejar de oscilar, centrarse en la cabeza de esa persona y luego detonar. Era así como funcionaba el sistema, era de esa forma que se sobrellevaba una guerra. Unos debían vivir y otros morir. Una simple ecuación, la naturaleza forzada, el juicio entre humanos, una sola presión del dedo.&lt;br /&gt;El hombre no dejaba de suplicar en aquella lengua extraña. Los ojos imploraban tanto como su gorjeo. La piel cubierta por llagas ofrecía un crudo retrato del hambre, y los huesos, sobresaliendo con vergüenza, denunciaban la demencia de la humanidad. &lt;br /&gt;La pistola brilló en la soledad de aquel paraje. El destello fue suficiente. Aquello era un mensaje, una señal. En medio del desierto, ese fue el único mensaje que necesitaba. El soldado así lo entendió y no dudó. &lt;br /&gt;Disparó a quemarropa. Con seguridad lo estaban vigilando con binoculares, ocasionando el centelleo del metal. O al menos, el miedo lo obligó a pensar así. De todas maneras se agachó sobre el cadáver y con una navaja le cortó las orejas. Si no lo estaban vigilando, llevaría las pruebas de haber cumplido con su deber.&lt;br /&gt;La ecuación era simple: el enemigo o él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1876508588764852116?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1876508588764852116/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1876508588764852116&amp;isPopup=true' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1876508588764852116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1876508588764852116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/la-orden-del-general.html' title='La orden del general'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5854701378173318435</id><published>2011-10-21T01:10:00.021-03:00</published><updated>2011-10-21T01:10:00.801-03:00</updated><title type='text'>Orilla particular</title><content type='html'>Capitán de mares, ataviado del color del cielo, pantalones amplios y ojos bien atentos. Su paso ancho y medido, la voz agria y firme, la orden justa y precisa. El semblante pétreo, las manos a la espalda, el cabello al viento, bajo el ala de su sombrero.&lt;br /&gt;Capitán de mares, de pie sobre la fuente de la plaza, esperando el barco del olvido, aguardando en su orilla particular, imaginando despierto ante las risas silenciosas de los que no entienden, que caminan sin saber que la vida necesita un sentido y un horizonte por el cual soñar.&lt;br /&gt;Capitán de mares, que tripula su locura, que comanda su destino, desafiando el viento, la lluvia, la noche y el sol; que no responde a las bromas ni reacciona contra las piedras; que contempla estoico el futuro que en algún momento llegará, sin perder jamás las esperanzas; Capitán de mares, yo te saludo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5854701378173318435?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5854701378173318435/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5854701378173318435&amp;isPopup=true' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5854701378173318435'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5854701378173318435'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/orilla-particular.html' title='Orilla particular'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2020409490824940058</id><published>2011-10-18T01:10:00.051-03:00</published><updated>2011-10-18T01:10:00.373-03:00</updated><title type='text'>El hombre que arregla los aires</title><content type='html'>El precio era sensato, al menos el aparato ahora funcionaba. Le pagó sin chistar, no había razón para quejarse, el aire estaba funcionando otra vez. Lo despidió en la puerta y lo vio marcharse por el pasillo, en dirección al ascensor.&lt;br /&gt;Estaba a punto de cerrar cuando notó que el hombre se estaba olvidando una pinza.&lt;br /&gt;- ¡Jefe! - lo llamó - ¡Se olvida una herramienta!&lt;br /&gt;Justo había llegado el ascensor. Pero el hombre no dudó, pegó la vuelta. Recibió la pinza y la guardó en la caja amarilla que levantaba sin hacer demasiado esfuerzo, a pesar de estar repleta.&lt;br /&gt;- Gracias buen hombre, era una buena pieza y si la perdía iba a estar en problemas - dijo el técnico en aires acondicionados.&lt;br /&gt;- ¿Difícil de conseguir? ¿Qué es, importada? - preguntó curioso y sonriente el dueño del departamento.&lt;br /&gt;- No - contestó el hombre apoyando la caja en el piso y haciendo una pausa, mientras acomodaba sus manos en los bolsillos del pantalón - Es nacional. Pero tiene una larga historia.&lt;br /&gt;Permaneció así, de pie y con las manos dentro del pantalón azul, de rodillas desgastadas. Su interlocutor pensó que ya estaba, había devuelto la herramienta, obrado bien, ya había pagado, ahora lo único que necesitaba era cerrar la puerta y ponerse a mirar la tele disfrutando del aire para combatir los primeros calores de la temporada. Sin embargo, el técnico se había quedado allí de pie, como esperando que le dijera "¿qué historia tiene?", pero su curiosidad había terminado cuando preguntó si era importada e incluso, se arrepentía de ello.&lt;br /&gt;- Bueno, si me disculpa... - empezó a decir, entornando la puerta, pero la hoja de madera se encontró de repente con el pie del técnico. El freno busco de la misma sobresaltó al dueño del departamento.&lt;br /&gt;- Pregúnteme sobre la historia de la pinza - exhortó el técnico.&lt;br /&gt;Lo escuchó, pero no lo podía creer. Aunque más que incredulidad, tenía miedo. Aquello no era una actitud normal.&lt;br /&gt;- Es que la verdad, tengo que hacer, si me sigo retrasando...&lt;br /&gt;El hombre sacó las manos de los bolsillos y lo empujó hacia dentro de la habitación principal.&lt;br /&gt;- Usted se va a retrasar todo lo que yo quiera - amenazó. El rostro no era el mismo que antes, que en todo momento había notado sereno e inexpresivo. Ahora, en cambio, parecía moldeado por el mismísimo demonio.&lt;br /&gt;- Está bien... está bien, por favor, tranquilo amigo.&lt;br /&gt;- Nada de amigo. Usted tocó mi pinza, ahora tendrá que escuchar la historia.&lt;br /&gt;- Pe... pero, se la estaba olvidando.&lt;br /&gt;- No, yo no me olvido nada. Si la pinza se quedó, es porque le toca a usted.&lt;br /&gt;- No entiendo... ¿qué me toca qué?&lt;br /&gt;- Escuchar la historia. Escucharla y después morir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2020409490824940058?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2020409490824940058/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2020409490824940058&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2020409490824940058'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2020409490824940058'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/el-hombre-que-arregla-los-aires.html' title='El hombre que arregla los aires'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-910324974816190512</id><published>2011-10-15T01:10:00.002-03:00</published><updated>2011-10-16T14:58:36.155-03:00</updated><title type='text'>La tarde que nevó en el barrio</title><content type='html'>No es necesario tener una gran memoria para recordar el peor día en la vida de uno. Ese día, nefasto, quedará grabado en la mente hasta el fin de los tiempos, sin que uno se lo proponga y lo perseguirá a sol y sombra en los momentos que menos&amp;nbsp;quiera evocarlo.&lt;br /&gt;Es una constante humana, algo sabido desde que el mundo es mundo, es decir, desde que alguien lo ha pensado a razonar así. &lt;br /&gt;En mi caso, recuerdo cada detalle con cruel exactitud. Era una tarde de oscuros nubarrones en el horizonte, sin embargo, con nuestros doce años, aquello no nos asustaba. Jugábamos a la pelota en la calle, sin que ningún auto nos molestara, porque no era un barrio muy transitado y menos a esa hora.&lt;br /&gt;Eran partidos reñidos, con chicos de esa misma calle. Cinco o seis venían de otras partes, que si bien entonces nos parecían parajes remotos, lo más lejano habrá sido dos o tres cuadras de distancia.&lt;br /&gt;Parecía una tarde más, sencilla, de patadas y gritos, risas y pisadas Hasta que pasó ella en bicicleta. Ella era una flaquita de rostro angelical, que vivía en la esquina de casa. Tenía el pelo largo, de color oscuro. Sus ojos eran como dos perlas de miel. Tenía una bicicleta rosa, con canasto adelante y solía pasearse por la vereda de una esquina a la otra, durante horas y horas. Era dos años más chica que todos nosotros. Por eso, más que llamarles la atención, a los demás su presencia les fastidiaba.&lt;br /&gt;Un par le gritaron para que apurara su andar, que se podía ligar un pelotazo. Estaba seguro que si alguno de los que le gritaron, tenía la pelota en sus pies, hubiese pateado para darle. Lo sabía entonces y lo sé ahora; no se trataba de maldad, sino ese eterno enfrentamiento niña - niño de la infancia, que comienza a cambiar en la misma medida que a ellas les crecen los senos y a nosotros las ganas de verlos.&lt;br /&gt;Sin embargo, por alguna razón, el hecho de verla me mareaba. Las primeras veces que me sucedió, supe que no era casualidad, que era ella la que lo provocaba. Era su rostro, su forma de andar en esa bicicleta, su voz al saludarme. Un día le pregunté como se llamaba. Ella frenó con su bicicleta a tan solo dos metros de donde estaba y me dijo con una melodía suave como una brisa: Malena.&lt;br /&gt;Malena fue entonces una obsesión. Mirar por la ventana cada cinco minutos para ver si estaba andando en la bici, cosa de salir&amp;nbsp;a verla de más cerca. Ir cada tanto hasta la esquina, haciendo como que esperaba a alguien, para tener la oportunidad de&amp;nbsp;observarla asomada en su casa o jugando en la puerta. O, cuando estaba yendo y viniendo por la cuadra en su bicicleta rosa, salir y sentarme en el cordón de la vereda, y haciéndome el distraído, mirarla una y otra vez, sin descanso.&lt;br /&gt;El milagro que a veces me dirigiera una palabra se daba ocasionalmente si la encontraba en el almacén de la vuelta o bien, cuando yo me animaba a decirle, con una sonrisa de oreja a oreja “hola Malena”.&lt;br /&gt;Cómo comprenderán, cuando la vi en aquella tarde oscura, me quedé paralizado. Los que no le gritaban, siguieron jugando. Pero mi cuerpo, de doce años, dejó de pertenecer al partido y todos los sentidos estuvieron puestos en ella. Hasta que la pelota se estrelló de lleno contra mi rostro y me tiró al suelo de espaldas. Fue como despertar de un sueño con un ladrillazo. Sentí el rostro caliente y la nariz dolorida. “Está sangrando” escuché que alguien decía. Se me acercaron varios de los chicos y uno me calmó “quedate tranquilo Atilio que el Negro fue hasta tu casa a buscar un algodón”.&lt;br /&gt;Me quería levantar, para verla a ella, para saber si había seguido su camino o si estaba allí, observando mi vergüenza. Pero los chicos me mantenían en el suelo. “Quedate quieto, te vas a manchar todo”.&lt;br /&gt;La sangre era lo que menos me importaba. ¿Dónde estaría Malena? Ojalá no mirando la escena, rogaba interiormente. Y mientras pensaba en eso, llegó el Negro, corriendo con algodón y una botella de agua oxigenada. El bruto me tiró un chorro en la nariz y después presionó con el algodón. Pegué un alarido, no tuve tiempo ni de tratar de evitarlo.&lt;br /&gt;- ¡La puta que te parió Negro! - le grité desaforado, poniéndome de pie. El algodón se me cayó y tuve que agacharme a buscarlo. Al hacerlo, cayó un montón de sangre al piso. Al ver eso, sencillamente me desmayé. Caí redondo al suelo, como una bolsa de papa.&lt;br /&gt;Me llevaron a la vereda y me apoyaron contra la pared de mi casa, justo debajo de la ventana. Escuché las risas, a medida que iba recuperando el color. “Dale, sigamos mientras el Atilio se recupera”. De inmediato estaban pateando la pelota otra vez. Me quedé, sentado, con los ojos a medio abrir y sosteniendo el algodón.&lt;br /&gt;Delante de mí vi frenar una rueda de bicicleta. El guardabarros era rosa. Abrí bien los ojos y la vi a ella, sobre el asiento, asida del manubrio, los dedos sobre el freno. Sus ojos de miel me miraban.&lt;br /&gt;Esbocé una sonrisa, como para que no se asustara. Suponía que mi rostro debía estar muy colorado, entre el pelotazo y la sangre.&lt;br /&gt;- No fue nada - le dije, tomando coraje de donde no lo tenía, tratando de quitarle dramatismo a aquel infortunado episodio y aprovechando, claro está, para poder oír su voz, escuchar de esos labios tan finos y dulces sus buenos deseos para conmigo, o mejor aún, quizá la invitación (ya sea por pena o bronca por las risas de mis amigos) para ir a merendar luego a su casa.&lt;br /&gt;Sus ojos color miel me miraron intensamente. Fue una mirada larga y sostenida. Mi corazón se paralizó, quedó al borde del colapso. Nunca se había detenido tanto en mí. Y entonces, me dijo:&lt;br /&gt;- Que pendejo maricón.&lt;br /&gt;Y de inmediato, como si esas tres palabras las hubiese escupido desde un balcón, se alejó pedaleando, perdiéndose en la esquina.&lt;br /&gt;Quedé helado, herido, destrozado. Los nubarrones del cielo se hicieron más intensos, se colocaron justo encima de aquel lugar y dejaron caer gotas del tamaño de un cospel. Los chicos se dispersaron en todas direcciones, riendo sin parar. Yo quedé en silencio, escuchando el sonido de la lluvia en el cemento, sintiendo cada gota en mi cuerpo como un puñal amenazante. Mi madre se asomó por la ventana y me gritó con violencia que me metiera adentro.&lt;br /&gt;¿Qué sentido tenía, tras esas palabras? ¿Qué más daba mojarme que ponerme a cubierto? La lluvia se hizo más intensa. La frialdad de Malena me envolvió de tal manera, que las gotas dejaron de golpearme. Cerca de mi cuerpo se convertían en copos de nieve y recorrían los últimos centímetros muy lentamente.&lt;br /&gt;Estoy seguro que si mi madre no salía enfurecida y me tomaba por el cuello, metiéndome en la casa, la nieve me hubiese cubierto, formando allí mismo, debajo de la ventana, la tumba de mi niñez.&lt;br /&gt;Por supuesto, cuando le cuento esto a mi madre, ahora que han pasado los años y me he mudado a otro barrio, con mi propia familia, se ríe con ganas y niega cualquier indicio de nieve, tratándome de “soñador”.&lt;br /&gt;De vez en cuando me la cruzo a Malena, ya crecida y con hijos, tan hermosa como siempre. Y no hay vez que no lo evite, que no le diga sonriendo “hola Malena”. Pero ella mira hacia otro lado y me niega el saludo. No me hago mala sangre, solo una vez nevó en mi vida y me preparó para todo el viaje. Ya no sufro, tan solo la entiendo. Lejos estuve de ser su príncipe azul. En cambio, sin saberlo, ella fue la que me enseñó que el amor es sinónimo de dolor.&lt;br /&gt;Y desde entonces que le estoy agradecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;* Cuento escrito para la Revista Tintas (Seguí - Entre Ríos), publicada en el número de agosto del presente año.&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-910324974816190512?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/910324974816190512/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=910324974816190512&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/910324974816190512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/910324974816190512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/la-tarde-que-nevo-en-el-barrio.html' title='La tarde que nevó en el barrio'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5549846101411029144</id><published>2011-10-12T01:10:00.086-03:00</published><updated>2011-10-12T01:10:00.209-03:00</updated><title type='text'>Camisa blanca</title><content type='html'>En la pila de ropas para lavar, había una camisa blanca con manchas rojas. Vaya a saber uno que pensó en primera instancia María, lo cierto es que dudó entre meterla al lavarropas o apartarla a un costado. Se decidió cuando vio que a la mancha más pequeña le seguían otras, del lado posterior. &lt;br /&gt;La camisa era de su hijo varón, de diez años. Sabiendo que estaba en el patio, jugando con su hermana, lo llamó con un grito, como estaba acostumbrada a hacer. Alfredo llegó corriendo, con las manos y rodillas llenas de tierra.&lt;br /&gt;- ¿Con qué te hiciste esto? - le preguntó la madre.&lt;br /&gt;Alfredo miró la prenda y se encogió de hombros.&lt;br /&gt;- En la escuela, no me acuerdo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo no te vas a acordar? Mirá, sangre acá, acá, del otro lado también. Sangre por todas partes. ¿Te pegaron? ¿Le pegaste vos a alguien?&lt;br /&gt;Negó con la cabeza, mirando hacia el patio. Su hermana lo llamaba para seguir jugando. El movió el brazo, en señal que la había escuchado.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces, cómo te manchaste?&lt;br /&gt;El nene inclinó la cabeza, para mirarse los pies. &lt;br /&gt;- No sé mamá.&lt;br /&gt;La mujer estaba perdiendo la paciencia. Si algo odiaba, era que su hijo le escondiera información, como cuando había hecho mal las pruebas de matemáticas y jamás le había dado el cuaderno para que firmara las notas.&lt;br /&gt;- Alfredo, el lunes lo averiguamos entonces ¿te parece? Porque voy con vos a la escuela y le pregunto a la maestra...&lt;br /&gt;- ¡No mamá! No pasó nada, en serio. Confiá en mi.&lt;br /&gt;- ¿Qué confíe en vos? Querido, mirá la sangre que hay acá y no me decís quién te golpeó. O decime ¿le pegaste a alguien?&lt;br /&gt;Los ojitos comenzaron a ponerse vidriosos. Bajó otra vez la vista y a mover las piernas. Su hermanita llegó corriendo a su lado y a los gritos le pidió que volviera al patio con ella.&lt;br /&gt;- Amanda, estoy hablando con tu hermano. Dejanos solos un minuto.&lt;br /&gt;- Andá Amy, ya voy yo, andá... - le dijo a su hermanita, alejándola con suavidad.&lt;br /&gt;- Mamá ¿por qué llora Fedo?&lt;br /&gt;- No lloro Amy, se me metió una basurita en el ojo. Andá que ya voy...&lt;br /&gt;La nena se marchó lentamente, no muy convencida.&lt;br /&gt;- Respondeme Alfredo ¿por qué llorás? ¿Le hiciste mal a alguien?&lt;br /&gt;- ¡No! - gritó enérgicamente.&lt;br /&gt;- Bueno, calmate y decime que pasó.&lt;br /&gt;- No mamá, no me pidas eso.&lt;br /&gt;Lo miró con los ojos bien abiertos y tras dar un paso hacia él, se lo volvió a repetir.&lt;br /&gt;- Contame que pasó - y enfatizando el pedido, concluyó - Yá.&lt;br /&gt;Alfredito, a sus diez años, juntó todo el coraje que tenía y tras sorber los mocos que se le escapaban por la nariz, comenzó a dejar de ser niño, a decirle adiós a su infancia.&lt;br /&gt;Fue así que le contó a su madre de Carina, su compañerita de curso, de las cosas que le confesaba cuando se hamacaban juntos en los recreos, de cómo la trataba el padre, en cómo estaba engordando, de lo mal que se sentía últimamente. De esa mañana en el descampado al lado del cole. De ese momento tan horrible, de los gritos que aún resonaban en su cabeza, de ese bebé que apareció de golpe, de la sangre, del asco, las ganas de vomitar, pero Carina tan chiquita en el medio y entonces... había salido corriendo. Y ahora lloraba a mares, porque no sabía que había sido de Carina ni de esa criatura que salió de su cuerpo. Y pedía perdón, ahora arrodillado, aferrado a las piernas de su madre, llorando, casi pataleando y...&lt;br /&gt;María lo alzó en brazos, como a un bebé y lo llevó a la habitación. Le pidió que descansara, que no pasaba nada, que estaba bien, que luego hablarían, pero que no se preocupara.&lt;br /&gt;Volvió al lado de la pila de ropas. Amanda jugaba sola en el patio, ajena a todo. Agradeció que así fuera. &lt;br /&gt;Lloró sola, allí en el lavadero, durante un buen rato.&lt;br /&gt;Luego fue en busca del teléfono, sabiendo que era tarde para enmendar el enfermizo mundo que los rodeaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5549846101411029144?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5549846101411029144/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5549846101411029144&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5549846101411029144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5549846101411029144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/camisa-blanca.html' title='Camisa blanca'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8456382109076273038</id><published>2011-10-09T01:00:00.004-03:00</published><updated>2011-10-09T01:00:03.864-03:00</updated><title type='text'>La compra</title><content type='html'>Patricio Gómez colgó el teléfono. Su rostro había perdido el semblante seguro de todos los días. Sentados delante suyo, del otro lado del escritorio, estaban el vice director y el jefe de contenidos. Aguardaban en silencio, aunque gran parte lo habían intuido de la parte del diálogo que habían escuchado.&lt;br /&gt;Permaneció en silencio un par de minutos. Sus hombres de confianza no perturbaron los pensamientos del hombre, cuyos años se evidenciaban en cada rasgo del rostro y las manos tan arrugadas como manchadas.&lt;br /&gt;Finalmente, su voz, siempre firme, tembló por primera vez y dijo:&lt;br /&gt;- Señores, es oficial. Han comprado cada acción de la empresa.&lt;br /&gt;- Pero... ¿Cómo puede ser Patricio? No estaban en venta, además, eso sería...&lt;br /&gt;- Ciento cincuenta millones de dólares. Es lo que han pagado. ¿Quiénes? No se. No me lo saben decir. Lo único es que ahora les pertenecemos.&lt;br /&gt;- No podemos pertenecer a nadie, eso lo sabemos muy bien – terció el jefe de contenidos.&lt;br /&gt;- No es algo que podamos evitar, ya está hecho Alfonso. La empresa ya no la manejamos, si bien no removerán ningún puesto. Me lo acaba de confirmar este abogado que llamó.&lt;br /&gt;- Cuál es el sentido de la compra entonces.&lt;br /&gt;- El contenido estimado Borello. El contenido. El diario podrá seguir informando, la radio transmitiendo y el canal pasando lo que quiera como espectáculo, pero el contenido informativo vendrá de “arriba” - subrayó la última palabra, con un dejo de desagrado y desconfianza.&lt;br /&gt;Llevaba treinta años al mando del multimedios, quizá el último bastión de lo que podía denominarse “independiente”. Aunque sabía que esto no era tal, porque para subsistir se vivía de las pautas publicitarias y detrás de las mismas, había capitales que respondían a uno u otro color. La independencia en realidad estaba dictaminada por el grado de riesgo que asumían al informar hechos que perjudicaban, directa o indirectamente, a gente relacionada con esos montos en forma de publicidad.&lt;br /&gt;Desde unos meses antes, corría el rumor en la ciudad que había un grupo inversor adquiriendo medios de comunicación. Habían constatado que pequeñas radios, algunos diarios, un par de canales de televisión y hasta algunos portales en internet, habían sido comprados por una firma desconocida de la cual incluso, se ignoraba el nombre. Todo quedaba detrás de fachadas múltiples, que ocultaban el verdadero origen de esa vorágine de compra.&lt;br /&gt;Pero era inevitable no relacionar cada una de ellas, sobre todo por los resultados posteriores. Las noticias entre un medio y otro se asemejaban bastante, si bien con diferentes enfoques, mostraban una realidad en común. El paulatino cambio se fue trasladando a empresas informativas más grandes. De repente, grandes medios informaban lo mismo que los pequeños y desde un ángulo que se diría, era similar.&lt;br /&gt;Gómez sospechaba que la misma mano había estado detrás de todo. Jamás imaginó que irían por su imperio. Los números eran elevados, las posibilidades, mínimas. Y ahora, sentado en su escritorio, intentaba caer en la noticia que le habían dado telefónicamente. &lt;br /&gt;La sociedad había sido comprada, incluso a pesar de no estar en venta. &lt;br /&gt;- ¿Qué podemos hacer? - preguntó el vice.&lt;br /&gt;- No lo se – se sinceró Patricio – Si alguno de ustedes quiere renunciar, lo entenderé.&lt;br /&gt;Los hombres se miraron entre si. Ninguno había pensado en esa posibilidad. Se resistían a esa idea. Debía existir alguna manera de hacer frente a la situación. &lt;br /&gt;- Patricio, déjeme entender. Nos compran, nos dejan seguir como siempre, pero con la condición de bajarnos las noticias. Ahora bien ¿cómo lo harán? Porque no creo que ninguno de nuestros periodistas acepte... - se detuvo, al ver que el director movía sus manos de un lado a otro.&lt;br /&gt;- Nadie se opondrá, olvidate. El abogado me dice que aumentarán los sueldos un cien por cien, que les harán firmar a cada periodista un contrato que los une por el doble de lo que ganan, a cambio de aceptar el hecho que escribirán los que ellos pidan.&lt;br /&gt;- ¡Pero eso no puede ser! ¡No es ético! Ninguno puede firmar eso, ya mismo voy a hablar con ellos y aquel que no quiera...&lt;br /&gt;- Calma Alfonso, calma – pidió el director – No podemos echar a nadie, ya no tenemos la facultad para hacerlo. Eso también está en manos de ellos. Además, ¿te crees que alguno te irá a hacer caso, cuando vean esos contratos?&lt;br /&gt;- No se, Pascutti, Ribero, Landriuel, Esquinero... ellos son tipos honestos.&lt;br /&gt;- Tipos honestos con un sueldo magro, seamos sinceros. Trabajan quince horas al día y no ganan ni el diez por ciento que ganamos nosotros. Por supuesto que aceptarán – el vice se apoyó con resignación en el respaldo del asiento.&lt;br /&gt;- Me estás diciendo que aceptás que pasemos a ser títeres de esta gente invisible ¿me estás diciendo esto? - Alfonso estaba nervioso, a punto de perder el equilibrio.&lt;br /&gt;- Por favor Alfonso, no piensa eso, pero es la situación en la que nos han puesto. No tenemos armas para combatir una avanzada de esta manera. Los empleados abrirán grandes los ojos cuando vean tanto dinero junto, que no les importará que tengan que publicar.&lt;br /&gt;- Pero, Patricio, qué dirán cuando contrapongan la información que saquen con la de los demás diarios...&lt;br /&gt;- ¿Estás leyendo los demás diarios? Ya están todos comprados. Eramos los últimos que resistíamos. El resto había ido cayendo en los últimos meses. Ahora sucede con nuestros medios. Lo temía, era inevitable.&lt;br /&gt;- Me resisto a pensar así Patricio, no es posible. Tantos años erigiendo este sueño, manejándonos con independencia y ahora tener que vernos obligados a publicar cosas que con seguridad no serán realidad. Vaya uno a saber a que capitales responde esta gente, qué es lo que desean. ¿Y si esto empieza a pasar en otras grandes ciudades? Pero no solo acá, sino en el mundo. Qué pasa si esto comienza a pasar...&lt;br /&gt;- Está pasando Alfonso, es cuestión de remitirse a los diarios online. Las críticas siempre apuntan a un mismo lado, lo bueno es obra de un solo sector, no hay que leer entre líneas para darse cuenta cuáles son los aliados mundiales, contra quién están en contra. Sucede que estás muy pendiente de la gente Alfonso, del contenido local y se te escapan estos puntos de vista.&lt;br /&gt;- ¡Maldición Patricio! ¡Debemos resistir!&lt;br /&gt;El director no contestó, dejó que el eco de la voz elevada en el aire se marchitara como el humo lo hace tras unos pocos segundos. El vice mantuvo su silencio, hundido en la silla tapizada en cuero. El silencio volvió a apoderarse de la oficina. Por los ventanales se podía ver la ciudad, ajena a la conversación y hasta quizá, a esa realidad avasallante que estaba ocurriendo a su espalda. Alfonso no podía concebir que de ahora se transformaran en formadores de opinión que respondían a ideas cuyas mentes lejos estaban de conocerse.&lt;br /&gt;- Es un error – musitó.&lt;br /&gt;El director se encogió de hombros, con el rostro apesadumbrado. Su gesto lo decía todo. &lt;br /&gt;Si, aquello era un error. Pero no podía corregirse. El dinero había hecho ya su parte y no tenían el poder de ir marcha atrás. Quizá en ese mismo instante, los delegados de los compradores estaban poniéndose en campaña para convencer a cada periodista de firmar los nuevos contratos. Y lo harían, porque había más dinero en juego.&lt;br /&gt;La información es poder y el poder da dinero. Adueñándose de las vías de información, lograrían lo que quisieran. Era una premisa casi obvia, pero hasta entonces la independencia ganaba su batalla ante la falta de capitales tan grandes que quisieran iniciar la estratégica decisión de hacerse con todos los medios. Y ahora, de alguna parte, habían salido.&lt;br /&gt;Permanecieron un rato más, sin hablarse. Alfonso se puso de pie y anunció:&lt;br /&gt;- Presentaré mi renuncia antes de irme. Puede que el ejemplo, inspire a otros. Me gustaría convencerlos que hicieran lo mismo, pero ya no está en mi esa decisión. Patricio se puso de pie y estrechó la mano de su jefe de contenidos. Había sido hasta entonces, un gran empleado. Aquello era una pérdida muy grande, pero que visto desde la nueva realidad, no se notaría demasiado. Los contenidos más críticos ya no pasarían de todos modos por sus manos. &lt;br /&gt;En la habitación quedaron los dos hombres de mayor rango en la empresa. El director abrió el cajón de su escritorio y sacó una caja de madera, laminada en oro. Del interior tomó dos habanos y le alcanzó uno a su segundo.&lt;br /&gt;- Borello, Borello... si yo te digo que va a llover, salí con paraguas, haceme caso. Me debés diez mil. Te dije que iba a renunciar.&lt;br /&gt;- Si, tenías razón. Me lo vi venir ni bien diste la noticia. Pero bueno, que son diez mil con todo el dinero que nos va a entrar.&lt;br /&gt;Rieron mientras el humo los envolvía cansinamente.&lt;br /&gt;- Tantos años en esto y el mejor negocio se hace con un llamado telefónico. Mi querido Borello, llega un momento en la vida que debemos decidir si queremos estar tranquilos o ser honestos. ¿Está mal querer vivir tranquilos?&lt;br /&gt;- Honestamente, no.&lt;br /&gt;Y otra vez las risas invadieron el recinto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8456382109076273038?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8456382109076273038/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8456382109076273038&amp;isPopup=true' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8456382109076273038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8456382109076273038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/la-compra.html' title='La compra'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7547181715784399899</id><published>2011-10-06T01:10:00.049-03:00</published><updated>2011-10-06T01:10:00.601-03:00</updated><title type='text'>Te detesto</title><content type='html'>Estoy llorando desde anoche y no puedo parar. Ella me dijo que me detestaba y el teléfono cayó de mis manos, partiéndose estrepitosamente al chocar contra el piso de la habitación. Sentí como algunas partes de plástico golpeaban mis pies, al mismo tiempo que cientos de imágenes obnubilaban mi mente.&lt;br /&gt;¿Cómo podía detestarme, después de todo lo que habíamos pasado juntos? ¿O acaso olvidaba aquella adolescencia en la que a pesar de nuestra juventud, trazamos las metas de cara al futuro? ¿Acaso había hecho a un lado todos los sacrificios para vernos, cuando cada uno estudiaba en una ciudad distinta? ¿Y que había de la casa que habíamos levantado con el esfuerzo del trabajo? ¿Del jardín que juntos dimos vida? ¿Del niño que teníamos en mente?&lt;br /&gt;Me detestaba, esas habían sus últimas palabras. Luego el teléfono cayó al piso y mi mente se perdió en una nebulosa de interrogantes y un mar de ácido resentimiento. Con la primera lágrima surcando mi mejilla, me abalancé sobre ella, que estaba sentada sobre la cama y la sofoqué con las manos atenazadas a su cuello, hasta que el rostro le quedó azul.&lt;br /&gt;Sigo llorando, a pesar de lo que hice o quizá, más profusamente a partir de la noción del acto violento. Ahora, detrás de estos barrotes, a la espera de la decisión que impere y por ende, mi destino definitivo, me culpo de no haber optado por recoger los restos del celular y rescatar el chip, para averiguar quién era el otro, aquel que la llamaba, ese que le escribía y con quién, me había confesado antes del "te detesto", se iría de mi vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7547181715784399899?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7547181715784399899/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7547181715784399899&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7547181715784399899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7547181715784399899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/te-detesto.html' title='Te detesto'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5430205871427391398</id><published>2011-10-03T01:10:00.051-03:00</published><updated>2011-10-03T01:10:00.715-03:00</updated><title type='text'>De los que huyen</title><content type='html'>Su cuerpo se desmoronaba a pedazos y cada mañaba debía limpiar lo que dejaba a su paso. Temía el día en el que sus dimensiones alcanzaran las de una sombra. Pero para entonces, difícilmente contaría con la cordura suficiente que le permitiese darse cuenta de la realidad.&lt;br /&gt;Comenzó aquella penuria el día que decidió dejar a su mujer plantada en el altar. Estaban todos los invitados dentro de la catedral y había visto, por una pequeña ventana, que el coche que la traía a ella había aparcado frente a la fachada. &lt;br /&gt;De repente sintió un nudo en el estómago, una sensación de horror lo embargó por completo y tuvo la imperiosa necesidad de salir corriendo por una puerta trasera. Saltó un tapial y se escapó por el patio de la casa de al lado. &lt;br /&gt;Tomó un taxi en la esquina y pidió que lo acercaran a la terminal de ómnibus. Compró el boleto hacia el destino más distante y no miró ni por un segundo a través de la ventanilla.&lt;br /&gt;De eso habían pasado seis meses. Al día siguiente de la fuga, perdió el primer cabello. Luego fueron las uñas, una a una. A eso, siguió la piel. Hacía tres meses que no salía del pequeño apartamento que alquilaba con los pocos ahorros que había sacado del banco.&lt;br /&gt;Los médicos no supieron que decirle. Los estudios no revelaban nada. Le preguntaban si había estado de viaje, si había pasado por algún shock emocional... pero él contestaba a todo "no".&lt;br /&gt;Aquella mañana, a los tropezones, caminó hasta el teléfono. Se había decidido a llamar a la mujer con la que se iba a casar. Estaba seguro que se moría y sentía la culpa sobre la espalda. Ni siquiera se preocupó por los restos de su cuerpo que quedaban atrás.&lt;br /&gt;Le contestó su suegra. Fue fría y directa. Su hija había muerto de pena aquella misma noche. Y lo que le sucedía a él, no era otra cosa que una brujería.&lt;br /&gt;- Pagarás cada lágrima con un pedazo de cuerpo y cuando ni eso alcance, tu alma se desmembrará en el mismísimo infierno.&lt;br /&gt;Colgó, dejándose caer al suelo. Estaba temblando. ¿Ella había muerto? ¿Se podía alguien morir de pena? Quiso llorar pero no pudo, los lagrimales los había perdido hacía unos días. A duras penas gateó hasta su cama y se tendió a esperar la muerte.&lt;br /&gt;Cuando ésta llegó reconoció en su figura al desalmado que había causado seis meses atrás, que tuviese que ir por una joven hermosa, destrozada por el amor que no fue. Y la muerte, entonces, optó por ignorarlo.&lt;br /&gt;- No volveré por tí, jamás. Te despedazarás pero no morirás. Y así sufrirás por siempre.&lt;br /&gt;El hombre o lo que quedaba de el, perdió toda esperanza. Tenía la eternidad por delante para descifrar por qué había escapado. Sin embargo, las respuestas a veces lo único que hacían era darle la razón a los demás. Perdido por perdido, escogió seguir siendo el egoísta de siempre y volvió a huir, esta vez de su propia mente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5430205871427391398?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5430205871427391398/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5430205871427391398&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5430205871427391398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5430205871427391398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/10/de-los-que-huyen.html' title='De los que huyen'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4427962768892470420</id><published>2011-09-30T01:05:00.094-03:00</published><updated>2011-09-30T01:05:00.467-03:00</updated><title type='text'>Una taza de color café</title><content type='html'>Entró al bazar con la intención de preguntar el precio de la preciosa taza que estaba en vidriera. Era ideal para su cocina, combinaba con el color de las paredes y el color de los muebles.&lt;br /&gt;El hombre que atendía la miró por encima de sus anteojos. Ella con su vocecita, tan suave que a veces se hacía inaudible, le indicó lo que quería. Pero el comerciante le pidió que repitiera un poco más alto, porque no la escuchaba.&lt;br /&gt;- La taza color café - dijo ella, en un esfuerzo dantesco de su garganta. Y así y todo, apenas si fue un murmullo.&lt;br /&gt;Pero precavido, su interlocutor había puesto la mano detrás de la oreja, con la finalidad de atrapar el sonido y captarlo mejor. Por eso quizá es que sonrió y guiñándole el ojo le dio a entender que había comprendido.&lt;br /&gt;Se retiró, no hacia la vidriera, sino hasta la otra punta del mostrador, desapareciendo por una abertura a la que le faltaba la puerta. La joven aguardó en su lugar, quieta, mirando tímidamente hacia un lado y otro, mientras los segundos pasaban.&lt;br /&gt;Al rato volvió por la misma abertura, con una caja entre las manos. La apoyó sobre la madera lustrada y abrió la tapa. Todas hermosas tazas, pero ninguna color café. La joven hizo una mueca con la boca y movió el dedito índice de la mano derecha. Con el mismo dedo señaló hacia la vidriera y repitió:&lt;br /&gt;- La taza color café.&lt;br /&gt;El vendedor se encogió de hombros.&lt;br /&gt;- Señorita, todas estas son tazas de café. ¿Quiere alguna en especial de la vidriera?&lt;br /&gt;Al mismo tiempo quiso decir que si y que no, que quería una de la vidriera pero que no era una taza de café, sino de color café. La diferencia, en este caso, era abismal. Lo que le salió fue un si y un no, a la vez. Con gestos y palabras.&lt;br /&gt;El hombre se acomodó los anteojos y la miró inclinando la cabeza.&lt;br /&gt;- ¿Me está tomando el pelo?&lt;br /&gt;La desesperaba no poder hacerse entender. Y lo que era peor, no se ponía furiosa, sino todo lo contrario, se angustiaba, le venían ganas de llorar y la garganta se le cerraba aún más. Tomó una taza y le dijo al señor que tenía delante:&lt;br /&gt;- Quiero de otro color.&lt;br /&gt;- ¿Le gusta esa taza?&lt;br /&gt;- ¡No! - de todas maneras el grito pudo haber asustado a lo sumo a una hormiga. Lo que el comerciante entendió fue el brusco movimiento de cabeza yendo de un lado a otro.&lt;br /&gt;- No la entiendo joven. Espere... - empezó a buscar papel y una lapicera. Cuando encontró los elementos, los puso encima del mostrador - Escriba lo que quiere - le dijo a la muchacha, con una sonrisa que le cruzaba toda la cara.&lt;br /&gt;Aquello la entristecía más, pero al menos podía hacerse comprender. Con letra clara y delicada, escribió:&lt;br /&gt;- Quiero la taza color café que está en vidriera.&lt;br /&gt;El comerciante celebró batiendo las palmas. La felicidad era sincera. Le acarició el cabello a la joven, que por la edad bien podía ser su hija y fue hasta la vidriera. Al cabo de un rato volvió frunciendo el ceño.&lt;br /&gt;- ¿Me la señala por favor? Quizá de afuera se ve mejor, pero desde aquí...&lt;br /&gt;La chica la distinguió velozmente en una de las estanterías altas y entonces, poniéndose en punta de pies, la señaló de forma acusadora.&lt;br /&gt;- Aquella.&lt;br /&gt;El hombre se ajustó otra vez los anteojos y observó. Luego se los sacó y volvió a mirar. Se acercó a la estantería y con cuidado de no golpear nada (todo en un bazar es frágil) la tomó con una mano y se la mostró a la clienta de voz suave e inaudible.&lt;br /&gt;- ¿Ésta, corazón? - le preguntó dudando.&lt;br /&gt;- ¡Si! - dijo ella, afirmando con movimientos de su cabeza que iban arriba y abajo.&lt;br /&gt;- Pero... la taza es verde. ¿La querés igual?&lt;br /&gt;La muchacha lo miró sin decir nada, pero afirmó levemente. ¿Verde? Si tenía el mismo color del café que tomaba cada mañana. ¿El café no tiene color a café? ¿O existen café de colores diferentes?&lt;br /&gt;El vendedor se la envolvió prolijamente y se la entregó con cuidado y una sonrisa. Ella pagó y recibió su vuelto. Se marchó feliz, con su taza. El hombre ya no volvió a decirle nada con respecto al color. Era tan jovencita, tan linda, le costaba hablar y hacerse oír, que comprendió que quizá nadie se atrevía a corregirle también los colores, y mucho menos decirle que era daltónica. Tampoco sería el quién se lo dijese. Se la veía tan feliz con su taza color café...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4427962768892470420?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4427962768892470420/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4427962768892470420&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4427962768892470420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4427962768892470420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/una-taza-de-color-cafe.html' title='Una taza de color café'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7715197788921422314</id><published>2011-09-27T01:05:00.032-03:00</published><updated>2011-09-27T01:05:00.050-03:00</updated><title type='text'>Lento</title><content type='html'>Su función, le habían dicho, era la más importante. Por supuesto, se sentía orgulloso de eso. ¡Cuando le contara a mamá! Porque no era cuestión de haber conseguido un trabajo, porque eso lo podía hacer cualquiera. El suyo, era el más importante según le habían remarcado. Qué diría ahora la vieja, siempre arengando en su contra, diciendo que parecía retrasado, que no podía ser que todos sus hermanos tuvieran trabajo y el no consiguiera nada.&lt;br /&gt;Parado en la esquina, con la brisa primaveral acariciándole las mejillas, se sintió feliz. Miró a la gente ir y venir cruzando la calle. Intentó imaginar por las caras y formas de caminar de cada uno, el trabajo que tendría. Misión nada fácil. Pero igualmente vislumbró un profesor de álgebra, dos amas de casa, una modista, tres albañiles y en duda tuvo a una poeta, dos maestras jardineras, un empleado de comercio, dos obreros metalúrgicos y un violinista. Incluso, hasta podía ser guitarrista, se dijo sobre ese último.&lt;br /&gt;Había muchos que ni siquiera podía arriesgar, porque no transmitían ninguna sensación de ser algo. ¿Y él? ¿Se darían cuenta de qué trabajaría? Miró hacia las otras esquinas cercanas, con la esperanza de encontrar a alguien intentando descifrar el trabajo de los demás. Pero no encontró a nadie. Podía, sin embargo, detener a la gente y preguntarle si podían adivinar de qué trabajaba. Hasta le parecía graciosa la idea.&lt;br /&gt;Al primer en frenar fue a un jubilado. El hombre lo miró con desconfiaza, retrocedió un paso y se alejó sin contestar. ¡Vaya tipo! pensó. Intentó con un par más (una joven muy bonita y una señora con pinta de maestra de primaria, por el exagerado maquillaje) pero no tuvo suerte, reaccionaron como el anciano. Desistió de la idea, sin comprender como la gente no era capaz de contestar algo tan simple. No esperaba que acertaran, pero al menos que arriesgaran.&lt;br /&gt;Además, con el día espléndido, el cielo celeste, el sol cálido y la brisa que parecía un abrazo de la vida, cómo no compartir el buen humor, la alegría de sentirse útil, de haber conseguido al fin un trabajo y no uno cualquiera, sino el más importante.&lt;br /&gt;Miró el reloj. Casi cinco minutos. Los muchachos ya debían estar por volver. Giró su cabeza y en ese preciso momento salían de la entidad bancaria a la que habían ingresado. Estaban apurados por cierto. Parecían que venían corriendo.&lt;br /&gt;- ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Al auto Lento, al auto! - le gritó uno de los amigos, mientras todos ingresaban al coche.&lt;br /&gt;- ¡Dale, arrancá Jaime, metele para! - gritaba otro, al tiempo que él se sentaba en la parte de atrás.&lt;br /&gt;- Muchachos - dijo Lento, feliz con su trabajo - Ni un solo policía, ni uno solo. Hasta un músico detecté, pero ningún policía.&lt;br /&gt;- Grande Lento - dijo Jaime - Viste Bondiola que este pibe vale oro. Grande Lento, grande. El tuyo era el laburo más importante de todos.&lt;br /&gt;Y Lento sonrió a sus anchas, mientras el coche se escapaba a toda velocidad por el boulevard.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7715197788921422314?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7715197788921422314/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7715197788921422314&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7715197788921422314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7715197788921422314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/lento.html' title='Lento'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4322592890126210833</id><published>2011-09-24T01:05:00.110-03:00</published><updated>2011-09-24T01:05:00.352-03:00</updated><title type='text'>Leyenda</title><content type='html'>Los baguales corrían en torno de él. Su hombría era tal que los desafiaba con la mirada. Tarde o temprano el desafío daría paso al ataque. Las bestias se arremolinaban de un lado a otro, esperando el momento. Su única arma era estar atento, esperar el primer ataque y combatirlos uno a uno, como le había enseñado su padre, allá lejos en el tiempo, en la estepa de sus primeros años.&lt;br /&gt;Hasta la brisa árida lo hacía confundir con aquel pasado de hambre y duras raíces, donde las bestias eran un alimento que pocas veces llevaban a sus barrigas. Pero cuando aparecía una...&lt;br /&gt;Las miradas eran de furia, podía ver cómo se tensaban los músculos de los cuellos en los animales, mientras sus patas se aferraban con fuerza al suelo, aún aguardando, aún midiendo el momento. Pero también sus ojos escupían el fuego de la batalla, ardiendo en llamas, haciendo que el encono salvaje se mantuviera aún distante.&lt;br /&gt;Su corazón era un tambor de latido parejo. Era el clamor de la supervivencia, el sonido que su padre le había transmitido. La calma, la serenidad, la concentración. Pum Pum Pum. El fuego en la noche, en cualquier paraje de aquel desierto eterno. Su voz. Sus enseñanzas. Y él escuchando, prestando atención.&lt;br /&gt;Porque papá sabía que algún día la tierra sería suya y de nadie más. Y entonces, tendría que sobrevivir. El mundo no era para débiles. Solo la hombría le permitiría llegar a su destino. Papá era consciente de otra cosa. Tendría que llegar solo.&lt;br /&gt;Aún la vista lo traicionaba y solía empañarse al recordar el lecho seco donde lo dejó, bajo un manto de piedras, desprendiendo los primeros hedores de la muerte. Por eso, se quitó la imagen de la mente. Para sobrevivir debía tener todos los sentidos en las bestias. Para seguir, debía dejar el ayer. Su padre lo sabía bien.&lt;br /&gt;El niño hombre escuchó el primer galope en su dirección y apretó los dientes. Sus manos se abrieron como le habían enseñado y esperaron el momento de la estocada. Y cuando la suerte parecía echada, la diferencia entre la vida y la muerte radicaba en su velocidad para girar, dejar pasar de largo y casi al mismo instante, asir la cabeza del oponente y hacerla crugir con un solo golpe, para verlo luego caer cuán largo era, a uno o dos metros de él.&lt;br /&gt;Pero no había alegría ni grito de victoria. Porque la manada arremetía, primero uno, después otro. Y bajo el sol, su larga sombra se transformaba en una danza mortal, bailando sobre la cuerda entre vivir y morir, casi sin respiro.&lt;br /&gt;Sus pies descalzos patinaban sobre la sangre, pero se mantenían firmes. Jamás se dejaría caer, nunca en nombre de su padre. Y lucharía hasta el fin, en aquel lugar y donde fuera, cómo había aprendido. Porque así estaba escrito, porque así lo decía la leyenda. Su padre lo sabía y ahora de él dependía convertirla en realidad.&lt;br /&gt;Hacia el alba ya no quedaban bestias en la llanura. Comió la carne magra que pudo rescatar y siguió su camino, sin siquiera descansar.&lt;br /&gt;Un niño llegaría solo desde el desierto y traería la libertad sobre la tiranía del imperio. La mayoría ya había abandonado la espera, pero unos pocos seguían mirando por encima de sus hombros en dirección al horizonte, anhelando el día que llorarían de felicidad, ya sin el látigo que imprimía marcas de fuego en sus espaldas.&lt;br /&gt;Y porque algunos creían, el niño hombre no se iba a rendir. Se lo había prometido a su moribundo padre durante aquel amanecer en el que se fue. Por eso seguía avanzando, sin temor a morir, porque sabía que había otros esperando, que ya estaban muertos desde hacía tiempo y sin embargo, aún cobijaban el último gran tesoro de la humanidad, que solían pronunciar en silencio y en una sola palabra: esperanza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4322592890126210833?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4322592890126210833/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4322592890126210833&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4322592890126210833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4322592890126210833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/leyenda.html' title='Leyenda'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3680017037258801509</id><published>2011-09-21T01:00:00.061-03:00</published><updated>2011-09-21T01:00:03.279-03:00</updated><title type='text'>Primavera</title><content type='html'>Añora el fantasma el viejo hogar, de paredes blandas y aberturas ligeras, mientras avanza en solitario por el boulevard, ajeno a los demás espíritus. El paso lento casi estático, producto de un flotar cansino y desganado, va mitigando el sueño perdido en manos del tiempo.&lt;br /&gt;Otras ánimas realizan el mismo peregrinaje con tristeza fehaciente. Las calles desiertas, gobernadas por entes sin vida, desbordan nostalgias y letanías. Algún que otro aullido distante en la noche, y el brillo pálido de la luna arrojando su manto sobre las formas.&lt;br /&gt;Los retoños ya no son lo que eran. La esperanza ya no existe en aquella existencia. El mundo pide por una nueva primavera, pero el invierno crudo se ha vestido de eternidad.&lt;br /&gt;Así lo saben ellos, los sobrevivientes de la historia. Ya nadie ha quedado de pie en el planeta, todos se han ido merced al propio esfuerzo. No han sido sustos ni seres sobrenaturales los que atormentaron los últimos días. Sino la propia sangre hermana, emanando de heridas sin treguas, en batallas sin sentido.&lt;br /&gt;Quedan ellos, los seres sin alma, los castigados a errar por siempre, mudos testigos de un lugar que de a poco se derrumba bajo la erosión de los siglos. Apenas vestigios de aquella era en la que perecieron y de la que no olvidan la gloria.&lt;br /&gt;Hace tiempo que los últimos huesos se convirtieron en polvo. Ya nadie lleva la cuenta. El silencio es del viento y los gemidos de ellos, de los fantasmas del tiempo, que rezan en vano por un nuevo florecer, un milagro del más allá. Es que pronto olvidarán, incluso, el arte de asustar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3680017037258801509?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3680017037258801509/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3680017037258801509&amp;isPopup=true' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3680017037258801509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3680017037258801509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/primavera.html' title='Primavera'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-8142531425597487527</id><published>2011-09-18T01:05:00.066-03:00</published><updated>2011-09-18T01:05:00.868-03:00</updated><title type='text'>Sentencia para el otro Ruiz</title><content type='html'>Cómo envidiaba a su hermano escritor. Lo veía siempre en las noticias, triunfando, recibiendo premios, alabanzas. Por la calle lo paraban (a él) y le pedían que saludara al hermano, que le transmitiera cuánto lo admiraban, que habían leído sus libros, que lo amaban. Cómo lo envidiaba.&lt;br /&gt;No por el talento, porque el talento a veces no es nada por sí solo. Sino porque todo lo conseguía y a veces hasta sin pretenderlo. O al menos, eso le parecía. Tenía una casa lujosa, servidumbre, departamentos en otros países, coches de todos los colores, una biblioteca inmensa, y eso solo en lo material. Su esposa era hermosa, gentil, simpática. Sus hijos, uno más inteligente que el otro, aventureros, futuros genios.&lt;br /&gt;Ya no atendía sus llamados. ¿Para qué? Siempre ofreciendo su limosna, invitando a comer a su mansión, pretendiendo que lo acompañara a lugares remotos para asistir a presentaciones que no le interesaban en lo más mínimo. Claro, se acordaba con seguridad para tener al lado a alguien con quien contrastar. Ruiz, el escritor y su hermano, Ruiz el empleado bancario.&lt;br /&gt;Y ni siquiera eso, porque hacía un tiempo que lo habían despedido. No podía negarlo, era un fracaso. Al lado de su hermano era un enorme, gigantesco, fracaso. Una sola vez le había leído un libro. Todavía le causaba vergüenza pensar en la forma en la que lloró cuando llegó a la última página. Hasta a través de sus palabras lo hacía sentir mal. Maldita la vida, que los había alojado en la misma familia. Maldito el destino, que les había trazado caminos tan diferentes.&lt;br /&gt;Determinó entonces que era hora de hacerlo llorar a él, al escritor. Para eso había decidido quitarse la vida. Quería humillarlo, además de escapar de la mala fortuna, que para entonces lo hundía cada vez más, ya sea en el juego, como en la búsqueda de trabajo. Redactó una carta donde lo culpaba de todos sus fracasos, sabiendo que no era así, pero al menos, al tomar carácter público ese papel, los medios acabarían con la afortunada tranquilidad del "gran novelista y dramaturgo".&lt;br /&gt;El primer intento fue arrojándose a las vías del tren. Pero la enorme máquina iba por el carril contiguo. Volvió a su casa con hematomas por la caída. El segundo, fue en el mismo edificio. Se dejó caer al vacío, desde la terraza. Cayó dentro del camión de basura. Salvo el mal olor encima, salió ileso. Una tercera ocasión lo encontró atándose una pesada roca a la pierna, en la orilla del río. Cuando intentó levantar la roca, se le resbaló sobre el pie, fracturándole dos dedos. Tuvo que estar en reposo casi tres semanas.&lt;br /&gt;Hubo una cuarta, una quinta, una sexta y hasta una vigésima quinta vez. Todas fueron un fracaso. Ni siquiera para matarse servía. Debió vivir con ello hasta el fin de los días, cerca de los cien años. Alguien a la pasada en algún momento de su oscura supervivencia le comentó de la muerte de un afamado escritor, cuyo nombre le pareció conocido, pero no le dio más importancia de lo debido, porque las noticias no le interesaban, solo seguir revolviendo entre la basura junto a los demás indigentes para encontrar algo que sirviera para paliar el hambre, al menos esa noche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-8142531425597487527?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/8142531425597487527/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=8142531425597487527&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8142531425597487527'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/8142531425597487527'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/sentencia-para-el-otro-ruiz.html' title='Sentencia para el otro Ruiz'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1297135674165617192</id><published>2011-09-15T01:00:00.073-03:00</published><updated>2011-09-15T18:00:52.451-03:00</updated><title type='text'>Diagnóstico para Ruiz</title><content type='html'>El escritor miró incrédulo a su doctor. No daba crédito a lo que oía. Además, el hombre que tenía del otro lado del escritorio le hablaba con aire despreocupado, mientras garabateaba algo en un recetario y miraba hacia un costado, en lugar de mirarlo a él. &lt;br /&gt;El doctor se lo volvió a repetir. Palabra por palabra. Ese era su diagnóstico. Y ahora sí lo miró a la cara, con la intención de enfatizar su veredicto y no dejar margen para nuevas preguntas.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces? - preguntó el escritor.&lt;br /&gt;El médico se quitó las gafas se pasó la mano por la frente, cansado, exhausto. Un día largo, agotador y delante un escritor que prefería ignorar una respuesta tan obvia como inevitable.&lt;br /&gt;- Entonces debe hacer el esfuerzo.&lt;br /&gt;Salió del consultorio compungido. Quizá se trataba de una broma, de alguien en la editorial que en esos momentos se estaba descotillando de la risa en alguna parte. Pero era imposible, nadie le había sugerido ese especialista. Había ido tras consultar a otros profesionales. Estaba desorientado.&lt;br /&gt;Camino a su casa, se sentó en un banco de la plaza. Necesitaba pensar, utilizar la lógica. La noticia que acababa de recibir no era la que esperaba. ¿Pero... que otra cosa esperaba? Sobre todo tras recorrer media ciudad visitando profesionales de salud sin que ninguno pudiera dar en la tecla con sus malestares.&lt;br /&gt;¿Cuando habían comenzado? ¿Después de la postulación al Cervantes de Literatura o antes? Ya no recordaba. Quizá había sido entre la escritura de "El Fausto desaparece" y "Urdimbres en invierno". Las dos habían sido un éxito, pero estaba seguro que antes de emprender "Urdimbres..." ya sentía alguna que otra cosa.&lt;br /&gt;Con más de treinta libros escritos y diez obras teatrales, de las cuales cinco se mantenían en cartelera en los teatros más importantes del mundo, era uno de los escritores más relevantes en su lengua. Y quizá, aventuraban los críticos literarios, de todo el planeta. Los elogios llovían a caudales. En cada presentación sus manos se acalambraban de firmar ejemplares. Los medios no paraban de solicitar entrevistas. Sin embargo, a pesar de todo, se encontraba en aquel banco de la plaza, mirando el suelo, aún sin comprenderlo.&lt;br /&gt;A él, que la vida le había concedido el don de lo magistral, de las palabras gráciles, que habían arrancado lágrimas y sonrisas en la misma proporción que sus libros habían derribado barreras idiomáticas, hasta alcanzar confines insospechados en toda la circunferencia terrestre. A él, justo a él, aquel diagnóstico. Quiso llorar, pero no pudo. Le dio vergüenza. Después de todo, no era el fin del mundo.&lt;br /&gt;El médico le había dicho con claridad lo que debía hacer.&lt;br /&gt;- Debe ser mediocre Ruiz. El éxito lo está matando, lo carcome por dentro. La mediocridad es su única salida.&lt;br /&gt;El escritor se puso de pie, decidido a cambiar su vida. Ya no le importaría el éxito, los aplausos, los elogios. Sería mediocre, si señor. Y en esa mediocridad, sanaría.&lt;br /&gt;Y así lo hizo. Lo intentó con todas sus fuerzas. Sin embargo, sus posteriores libros fueron best sellers en todos los idiomas a los que se los tradujo. Recibió nuevos honores y elogios de la crítica mundial. Murió cinco años después, sin haber llegado a los cincuenta. &lt;br /&gt;Ruiz no había nacido para ser mediocre, por más que lo intentara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1297135674165617192?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1297135674165617192/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1297135674165617192&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1297135674165617192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1297135674165617192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/diagnostico-para-ruiz.html' title='Diagnóstico para Ruiz'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3115737074853237062</id><published>2011-09-12T01:05:00.014-03:00</published><updated>2011-09-12T10:35:04.616-03:00</updated><title type='text'>Estelita</title><content type='html'>Estelita soñaba despierta desde la ventana que daba a la ciudad, en el octavo piso del departamento que compartía con su papá.&lt;br /&gt;Su rostro se contraía en una enorme sonrisa al ver el tren por las vías que pasaban cinco manzanas más allá y estallaba en carcajadas cuando un avión surcaba el cielo, dejando su sombra sobre el andén. &lt;br /&gt;En sus sueños ella también viajaba, lejos muy lejos, incluso más que Peter Pan. Estelita y sus diez años le dijeron entonces un día a papá:&lt;br /&gt;- Papi, quiero irme, quiero volar.&lt;br /&gt;La miró con ternura y sin ser egoísta se lo permitió, como buen papá. La despidió con una lágrima, pero repleto de felicidad. Su hijita amaba la libertad.&lt;br /&gt;Pero una semana más tarde llegó la policía preguntando por la niña. A la escuela no iba, a la calle no salía. Y alguien lo llevó a la comisaría.&lt;br /&gt;- Se fue - dijo con una sonrisa - Se fue volando, con tremenda alegría.&lt;br /&gt;No le creyeron y lo detuvieron. Lo llevaron a una celda y lo tildaron de asesino. Lo enjuiciaron y la prisión se volvió su destino. Llora por las noches, por los maltratos y la oscuridad. Pero piensa en Estelita y vuelve a sentir felicidad &lt;br /&gt;Y cada tarde, mientras el resto contempla los mismos barrotes que el día anterior, él estira la mano por el pequeño ventiluz y saluda a su hija, su ángel de luz, que sin dejar de sonreír, lo saluda desplegando sus alas, volando hacia su porvenir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3115737074853237062?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3115737074853237062/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3115737074853237062&amp;isPopup=true' title='19 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3115737074853237062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3115737074853237062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/estelita.html' title='Estelita'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5196323169431692088</id><published>2011-09-09T01:05:00.067-03:00</published><updated>2011-09-09T01:05:01.393-03:00</updated><title type='text'>La última revelación</title><content type='html'>Asustado, cerró el libro con fuerza. Quedó en silencio, con apenas la luz del velador encendida. El susurro del viento del otro lado de la ventana lo hizo temblar. A su lado, su mujer dormía en la mayor serenidad. Cerró los ojos para controlar la respiración.&lt;br /&gt;Volvió a abrirlos. Sus manos aún sujetaban el libro. Sentía la tapa dura en contacto con su piel. Lo que acababa de leer lo había turbado, como nunca jamás otra lectura lo había hecho. No podía entender como nunca antes nadie...&lt;br /&gt;Los pasos en el pasillo lo hicieron sobresaltar. Eran pasos, no tenía duda. Se sentó en la cama, dejando a un lado el libro. Miró a su mujer, pero ella no se inmutó. Se puso de pie y abrió la puerta. El pasillo estaba vacío. A pesar de la oscuridad podía estar seguro que así era.&lt;br /&gt;Cerró otra vez la puerta y apoyó la frente sobre la madera. Dejó escapar aire por la nariz, aún asustado. Giró para volver a la cama y entonces lo vio. Lucifer acostado en su lugar, las piernas cruzadas, las manos con garras entrelazadas detrás de la cabeza y la cola, larga y con punta en forma de tridente, envolviendo a su mujer, aún dormida.&lt;br /&gt;Retrocedió, golpeando la espalda con violencia contra la puerta. El libro que había estado leyendo flotaba sobre el cuerpo del demonio, en cuyo rostro, oscuro y repleto de pequeñas llamas, de ojos profundos como un abismo, se tejía una sonrisa burlona y carente de alegría.&lt;br /&gt;- Aquel que lo comprende, sabe que morirá - dijo Lucifer.&lt;br /&gt;El hombre asintió con la cabeza. Eso había sentido al entender el significado del libro. Cómo es que jamás antes lo había entendido, como es que nadie había publicado... y supo de inmediato que nadie había tenido el tiempo para hacerlo, que descifrarlo significaba morir.&lt;br /&gt;Lucifer no le dio un suspiro más de vida. Agitó sus manos y su corazón se estrujó como una pasa. La biblia cayó pesadamente sobre el colchón vacío y la mujer se despertó para comenzar a gritar al descubrir el cuerpo de su marido en el suelo de la habitación.&lt;br /&gt;El secreto del diablo seguía a salvo. Así permanecería, en tanto se ocupara de castigar a todos los que comprendieran que ese libro en definitiva era un invento suyo y Dios no existía. Porque si eso se sabía ¿a quién combatiría el mal?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5196323169431692088?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5196323169431692088/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5196323169431692088&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5196323169431692088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5196323169431692088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/la-ultima-revelacion.html' title='La última revelación'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-257576749446316285</id><published>2011-09-06T01:00:00.003-03:00</published><updated>2011-09-06T11:05:25.699-03:00</updated><title type='text'>El campito de la última calle</title><content type='html'>Las tardes en mi barrio tienen un “no se qué”. Algo especial, difícil de describir con palabras, como el barrio mismo. El silencio en las calles; las persianas bajas en viviendas que tan solo se diferencian entre si por el esmero del dueño a la hora de elegir la pintura para el frente; los perros callejeros yendo y viniendo con la lengua afuera; alguna que otra bicicleta en su parsimonioso tranco, desapareciendo al doblar la esquina... mi barrio es como todos los barrios a la hora de la siesta, pero a su vez, muy distinto.&lt;br /&gt;En la última calle, detrás de la plaza, está el campito con los postes que hacen de arco y allí, cuando todos duermen, los más pendejos nos juntamos para jugar a la pelota sin que nadie nos rete por gritar demasiado o correr el peligro de romperle un vidrio a algún vecino.&lt;br /&gt;Y en realidad, tampoco simplemente es jugar a la pelota, eso lo hace cualquiera. Nosotros y digo nosotros, porque en el barrio somos alrededor de cuarenta chicos, jugamos en serio y ponemos lo que hay que poner, porque cada día competimos por premios y solo los ganadores se retiran felices.&lt;br /&gt;El tema es así. Cada santa mañana, la pesadez del colegio. Al mediodía, la comida con la familia. Luego de esa rutina que roza lo soporífero, llega lo mejor del día.&lt;br /&gt;A veces me pasa a buscar alguno de los chicos o directamente me voy en la bicicleta, para llegar más rápido. Es que así uno puede primerear el panorama y tantear el armado de los equipos. No es cuestión de confiar en el azar, una cosa es jugar con el “Zurdito” Gómez y otra con el “Camote” Larrazábal, que si bien será un buenazo de aquellos, de fútbol poco y nada, más que las ganas.&lt;br /&gt;A medida que van llegando todos, se arman los equipos. Por eso, demorarse es garantía de ser relleno de un equipo con cero expectativas para la tarde en cuestión. Y por ende...&lt;br /&gt;Pero no se crean que armarlos es un mero trámite, todo lo contrario, es un momento tenso, dónde se hace un pan y queso a los empujones, con rostros nerviosos y malhumorados, y se escogen los que están. Ya vamos viendo con quiénes contamos, especulamos con las elecciones contrarias y nos garantizamos los mejores.&lt;br /&gt;Es una macana cuando alguno de los buenos no llega rápido, pero eso casi no sucede, porque seguro alguien los ha pasado a buscar para que esté en el campito si o si. Toda amistad termina al poner un pie en ese malgastado baldío. El solo hecho de ver los arcos, nos cambia el semblante, endurece el corazón e impregna el alma de un solo valor: el triunfo. Nos convertimos en meros materialistas, donde el resultado lo es todo.&lt;br /&gt;Podemos llegar a estar a punto de tomarnos a puños con alguien que conocemos desde el jardín si creemos que está haciendo trampa en el pan y queso. Ni hablar en el partido. Están los que cobran todo, como si se estuviese jugando a la mancha. Al no haber árbitro, el que se siente fauleado detiene el juego y pide falta. Por eso se acordó cobrar solo las patadas arteras y los agarrones imposibles de disimular, en los que las remeras terminan descocidas o con un tajo de lado a lado. Igualmente las quejas son parte del juego y son pocos los valientes que en la actualidad tienen el coraje de agarrar la pelota con la mano y gritar en pleno partido “ful”. O lo vieron varios o no lo vio nadie, así de clarita es la cosa.&lt;br /&gt;Los partidos son muy trabados, se habla mucho, se grita más, se festeja poco. Se cuida el cero en el arco propio. Es jodido remontar un gol en contra en el campito. Todos apuestan a la defensiva, a meter gente atrás, obligar al contrario a tirar pelotazos. El terreno no ayuda a hacerse el vivo con la pelota, hay que largarla rápido. Muchas matas de yuyos, algún que otro pozo y mucha bosta, por culpa de los caballos del viejo Félix, que los lleva cada mañana a trotar. No hay juego bonito, eso no existe. &lt;br /&gt;Lo que sobra, son dientes apretados. Las mañas, la falta de compañerismo para con el contrario, el único deseo de ganar. No importa si ayer jugaste conmigo, hoy te piso la cabeza. Eso lo sabemos todos, por eso no hay resentimientos. Y más vale no llorar si la patada es fuerte, no es bien visto. En el campito venimos a hacernos hombres, carajo.&lt;br /&gt;Los partidos duran media hora, sin cambio de lado. Por eso también es importante ganar el sorteo los días de sol y elegir el arco que le da la espalda, porque de lo contrario, no ves nada. Cuando llueve o está nublado, da lo mismo el arco. Se juega todos contra todos y se va llevando una tabla de posiciones. Gana el que más puntos obtiene, se desempata por diferencia de gol y llegado el caso, por partido entre si. Como en el fútbol real, que nos muestra la televisión.&lt;br /&gt;El premio es lo mejor. Los ganadores quedan eximidos de hacer las tareas del colegio, la deben hacer entre todos los perdedores. También, por ese día, se evitan realizar los mandados que pidan los padres, el papelito con lo que deben traer del almacén se los dan a los vencidos. Pero lo que más nos interesa, la frutilla de la torta, es lo que sucede a la noche, cuando el sol se oculta: los no ganadores deben cavar al menos diez metros más del túnel que estamos haciendo en secreto detrás del campito, con la idea de atravesar por debajo la enorme muralla de casi dos kilómetros de largo, rodeada de lagos y bosques, que nos separa del resto de la civilización.&lt;br /&gt;Es así, nuestro barrio tiene ese “no se qué”, que desde chico nos han enseñado a endilgarle a la lepra, el HIV y a otras pestes, pero que a nosotros, a nuestra edad, nos cuesta creer. Por eso nos hacemos hombres en ese campito. Porque el día que enfrentemos a los que nos excluyeron, vamos a tener que ser un solo equipo, sin pan y queso, con un único motivo, los dientes apretados y un corazón vengativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Este relato fue publicado originalmente en la revista cordobesa "Risotto" #4, correspondiente al mes de agosto.&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-257576749446316285?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/257576749446316285/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=257576749446316285&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/257576749446316285'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/257576749446316285'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/el-campito-de-la-ultima-calle.html' title='El campito de la última calle'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3610104084031606436</id><published>2011-09-03T01:10:00.003-03:00</published><updated>2011-09-03T09:19:53.427-03:00</updated><title type='text'>Cajita de los sueños</title><content type='html'>Qué aterradora es aquella sala de espera, bajo luminarias pálidas y paredes tristes. Los rostros se contagian de congoja, de mutuo apoyo sin necesidad de palabras. La hora última, la de los internados y nosotros, de este lado, aguardando, armados de paciencia, conteniendo el llanto.&lt;br /&gt;La puerta se abre una y otra vez. De a uno van ingresando, entrando fuertes y saliendo débiles. Y entonces, el momento, el llamado que si se pudiera, uno postergaría. Porque la imagen estremece, es injusta, nos devuelve alguien que ya no es, solo un boceto a medio terminar de quién amábamos.&lt;br /&gt;Y entramos, con pies de plomo, el corazón en la boca. Pero nos ponemos una sonrisa, como si fuese un traje. &lt;br /&gt;Ahí está el viejo, achacado, arrugado por los años, disminuido por la vida. Nos mira detrás de unos ojos que no parecen los suyos, pero así y todo nos habla, intenta en vano levantar un brazo para acariciarnos la mano y entonces en un arrebato de piedad, tomamos la suya.&lt;br /&gt;Suspiramos, porque no sabemos que decir. ¿Hay cosas para decir? Si, las hay. Lo supe ese día, esa última vez a su lado. &lt;br /&gt;Mientras nuestra lengua se acobardaba, la suya luchaba para hablar. Es que hasta las últimas palabras son importantes y eso lo sabe solo aquel que mucho aún tiene por decir. &lt;br /&gt;- ¿Te acordás la cajita? - preguntó, en un hilo de voz.&lt;br /&gt;Por un momento dudé de aquella pregunta, interponiendo la lógica equívoca de quien se siente vivo, pensando en un desvarío u otra excusa infantil, que es el recurso imbécil al no querer escuchar. Pero una luz surgió en mi mente. La cajita. &lt;br /&gt;- ¿La cajita de madera, la que enterramos cuando era un niño bajo el paraíso del patio?&lt;br /&gt;El viejo esbozó lo que parecía una sonrisa y bajó los párpados, asintiendo. &lt;br /&gt;- Si, claro que me acuerdo - de pronto aquel recuerdo alentó el espíritu, reavivó algo que parecía perdido, que era la esperanza - La enterramos juntos, cómo olvidarlo. &lt;br /&gt;Me miró con esa ternura que era tan propia, con ese infinito amor que es invisible y sin embargo, lo abarca todo.&lt;br /&gt;Se me escapó una lágrima, la primera.&lt;br /&gt;- Me habías dicho que ahí dentro estaban guardados mis sueños, que los poníamos a resguardo. Hicimos el pozo con la palita de plástico, la azul. &lt;br /&gt;- Y cada sueño... - empezó a decir desde la cama.&lt;br /&gt;- Cada sueño nuevo que tuviera, cada cosa que quisiera ser o hacer en un futuro, se guardaría solo en aquella cajita. &lt;br /&gt;Sonreímos, por el recuerdo compartido.&lt;br /&gt;- Qué lindo que es ser chico ¿no, viejo? - agregué - Creer en todo eso, en lograr que cada momento se vuelva mágico.&lt;br /&gt;- ¿Pero... es que ahora no crees en eso?&lt;br /&gt;- Viejo, uno crece, el tiempo pasa y...&lt;br /&gt;- El único que engaña sin mentir es el tiempo - dijo, sacando fuerzas de donde no las tenía.&lt;br /&gt;Me quedé mirándolo.&lt;br /&gt;- Es que nunca te conté que siendo más grande la desenterré - confesé - Sabía que allí no había nada, pero igual la abrí. ¿Y sabés qué?&lt;br /&gt;El viejo me miró con los ojos grandes, brillosos.&lt;br /&gt;- No había nada, estaba vacía. Y a pesar que sabía que sería así, sentí una gran desilusión. Pero no te dije nada, porque en su momento nos habíamos divertido.&lt;br /&gt;Meneó la cabeza sobre la almohada y tosió por el esfuerzo.&lt;br /&gt;- No te muevas, que...&lt;br /&gt;- No es así...&lt;br /&gt;- ¿Qué cosa? ¿Lo de la cajita? No te preocupes, aquello...&lt;br /&gt;- Los sueños siempre estuvieron ahí, querido - me interrumpió - Cuando dejaste de creer en ellos, es que dejaron de existir para tus ojos. Esa cajita no está bajo el árbol, sino acá... &lt;br /&gt;Y levantando el brazo, el mismo que antes no había podido mover para tomarme la mano, llevó su índice hasta mi pecho y señaló mi corazón.&lt;br /&gt;Nuestras miradas se sostuvieron durante varios segundos. Muchos para ser sinceros. Los necesarios para ver apagarse su vida. &lt;br /&gt;Se había ido, ya no estaba. &lt;br /&gt;Y lloré, pero sin pena. Lloré orgulloso, feliz del viejo. Porque en lugar de abrazarse a la desdicha y la muerte, se aferró a la vida, esperándome estoicamente para brindarme ese último esfuerzo, devolviéndome aquella cajita, regalándome sus últimas palabras, dándome otra vez la vida, la esperanza, los sueños que había perdido por el simple e inevitable hecho de crecer.&lt;br /&gt;Al salir por la puerta, me sentí fuerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-3610104084031606436?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/3610104084031606436/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=3610104084031606436&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3610104084031606436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/3610104084031606436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/09/cajita-de-los-suenos.html' title='Cajita de los sueños'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6207076726292665159</id><published>2011-08-31T01:10:00.004-03:00</published><updated>2011-08-31T01:10:00.483-03:00</updated><title type='text'>Amores imposibles</title><content type='html'>Era el momento de confesar, no quedaba escapatoria. La situación se había precipitado, era insostenible. Aquello que había ido edificando con la paciencia de un artesano, de repente había caído encima suyo. Dejaba de ser una ilusión, para convertirse en real. No podía seguir ocultando sus sentimientos. Debía confesar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miraba inquisidoramente. Había llegado la hora de decir las cosas tal como eran. Había arribado ese instante, como llega todo en la vida. ¿Cuánto tiempo más podía soportar lo que ocurría? ¿Cuánto más podía hacerse la que no se daba cuenta de aquello? Quizá para divertirse, pero no era justo. Para ninguno de los corazones, ni el suyo, ni el de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sudaban las manos. El corazón le palpitaba con fuerza. Era un ¡pum pum pum! atronador, rítmico. Parecía querer saltarse del pecho. Y delante de sus ojos, la mirada punzante de Raquel. Estaba acorralado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tragó saliva, preparando su garganta para hablar. No podía permitirse ni un carraspeo. Todo su cuerpo era tensión. Presentía lo que venía a continuación. Las palabras que Alberto haría desencadenar de su boca, una tras otra, cambiando para siempre el destino que por años había unido su amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El movió sus labios, pero se detuvo. Bajó la mirada, apuntándola a las baldosas de la vereda. La tarde se moría, como se morían sus palabras, antes de nacer. Se supo incapaz de hablar y se odió por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella avanzó, con frialdad en su semblante, pero el alma ardiendo en pequeñas llamas que durante años habían aguardado en silencio, suplicando en vano, sin ser escuchadas. Se dio cuenta que él no tenía la fuerza necesaria. Pero ella si.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Alberto. No necesitás decirme nada. Todo este tiempo cerca mío, pendiente de mi, tu amistad. Alberto... yo también te amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alberto levantó la cabeza y la miró a los ojos. La confesión lo había tomado por sorpresa. Sintió que aquello que se derrumbaba segundos antes, ahora literalmente lo aplastaba. Recién entonces pudo articular con sus cuerdas vocales, los primeros sonidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Raquel, que cagada, pero yo amo a tu hermana, la más chica. Pero la loca ni siendo tu amigo me da bola. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se alejó calle arriba, llevando consigo su belleza y tragedia, dejándole al viento sus últimas lágrimas.&lt;br /&gt;El hombre permaneció en el mismo lugar, rascándose la cabeza y pensando qué era lo que había hecho mal.&lt;br /&gt;La noche llegó como lo hace siempre: riéndose de los amores imposibles.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6207076726292665159?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6207076726292665159/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6207076726292665159&amp;isPopup=true' title='23 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6207076726292665159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6207076726292665159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/amores-imposibles.html' title='Amores imposibles'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4215265768394304644</id><published>2011-08-28T01:05:00.119-03:00</published><updated>2011-08-28T01:05:00.573-03:00</updated><title type='text'>Todos los hermanos se llaman Pablo</title><content type='html'>La estación del ferrocarril nos traía a todos un viejo recuerdo. Aquel edificio casi abandonado, por el que no pasaba una locomotora desde que éramos muy pequeños, nos había salvado la vida.&lt;br /&gt;Parece mentira que hayan transcurridos tantos años desde entonces. Como si la vida se marchitara en la palma de la mano, sin que nos diéramos cuenta. Un soplo del viento, una canción que llega al final y deja de sonar. Y en ese silencio que nos queda, entre tema y tema, nos permitimos de vez en cuando mirar atrás.&lt;br /&gt;Los ojos de la mente viajan a ese reducto de ladrillos rojos y andén derruído por el tiempo, de vigas despintadas y alero de chapa a punto de venirse abajo. Sobre los rieles, un vagón olvidado, dormido entre los yuyos que crecen profanos, altos y descuidados.&lt;br /&gt;La postal es burda, casi una broma al pasado. Y sin embargo, es nuestra. Allí nos guarecemos en la noche. Allí nadie nos molesta. Sómos jóvenes, vivaces y sedientos. Tenemos para nosotros cinco, un cajón y medio de cervezas. El otro medio se lo tuvimos que dejar a Pablo, el hermano de Ezequiel, a cambio de la compra. A nosotros no nos venden, somos menores. Pablo es nuestra salvación en cada oportunidad. Y si no fuera por la tranquilidad de la estación, nos quedaríamos con él, que era el hermano de todos, porque nos conocía desde que íbamos al jardín de infantes.&lt;br /&gt;Pero en la estación somos nosotros. Una guitarra, uno que toca, cuatro que cantan. No hay vasos, no hacen falta. Las manos ofrecen la botella destapada con generosidad. Todos tomamos, reímos, cantamos. No nos importa nada más. ¿Qué cosas podrían importarnos a esa edad, salvo la amistad y las mujeres?&lt;br /&gt;La brisa sopla bastante y hace frío, pero bajo el alero del andén apenas si lo sentimos. Es nuestro mundo y en nuestro mundo, nadie tiene frío. No le permitimos existir, lo combatimos con el calor humano, con la alegría innata, con el desconocimiento del futuro.&lt;br /&gt;A lo lejos, en la calle más próxima, bajo las tenues luminarias municipales, los coches marchan sin sentido alguno, como imágenes arrancadas a la ciudad para que nos brinden un paisaje y nada más. Y los transeúntes, que giran sus cabezas hacia la estación, quizá alertados por la música o las risas, o la sensación de felicidad, también son para nosotros figuras difusas de una noche de honesta alegría.&lt;br /&gt;Así podían sucederse los siglos, con nosotros cantando en la vieja estación, mientras empinábamos las botellas en dirección a la boca, una y otra vez, sin cansancio. Así podrían haber seguido, por la eternidad.&lt;br /&gt;Pero fue esa noche que descubrimos que todo tiene un final, que nada es para siempre. Entre punteos y bemoles, escuchamos las sirenas y luego las explosiones. Varias detonaciones. Y luego gritos, gritos y un resplandor.&lt;br /&gt;Nos pusimos de pie y nos asomamos lo más que pudimos a la calle. La gente corría, casi sin dirección, mientras enormes llamas se desprendían contra el cielo, dos calles más allá de la estación.&lt;br /&gt;Lo miramos a Ezequiel, que estaba ya unos metros más adelante nuestro.&lt;br /&gt;- Negro, es cerca de tu casa.&lt;br /&gt;Corrimos detrás de él. No solo era cerca, ese presentimiento nos alcanzó en los corazones. Lo supimos antes de llegar a la esquina y ver la casa del Negro en llamas y la madre con un ataque de histeria en la vereda, sostenida por dos oficiales de policía. Ezequiel se tomaba la cabeza.&lt;br /&gt;Todos nosotros lo hacíamos. ¿Qué pasó? preguntábamos. Los vecinos no nos decían nada y se metían en sus casas. Lo vimos al Negro abrazar a su madre y a la distancia, lo oímos gritar, de una forma que nos desgarró el alma.&lt;br /&gt;Un bombero lo detuvo cuando quiso arrojarse a la casa en llamas. El recuerdo termina ahí, quizá por decisión propia. El dejo de tristeza es enorme, el de impotencia aún mayor. Veo en mi mente la estación y agradezco esos días, pero principalmente, el cobijo de esa noche. La última que pasamos allí, la que nos marcó a todos. La noche en la que murió Pablo, en una mortaja de fuego. Algunos dicen que ya estaba muerto antes, que los que fueron a hacerlo cagar porque les debía mucha guita en drogas, lo habían matado a quemarropa. Otros aseguran que herido y todo, sacó a la madre al pasillo, para que pudiera escapar y que ahí se le derrumbó parte del techo encima.&lt;br /&gt;La estación nos salvó a todos, pero al mismo tiempo nos robó un hermano a cada uno. Dijeron muchas cosas después de esa noche, pero nosotros sabíamos otras y gracias a esas, es que sobrevive en nuestras memorias. El, la estación y aquellos tiempos de amistad y gloria, de música y mujeres, de cervezas y noches interminables. Tiempos que se han ido para no volver, salvo en forma de imágenes cada más difusas, de recuerdos que hacen lagrimear.&lt;br /&gt;Entre canción y canción pareciera que no hay nada y sin embargo, existe un mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4215265768394304644?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4215265768394304644/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4215265768394304644&amp;isPopup=true' title='21 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4215265768394304644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4215265768394304644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/todos-los-hermanos-se-llaman-pablo.html' title='Todos los hermanos se llaman Pablo'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7473471676582575099</id><published>2011-08-25T01:00:00.038-03:00</published><updated>2011-08-25T20:50:05.287-03:00</updated><title type='text'>Jueves</title><content type='html'>Jueves en el almanaque. La fecha exacta no le importa. Tampoco la hora, que ignora, porque el reloj de pared está detenido desde tiempos inmemoriales, desde que ella ya no está. Ese "no está", que huele a tumba en su mente.&lt;br /&gt;Jueves. Sabe que significa. Se mira las manos temblorosas. Cierra los ojos y se lo impone como cada semana. Busca en el cajón la cuchilla y se dirige al sótano. A medida que avanza va apagando las luces, dejando la casa a oscuras.&lt;br /&gt;Jueves, otra vez. Las semanas parecían esfumarse, sucederse unas a otras, con prisa. El odiaba los jueves. Repudiaba tener que abrir la oxidada puerta que daba al sótano. Le provocaba asco y rechazo descender por los viejos peldaños, para llegar a ese piso de tierra, por el que ratas y cucarachas transitaban en todo momento.&lt;br /&gt;Pero lo más horroroso del asunto era asomarse al abismo. A esa brecha entre el bien y el mal, de la que no hay regreso. Los cuerpos mutilados de sus víctimas aguardaban mansamente, sin inmutarse. Era jueves y el rito lo exigía. Debía desollar a una y ofrecerla al diablo.&lt;br /&gt;Jueves. Maldito día del pacto. Su alma vendida, con solo un fin. Que al final de los días, pudiera ver otra vez a su mujer. Solo por ella atravesaría esa locura. Solo por ella seguiría aún soportando los jueves.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7473471676582575099?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7473471676582575099/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7473471676582575099&amp;isPopup=true' title='21 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7473471676582575099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7473471676582575099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/jueves.html' title='Jueves'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6787009212733012892</id><published>2011-08-22T01:05:00.137-03:00</published><updated>2011-08-22T01:23:56.545-03:00</updated><title type='text'>La subasta</title><content type='html'>Fui a la subasta por insistencia de mi amigo, un cordobés que estuvo parando en casa un par de meses, mientras se separaba y busca una casa dónde alquilar. Nunca había estado en ninguna y sinceramente no me interesaba.&lt;br /&gt;- Dale, acompañame - me dijo. No tenía nada que hacer ese sábado. Mi mujer se iba con los chicos a la casa de la hermana y yo, con la excusa de estar de guardia en el trabajo, le decía que no podía irme de la ciudad. En realidad, tampoco me llamaba la atención ir a la casa de la hermana.&lt;br /&gt;Y eso Andrés, mi amigo, lo sabía muy bien. Por eso su insistencia se convirtió de pronto en una imposición. El pedido fue una especie de sugerencia y me sentí obligado. ¿Qué se puede perder con ir?&lt;br /&gt;- ¿De qué es la subasta? - le pregunté.&lt;br /&gt;- De todo un poco - me contestó vagamente.&lt;br /&gt;- ¿Y cuánto dura eso?&lt;br /&gt;- Un rato, si vemos que no hay nada interesante, nos volvemos.&lt;br /&gt;Con esa respuesta me convenció, aunque convencimiento o no, tenía el presentimiento que iría. Uno se da cuenta antes que suceda. El otro ya había planificado todo en su cabeza y difícilmente se podía torcer el rumbo de la historia. Andrés lo tenía decidido y punto. El preámbulo era parte de la anécodota futura, la que diría al mostrar la lámpara antigua el día de mañana: "Mirá que linda que es, una ganga, y pensar que el choto de Julián no quería acompañarme".&lt;br /&gt;Tomé la billetera pero dejé solo un poco de cambio. Si llevaba dinero por ahí me tentaba con algo, a pesar que no sabía muy bien como era el sistema.&lt;br /&gt;- ¿Y vos podés comprar lo que quieras que esté en remate? - era totalmente virgen en el tema y me exponía en cada pregunta.&lt;br /&gt;- Lo que quieras y esté a tu alcance. Tenés que ir viendo los precios que se manejan, por ahí no hay interesados en algo y eso te sale barato. Pero tampoco tenés que comprar cualquier cosa por el solo hecho que sea barato. Eso es ser compulsivo.&lt;br /&gt;Asentí como si hubiese entendido. En realidad, no me gustaba ni siquiera ir de compras al supermercado. A veces agarraba de la góndola una mermelada y recibía el reto de mi mujer. ¡Esa no! me gritaba, sin importarle que hubiese o no gente alrededor. Y yo, víctima, de pie con el frasco delator aún en la mano, buscaba en las letras de la etiqueta el motivo, pensando que quizá el gusto no era el indicado (a pesar de leer durazno, que era el que más nos gustaba).&lt;br /&gt;Luego me enteraba, casi de rebote, cuando conversaba ella con alguna amiga tomando mates en la cocina que la que había comprado tenía esto y aquello y que además, por ser ese día, había una promoción de no se qué. Siempre era así. Había que estar informado hasta para hacer las compras. Envidiaba mis días de niño, el cruzar de calle y comprar en lo de doña Adelina. Iba con mi listita y ella me la devolvía minutos después con una bolsa repleta de mercaderías. Y mamá nunca se quejaba ni me retaba, a menos, claro, que hiciera caer la bolsa en el camino.&lt;br /&gt;Y ahí estábamos los dos, con Andrés, avanzando por el centro de la ciudad, hasta el lugar de la subasta. Me hablaba del último remate al que había ido (y ahí entendí que una subasta y un remate eran sinónimos), en el que había comprado la cuna del nene. Al recordar a su hijo, ahora con su ex, dejó de hablar. El silencio nos acompañó hasta el sitio de destino, un galpón de puertas corredizas, en cuyo interior se habían dispuestos sillas como si se tratase de un teatro.&lt;br /&gt;Arribamos con tiempo como para recorrer el sector donde estaban los objetos a subastar. Sinceramente nada me llamó la atención. Cuadros viejos, sillas horribles, un candelabro que parecía sacado de una película de terror, juegos de sábanas, de vajillas, aparadores de mal gusto, botellas... y dejé de mirar. Andrés seguía embobado, tomando apuntes en una libreta. Me fui a sentar, lejos de los lugares de adelante. Si Andrés quería luego ir más allá, iría, sino, prefería la retaguardia.&lt;br /&gt;Una mujer pasó a mi lado y tomó el asiento contiguo. Era una mujer madura, pero muy bonita. Con la cartera me golpeó el brazo y me pidió disculpas, con una voz entre compungida y amable. Sacó de la cartera golpeadora un pañuelo y disimuladamente pude ver que se quitaba algunas lágrimas de los ojos. No soy muy bueno disimulando a decir verdad. Me vio. Por reflejo, sonreí. Ella contestó de la misma forma.&lt;br /&gt;Un calor me recorrió el cuerpo. Qué vergüenza. Apunté la mirada hacia delante, con firmes intenciones de no apartar la vista de lugares menos comprometedores. Pero la mujer me habló, quizá dándose cuenta que, valga la redundancia, me había dado cuenta que había estado desubicado espiando que hacía con el pañuelo.&lt;br /&gt;- No se preocupe joven, llorar no es tan malo y observar a alguien que llora es un gesto de apoyo.&lt;br /&gt;No supe que contestarle, me había tomado por sorpresa. Además me había dicho joven y yo le calculaba mi misma edad. Cuarenta y tantos. Con seguridad era todo cirugía, el inconsciente la había traicionado. Volví a sonreírle, como un estúpido. Uno se acostumbra tanto a estar con una mujer, a comportarse bien delante de ella cuando hay otras mujeres, que con el tiempo, se vuelve un imbécil en situaciones como esa.&lt;br /&gt;- ¿Viene a comprar algo? - pregunté y al instante me mordí los labios. ¿Qué preguntá estúpida era esa? ¿Acaso no era un remate ese? ¿No iba la gente a comprar cosas? Bueno, en mi caso, iba de compañía, pero era claro que ella estaba sola. En ese momento dudé entre arrojarme debajo de la silla, como un niño o pedirle disculpas, levantarme y decirle a Adrián que lo esperaba afuera, por la vergüenza que estaba pasando.&lt;br /&gt;Pero la mujer, guardando el pañuelo, meneó la cabeza. Su perfil era hermoso. Se notaba una fina capa de maquillaje en sus facciones, pero suave, delicado. Salvo donde las lágrimas habían atravesado su rostro, el resto lo cubría un inmaculado brillo. Me miró y vi sus ojos. He visto en revistas fotografías de esmeraldas. Es una piedra preciosa, de un color maravilloso. Sus ojos eran aún más llamativos y por eso, mil veces más bellos que una esmeralda.&lt;br /&gt;- No - me dijo, mientras mi atontada vista no podía apartarse del encanto de sus ojos - solo he venido a despedirme de mis cosas.&lt;br /&gt;Me quedé embobado mirándola. Cuando me di cuenta del silencio, supe que debía hablar o desaparecer.&lt;br /&gt;- ¿Todo eso... - señalé con el dedo hacia el sector de los objetos, mientras pensaba antónimos de la palabra porquería - era suyo?&lt;br /&gt;Asintió con la cabeza. Vi dolor en el gesto, en como apretó los labios y algunas arrugas surcaron sus mejillas. Podía seguir metiendo la pata preguntándole si había perdido todo en el casino o alguna imprudencia aún mayor, pero opté por el silencio.&lt;br /&gt;Fue entonces que escuché una voz proveniente del micrófono colocado delante de las sillas, pidiendo que nos ubicáramos que en dos minutos comenzaba la subasta. Andrés llegó apurado a mi lado y me puso una mano en el hombro.&lt;br /&gt;- Acá atrás no, boludo, vamos adelante, así podemos seguir mejor la subasta. ¿Viste esas maravillas? ¿Te das cuenta el valor que pueden llegar a tener en unos años? Y por lo que me dijeron, salen con precios bajísimos.&lt;br /&gt;- Andrés - le dije - andá vos...&lt;br /&gt;- Dale, dale, que empieza. Dale boludo, que nos sacan el lugar. ¡Menos mal que vinimos Julián!&lt;br /&gt;Prácticamente me puso de pie. Quise explicarle que estaba acompañado por la señora que era dueña de todo,&amp;nbsp; pero en ese momento dijo algo que aún resuena en mi cabeza y detuvo mi comentario.&lt;br /&gt;- Esto estuvo abandonado por más de setenta años en una mansión deshabitada. En unos años valen una fortuna, como antigüedades.&lt;br /&gt;Giré de inmediato hacia mi asiento, para comprobar que a mi lado no había nadie. Me debo haber puesto pálido, porque Andrés me preguntó un par de veces que me pasaba e incluso me pegó suavemente en la cara. Le excusé diciéndole que necesitaba algo de aire, que iría afuera. Prácticamente corrí hacia la calle. Allí respiré hondo. Asustado.&lt;br /&gt;Hasta el día de hoy sueño con esa tarde en la subasta, a la que no quería ir. Andrés al final pujó con éxito por varias cosas. En mis sueños la mujer aparece y me pregunta si mi amigo está cuidando lo que adquirió. Como en aquel momento, me quedo mudo, como un estúpido, perdido en aquellos ojos más hermosos que las esmeraldas, descubriendo al final que en realidad no son ojos, sino cuencos vacíos de un esqueleto que se desmorona en mis brazos. Despierto aterrado y con lágrimas en los ojos, aferrando un pañuelo que jamás compré.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6787009212733012892?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6787009212733012892/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6787009212733012892&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6787009212733012892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6787009212733012892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/la-subasta.html' title='La subasta'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-973406228132157152</id><published>2011-08-19T01:10:00.027-03:00</published><updated>2011-08-19T01:10:01.225-03:00</updated><title type='text'>Breve suspiro del destino</title><content type='html'>Me asomo a la baranda y siento el vértigo de la brisa, el sonido del agua mucho más abajo. El viento me mueve el cabello y se roba una lágrima. A mis espaldas los coches son como disparos a matar, unos tras otros, sin parar.&lt;br /&gt;En mi mano, ya marchito y seco, un pétalo de rosa. Extiendo el brazo, como mendigándole al cielo un milagro y lo dejo caer. Pero en lugar de sumirse a su destino, se rebela y flota, hamacándose en el aire. Lo veo alejarse, viajar sobre el río, cada vez más distante.&lt;br /&gt;Pienso en la ausencia, en ese abrazo que ya no tendré, en la voz que no oiré y busco ya sin suerte ese pétalo, observando el horizonte pero ya sin ver. Se ha ido, se ha ido otra vez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-973406228132157152?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/973406228132157152/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=973406228132157152&amp;isPopup=true' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/973406228132157152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/973406228132157152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/breve-suspiro-del-destino.html' title='Breve suspiro del destino'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1498180282503240608</id><published>2011-08-16T01:01:00.001-03:00</published><updated>2011-08-16T01:01:03.295-03:00</updated><title type='text'>El periódico</title><content type='html'>- ¿Vos sos el nuevo, no? - le preguntó al chico de anteojos y mirada perdida que estaba parado bajo el marco de la puerta principal de la oficina.&lt;br /&gt;- Si, mi nombre es...&lt;br /&gt;- Bueno, vení, seguime, mirá no voy a tener mucho tiempo para mostrarte todo, vas a tener que ir aprendiendo a medida que laburás. En realidad tendría que estar terminando un artículo, no haciendo esto, pero el jefe de piso no está, el de redacción tampoco y ¿quién queda? el polifuncional González. Siempre queda González. Vení pibe, este es tu lugar de trabajo. La computadora te la traerán mañana. Supongo.&lt;br /&gt;- ¿Y que hago hoy?&lt;br /&gt;- ¿Cómo que hacés? Sos periodista, que carajo querés hacer. Escribí noticias. Hay un diario por hacer.&lt;br /&gt;- Pero... ¿dónde?&lt;br /&gt;- En papel, donde más. Después se lo pasás a un tipeador y listo. Mirá, es corta la bocha. Mientras más tiempo perdés delante de la computadora, menos tenés para estar en la calle o donde sea que obtengas información. Es decir, acá no venís a escribir un libro, sino noticias. Y si el tiempo no te da, está esta gente, que "pla pla pla pla" al teclado y en dos patadas te tiene un texto.&lt;br /&gt;- ¿Y una vez que la redacto, se la paso directamente al tipeador o antes se la muestro a alguien?&lt;br /&gt;- Para que te llamaron. Sección digo, para que sección.&lt;br /&gt;- No, por ahora en realidad me dijeron que voy a estar con otros. No tengo nada definido.&lt;br /&gt;- Bah... boludeces. Decime ¿entendés algo de leyes, cosas policiales?&lt;br /&gt;- Sssi... maso.&lt;br /&gt;- Listo, cubrís policiales. Acercate a Solano y Erilake, que son los que hacen policiales y te van a orientar. Yo, pibe, te dejo. Porque no termino más.&lt;br /&gt;Se marchó raudo a su oficina, ubicada en un sala y no en un box, como el resto de los periodistas. Miró alrededor y se preguntó cómo haría para ubicar a las dos personas que nombró.&lt;br /&gt;Caminó algunos metros en silencio y al ver a una joven muy bonita, tomó coraje y le preguntó por los apellidos que le habían mencionado.&lt;br /&gt;La joven, de ojos del color de las perlas, se excusó de no poder ayudarlo. Era nueva.&lt;br /&gt;- ¿Vos también? - preguntó el esperanzado. - Es mi primer día.&lt;br /&gt;- Vaya coincidencia - le dijo ella - Pero mi papá es el dueño.&lt;br /&gt;Y dicho esto, la preciosa hija del acaudalado empresario, se alejó. Sintió un pequeño retorcijón en el corazón. ¿Dónde me metí? preguntaba su cabeza.&lt;br /&gt;Su próxima pregunta fue para un hombre mayor, de brazos cruzados delante de la pantalla de una computadora. Era feo y tenía pinta de desagradable. Al menos, no se llevaría ninguna sorpresa.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;- Señor, disculpe, estoy buscando...&lt;br /&gt;- Todo el mundo esta buscando a alguien. ¿Qué, es que no los guardan bien y los pierden? - el hombre lanzó una carcajada feroz que se prolongó varios segundos - Disculpá pibe. A quién buscás.&lt;br /&gt;- Solano y Erilake.&lt;br /&gt;- A esos dos imbéciles. ¿Y para qué?&lt;br /&gt;- Me asignaron a Policiales, el señor de aquella oficina.&lt;br /&gt;- Otro imbécil. Pero aquel es imbécil en serio. Un gusto saludarte, soy Solano.&lt;br /&gt;El chico lo miró con desconfianza. Solano era un imbécil o Solano era ese hombre. O las dos cosas. De todas formas, le estrechó la mano que le estiraba.&lt;br /&gt;- Erilake - prosiguió Solano - anda en la calle. Seguro se estará haciendo tirar el cuerito - otra risotada estruendosa - Vení, seguime.&lt;br /&gt;Solano se puso de pie. Era un hombre obeso, de gran estatura. Llevaba la bragueta desabrochada, pero al igual que con sus risas desmedidas, parecía que a nadie le importaba. Lo condujo hasta una mesa apartada, repleta de periódicos.&lt;br /&gt;- Sentate ahí y ordename cronológicamente esos diarios, que estuve buscando algo hace un par de días y me quedó todo desordenado.&lt;br /&gt;¿Esto debía hacer? Sintió impotencia y bronca, pero no obstante contestó de buena forma.&lt;br /&gt;- Bien señor.&lt;br /&gt;- ¿Sabés que es eso, no?&lt;br /&gt;- ¿Qué cosa?&lt;br /&gt;- Cronológicamente digo. Por fecha. De la más vieja, a la más reciente.&lt;br /&gt;- Si, por supuesto que lo se.&lt;br /&gt;- Por las dudas, mandan cada estúpido.&lt;br /&gt;Se mordió los labios para evitar contestarle. ¿Sería así con todos los nuevos? Bueno, no con todos. La preciosura no tendría que soportar tales cosas.&lt;br /&gt;Tres horas después, concluída la tarea, se dirigió hasta el escritorio de Solano. El gordo no estaba. Se sentó a descansar en el asiento del periodista. Un ruido sordo y pesado lo sobresaltó. Una pila de papeles había caído sobre el escritorio, delante de su vista. La persona que los había arrojado, estaba de pie, parado a su lado.&lt;br /&gt;- Solano, esto lo necesitamos en limpio, pasado a noticia, para antes de las siete de la tarde. Comenzá a laburar.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;- Vamos Solano, no hagás que llame a alguno de arriba.&lt;br /&gt;El joven se quedó con la boca abierta. ¿Cómo podía ser que no supiera que el no era Solano? Desde lo lejos el hombre le gritó: "Antes de las siete Solano, antes de las siete".&lt;br /&gt;Miró hacia todos lados y nadie se reía. Cada uno estaba en su mundo. Al menos, pensó, sería más divertido que ordenar periódicos en forma cronológica.&lt;br /&gt;Terminó el trabajo una hora antes de las siete. Llamó al hombre al verlo cerca y éste leyó el texto.&lt;br /&gt;- Bien Solano, buen trabajo. Me lo llevo, va a impresión. Si necesito algo más le aviso.&lt;br /&gt;El joven pensó que aquello si que había sido extraño. Se quedó allí sentado hasta que la noche cayó del otro lado de la ventana y algunos comenzaban a retirarse. El sonido de los teclados retumbaba uniforme. Aquello era un mundo mágico. Se sentía a gusto, a pesar de ser nuevo y de su primer día tan atípico. Vio retirarse a la hija del dueño, envuelta en un camperón rojo. Unos minutos después, también se fue el.&lt;br /&gt;Al otro día fue temprano. Ni bien ingresó, lo vio a González. Al polifuncional González.&lt;br /&gt;- González, cómo le va. Hoy voy también con...&lt;br /&gt;- González arriba jovencito, primer piso, segunda oficina a la derecha.&lt;br /&gt;- Pero...&lt;br /&gt;El hombre se alejó y se acomodó delante de una computadora, en un box contra una pared. ¿Qué le pasa a éste? pensó.&lt;br /&gt;A su lado, pasó el obeso de Solano. Sin dudar un instante, lo siguió.&lt;br /&gt;- Solano, señor Solano...&lt;br /&gt;El hombre siguió caminando, sin prestarle atención. En lugar de ir hacia su box, giró en otra parte y se metió en otra ala del edificio. El joven se detuvo en la puerta. No le parecía correcto seguirlo hasta allí. Quizá iba al baño. Pero al menos, lo hubiese saludado. Imaginó que era probable que ni siquiera lo registrara.&lt;br /&gt;Para ganar tiempo, fue hasta el escritorio que había ocupado la tarde anterior. Se detuvo de golpe. Ocupando la silla, estaba la preciosa hija del dueño. La vio de perfil e imaginó sus curvas debajo de la fina prensa de hilo que llevaba puesta.&lt;br /&gt;- Hola - le dijo, con acento simpático - ¿Cómo te trata tu segundo día? - no pensaba amilanarse por el simple hecho que fuera la hija de "alguien".&lt;br /&gt;- ¿Perdón? - contestó ella.&lt;br /&gt;- Digo si ya te asignaron alguna función, veo que estás en el escritorio de Solano...&lt;br /&gt;- Soy Solano. ¿Disculpame, vos quien sos? ¿Te mandaron a practicar acá?&lt;br /&gt;- Si... ¿vos sos Solano? Pero...&lt;br /&gt;- Por qué no vas a preguntar si realmente te mandaron acá querido, tengo trabajo y me estás retrasando. ¿Puede ser? Gracias bebé.&lt;br /&gt;La chica siguió tipeando en la computadora. Quedó consternado. Vio venir al hombre del día anterior, que le había encargado el informe y lo detuvo.&lt;br /&gt;- Señor ¿me recuerda? Ayer me encargó un informe.&lt;br /&gt;- No pibe, para nada. Además, que te voy a encargar yo si solo preparo el café. ¿Querés uno? Estoy levantando pedidos en esta sección.&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;El mundo giró bajo sus pies. De pronto sintió que las paredes iban y venían y todo era un sueño. Se desdibujó el hombre que tenía enfrente, los escritorios, incluso la hermosura que dijo ser Solano... al aire se sintio rancio y la visión se tornó oscura.&lt;br /&gt;Luego, volvió la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Vos sos el nuevo, no? - le preguntó al chico de anteojos y mirada  perdida que estaba parado bajo el marco de la puerta principal de la  oficina.&lt;br /&gt;- Si, mi nombre es...&lt;br /&gt;Entonces,&amp;nbsp; al escucharse pronunciar esas cuatro palabras, supo que debía salir corriendo de allí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1498180282503240608?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1498180282503240608/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1498180282503240608&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1498180282503240608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1498180282503240608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/el-periodico.html' title='El periódico'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-258614351100348462</id><published>2011-08-13T01:05:00.001-03:00</published><updated>2011-08-13T01:05:00.404-03:00</updated><title type='text'>La búsqueda</title><content type='html'>Como cada tarde, paseaba por el barrio, albergando la esperanza de ver a Daniela. Es que Daniela no tenía un lugar fijo, iba y venía, como un barrilete en día de viento. Entonces sus caminatas se prolongaban una calle más, dos, doblar aquella esquina, la otra, con el único deseo de toparse con ella, radiante como el sol.&lt;br /&gt;Los días en los que no lograba su objetivo, volvía a casa marchito, hasta casi amarillento. Se recostaba en el viejo sillón y encendía el televisor, aunque no lo miraba. Cuando los grillos le anunciaban que era tarde, se ponía de pie, se servía algunas sobras del mediodía y luego se iba a acostar, triste, melancólico.&lt;br /&gt;¡Pero que diferentes eran los días que veía a Daniela! Esos días no los olvidaba más. Daniela con su sonrisa, Daniela con su figura, su andar, su color. Volvía a su casa como volando, con el corazón hechizado. Llegaba y aprovechaba para ordenar, para limpiar las olvidadas estanterías, cambiar de lugar las fotografías, y así se iban las últimas horas del día, casi en un suspiro, envuelto todo en una fina capa de alegría.&lt;br /&gt;Pero no siempre la veía. No siempre acariciaba el aire que ella transitaba. Y cuando ella no estaba, sentía que parte de su alma moría, como si la ausencia lo lastimara de manera mortal. Sus piernas pedían no cansarse, no abandonar la búsqueda. Y a duras penas, proseguía dando vueltas en círculos, pasando por las mismas veredas una y mil veces, saludando cientos de veces a los vecinos que lo miraban asombrados, pero al mismo tiempo, acostumbrados.&lt;br /&gt;Es que Daniela, era un fastasma difícil de dar alcance. Como en vida, siempre paseando, visitando jardines ajenos, disfrutando de los días. Si tan solo hubiese sido más compañero, sabría sus recorridos. Pero nunca lo había sido y ahora que Daniela no estaba, soñaba con encontrarla. Y soñaba tanto que un día la vió, deslizándose en la brisa, como una pluma.&lt;br /&gt;Y cuando la encuentra, recupera algo que creía perdido. Parte de lo que encierran esas fotografías, en las estanterías atestadas de pasado. Se aferra a esa visión, porque es la única forma que tiene de hacer real la realidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-258614351100348462?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/258614351100348462/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=258614351100348462&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/258614351100348462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/258614351100348462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/la-busqueda.html' title='La búsqueda'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2997620991443249045</id><published>2011-08-10T01:05:00.003-03:00</published><updated>2011-08-10T01:05:01.605-03:00</updated><title type='text'>Hojas en blanco</title><content type='html'>El paisaje otoñal aclara sus memorias, atento al canto diverso de los pájaros, cuyos sonidos&amp;nbsp;son como colores que arrojados al aire y arrebatados por la brisa, viajan a la deriva,&amp;nbsp;llegando a sus oídos entrenados&amp;nbsp;por los años. &lt;br /&gt;La paciencia se hospeda en su piel, agrietada de tantas caminatas bajo el sol, en aquel patio cuadrado de elevadas y grises murallas. El resoplido cansino, la mirada perdida en la nada y ese volver los pasos hasta la pared opuesta, veinte metros más allá. La rutina de los días, con la mente divagando, buscando en los recuerdos el asidero necesario para aferrarse a la vida. &lt;br /&gt;La sirena, el "todos adentro, formando hilera" y la procesión de hombres enfilando hacia el claustro. El sol se apaga a sus espaldas, mientras las puertas se pliegan sobre la soledad del encierro. Los pasos emanan un eco sin vida, resignado a subsistir a lo largo de eternos pasillos. Las rejas lo vuelven a enjaular,&amp;nbsp;dejándolo sin canto, sin ilusión. De inmediato añora el sol, la brisa y los pájaros. &lt;br /&gt;En la penumbra los recuerdos se oscurecen, las telarañas crecen a su alrededor y presiente la muerte cada vez más cercana. Hace un último intento y la mente no lo engaña: 30 años. Por un momento cree estar equivocado, haber hecho mal las cuentas, pero sabe que se engaña. El tiempo se llevó su vida, a cambio de ese encierro. Hace lustros que no pide audiencia, que no lucha. Los brazos jamás se levantaron tras las primeras derrotas. Le niega incluso el diálogo a su hija, que sin embargo no claudica y puntualmente cada jueves, a la hora de las visitas, renueva el intento.&lt;br /&gt;Sentado sobre el colchón de piedra, observa el paquete que ella le dejó en&amp;nbsp;la última visita, panel de vidrio y silencio de por medio. Ni siquiera quiso saber qué era, pero tampoco tuvo la valentía de ignorarlo o peor aún, arrojarlo entre los desechos. &lt;br /&gt;Lo medita, una y mil veces, preso por partida doble, de su situación y de su accionar, del hecho de vivir entre barrotes y de no poder escapar&amp;nbsp;de ese obsequio oculto bajo el doblez de un papel marrón. Considera que abrirlo sería lo mismo que aceptar el rol de padre y por ende, entablar conversación con esa muchacha joven que cada semana se presenta con la ilusión de conocerlo, de saber más de él, de quién le han dicho, le dio la vida. Por eso se esfuerza, lucha, contra esa parte de su mente que quiere estirar el brazo y aferrarlo.&lt;br /&gt;Quiere que las cosas se mantengan así. El adentro, ella afuera. Uno, esclavo de su pasado. Ella, libre con su futuro. La noche lo mantiene en vela, sudando. Al cerrar los ojos se sume en pesadillas en las que las murallas son más altas que de costumbre y los pájaros, en lugar de su trino amable y cálido, vierten duras verdades de su vida. Abre los ojos, inquieto. se estremece en aquel solitario paraje del mundo. La humedad de las paredes parece trasladarse a sus huesos. De repente le duele todo, incluso el alma. Y rompe a llorar, en pequeños sorbos. &lt;br /&gt;A pesar de la oscuridad, se acerca al paquete y lo toma entre sus manos, con cariño, como si la tomara a ella, siendo una niña. Ese anhelo que nunca pudo cumplir, por estar allí dentro. Esa vida que se perdió, por haber equivocado el camino. Desgarró el papel, como sus visitas desgarraban su corazón. ¿Pero cómo aceptarlo? ¿Cómo decirle lo que realmente sentía? ¿Por qué no aceptaba que no quería ser una cruz para su vida y por eso la ignoraba, buscando perderla? ¿Por qué volvía cada semana? ¿Por qué querer sentirse su hija cuando el nunca pudo sentirse padre...?&lt;br /&gt;El papel cayó a un lado, plegándose sobre si mismo. En sus manos quedó lo que ocultaba. Se acercó a la pequeña ventana con barrotes, esperando de la luna una ayuda. La señora de los cielos nocturnos aportó su claridad, la suficiente para que pudiera enterarse&amp;nbsp;que era lo que sostenía. Entonces lo vio: un libro, con sus tapas duras,&amp;nbsp;el olor a papel impregnando el aire. &lt;br /&gt;Lo abrió y un papel suelto cayó al suelo. Se agachó y lo tomó con el pulso tembloroso, asustado como nunca en su vida. Una letra hermosa, de mujer, le dirigía unas pocas líneas:&lt;br /&gt;"Papá, puede que no quieras enseñarme tu voz, ni decirme buenas tardes. Quizá creas que solo quiero reprocharte, por nunca haber estado. O solo esperar de ti, un perdón olvidado. Sin embargo, papá, lo único que deseo, es saber tu historia, qué me cuentes quién eres. Solo eso papá. Por eso este libro en blanco. Para que allí pongas en palabras lo que no quieres decirme con tu voz. A veces, es mejor decirnos las cosas sin mirarnos a los ojos. Porque a veces, la vergüenza o el temor, puede avasallarnos".&lt;br /&gt;Se llevó una mano a la boca y una lágrima descendió por la mejilla. El libro estaba en blanco, cada hoja. Pero esperaban por el. Ella esperaba.&lt;br /&gt;Y allí mismo, bajo aquella tenue claridad, casi lúgubre, tomó una lapicera y comenzó a contarle a su hija, quién era. Sería su historia, en la que narraría la verdad, incluso aquello de lo que se arrepentía, por lo que pagaba día a día. &lt;br /&gt;Se sintió entonces, libre de algún modo. Era la palabra liberadora, portadora de la verdad, la que le permitía esa sensación. Nunca más cerca del canto de los pájaros, ni nunca más lejos de aquellas murallas grises. Eran padre e hija, a través de un libro. Eran padre e hija, por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Relato publicado en la XII Antología de Poetas y Narradores del Departamento Constitución (2011)&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2997620991443249045?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2997620991443249045/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2997620991443249045&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2997620991443249045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2997620991443249045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/hojas-en-blanco.html' title='Hojas en blanco'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6709078411009522398</id><published>2011-08-07T01:05:00.003-03:00</published><updated>2011-08-07T01:27:49.605-03:00</updated><title type='text'>Tristeza de los años</title><content type='html'>¿Cuándo había sido la última vez que fue feliz? se preguntó sentado en un banco de la plaza, mientras alimentaba a las palomas con migas de pan. Y sinceramente, no lo recordaba.&lt;br /&gt;A su mente venía cierto recuerdo de una tarde de verano, en una playa desconocida. Veía una mujer muy hermosa y pensó que pudo haber sido su mujer, pero no lo sabía con certeza. También tuvo la imagen de unos niños bajando a gran velocidad una colina, rodeados de pasturas y bajo un cielo celeste, pero no supo discernir si acaso alguno de ellos era él.&lt;br /&gt;Haciendo un poco más de esfuerzo, recordaba a alguien en una canoa, en el río. Estaba con la caña en la mano y la mirada perdida en las islas. Podía sentir la paz que lo envolvía, pero nada más. De repente pensaba en nieve cayendo, en el frío de estar en la intemperie pero jugando con otra gente, esquivando las bolas blancas que le arrojaban. Todos parecían estar sonriendo.&lt;br /&gt;Sus ojos miraban a las grises palomas ir y venir por el piso, correteando detrás de las pequeñas migajas. También veía sus manos, arrugadas por los años. Una lágrima le recorrió la mejilla. El tiempo se burlaba de uno. El tiempo era ladino. Acunarlo tanto tiempo para jugarle estas bromas, arrebatándole los recuerdos, los que hacían de alguien una persona con ayer.&lt;br /&gt;Siguió arrojando las migas al aire, sin acordarse siquiera por qué estaba llorando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6709078411009522398?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6709078411009522398/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6709078411009522398&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6709078411009522398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6709078411009522398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/tristeza-de-los-anos.html' title='Tristeza de los años'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5319693828316725866</id><published>2011-08-04T01:05:00.095-03:00</published><updated>2011-08-04T01:13:13.091-03:00</updated><title type='text'>Estafado</title><content type='html'>Me sentí estafado. Sin un centavo en los bolsillos y mirando por la ventanilla al hombre que del otro lado se negaba a fiarme un pasaje de colectivo.&lt;br /&gt;Había llegado esta manaña, gastando los últimos billetes. Quince horas en una catramina. Y al bajar en el pueblo, donde me tendrían que haber esperado con un almuerzo y trabajo, me encontré con la estación desolada y apenas un par de almas caminando sus calles de tierra.&lt;br /&gt;Anduve indagando por las pocas casas desperdigadas en aquella planicie con forma de algo y nadie conocía a las personas que me habían mandado a llamar. No soy un erudito pero tampoco hace falta ser estúpido para comprender que a uno lo han engañado.&lt;br /&gt;Y si todo aquello no fuese poco, el hombre de la estación no me quería dar un boleto en calidad de préstamo, no confiando en mi palabra de que al llegar a casa, le conseguía el dinero y se lo hacía llegar por correo. ¡Poca fe la del empleado!&lt;br /&gt;No me quedaba otra que irme hasta la salida de este lugar, encontrar el camino hacia la ruta y allí hacer dedo hasta el norte. Me esperaba un periplo importante y muchas horas por delante.&lt;br /&gt;Le había prometido a la Irma que la llamaba al llegar, pero que la iba a llamar, si tampoco me prestaron el teléfono. Pobre Irma, creyendo que llegaba y me daban el trabajo y que en un par de días ya tenía plata que le mandaba desde acá.&lt;br /&gt;Imagínense, en lugar del dinero, en un par de días, con suerte, le aparecía yo. Cómo para no sentirse mal. ¡Si me llegaba a encontrar a esta gente! ¡Lo que menos era trompearlos! Reírse así de un laburante. No había vergüenza.&lt;br /&gt;En la ruta me levantó un camionero. No me gustó mucho su lenguaje, pero por lo menos íbamos para el mismo lado. Se hicieron largas las horas; a la noche me dejó en una estación de servicios, porque decidió llevarse a otro acompañante, que si bien parecía una mujer, tenía bigotes. Al menos esa rara impresión me había dado en la oscuridad.&lt;br /&gt;Por suerte pude seguir viaje, con un vendedor. Un hombre que vendía repuestos agrarios campo por campo. Mientras hubo estrellas en el cielo, el trayecto se hizo rápido. Al salir el sol, la camioneta comenzó a parar en cada campo y mientras el hombre ofrecía sus productos, yo me dormía siestas de hora, hora y media.&lt;br /&gt;Se quedó a pernoctar a cien kilómetros de mi destino, por lo que tuve que buscar otro vehículo. La fortuna pareció entonces ponerse de mi lado o bien, visto desde lo que ahora sé, solo quería apresurar mi desgracia.&lt;br /&gt;Una ambulancia con el nombre de mi pueblo rotulado en los lados pasó rauda por la ruta, pero se detuvo al verme agitar los brazos. El chofer era conocido, no amigo, pero de frecuentar el mismo bar los fines de semana.&lt;br /&gt;Así transcurrieron los últimos kilómetros de mi vida tal como la conocía. Llegamos al amanecer. Las luces apagadas de casa no me llamaron la atención. Pero al abrir la puerta, entré en desesperación. Ningún mueble, ni el televisor ni la heladera vieja, que a pesar de que se caía a pedazos, cumplía su función. Corrí a la habitación y me topé con un par de medias en el suelo. Y nada más. &lt;br /&gt;Me asomé al patio, miré a través del alambrado y vi a los Pérez, siempre madrugadores, tomando unos mates sentados sobre el tronco de paraíso que tienen en el fondo. Me acerqué alarmado, aunque temiendo lo que me tuviesen para decir. Les pregunté por Irma y supe de inmediato que mis temores, que iban creciendo con los segundos, estaban fundamentados.&lt;br /&gt;Me describieron a los tipos que la fueron a buscar, el camión con el que se llevaron las cosas y la felicidad de ella. Comprendí que todo había sido un engaño de la Irma para irse y llevarse todo lo que era de los dos. Otra vez, en pocas horas, me sentí estafado. La diferencia era que seguía sin un centavo en los bolsillos y ya estaba en el lugar donde quería llegar. Me senté en el patio y quedé en silencio.&lt;br /&gt;Es de noche y aún sigo aquí. ¿Acaso tengo otra cosa para hacer?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5319693828316725866?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5319693828316725866/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5319693828316725866&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5319693828316725866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5319693828316725866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/estafado.html' title='Estafado'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1249300754875660532</id><published>2011-08-01T01:00:00.030-03:00</published><updated>2011-08-01T01:00:06.511-03:00</updated><title type='text'>Futuro felino</title><content type='html'>Fernando Silva amaba a su gato, pero la madrugada del primer día del año lo sacrificó bajo el árbol de navidad, en una escena espantosa, que hizo llorar a sus cuatro hijos pequeños. Estela, su mujer, sin embargo, no lo regañó. Al contrario, ayudó a limpiar y pedirle calma a los niños.&lt;br /&gt;Su vecino, Alfredo Cañuelas, mató a su gata Amanda y cinco crías, dadas a luz apenas una semana antes, arrojándolas al incinerador. No derramó ni una sola lágrima.&lt;br /&gt;Historias similares se dieron en toda la calle y con seguridad en las manzanas lindantes, en la ciudad misma, el país y el mundo. Y así y todo, aquello no fue suficiente. Al enfumarse la noche, en un comienzo de año signado por la muerte y marchito de esperanza, el sol trajo la desesperación.&lt;br /&gt;Por todas partes, disfrutando la claridad del día, miles de felinos patrullaban pueblos y ciudades, maullando de tal forma que a cualquier persona se le erizaba la piel. La gente se preguntaba cómo podía ser, cómo a pesar de todo, muchas personas no habían accedido al sacrificio&lt;br /&gt;Ahora era tarde. Y aquel maullido, proveniente del mismísimo infierno, lo dejaba asentado.&lt;br /&gt;Fernando Silva corría por un callejón esa misma noche, acarreando como podía junto a su mujer a dos de sus hijos. Los que quedaban vivos. Huían sin mirar hacia atrás, sabiendo que en cualquier momento un zarpazo los mataría. Como a tantos durante el interminable día, como a la humanidad toda con el correr de las semanas, ya sea en esa calle, en la ciudad, en el país o en el mundo entero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1249300754875660532?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1249300754875660532/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1249300754875660532&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1249300754875660532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1249300754875660532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/08/futuro-felino.html' title='Futuro felino'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1299376607397419717</id><published>2011-07-29T01:05:00.097-03:00</published><updated>2011-07-29T01:05:00.471-03:00</updated><title type='text'>Ojos</title><content type='html'>María comenzó a temerle a su hijo cuando éste aún no había cumplido los seis meses de vida. No le parecía normal que su bebé la observara todo el tiempo y que esa mirada fuese tan helada. Si ella se movía hacia la derecha, los ojos no se apartaban. Si iba hacia la izquierda, sucedía lo mismo. Aquello le resultaba extraño, y si bien no lo confesaba, le provocaba escalofríos.&lt;br /&gt;Cuando comenzó a gatear, notó que por más que se alejara dentro de la casa, a los pocos segundos lo tenía detrás. Más de una vez volteó y se lo topó, allí en el piso, a punto de aplastarle una manito con su pie. Pero no era la sorpresa y el temor de casi haberlo pisado lo que le arrancaba un alarido, sino esos ojos oscuros, penetrantes, abiertos de par en par que no dejaban de posarse sobre ella.&lt;br /&gt;No se animaba a contarle a su marido. Lo veía llegar cansado del trabajo y era tan cariñoso con ellos, que pensaba que cualquier comentario sería una forma de expresarle su disconformidad con el hecho de ser la que durante todo el día debía hacerse cargo de la casa y la criatura al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Sin embargo, le daba bronca que no se diera cuenta de cómo la miraba el niño. En las comidas, desde su sillita alta, el pequeño le dirigía la mirada todo el tiempo. Ella había intentado llamar la atención de su esposo, para que se percatara de aquello, pero no lo logró.&lt;br /&gt;Lo que más la aterraba, era esa falta de afecto en las pupilas, que a veces le recordaban a un par de fosas. Al año y medio la situación no había cambiado. María no podía dormir. Se imaginaba a su hijo de pie bajo el marco de la puerta, observando hacia la cama. Tenía pesadillas. Le costaba entregarse al sueño. El miedo había tejido una capa alrededor de su cuerpo y vivía con ella todo el día.&lt;br /&gt;En vano había intentado convencer a su esposo de mandar al pequeño a un jardín maternal. ¡Al menos para evitar esa mirada unas horas al día! Pero con razón el había alegado prescindir de ese gasto, dado que ella no tenía trabajo y podía cuidarlo.&lt;br /&gt;No había momento, ni en la cocina, en el patio, en las habitaciones, que no se sintiera vigilada. La noche en la que no soportó más la situación estaba bañándose. Había cerrado la ducha y se disponía a buscar el toallón, del otro lado de la cortina de baño. Al descorrerla, él estaba ahí. Dio un respingo y un grito, todo al mismo tiempo. Sin pensarlo se acercó al niño y le pegó un sopapo en el rostro. El ruido fue ensordecedor, retumbó entre las cuatro paredes.&lt;br /&gt;Aguardó el llanto del niño, sería inevitable. Y luego la reprimenda de su esposo. Pero el niño no lloró. Ni tampoco le quitó la vista de encima. María entró en pánico. Retrocedió, hasta dar con la pared. Cerró los ojos y empezó a gritar, enloquecida.&lt;br /&gt;Su marido llegó corriendo. Pensó que se había caído. Desde entonces, ya nada fue igual. Esa misma noche la internaron. Primero en un hospital, luego en un hospicio. El la visita todas las tardes, antes de ir a trabajar. Hace tres años que no lleva al niño. Por alguna razón ella se pone histérica al verlo. Le cuesta creer que el pobre no pueda ver a su madre.&lt;br /&gt;Cuando está en su casa, en la soledad de las noches, se replantea rehacer su vida. Pero piensa en María y desiste. Confía en que alguna vez se repondrá. En tanto, lo tiene a él, a su pequeño. Tan dócil y amable, tan buena compañía desde que no está ella. Si no fuera por él, no sabría que sería de sus días. Apaga la luz y se sumerge en el sueño, sin soltarle la mano a su pequeño. Y sueña con ella, con tenerla de nuevo en casa.&lt;br /&gt;Ella, entre paredes acolchadas, también sueña. Se ve corriendo, ya sin aliento, pero no puede detenerse, porque cada vez que lo hace, el niño está detrás. Y ya no son ojos los que la miran, sino dos puñales ensangrentados que claman por su cuerpo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1299376607397419717?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1299376607397419717/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1299376607397419717&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1299376607397419717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1299376607397419717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/ojos.html' title='Ojos'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-569834164287034431</id><published>2011-07-26T01:05:00.071-03:00</published><updated>2011-07-26T01:33:54.526-03:00</updated><title type='text'>Clínicamente imposible</title><content type='html'>No quise llorar, estaba mentalizado en no hacerlo, pero al entrar al recinto, ver los rostros compungidos, escuchar los lamentos por lo bajo y saber que del otro lado de la puerta estaba ella, no pude contenerme.&lt;br /&gt;Cuando me arrimé al féretro, mis mejillas estaban húmedas y mis ojos ardían de pena. Sentía que me faltaba el aire, que las piernas me flaqueaban. El corazón, sin embargo, no palpitaba.&lt;br /&gt;Había dejado de hacerlo el día que los médicos me avisaron que debía decirle adiós. Sentí como si una pinza oxidada me lo extirpara, con arterias y todo. Pensé que era un ataque y le avisé a mi hermana. Me llevaron hasta una camilla. Los médicos volvieron corriendo, me movilizaron en una camilla y me trasladaron a una habitación. Me controlaban los signos vitales, me tomaban el pulso y en tanto, discutían entre ellos. Veía sus semblantes preocupados y supe que también me estaba muriendo. No quería estar en sus cabezas, quizá creyéndose responsables de la noticia que me habían dado, que me estaba provocando la muerte.&lt;br /&gt;En la sala en la que me metieron había monitores en las paredes y una potente luz en lo alto. Otros médicos se sumaron al grupo. Me pusieron suero y un sedante. Pronto una neblina barrió con la vista y luego, dejé de sentir sonidos y sensaciones. Me sumí en la oscuridad, relajado, tranquilo.&lt;br /&gt;No recuerdo nada, no vi luces blancas, túneles y mucho menos a ella. Cuando desperté, setenta y dos horas después, Andrea ya se había ido. Había partido, me dijo mamá. Rompí a llorar, aferrándome a las sábanas. Me sedaron de nuevo, para que no me agitara. Ni siquiera había intentado averiguar que había sido lo mío, mi malestar. No me importaba.&lt;br /&gt;Desperté un par de horas después. Pregunté por Andrea, por su velatorio. Me pidieron calma. Estaban recién trasladando el cuerpo y a mi me darían de alta antes del atardecer. Iba a poder estar por la noche con ella. Aquello fue un bálsamo de falsa felicidad, una sensación ambigua de inútil esperanza.&lt;br /&gt;Los médicos arribaron al rato y me miraron atentamente. "Su corazón ha dejado de latir" me comunicaron. No comprendí. ¿Acaso no estaba vivo? ¿No me estaban hablando?&lt;br /&gt;Me explicaron, consternados. Me iban a dejar ir a pedido de mi familia, pero tenía que volver sin falta a la mañana siguiente. Debían hacer estudios. Mi caso era clínicamente imposible.&lt;br /&gt;Me dejaron a solas, meditando con la vista en el blanco cielo raso. "El corazón ya no funciona, pero no entendemos como es que sigue vivo" me dijeron antes de irse. Ese conocimiento me dejó confundido.&lt;br /&gt;Fue más tarde, con el paso de las horas, el viaje hasta la casa fúnebre, el repaso de los últimos días, el miedo a perderla, el dolor de saber que la perdía, que me dieron las pautas de lo que me estaba sucediendo. Hasta entonces, era solo el saber que Andrea ya no estaba. Pero el trayecto hacia ese adiós físico, de verla por última vez, aunque sea&amp;nbsp; su cuerpo, fue una revelación.&lt;br /&gt;Mi corazón se había despedido también, se había ido con ella. La pregunta era entonces ¿qué hacía yo aún ahí? Pero no se trataba de una pregunta científica ni retórica. Estaba formulada con otro tono, el mismo que alguien le hace a otro desde un tren a punto de partir: ¿Y? ¿Vas a subir o te quedas en el andén?. Con ese tono, con esa intención.&lt;br /&gt;Me aferré al féretro, llorando. Alguien palmeó mi espalda. Escuché voces que murmuraban, seguramente hablando del dolor, de la pérdida irreparable, de heridas que jamás cicatrizan. La vida es así, la vida es eso. Cuando el corazón deja de latir, en cambio, es una señal. ¿Vas a subir o qué? Si amor, voy. Saqué del bolsillo el bisturí que tomé sin que nadie viera en el hospital y tracé la hoja de ruta sobre mi garganta, sin dudar.&lt;br /&gt;Ya estaba en viaje y mi corazón había vuelto a latir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-569834164287034431?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/569834164287034431/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=569834164287034431&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/569834164287034431'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/569834164287034431'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/clinicamente-imposible.html' title='Clínicamente imposible'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2393034056112612187</id><published>2011-07-23T01:05:00.007-03:00</published><updated>2011-07-23T01:05:00.374-03:00</updated><title type='text'>La necesidad de la noche</title><content type='html'>Los fuegos artificiales estallaban sobre sus cabezas, obligándolos a no quitar los ojos de tremendo espectáculo. Alrededor, un mundo de gente se apiñaba en torno a la calle principal de la ciudad. Por encima de las risas, los gritos de euforia y los diálogos en voz alta para hacerse entender, reinaba la música. Melodías festivas y alegres, que invitaban a bailar hasta el fin del mundo.&lt;br /&gt;Las mujeres eran osadas y vestían ropas tan sueltas como escasas. Los hombres se deleitaban con ellas, mucho más que con los fuegos de artificios, tejiendo en sus mentes soñadas aventuras. Nadie estaba quieto, nadie podía. Los grupos se desplazaban de un lado a otro, los turistas se confundían con los lugareños, era una masa uniforme caracterizada por la diversidad de colores, de voces y formas de demostrar la felicidad que envolvían sus cuerpos.&lt;br /&gt;A lo largo de la avenida, la numerosa cantidad de bailarines vestidos de una misma manera presagiaban el inminente comienzo del desfile de las comparsas. Algunos comenzaban a despejar el escenario de asfalto y buscar ubicaciones lo más cercanas posible. El cotillón parecía tener su propia fiesta: los frascos de espumas se vaciaban por centenares, el papel picado brillante volaba por el aire como copos de algodones y las máscaras ocultaban fugazmente los rostros felices de miles de personas, contagiadas por el clímax de la noche.&lt;br /&gt;A doscientos metros los primeros indicios de una de las comparsas despertó los alaridos de la muchedumbre. Algunos jóvenes aprovecharon el momento para abrazar con más ímpetu a sus acompañantes de turno, en algunos casos sus novias, en otros no. Donde la vista se posara, había gente besándose. En lugares más apartados, incluso iban más lejos. La noche era una fiesta, todos lo sentían así.&lt;br /&gt;La primera comparsa exhibió la sensualidad de sus mujeres, el físico imponente de los jóvenes y la algarabía de una noche que muchos deseaban, no acabara jamás. Los miles de presentes adoraron de inmediato a sus dioses paganos rindiendo los tributos más atrevidos. El alcohol duplicó su apuesta y las explosiones en el cielo alcanzaron su máximo esplendor.&lt;br /&gt;En medio de tanta danza, erotismo y desenfreno, se escucharon gritos de tintes lejanos a la felicidad. Pero entre tanta exhuberancia de alegría, pasaron inadvertidos. Eran portadores de los mismos, ancestrales fantasmas del reino de los caídos. Habían despertado del letargo, como cada año, llamados por el rito de la zamba, de la libertad del espíritu, del anhelo de la vida. Llevaban sus propias máscaras, todas ellas tristes, de rasgos inexpresivos y carentes del brillo de la vida. &lt;br /&gt;Se mezclaron entre la multitud cargando con la tristeza y la opresión sobre los hombros, intentando volcarla sobre esos seres fuera de si, descontrolados.&lt;br /&gt;Como cada año, hicieron el esfuerzo. Lograron atraer a unos pocos, volverlos violentos, acercarlos a la sangre. Pero no los suficientes como para avivar el fuego de la maldad. &lt;br /&gt;Los dioses paganos tenían más fuerzas en cada oportunidad, porque la raza necesitaba del desahogo, de esa forma de primitiva alegría, de la celebración aunada de las almas, de la felicidad colectiva, el deseo de la carne, de la belleza, de tocar el cielo con las manos, de tomar cada uno de esos fuegos de artificios y arrojarlos contra la nostalgia, los errores, los momentos equívocos, y borrarlos, dejándolos en el olvido, del otro lado de la máscara,  aunque sea por una noche, lejos del bienestar que envolvía cada poro de la piel.&lt;br /&gt;Entonces, la noche de carnaval, triunfaba una vez más.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2393034056112612187?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2393034056112612187/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2393034056112612187&amp;isPopup=true' title='9 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2393034056112612187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2393034056112612187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/la-necesidad-de-la-noche.html' title='La necesidad de la noche'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7054135850775873383</id><published>2011-07-20T01:02:00.003-03:00</published><updated>2011-07-20T01:02:00.601-03:00</updated><title type='text'>Microrrelatos  de Ciencia Ficción | Parte 2</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt; Mírame&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mírame, me dijo. El sonido de su voz era extraño pero melodioso, sin embargo había llegado en aquella nave. Mi mente se negaba a tal pedido. Mírame, repitió. Sola en aquellas montañas, no tenía escapatoria. Finalmente, cedí. El horror fue indescriptible: un ser deforme, de tan solo dos piernas, dos brazos, una cabeza pequeña y un par de ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt;Sentencia&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un estudioso de las aves, que dedicaba horas y horas para observarlas. Conocía sus hábitos, sonidos, épocaz de migraciones y un sinfín de características más. Razón por la que nunca sospechó de la bandada de golondrinas que se abalanzó sobre él, que terminó por raptarlo.&lt;br /&gt;Sus piernas se agitaban en el cielo a medida que ascendía. Sentía como los picos de las aves en muchos casos, se prendían dolorosamente a su carne. Sobrevoló varias ciudades y en el viaje lo comprendió.&lt;br /&gt;Lo habían acusado de espía y lo estaban llevando a cumplir su condena.&lt;br /&gt;Aseguran quiénes lo vieron caer, que fue como si alguien lo hubiese arrojado de gran altura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt;Julia&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era solo una broma. Esconderse de papá. Solo eso. Luego vendría algún que otro reto, pero finalmente ganarían las risas. Como siempre.&lt;br /&gt;Pero no, no sucedió nada de eso. El satélite despegó impulsado por el enorme reactor, con la pequeña Julia dentro preguntándose que sería ese temblor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7054135850775873383?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7054135850775873383/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7054135850775873383&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7054135850775873383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7054135850775873383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/microrrelatos-de-ciencia-ficcion-parte_20.html' title='Microrrelatos  de Ciencia Ficción | Parte 2'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6161274637631684815</id><published>2011-07-17T01:00:00.017-03:00</published><updated>2011-07-17T10:59:14.892-03:00</updated><title type='text'>Microrrelatos  de Ciencia Ficción | Parte 1</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt;El regalo&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ZTR868 era la estrella que su padre le había regalado para su cumpleaños número diez. Todas las noches la observaba con su telescopio. Cuando cumplió veinte se decidió a visitarla. Entonces trepó a un árbol muy alto y dándose cuenta que aquello no era más que un manto oscuro repleto de piedras brillantes, fue asiéndose de las mismas y perdiéndose en la inmensidad del espacio.&lt;br /&gt;Ahora su padre lo saluda todas las noches, desde el telescopio de la habitación vacía que dejó atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt;El ataque&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podrían culparlo a él, no señor, no podrían. El planeta estaba cercado, las naves invasoras lo habían rodeado y estaban a punto de iniciar el fuego. Hizo lo que cualquier humano hubiese hecho. Apretar el botón rojo.&lt;br /&gt;El ventanal exhibía lo que ocurría afuera: la Tierra se doblaba sobre si misma, las montañas caían, el cielo se llenaba de polvo y las calles de sangre. No podrían culparlo a él, porque ya nadie quedaría.  &lt;br /&gt;El suelo comenzó a quebrarse bajo sus pies...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: #a2c4c9;"&gt;El nacimiento del superhéroe&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al despertar sintió una electricidad recorriéndole el cuerpo. El simple acto de girar el picaporte incendió la puerta. Sin pensarlo, sopló y el aire que arrojó de su boca formó un torbellino y extinguió las llamas.&lt;br /&gt;Salió al balcón, consciente que tenía super poderes. Podía ver con nitidez cada detalle del edificio del otro lado de la calle e incluso, desde el décimo piso, los rostros de los conductores de los automóviles que viajaban por la avenida.&lt;br /&gt;Sonrió, sintiéndose poderoso. Saltó al vacío y extendió los brazos. Sin embargo no sucedió nada. La gravedad lo envió directo a la acera y su cuerpo se desmembró en un cuadro sangriento.&lt;br /&gt;El poder de volar no se le había otorgado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6161274637631684815?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6161274637631684815/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6161274637631684815&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6161274637631684815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6161274637631684815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/microrrelatos-de-ciencia-ficcion-parte.html' title='Microrrelatos  de Ciencia Ficción | Parte 1'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6953367286052755387</id><published>2011-07-14T01:00:00.066-03:00</published><updated>2011-07-14T01:00:13.049-03:00</updated><title type='text'>Vendavales</title><content type='html'>Se miraron a los ojos en un bar y se confesaron el dolor de no poder verse más. Cayeron algunas lágrimas y un puñal los atravesó como un vendaval. &lt;br /&gt;Al adiós le siguieron los años, la vida misma, otra gente, nuevos amores, otras desilusiones.&lt;br /&gt;Se volvieron a ver un siglo después, reconociéndose detrás de las arrugas y la piel marchita. Se supieron ellos con solo verse los ojos. Las pupilas se ensancharon, enormes, asombradas. El interior fluyó como un volcán, a pesar de la edad.&lt;br /&gt;Se detuvieron un instante, una sola fracción de tiempo en el universo. Esos ojos lo decían todo. Nada había acabado en el olvido, seguían viviendo aquel amor. &lt;br /&gt;Y entonces entendieron que cada uno debía seguir su camino, porque nada igualaría ese ayer.&lt;br /&gt;- Perdón, creí por un momento que era otra persona.&lt;br /&gt;- Por favor, creí lo mismo. Adiós.&lt;br /&gt;- Adiós.&lt;br /&gt;Y así marcharon en direcciones distintas, arrastrados por un vendaval y el saber que nada sería igual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6953367286052755387?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6953367286052755387/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6953367286052755387&amp;isPopup=true' title='16 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6953367286052755387'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6953367286052755387'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/vendavales.html' title='Vendavales'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1726416851605749486</id><published>2011-07-11T01:05:00.036-03:00</published><updated>2011-07-11T01:05:00.703-03:00</updated><title type='text'>Once centímetros</title><content type='html'>Tan solo once centímetros. Los medí. Ya con el tiempo a mi favor y aún respirando, me tomé ese trabajo. Once centímetros me separaron de la muerte. De mi cuerpo a ese impacto de bala, una distancia mínima, casi insignificante.&lt;br /&gt;Me puse a pensar en lo que podría haber pasado de moverme en ese instante. Calculé entonces el tiempo que un cuerpo demora en trasladarse esa distancia. Nada. No tarda nada. Once centímetros se recorren en un abrir y cerrar de ojos, casi sin darnos cuenta. &lt;br /&gt;Una mano mide de largo un poco más. Un hoja de cuaderno también se pasa. Hasta una banana suele ser más grande. &lt;br /&gt;Me apoyé en la pared, dejando ese margen al descubierto. Ese margen que significaba la diferencia entre estar vivo y estar muerto. Once centímetros, me repetí, y mentalmente enumeré cientos de objetos con esa exactitud, mientras con la imaginación los iba colocando entre mi cuerpo y la marca en la pared.&lt;br /&gt;Mi esposa se acercó en silencio, consciente de lo que estaba haciendo. Comprendía y en esa quietud de sus expresiones, daba a entender su agradecimiento al destino. Estaba adelante suyo, que más podía pedir.&lt;br /&gt;Le pedí unos minutos más. Aún no podía irme. Aquello era demasiado fuerte. Estaba descubriendo mi fragilidad, la de todos. Dándome cuenta que la muerte puede fallar por pocos centímetros, pero que siempre está cerca, acechando. &lt;br /&gt;El lugar ahora estaba desierto. Solo quedábamos los dos y aquel impacto que había provocado un agujero en el material.&lt;br /&gt;La noche iba a caer en cualquier momento. El frío iba acrecentando la duda en mi mujer. Finalmente me llamó por el nombre y me invitó a marcharme. Me fui en cuerpo, pero hay días que creo que mi mente sigue allí, todavía meditando.&lt;br /&gt;La diferencia entre estar vivo y muerte es mínima. Quizá lo estemos y no lo sepamos. Quizá no existe ni una cosa ni la otra, pero seamos incapaces de entenderlo. Once centímetros me permiten escribir este texto. &lt;br /&gt;Ese es el tamaño de mi milagro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1726416851605749486?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1726416851605749486/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1726416851605749486&amp;isPopup=true' title='10 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1726416851605749486'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1726416851605749486'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/once-centimetros.html' title='Once centímetros'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6267926792469965676</id><published>2011-07-08T01:00:00.000-03:00</published><updated>2011-07-08T01:00:03.725-03:00</updated><title type='text'>Un caso para el Sargento Camisasa</title><content type='html'>Cuando los novatos agentes Pedroza y Corti encontraron el cuerpo degollado de la chica desaparecida, en el basural de la terminal de ómnibus, dio comienzo a la búsqueda más enfermiza de un asesino que se haya dado en la ciudad.&lt;br /&gt;La relevancia que tuvo el hallazgo en los medios de información obligó a la intendencia a solicitar a las fuerzas policiales el mayor esfuerzo para el esclarecimiento del macabro suceso. El motivo era muy obvio: la joven, de tan solo veinte años, era la hija del intendente.&lt;br /&gt;El jefe de la comisaría fue preciso en la orden dada: “Este es un caso para el Sargento Camisasa”. El boletín se difundió internamente con la velocidad de un rayo y llegó al Sargento Agustín Camisasa un día después, cuando pudieron ubicarlo en el loft de la pelirroja Veraluce, el más afamado de los travestis de la zona centro.&lt;br /&gt;Desaliñado y mal vestido, tras una noche de parranda agitada, precedida a su vez de una jornada completa en el casino, Camisasa se hizo presente en el edificio policial. A pesar de sus conocidos desajustes personales, se le respetaba su capacidad para el trabajo.&lt;br /&gt;- Sargento, observe estas fotos. Es la chica desaparecida.&lt;br /&gt;- Bonito collar, comisario.&lt;br /&gt;- Es la marca que dejó el cuchillo, Camisasa.&lt;br /&gt;- Ajá. Puede entonces que haya habido en el lugar, un bonito collar.&lt;br /&gt;- Sargento, el tema es así. Rafael Mandoni quiere que esto se resuelve. Esta joven era su hija. ¿En cuánto puede tener novedades?&lt;br /&gt;- Sabe usted que no soy un microondas que le puede indicar un tiempo exacto, comisario. Tendrá que asignarme personal, algo de viáticos para comida, dine...&lt;br /&gt;- Sargento, ¿quiere también que incluya en su legajo el día y la noche de ayer?&lt;br /&gt;- Tres horas, comisario. &lt;br /&gt;La vida policial podía resultar estresante si uno no estaba preparado para el agotamiento mental que suponía atar cabos sueltos, realizar entrevistas y perseguir criminales. Camisasa lo estaba, desde pequeño. Su primer gran recuerdo de la infancia era ver a su padre uniformado, golpeando con dureza al vecino. &lt;br /&gt;La sangre tiraba y a pesar de haber contado con muchas opciones tras terminar el secundario, como trabajar como ayudante en lo de Rulo, el mecánico de la cuadra; panadero, en lo de la tía Ester; e incluso, junto a Julián su primo, levantando quiniela clandestina en la calle; Agustín se había decidido por la profesión de su padre y tras un arduo curso de tres meses, haber ocultado con maestría un tatuaje en la nalga derecha que decía “Invicto”, se había recibido con honores. &lt;br /&gt;El resto, mérito de su carrera y papá, ahora jefe en la provincia.&lt;br /&gt;Nadie tenía contactos como él. Soplones de primera, que entregarían a su madre a cambio de cualquier cosa. Prefería sin embargo los travestis y las putas. Podía pagar en especies. &lt;br /&gt;Estacionó su Falcon particular en el borde de la vereda. Bajó y se colocó las gafas para sol. Zona de monoblocks, miradas furtivas desde cualquier rincón. Pero todos conocían al Sargento Camisasa. Cada martes y jueves acudía a las partidas de póker en el edificio 3 de la manzana 5. Más de una vez lo habían visto irse en calzoncillos.&lt;br /&gt;Golpeó en la puerta del departamento A del primer piso del bloque que estaba delante de donde estacionó. Se asomó un hombre desgarbado, con cara de rata. Al ver al policía, bufó por lo bajo.&lt;br /&gt;- Qué pasa Camisasa.&lt;br /&gt;- Hablá y la sacás barata, Rata.&lt;br /&gt;- ¿Hablar? Si querés, algo te invento, Sargento.&lt;br /&gt;- De la mina degollada y no te hagás el pelotudo.&lt;br /&gt;- Pero no rima...&lt;br /&gt;- Dale, soltá la lengua. La piba ésta, quién la cortó. Vos sabés todo Rata...&lt;br /&gt;- ¿Y a cambio, que hay?&lt;br /&gt;- Te puedo conseguir las dos lucas que te hice perder jugando al truco con Alvarez.&lt;br /&gt;- Algo es algo... &lt;br /&gt;- Cantá.&lt;br /&gt;Prefería el Falcon a la patrulla por una simple cuestión. No le daban una patrulla. Las últimas tres que manejó, terminaron en el depósito de chatarra. De todos modos lo escoltaban tres coches de la comisaría y un camión de asalto. El dato era bueno, lo había comprobado. &lt;br /&gt;Se detuvieron frente a una vivienda precaria, en el barrio La Teja Floja. Con el megáfono anunció que tenían rodeada la casa. De la vivienda que estaba a sus espaldas dos motos salieron a toda prisa por la calle de tierra. Camisasa miró el papel y se dio cuenta que se habían equivocado de casa. Ordenó de inmediato una persecución.&lt;br /&gt;Pudieron darle alcance dos kilómetros al oeste, cuando intentaban llegar a un acceso a la autopista que estaba en construcción. Detuvieron a los dos sujetos. Tras una hora de interrogatorio a solas con ambos, Camisasa salió de la sala con la confesión firmada por uno de ellos.&lt;br /&gt;Mandoni le agradeció y el jefe lo condecoró. El Sargento atinó tan solo a decir: “Es mi deber”.&lt;br /&gt;Esa noche, acodado en la barra del bar del “Polaco” Palonsky, su confidente nocturno, entre whisky y whisky, le dijo a su amigo: “Dos años, máximo tres”.&lt;br /&gt;- Es muy poco.&lt;br /&gt;- Si, cómo para que no agarre viaje el bobina ese. Imaginate, tres años y a la calle, con veinte lucas para gastar en lo que quiera. En la puta vida se imaginó con tanta guita esa inmundicia.&lt;br /&gt;- Menos mal que pensás en todo...&lt;br /&gt;- ¡Si supieras lo que se de los jueces! En fin, en dos años hago un intento y veo si alguno lo larga. Son gajes del oficio polaco, que vamos a hacerle. Qué iba a saber que la turra esa que bailaba en el caño del Dancing era la hija de Mandoni. La puta madre, que mala leche. Pero ves, todo tiene arreglo.&lt;br /&gt;- ¿Y con el collar que hiciste?&lt;br /&gt;- De dónde te crees que saqué las veinte lucas...&lt;br /&gt;- El crimen perfecto.&lt;br /&gt;- Y si. Era un caso para el Sargento Camisasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Cuento escrito para el Fanzine Risotto, publicado en el #2, correspondiente al mes de abril de este año.&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6267926792469965676?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6267926792469965676/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6267926792469965676&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6267926792469965676'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6267926792469965676'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/un-caso-para-el-sargento-camisasa.html' title='Un caso para el Sargento Camisasa'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7867090927390394471</id><published>2011-07-05T01:00:00.002-03:00</published><updated>2011-07-05T02:06:09.279-03:00</updated><title type='text'>El olvidado Buriel</title><content type='html'>La historia de Buriel es trágica. Ignorado en la actualidad, fue un gran compositor de los años 40 y 50, en el siglo pasado. Quedan sus composiciones en la memoria de los pocos que alguna vez la escucharon y sobreviven a los años. Y cuando decimos pocos, nos quedamos cortos en la apreciación.&lt;br /&gt;Se formó en el conservatorio, con mucho empeño y entusiasmo. Se graduó con honores y muy joven, deslumbró a propios y extraños con su destreza en el piano, su claridad para componer y un carisma pocas veces visto.&lt;br /&gt;Las salas de la ciudad se venían abajo en cada presentación. Debía repetir sus funciones, una y otra vez, casi hasta el hartazgo. Buriel era inmenso y del otro lado del océano su nombre despertaba pasiones como ningún otro en las últimas décadas.&lt;br /&gt;Pero en Europa estalló la guerra. Buriel perdió la chance de cruzar el charco. Pero no se resignó y se propuso conquistar América. Escribió partitura tras partitura, todas de una delicadeza celestial. Los estrenos eran un éxito asegurado. No importaba qué compusiera, todo era maravilloso.&lt;br /&gt;¿Cuál era el techo para el talentoso joven? Si incluso las mujeres más adineradas del país se rendían a sus pies, obsesionadas por su música y también, por la misteriosa atracción. Pero de todas ellas, fue Carmen la que le dio un vuelco a su corazón.&lt;br /&gt;Durante el noviazgo, de cinco meses, compuso tres de sus mejores obras. Luego se casaron. Otras composiciones llegarían en aquel feliz momento de su vida. Pero luego ocurrió el accidente en aquel teatro y ya nada fue igual.&lt;br /&gt;Dicen los que estaban disfrutando de su presentación al mando de la orquesta de cámara provincial, que se sintió un ruido que hizo temblar las cuerdas y anuló los vientos. Y tras aquel sonido, el sector de plateas altas se derrumbó como una torre de naipes. Bajo los escombros, el propio Buriel sacó el cuerpo sin vida de su preciada Carmen.&lt;br /&gt;El músico cayó en la oscuridad. Sus notas se volvieron dramáticas, sin un ápice de felicidad. Inundó sus obras de percusiones, relegando los violines y los instrumentos de viento. Sobre el piano ejecutaba piezas que parecían extraídas de las ultratumbas. Su cuerpo también parecía poseído, encorvado sobre las teclas, ocultando de la gente su rostro pálido, envuelto en lágrimas.&lt;br /&gt;Los teatros dejaron de convocar a Buriel. El otrora éxito, era ahora un rechazo tácito de la audiencia. Las butacas vacías se habían vuelto una característica impensada en sus conciertos.&lt;br /&gt;Se dedicó a la bebida, encerrándose en su enorme y solitaria mansión en la que permanecía semanas componiendo, aunque ya ninguna de sus obras, antiguas e inéditas, volvió a ser ejecutada. Razón por la que no queda registro alguno de las mismas, salvo el recuerdo de algún espectador o la mención en periódicos de la época.&lt;br /&gt;Pero la desgracia que terminó con su vida, fue la prematura sordera que lo atacó a los treinta y cinco años de edad. Agobiado por la soledad, el dolor de su corazón incompleto, aquello fue la gota que colmó el vaso. Los médicos diagnosticaron una infección. La misma empeoró y a los pocos meses, no podía escuchar.&lt;br /&gt;Quería componer, pero no le bastaba la música en su mente. ¡Necesitaba escuchar su música! Era un horror ver como las teclas del piano subían y bajaban bajo sus dedos entrenados y sin embargo, todo era silencio. Gritaba de bronca, pero incluso el grito era irreal. ¿Lo había dado? ¿En el caso del piano, estaba sonando?&lt;br /&gt;Se recluyó por completo en su hogar. Le temía a la locura, no obstante, siguió componiendo, a pesar de no escuchar. Intentó vender esos trabajos, pero nadie los quería. Las partituras se fueron añejando, sus dedos perdiendo movilidad y su corazón, marchitando.&lt;br /&gt;Una mañana despertó escuchando el sonido de su piano. Pensó que era un sueño. Aún creía que lo era y casi estaba convencido, cuando tras ponerse los pantalones y correr hasta el estudio, vio a su mujer Carmen, sentada en el taburete, tocando con armonía y destreza.&lt;br /&gt;¡Carmen! dijo con felicidad e incluso escuchó su propia voz. Acercó otro asiento a la par de su mujer y como si toda a vida lo hubiesen hecho, tocaron a cuatro manos.&lt;br /&gt;La melodía era dulce, veloz y tan suave como el algodón. Si, cómo no recordar esa obra. Se había inspirado en ella para componerla. Se sintió envuelto por una tibia sensación, como si lo hubiese abrazado un ángel. Miró a su lado y la contempló: estaba radiante, como si nunca...&lt;br /&gt;Sus manos se detuvieron. Ella siguió tocando. No podía ser, no podía ser ella. Ella estaba...&lt;br /&gt;Se puso de pie y corrió hasta su habitación. Allí se encontró. Estaba en la cama, con la cabeza ladeada y los ojos abiertos. Su cuerpo no respiraba.&lt;br /&gt;Suspiró resignado. Aquella vida había terminado. Desde el estudio, la música lo llamaba. Miró ese ser avejentado por última vez y volvió con Carmen. Y desde entonces, la música sigue sonando misteriosamente en la vieja mansión, aunque nadie la escucha. Solo dos seres que nadie puede ver ni aplaudir.&lt;br /&gt;El olvido y la tragedia enterraron su nombre. Sus dos amores le dieron la vida eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Cuento escrito especialmente para Revista Tintas, publicado en el número de marzo/abril, cuya temática fue "la música".&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7867090927390394471?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7867090927390394471/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7867090927390394471&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7867090927390394471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7867090927390394471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/el-olvidado-buriel.html' title='El olvidado Buriel'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-810555216376603772</id><published>2011-07-02T01:07:00.060-03:00</published><updated>2011-07-02T13:45:56.057-03:00</updated><title type='text'>Guión para mi muerte</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Habitación – Día&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Me encontrarán por la mañana, recostado sobre la cama. Mi rostro inexpresivo y cierta espuma en mis labios confirmarán mi muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Hall principal – Día&lt;/div&gt;Gestos de dolor, de sorpresa. La servidumbre no disimula la pena. Los pocos familiares presentes en el momento, dirán que me había llegado la hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Parque en el ingreso a la mansión – Día&lt;/div&gt;Dos coches policiales cruzarán las antiguas rejas. Se apearán uniformados y un detective. El inspector Cristaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Puerta principal de la mansión – Día&lt;/div&gt;Los pocos familiares querrán saber a que se debe la presencia policial. Cristaldo no dará explicaciones, tan solo se limitará a pedir permiso para entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Hall principal – Día&lt;/div&gt;Cristaldo tomará nota de la servidumbre, pero principalmente de los familiares y los interrogará en este orden:&lt;br /&gt;Felix, mi tío anciano&lt;br /&gt;Andreína, mi nieta mayor&lt;br /&gt;Julia, mi esposa&lt;br /&gt;Oscar, mi hijo menor (tío de Andreína)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Sala de reuniones – Noche&lt;/div&gt;Me velarán en la mansión hasta la mañana siguiente. Llegarán y desfilarán tristes delante del féretro mis otros nietos, mi hija, mi otro hijo, primos y demás tíos. También amigos y conocidos de la alta sociedad. En un rincón, tomando notas, permanece el inspector Cristaldo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Cementerio – Día&lt;/div&gt;La enorme caravana de coches estacionados servirá de fondo para el primer plano: personas ataviadas de luto enterrando un cuerpo, el mío. El obispo en persona será quién diga las oraciones de rigor. Julia no parará de llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Cementerio – Día&lt;/div&gt;El servicio finalizará en el mismo momento que se desate una fuerte tormenta de lluvia y truenos. Todos correrán a sus vehículos, presurosos. Todos menos Cristaldo, de pie ante mi tumba aún abierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Puerta prinicipal de la mansión – Día&lt;/div&gt;El inspector hace sonar el timbre de la mansión. Irá solo y empapado. Andreína abrirá la puerta y con voz trágica, llamará a su abuela. Julia aparecerá y pedirá clemencia, privacidad y respeto por mi, recién fallecido.&lt;br /&gt;Cristaldo se excusará, pero entrará de todos modos a la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Hall principal – Día&lt;/div&gt;Cristaldo se sacará el abrigo mojado y se lo dará a Rodolfo, mi fiel mayordomo. Será consciente que todos lo mirarán casi formando un círculo alrededor de su figura. Todos los que acudieron al servicio, estarán allí.&lt;br /&gt;El inspector sacará de un bolsillo un papel y lo mostrará en alto, anunciando:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"Esta es la orden judicial para someter el cuerpo del Sr. Morrison a una autopsia".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Patricio, mi otro hijo &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"¡Pero ya ha sido enterrado!"&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En estos momentos están trasladándolo a la morgue federal.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Habrá exclamaciones, Julia fingirá desmayarse y mi tío Romualdo se adelantará hasta quedar cara a cara con el inspector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Tío Romualdo &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"¡Con qué derecho!" &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"Con el que me da la ley. Acá no se investiga una muerte, se investiga un asesinato y en veinte minutos varios patrulleros arribarán por ese camino allí afuera y se llevarán a los culpables".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Morgue – Día&lt;/div&gt;El forense mirará una vez más los resultados de la muestra y fruncirá el ceño. Luego, desviará la vista hacia su joven ayudante y le dirá:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Forense &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"Cristaldo tenía razón: arsénico".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Hall principal – Día&lt;/div&gt;Julia se repondrá como por arte de magia y junto a Andreína le gritarán al inspector que se vaya de la casa. Cristaldo mirará en torno, sabiendo que está en el centro de la hoguera, pero confiará en sus cálculos y tan solo responderá a esos gritos con tres palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"Ahora, quince minutos".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Patricio, mi hijo, será el primer en intentar arrojarse sobre el policía, pero éste reaccionará rápido y tras evitarlo, lo mantendrá a distancia apuntándole con su 9 mm. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Mi hija &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"¡Maldición inspector, esto no debía resultar así!"&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Otro tío llegará por la escalera que comunica al primer piso, disparando una escopeta. El tiro pasará cerca de Cristaldo, pero solo arruinará el terminado de una columna a su espalda.&lt;br /&gt;El inspector se pondrá a reparo del fuego y contestará con fuego el fuego, acertándole a mi tío. Algunos de los parientes se pondrán a cubierto y otros aprovecharán para escapar por la puerta principal. Pero se toparán con una sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Exterior – Puerta principal de la mansión – Día&lt;/div&gt;Cinco patrulleros estarán aguardando bajo la lluvia y aquellos que escapaban no tendrán más remedio que detener la huida. Comprenderían muy tarde que Cristaldo los había engañado en cuanto a lo del tiempo, solo para hacerlos reaccionar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Interior – Hall principal – Día&lt;/div&gt;La policía sacará por la puerta, esposados, a los restantes parientes, todos arrestados.&lt;br /&gt;Cristaldo le explicará a mi fiel Rodolfo que mi muerte había sido un complot de parte de la familia, avaros de riqueza, debido a que de alguna manera se habían enterado que cambiaría pronto el testamento y que la mayoría, quedaría afuera del mismo.&lt;br /&gt;Rodolfo se mostrará contrariado y preguntará:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Rodolfo, el mayordomo &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"No entiendo. ¿Cómo hizo para descifrar todo tan pronto?".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Entonces Cristaldo extraerá de otro bolsillo, un nuevo papel. El papel será este mismo guión y dirá:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"Todo estaba escrito aquí." &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Y con amabilidad extenderá el guión hacia Rodolfo que aún sin comprender la totalidad de los hechos, preguntará:&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Rodolfo, el mayordomo &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"¿También figura aquí quién se quedaría con la herencia?"&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Inspector &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;"No, eso no lo dice"&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Cristaldo mostrará su rostro apesadumbrado, consciente que ese misterio quedó sepultado a la par de mi muerte y hasta quizá odiándome por no haberlo develado en este guión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-810555216376603772?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/810555216376603772/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=810555216376603772&amp;isPopup=true' title='14 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/810555216376603772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/810555216376603772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/07/guion-para-mi-muerte.html' title='Guión para mi muerte'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-5508166200501166877</id><published>2011-06-29T01:10:00.000-03:00</published><updated>2011-06-29T01:10:00.606-03:00</updated><title type='text'>La rueda</title><content type='html'>Kalana y Arturo10 se conocieron en un chat. Felices fueron sus meses de contacto diario, de horas trasnochadas sabiendo un poco más del otro. La alegría de encender la computadora y encontrar aquella alma gemela conectada.&lt;br /&gt;El tiki tiki de las teclas resonando en las habitaciones vacías, con un entusiasmo que crecía en cada nueva charla virtual. La compañía mutua, el consuelo en las tristezas, el milagro de haberse topado un día. El destino, la casualidad, decían.&lt;br /&gt;Pasó un año y decidieron conocerse, romper esa barrera idiomática de ceros y unos, hacer realidad la virtualidad, poder acariciar más que las teclas o el monitor, de verse en pantalla pixelada, de oírse en la lejanía de un par de auriculares.&lt;br /&gt;Kalana se convirtió en María Ana y Arturo se quitó el diez. Los kilómetros que los separaban dejaron de existir, cayendo como una barrera invisible que de pronto los dejaba cara a cara. Y fueron felices, juntos. Hasta que un día se dieron cuenta que ya no tenían de que hablar, que todo lo que sabían uno del otro, se lo habían dicho en esos interminables diálogos por chat.&lt;br /&gt;Los gestos comenzaron a molestar, las actitudes fueron cambiando. El colorido de la vida fue tomando un sepia alarmante. Las caricias se esfumaron, como el calor del café que muere esperando en un bar. El otoño fue más duro, el invierno un crudo verdugo. Y un buen día, todo terminó. El dolor hizo las valijas, sin un adiós.&lt;br /&gt;Otra vez las habitaciones solitarias, luces ténues y heridas en el corazón. El pasado asaltando el vacío, ocupando el espacio de aquella constelación llamada amor. Y casi sin pensarlo, volvieron a las viejas salas de chat, tanteando con cuidado, evitando ser tentados por el abismo otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Male_C y Lalo se conocieron en un chat. Felices fueron sus meses de  contacto diario, de horas trasnochadas sabiendo un poco más del otro. La  alegría de encender la computadora y encontrar aquella alma gemela conectada.&amp;nbsp; &lt;br /&gt;El tiki tiki de las teclas resonando en las habitaciones vacías, con un  entusiasmo que crecía en cada nueva charla virtual. La compañía mutua,  el consuelo en las tristezas, el milagro de haberse topado un día. El  destino, la casualidad, decían, sin saber que en una vida virtual anterior habían sido Kalana y Arturo10.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El destino, la casualidad. La eterna rueda que gira sin que podamos hacer nada al respecto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-5508166200501166877?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/5508166200501166877/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=5508166200501166877&amp;isPopup=true' title='19 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5508166200501166877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/5508166200501166877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/la-rueda.html' title='La rueda'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6233478231837807971</id><published>2011-06-26T01:10:00.004-03:00</published><updated>2011-08-05T01:07:26.846-03:00</updated><title type='text'>Relato en clave</title><content type='html'>&lt;div style="font-weight: normal; margin-bottom: 0cm;"&gt;En otros tiempos, confieso, hubo mejores escritores que, sin pedir permiso, he copiado. Uno fue asesinado, uno particular, casi sin igual. No tuvo piedad en sus textos. Alguna vez le dije al pasar, como mi mentor, que compartía pocas de sus acciones, menos ésta que inducía la idea de borrar rastros al cometer crímenes, siendo escritor y valiéndose de que en sus escritos, escondido como un rompecabezas detrás de una historia de ficción, narraba con su maestría sobre el escritorio lo que durmiendo jamás uno imaginaría. No omitió los hechos, ingeniosamente sus actos fueron disfrazados. Pecados enterrados, reputación intacta y sonrisa amplia. Uno que temerosamente tomaba conocimiento  (a  veces) odiaba en cambio, el proceder inmoral. Nunca lo entregamos, el fue nuestro maestro y a toda costa callábamos la boca evitando la cárcel. Con el tiempo lo dejé de ver. Maté el pasado viajando por mucho tiempo. La envidia persistió por siempre y al volver, ignorando porque, me acerqué. No era el de antes, la vida lo estropeó. Persona horrenda, reía recordando. Propicia era la oportunidad para vengarme, pero rehusé probar su método y su mirada débil derribó teoría alguna. Ya murió y mal me pese, debo confesar mi admiración, decir estas palabras confirman que marcó mi vida, es un reconocimiento tardío, un tiempo después del éxito. Ese método eliminó al sospechoso. Tres palabras, menos la primera y que siguiendo la regla alguien anotando cada tres, logre armar otra historia, leer esa narración oculta, esta inmortalización de la idea de matar impunemente.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;¿Quién es capaz de interpretar como corresponde este relato? En pocas palabras, de contarme la verdad de los hechos. Todo está escrito, a la vista de todos. ¿Son capaces?&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6233478231837807971?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6233478231837807971/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6233478231837807971&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6233478231837807971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6233478231837807971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/relato-en-clave.html' title='Relato en clave'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2380438792117163979</id><published>2011-06-23T01:04:00.026-03:00</published><updated>2011-06-23T01:04:00.531-03:00</updated><title type='text'>La demostración</title><content type='html'>El hombre anunció la finalidad de la enorme máquina, de la que salían tubos de metal en diversas direcciones.&lt;br /&gt;Los boquiabiertos entusiastas dejaron escapar suspiros de admiración.&lt;br /&gt;Pidió dos voluntarios para probarla.&lt;br /&gt;El primero de ellos se internó en el cubículo central. El científico accionó una palanca y tras unos segundos, una luz amarilla irradió con fuerza desde el centro de la máquina cegando a todos temporalmente. Al recobrar la vista, el voluntario ya no estaba.&lt;br /&gt;Los gestos de asombro eran totales. El científico en cambio, sacó de su bolsillo un reloj de mano y con cinco dedos levantados indicó que comenzaba la cuenta regresiva. Al caer el último dedo, la puerta de la sala se abrió y entró el voluntario, con una sonrisa de oreja a oreja.&lt;br /&gt;Guardando su reloj, el hombre anunció:&lt;br /&gt;- Solo ha viajado unos segundos en el tiempo y dado que el mundo se desplaza a pesar que no nos damos cuenta, apareció en el pasado, un piso abajo.&lt;br /&gt;La multitud en la sala aplaudió a rabiar.&lt;br /&gt;Llamó al segundo voluntario, que al ver sano y salvo al otro, estaba muy tranquilo. Se introdujo en el asiento de metal y aguardó la escena que había visto con antelación.&lt;br /&gt;Todos volvieron a ser cegados un instante.&lt;br /&gt;Cuando la luz se disipó, el segundo voluntario tampoco estaba. Nuevos aplausos retumbaron en el auditorio. Sin embargo, esta vez el rostro del científico no mantenía el semblante de triunfo. Vislumbraba, en cambio, frustración.&lt;br /&gt;Meneó la cabeza, contrariado y se dirigió al público.&lt;br /&gt;- Me temo que he calculado mal en esta ocasión, lo he mandado cinco horas al futuro en lugar de cinco segundos.&lt;br /&gt;Una mujer se acercó, angustiada.&lt;br /&gt;- Era mi novio ¿dónde está ahora?&lt;br /&gt;- Lo siento señorita, pero lo hemos perdido. Cinco horas en el futuro equivalen a una ubicación física a la que aún no hemos llegado, es decir que ha caído en el vacío y perdido en el espacio.&lt;br /&gt;La mujer se largó a llorar, en tanto el público estalló en otra andanada de aplausos ante tan brillante conclusión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2380438792117163979?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2380438792117163979/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2380438792117163979&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2380438792117163979'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2380438792117163979'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/la-demostracion.html' title='La demostración'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2875062451648826206</id><published>2011-06-20T01:07:00.084-03:00</published><updated>2011-06-20T01:07:00.167-03:00</updated><title type='text'>Rompecabezas del próximo suicida</title><content type='html'>Cuando ocurrió la tragedia del contador del quinto piso, estaba de licencia. El hombre, ahogado en deudas, había decidido arrojarse del balcón de su oficina. El cuerpo se estrelló contra el techo de un taxi. No pudo hacerse nada para salvarlo.&lt;br /&gt;Pero el día que se arrojó el abogado principal del área de legales de la compañía, estaba en su puesto de trabajo. De todos modos, se enteró por el movimiento de algunos compañeros de otros sectores, presurosos en acercarse a las ventanas, con el fin de poder ver algo.&lt;br /&gt;Aquello no era historia nueva. Cuando tomó el trabajo, un año antes, le habían comentado que era común la presión laboral. Y que a veces, esa ansiedad la trasladaban una vez fuera de la oficina, a diversos vicios. Por ese motivo obligaban a todos los empleados a una cita con el psicólogo, cada quince días.&lt;br /&gt;De todos modos no creía que fuera suficiente contención. Tampoco comprendía que era aquello que los impulsaba a tremenda determinación. Quizá, se decía, al no encontrarse en situaciones límites, ni en el trabajo ni en la rutinaria y tranquila vida fuera del trabajo, estaba exento de imaginar esa realidad.&lt;br /&gt;A veces, solía quedarse hasta tarde, terminando algunas planillas, pero porque aquello le facilitaba el día siguiente otras tareas. Para cuando se marchaba, en esas ocasiones, la iluminación en las oficinas era mínima, con tan solo las luces de los pasillos encendidas. Caminar allí, en esa soledad dueña de un silencio inmaculado, sabiendo que en horas más tempranas era un caos, parecía algo abstracto y hasta, podía decirse, lo disfrutaba. Cómo cuando caminaba por una peatonal en horas tardías, y aquella masa en movimiento diurna parecía un espejismo, algo ajeno al paisaje, pero a la vez, tan arraigado, que asustaba pensar en que era real durante gran parte del día.&lt;br /&gt;Algo que también disfrutaba del fuera de horario, era la oportunidad de apreciar detalles. Los objetos en los escritorios de los compañeros, las fotografías que pegaban en los monitores de sus computadoras, la disposición incluso de sus pertenencias en el area que los cobijaba durante la jornada laboral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que se había lanzado al vacío el joven abogado, había comenzado a prestar atención a las personas que compartían el lugar, como buscando señales de un posible nuevo suicida. Parecía sin dudas un juego macabro, pero de a poco iba tejiendo una red pistas dignas de destacar. Horarios, movimientos, semblantes, diálogos. Aquello era interesante, hasta casi adictivo.&lt;br /&gt;Incluso, a veces, en esas horas de más que hacía, dedicaba algunos minutos a ir armando lo que llamaba, el rompecabezas del próximo suicida. Era una libreta de apuntes comprada especialmente para ello. Los garabatos en tinta cobraban forma cuando relacionaba charlas, palabras sueltas que escuchaba y entonces sacaba flechas de un lado a otro, dándole dimensión a sus teorías.&lt;br /&gt;Durante la última semana, había notado en Margot, la joven voluptuosa de melena color del trigo, una serie de indecisiones fuera de lo común para ella. Sus anotaciones abarcaban a todos los del piso, pero las señales que apuntaba a la chica eran llamativas. Estaba seguro que ella intentaría suicidarse. La pista final había ocurrido esa misma tarde, cuando tras quedarse con el tubo telefónico en la mano y repetir el nombre de un hombre varias veces, lo colgó con violencia y disimuladamente, se largó a llorar.&lt;br /&gt;El había encontrado la manera de estar atento a todo, sin que se dieran cuenta. Pocos detalles se le escapaban. Su función en el área le permitía esos privilegios, podía ir de un lado a otro recabando información sin que nadie sospechara. Margot, tras ese breve llanto a escondidas detrás del monitor, había ido al baño para ya no volver.&lt;br /&gt;Supo que estaba haciendo tiempo, aguardando que el horario de salida - muy próximo - dejara vacío el piso y de esa forma, obrar con privacidad. Precavido, el ocupó entonces otro escritorio, lejos de la vista que podría tener Margot al salir del baño y sentarse en su puesto para tomar de una vez por todas su decisión final, algo que estaba seguro, ella haría.&lt;br /&gt;Ocurrió tal como lo predijo. Su meditación fue casi de una hora, tras la que, llorando, se asomó al balcón. El se acercó, en silencio. Temía perturbarla. Se asomó al exterior en el momento que ella se encaramaba en el soporte horizontal de la baranda.&lt;br /&gt;No tuvo tiempo de pronunciar su nombre, ni siquiera la primera letra. Margot, cuyo rostro apuntaba al cielo, tomó una rápida determinación y descendió de la baranda, con las manos cubriendo sus ojos, regresando al suelo seguro y aferrándose a la vida.&lt;br /&gt;- ¡No! - gritó el, haciendo que la chica se percatara de su presencia - ¡No, mis cálculos eran correctos, debías dejarte caer!&lt;br /&gt;Ella iba a decir algo, pero no le dio oportunidad. Corrió hacia ella y con fuerza la embistió, empujándola hacia atrás. La espalda de la joven dio contra la baranza y por el envión, se arqueó hacia atrás, para luego caer al vacío. Tan sorprendida estaba, que ni siquiera gritó.&lt;br /&gt;El volvió al recinto de oficinas y buscó su abrigo. La ténue luz dejó ver su figura marchándose por el pasillo. Sonrió al pasar por delante del perchero y notar - porque pocos detalles se le escapaban - que la bufanda de la joven Margot había quedado allí colgada.&lt;br /&gt;- Un bonito detalle, del que mañana hablarán todos - se dijo en su mente.&lt;br /&gt;Y sin más, regresó a su casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2875062451648826206?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2875062451648826206/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2875062451648826206&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2875062451648826206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2875062451648826206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/rompecabezas-del-proximo-suicida.html' title='Rompecabezas del próximo suicida'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1174190120080420001</id><published>2011-06-18T17:00:00.053-03:00</published><updated>2011-06-18T17:00:02.165-03:00</updated><title type='text'>Siete años en la oscuridad</title><content type='html'>El título es mentiroso. En realidad, son siete años de este blog, que en la temática de sus relatos, se la da de oscuro. Si, así es. Hoy es el día. Se cumplen 7 años de la creación del blog.&lt;br /&gt;Cuando comenzó, apenas si tenía un par de cosas a la derecha y sinceramente, no sabía cuánto tiempo iba a durar el chiche nuevo. No lo armé pensando en lo literario, debo confesar, sino para probar como se configuraba un blog y Blogger era entonces, junto a Wordpress y Movable Type, uno de los más populares. Incluso, aún no lo había comprado Google.&lt;br /&gt;Tímidamente publiqué algunos textos cortos hasta que el tiempo me fue acortando los momentos, la vida me llevó a otros horizontes (geográficos, de responsabilidades, etc) y la computadora dejó de ser una herramienta de escritura.&lt;br /&gt;Hay un lapso extenso en este blog donde los relatos se cuentan con los dedos de las manos. Fue, sin embargo, una etapa muy feliz de mi vida. Quizá era la razón por la que no necesitaba de la literatura.&lt;br /&gt;De a poco retomé el ritmo, al volver a mi ciudad. Necesitaba dejar de pensar en ciertas cosas y volver a hacer lo que me gustaba, que era escribir. Fue vital. La persona que me impulsó a no apartarme de la literatura, incluso, hasta me instó a estudiarla seriamente, cosa que hice durante un par de años, ya no está conmigo. Pero la gratitud será eterna por no permitirme abandonar esto.&lt;br /&gt;El resto, agradecimientos, para todos los que con sus comentarios hacen que uno se sienta acompañado, leído, motivado. Dieguito y Melina, mis primeros lectores. Amigos del alma. Se les sumó el Oso, como caído del cielo, porque ese encuentro me acercó de nuevo a una persona valiosísima. &lt;br /&gt;Y luego, mucha pero mucha gente. Algunos siguen todavía firmes y ellos saben que los quiero muchísimo. Que además de los comentarios hay mails, hay diálogo, hay confianza. Conocí a gente muy linda, fantástica. A muchos, he tenido la dicha de verlos personalmente. &lt;br /&gt;Es lindo sentirse bien en un lugar y yo, aquí, rodeado de ustedes, me siento pleno. Abro el blog y no necesito más. Lo tengo todo. Razón suficiente para querer entregar siempre el mejor cuento, la mejor historia, si bien esos son objetivos que nunca se alcanzan.&lt;br /&gt;Siete años en la oscuridad de mis cuentos pero en la luz que cada uno de ustedes irradia, haciéndome la vida más fácil, amena y confortable. Los siento mis amigos más que mis lectores. Porque si un lector no comenta, vaya y pase; pero si un amigo no comenta, pucha que lo extraño.&lt;br /&gt;Cuando cierro los ojos, dejo avanzar un nuevo mundo. Pero luego los abro y me quedo atento. Porque se que llegarán ustedes.&lt;br /&gt;¡Gracias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;object width="320" height="266" class="BLOGGER-youtube-video" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0" data-thumbnail-src="http://1.gvt0.com/vi/1VgC6eppxuU/0.jpg"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/1VgC6eppxuU&amp;fs=1&amp;source=uds" /&gt;&lt;param name="bgcolor" value="#FFFFFF" /&gt;&lt;embed width="320" height="266" src="http://www.youtube.com/v/1VgC6eppxuU&amp;fs=1&amp;source=uds" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1174190120080420001?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1174190120080420001/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1174190120080420001&amp;isPopup=true' title='19 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1174190120080420001'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1174190120080420001'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/siete-anos-en-la-oscuridad.html' title='Siete años en la oscuridad'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4262140136863386092</id><published>2011-06-17T01:02:00.001-03:00</published><updated>2011-06-17T01:02:00.077-03:00</updated><title type='text'>Agonía</title><content type='html'>Activamos el octavo.&lt;br /&gt;El frío sigue calando nuestros huesos. Fue Eugenio el que propuso arriesgarse en la tormenta de nieve para buscar con qué iniciar un fuego. Se ofreció y junto a Miranda salieron en medio de la noche. De eso parece que pasaron mil años.&lt;br /&gt;El quinto comenzó a emitir.&lt;br /&gt;Los diálogos son escasos. Nadie quiere arriesgar fuerzas. Algunos se sienten en un estado de letargo, al borde de la inconsciencia. En los cofres que no se destruyeron apenas si queda comida para menos de una semana. Y eso, porque ya no contamos a los que se salieron y no volvieron.&lt;br /&gt;Asentimos sin palabras y preparamos el anteúltimo.&lt;br /&gt;El rumor del viento es implacable. Aquella tormenta parece interminable. Jairo ya no se mueve y Estela ha dejado de gemir unas cinco horas atrás. En nuestras miradas se resigna la muerte como una cruz difícil de evadir.&lt;br /&gt;Nos damos cuenta que tan sólo respiramos dos cuando hay que conectar el último tubo de oxígeno. La cápsula no resistirá mucho más. Ya no quedan reservas, ni de comida ni de oxígeno. Pero tampoco es para preocuparse. Apenas si somos dos.&lt;br /&gt;Llamo a Alan, con lo último de mi voz, pero no me responde. También se ha ido. El aire se torna irrespirable y todo me da vueltas delante de los ojos, sin embargo, alcanzo a divisar a través de la fina textura de la cápsula a seres de largas extremidades observando con curiosidad.&lt;br /&gt;Mis ojos se van cerrando sin encontrar oposición. Quizá el dispositivo que graba mi memoria alguna vez pueda revelar esta dura agonía. Por lo pronto, que esos seres hagan lo que quieran. Me estoy muriendo en un planeta extraño y ya nada más me importa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4262140136863386092?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4262140136863386092/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4262140136863386092&amp;isPopup=true' title='17 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4262140136863386092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4262140136863386092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/agonia.html' title='Agonía'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-6175667211003608141</id><published>2011-06-14T01:04:00.113-03:00</published><updated>2011-06-14T01:04:00.292-03:00</updated><title type='text'>El argumento</title><content type='html'>Dos días antes, tan solo dos días antes, había ido con su editor para informarle que tenía una nueva idea para su próxima novela. Era fantástica, sublime. El mejor de sus argumentos. Pero no quiso adelantarle nada.&lt;br /&gt;El hombre había quedado con las ganas de saber un poco más, pero cedió ante la insistencia del escritor. Sus primeros libros habían tenido un éxito medio, pero este, sería el que lo lanzaría definitivamente a la lista de grandes del género policial.&lt;br /&gt;Dividía sus horas con la otra pasión: enseñar. Literatura, por supuesto. Los libros, la letra escrita, eran su vida, sus pasiones. Por eso también, en el campo de la educación, era un respetado profesor universitario.&lt;br /&gt;Fue en el salón de clases principal, mientras aguardaba la entrega de los últimos trabajos prácticos que supo que debería tomar un camino poco agradable. Sus manos, manchadas habitualmente de tinta, se tornarían pronto en rojas, impregnadas con la sangre fresca de la muerte. Era inevitable, como el destino mismo.&lt;br /&gt;Se trataba de uno de los primeros trabajos que le habían entregado. El título le llamó la atención. Pensó en lo indescifrable de las casualidades, los laberínticos hechos fortuitos que se agolpan en la mente de una persona ante diferentes instancias, en las probabilidades casi nulas de que aquel título, en la parte alta de la primer hoja, fuese el mismo que el que guardaba con recelo y entusiasmo en su cabeza, para darle nombre a su próximo escrito.&lt;br /&gt;Sus ojos se desviaron ávidos al texto. La lectura sigilosa, fue marcando el ritmo de su corazón. Sus pupilas se agrietaron tras un tumulto de neblina, producto de la sorpresa y la comprensión. Aquello que tenía en sus manos, obra de un alumno, era obra del diablo mismo, porque de otra manera, no tenía explicación. Su idea, su genial argumento, estaba plasmado allí, delante de sus ojos, apuñalándolo con un amargo sabor a veneno.&lt;br /&gt;Dos páginas le bastaron. Procuró mantener el semblante, no obstante, su cuerpo se retorcía interiormente, debatiéndose entre la bronca y la locura, mientras un sentimiento violento nacía con ansias impulsado por su corazón, desgarrado vilmente por aquel descubrimiento.&lt;br /&gt;El joven debía morir. No podía ser de otra manera. Estaba escrito. El destino había puesto la misma idea en dos cabezas diferentes, cometiendo un error atroz, histórico. Jamás podría, de lo contrario, escribir aquella obra, sin que esa persona no lo denunciara por plagio. Tendría este, además, todo a su favor, dado que el, ni siquiera había comenzado a redactar un borrador. Nada. Ni anotaciones, ni apuntes. Todo estaba en su mente, bajo siete llaves. O creía que allí se encontraba con exclusividad.&lt;br /&gt;Aguardó a que todos se retiraran. Cerró la puerta y la trabó con llave. Las cortinas cubrieron las ventanas, sumiendo al interior del salón en una oscuridad lúgubre y densa. Tomó el escrito y lo rompió en pedazos. No conforme, juntó cada parte del rompecabezas y lo arrojó al cesto de basura. Luego dejó caer en el un fósforo encendido.&lt;br /&gt;El humo envolvió el recinto y pronto un celador golpeó a la puerta, alarmado por el humo que se escapaba, cual fantasma, por debajo de la puerta. Pero el profesor llevó tranquilidad, asumiendo un descuido. Sonrió, como solo sonríen quienes saben que deben matar. La existencia y la subsistencia a veces tienen un mismo semblante.&lt;br /&gt;Ubicó su objetivo en las escalinatas del edificio. Lejanos nubarrones presagiaban una tormenta. El mismo sentimiento cobijaba su alma, pero a escondidas del mundo. Lo abordó con solemnidad, haciéndole saber que había leído parte de su trabajo y que le había gustado, algo que por supuesto, era cierto. Era su argumento, no había modo que no le gustara, no le estaba mintiendo. Si, en cambio, le mintió al invitarlo a tomar un café y hablar al respecto de esa idea.&lt;br /&gt;Quizá el joven sospechó cuando lo tomó del brazo en la entrada de un callejón, o quizá, ni siquiera ese gesto fue suficiente para procesar, en los siguientes cinco segundos de vida, lo que estaba ocurriendo. El cuchillo de mango de plata que atesoraba en el cajón de su oficina y con el que solía abrir los sobres de la encomienda que le llegaba, penetró la carne, haciendo a un lado el alma.&lt;br /&gt;Sintió un alivio difícil de describir. De pronto, la idea era solo suya, como debía ser. Qué haría ahora, con el cuerpo aún tibio, el cuchillo ensangrentado, las decenas de testigos que afirmarían que se retiró caminando de la universidad junto a la víctima.&lt;br /&gt;Lo sabía bien, demasiado bien. Pues ese era el argumento de tan maravillosa idea. ¡Qué increíble que todo sucediera tal cual! El joven nunca lo vio venir, pero el si. Desde el momento que vio el título y sopesó cada palabra de esas dos hojas iniciales. El argumento había cobrado vida y solo el, su creador, podía confabularse con el destino para escapar de los investigadores, las pistas y el irremediable confinamiento carcelario que le correspondería por ley.&lt;br /&gt;Al fin de cuentas, era una historia maravillosa, como nunca antes había escrito y quizá, por seguridad, nunca terminaría escribiendo. Tal cual ocurría, en su argumento. Aquel guardado bajo siete llaves, en su cabeza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-6175667211003608141?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/6175667211003608141/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=6175667211003608141&amp;isPopup=true' title='11 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6175667211003608141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/6175667211003608141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/el-argumento.html' title='El argumento'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-1345812186612221065</id><published>2011-06-11T01:00:00.004-03:00</published><updated>2011-06-11T01:00:02.104-03:00</updated><title type='text'>Enemistad de matones</title><content type='html'>Calle abajo vivía el que todos conocían como el “duque”. Un matón que sin rodeos podía desatar una pelea y finalizar antes que cualquiera lograra levantar un puño para defenderse.&lt;br /&gt;Cierta noche, embriagado por la soledad y la triste compañía de varios tragos, osó meterse en el bar de los Rizzioti, un sitio al que no concurría muy a menudo, debido justamente a la enemistad con sus dueños.&lt;br /&gt;Dicen los que estuvieron allí esa noche (que con el paso de los años se han multiplicado de tal forma que es difícl imaginar tanta gente en un lugar tan pequeño) que todo ocurrió tan rápido que no tuvieron ni tiempo a pedirse una ginebra para disfrutar el duelo con algo para mojarse la boca.&lt;br /&gt;No se sabe si fue culpa del alcohol o alguna situación del pasado mal manejada, pero el “duque” se les plantó a los hermanos Rizzioti y sin mediar palabra, los besó en la boca, primero a Luigi y luego a Carlo. &lt;br /&gt;La respuesta no se  hizo esperar y la sangre italiana prevaleció con fuerza. Los tres abordaron la Ferrari de los Rizzioti y ya nadie volvió a saber de ellos.&lt;br /&gt;Dicen las malas lenguas que cruzaron la frontera y comparten un matrimonio bígamo y homosexual, aunque no hay precisiones exactas. &lt;br /&gt;Los que aquí quedamos recordamos las huellas del pasado y miramos de reojo a quiénes se nos acercan de forma apresurada y con fines desconocidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-1345812186612221065?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/1345812186612221065/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=1345812186612221065&amp;isPopup=true' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1345812186612221065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/1345812186612221065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/enemistad-de-matones.html' title='Enemistad de matones'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-2318632268584083353</id><published>2011-06-08T01:11:00.004-03:00</published><updated>2011-06-08T01:11:00.771-03:00</updated><title type='text'>Breve radiografía de dos amigos</title><content type='html'>Se veían cada tarde en el mismo bar, desde hacía más de treinta años. Se habían conocido allí mismo, coincidiendo en los horarios.&lt;br /&gt;Con el tiempo se jubilaron, pero siguieron frecuentando el lugar y las charlas, café de por medio. Leían los diarios, discutían sobre política, fútbol y a veces, sobre música.&lt;br /&gt;No compartían los gustos, pero ese era un detalle que convertía sus conversaciones en un placer y casi, necesidad. ¿Cuál era la gracia de charlar con personas que tenían sus mismos gustos? &lt;br /&gt;Al menos, ellos, no le veían sentido. En cambio, era incomparable el hecho de poder criticar una visión política, un cambio económico, las variantes que hizo el técnico de la selección en el último partido...&lt;br /&gt;Solo coincidían en el horario, el lugar y la amistad. Y eso era más que suficiente. Lo demás era la excusa para un diálogo eterno, que jamás tenía un punto final. Era la confrontación constante de ideas lo que les permitía sentirse tan bien entre si.&lt;br /&gt;Se preguntaban a veces como podía ser que se llevaran tan bien siendo tan diferentes en la forma de pensar. Y se reían del hecho de plantearlo, porque no veían por qué deberían llevarse mal justamente por eso.&lt;br /&gt;Se despedían con un abrazo en la puerta del bar, para tomar caminos diferentes. Se verían al otro día y disfrutarían cada instante.&lt;br /&gt;Sus figuras se confunden en la multitud, sin perder aquello que los hace diferentes. El mundo ignora la historia de estos amigos, como tantas otras. Y su existencia, la del mundo, se vuelve cada día más miserable, más egoísta e intolerable.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-2318632268584083353?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/2318632268584083353/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=2318632268584083353&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2318632268584083353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/2318632268584083353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/breve-radiografia-de-dos-amigos.html' title='Breve radiografía de dos amigos'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-7516896116515358597</id><published>2011-06-05T01:08:00.004-03:00</published><updated>2011-06-05T01:16:11.766-03:00</updated><title type='text'>Yony</title><content type='html'>Desde su ventana veía todo. Diez años eran más que suficientes para comprender lo que sucedía. Trabajaban de madrugada, cavando pozos. Más tarde llegaban los vehículos, con las luces apagadas. Hombres silenciosos trasladaban desde los mismos enormes bolsas negras y las dejaban caer en esos enormes agujeros ganados a la tierra.&lt;br /&gt;Cuando al mediodía pasaba por delante de la casa vecina, la que en horas nocturnas espiaba con obsesión, sentía que su cuerpo se estremecía. Aún más si sentado en la escalinata que llevaba a la puerta estaba el hombre pelado con el parche en el ojo. Era grandote, con los brazos tatuados. Pero el detalle en el rostro superaba cualquier otra característica intimidante.&lt;br /&gt;Jonatan apuraba el paso y deseando convertirse en un fantasma, se deslizaba rápido por la vereda. El hombre del parche lo seguía siempre con la mirada. ¿Se imaginaba acaso que los espiaba cada noche? ¿O era tan grande su miedo que hasta el caminar lo delataba?&lt;br /&gt;Cada vez que su madre apagaba la luz de la habitación se repetía mentalmente que esa noche no lo haría, no se levantaría de la cama, permanecería con los ojos abiertos mirando el techo, combatiendo la tentación. Pero minutos después la luna lo sorprendía asomado con cuidado detrás del vidrio, con sus ojitos curiosos como dos faroles apuntando hacia el patio de al lado.&lt;br /&gt;Esa noche estaba a punto de repetir el ritual. Quería contenerse, porque a la tarde se había asustado. Fue cuando volvía del colegio. El hombre tatuado estaba allí, sentado delante de la puerta de la casa. Esta vez no se limitó a ponerle los ojos encima.&lt;br /&gt;- Nene - lo llamó.&lt;br /&gt;Jonatan no supo que hacer. Se detuvo, reteniendo con fuerza el poco de orina que a punto estuvo de escapársele. Ni siquiera pudo contestar, se quedó mudo.&lt;br /&gt;- Decime nene ¿a qué le tenés miedo? ¿eh? ¿yo te asusto?&lt;br /&gt;El niño meneó la cabeza, negando.&lt;br /&gt;- ¿Cómo te llamas? - preguntó el grandulón.&lt;br /&gt;Estaba temblando, pero así y todo, miró hacia su casa, rogando que en ese momento saliera su madre o su padre, cualquiera, con tal de salir corriendo lejos de allí.&lt;br /&gt;- Jonatan - respondió al fin.&lt;br /&gt;- Bien, Yony - lo pronunció así, afirmándose en la primera sílaba como si fuese el mango de una pala - Se que quizá algunas cosas te asustan, sobre todo en la noche. Pero son cosas y ya, a nadie les tiene que importar. Mira - dijo buscando algo a sus espaldas - para que dejes de tenerme miedo, aquí te doy este regalo.&lt;br /&gt;Y estirando la mano, le acercó al niño un esqueleto a escala. Vaciló, pero lo tomó, comprendiendo que aquello estaba tallado en huesos de verdad. Diez años eran suficientes para darse cuenta de eso.&lt;br /&gt;El hombre corrió entonces el parche que llevaba en la cara a un lado, dejando a la vista un hueco dónde tendría que haber estado el ojo. La oscuridad se perdía en la profundidad y también, en las comisuras de los labios, que se ensanchaban en una sonrisa.&lt;br /&gt;- Esto - le dijo - es un presente. El próximo será en tamaño natural. ¿Cuál prefieres para tu habitación, el de mamá Ana o el de papá Esteban?.&lt;br /&gt;En la penumbra de su habitación comprendía que ya no podía seguir espiando, el esqueleto que descansaba en su mesa de luz era un recordatorio de ello. Pero la tentación era enorme. Lo que sucedía en el patio vecino, a pesar de todo, sacudía algo en su interior. Si, vaya que se había asustado a la tarde. No solo por agujero sin fin en el rostro del vecino, también por su respuesta, que aún resonaba en su mente.&lt;br /&gt;- El de papá quedaría bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Este cuento también pertenece a la &lt;a href="http://eldesgraciosaurio.blogspot.com/2011/05/calaveras-vs-diablitos.html" target="_blank"&gt;propuesta de don Belce &lt;/a&gt;. Veremos con qué dibuje responde o que excusa pone.&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-7516896116515358597?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/7516896116515358597/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=7516896116515358597&amp;isPopup=true' title='18 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7516896116515358597'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/7516896116515358597'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/yony.html' title='Yony'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4528789126975153262</id><published>2011-06-02T01:05:00.003-03:00</published><updated>2011-06-02T01:22:15.436-03:00</updated><title type='text'>Un instante en el mañana</title><content type='html'>Campos interminables sembrados de soja, trigo o girasol. Un reino verde, amplio, infinito. Atravesados por rutas grises, desiertas. Agrietadas por los años y olvidadas por las viejas máquinas que las transitaban.&lt;br /&gt;Los sembradios nacen salvajes, mientras el viento los abanica en soledad en tanto el sol los hace crecer con la paciencia de la naturaleza. &lt;br /&gt;Las aves sobrevuelan en silencio, alas desplegadas y mirada al horizonte. Son dueñas del cielo. Como los animales que pueblan el suelo firme, los ríos y mares, desconocen de los peligros que en el pasado acechaban a sus ancestros.&lt;br /&gt;El tiempo ha dejado de existir como tal, pues ningún ser viviente se preocupa en contabilizarlo. Viejas estructuras delatan un ayer extinto, pero pasan desapercibidas. En algunos casos, los caudales de agua se han encargado de esconder las antiguas huellas.&lt;br /&gt;Un puma se detiene en la orilla de un arroyo. Levanta la cabeza y ve pasar una bandada de patos. No sabe como se llaman ni que se trata de algo denominado bandada. En si, el lenguaje de tiempos anteriores, ya no puede ser interpretado. &lt;br /&gt;Los seres conviven y sobreviven, según sus reglas. La vegetación se expande, en total libertad. El cielo se ensancha con la pureza de su aire, abriéndose en las noches para cautivar con aquellos puntos que destellan en la magnificencia de su dimensión.&lt;br /&gt;En una montaña alejada, sobre una cordillera, se esconden del frío un grupo de hombres. Son los últimos sobrevivientes de una raza a punto de morir. Aún conocen el secreto del fuego, aunque han perdido muchos otros, como el del lenguaje y la inteligencia. Emiten sonidos guturales, como miles de años antes habían hecho sus antecesores. Pero tampoco lo saben. Y mucho menos, les importa.&lt;br /&gt;Están aislados, alimentándose de las raíces de las últimas plantas que nacen en la región. No pueden bajar, ya no lo intentan. Los que están allí no saben la razón y no indagan. Hace tiempo que es así. &lt;br /&gt;Y si quisieran hacerlo, los feroces mamíferos que custodian la montaña prohibida, terminarían con ellos. También estos animales desconocen el misterio que habita las alturas, solo saben por instinto que no deben permitir que ningún ser viviente descienda. &lt;br /&gt;Y seguirá siendo así, hasta que todo termine.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4528789126975153262?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4528789126975153262/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4528789126975153262&amp;isPopup=true' title='12 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4528789126975153262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4528789126975153262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/06/un-instante-en-el-manana.html' title='Un instante en el mañana'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-4606911777638546441</id><published>2011-05-30T00:30:00.011-03:00</published><updated>2011-05-30T00:30:01.036-03:00</updated><title type='text'>Huesos sin alma</title><content type='html'>La noche pálida que despelleja al tiempo, con la eternidad de los segundos que no marchan, la serena lentitud del insomnio que lo toma de la mano y lo invita a esa muerte prematura de la mente, en la que cada sonido proveniente de la oscuridad es un nuevo desafío a la cordura.&lt;br /&gt;Se siente débil, desprotegido. Se acurruca bajo las sábanas odiando la soledad a la que está sometido. Añora aunque sea un ronquido del otro lado de la cama, ahora tan extensa e infinita.&lt;br /&gt;Desea encender la luz, confrontando así la mortecina claridad de la noche. Quiere que las sombras desaparezcan y con ellas sus formas horripilantes, sacados de un cuento de terror. Quiere que todo lo que lo aterra se esfume por arte de magia. Pero su mano no va al velador, permanece abrazándolo, negándole el alivio de poder ver lo que realmente lo rodea.&lt;br /&gt;Pero existe una razón. Que ya ni siquiera viendo, sabe que es realidad y que no. Todo comenzó aquella noche espantosa, la misma que lo llevó al abismo de las noches en vela sin poder dormir. &lt;br /&gt;Empezó como era costumbre, con un riña, una discusión más sobre las diferencias propias que la edad se crea para incomodar al ser que lo acompaña en la vida cotidiana. Hubo tonos elevados de voz, insultos y amenazas. Ya no había necesidad de pelear por lo bajo, los chicos habían crecido y partido, quizá, muy temprano.&lt;br /&gt;En algún momento de aquella noche, la memoria lo traiciona. Solo recuerda el golpe de la puerta de calle y encontrarse solo en el living, sin más compañía que su propia sombra. Esa noche fue la última en la que pudo dormir cinco horas seguidas. Lo despertó un aullido muy lejano, que le erizó la piel en sueños.&lt;br /&gt;No se sorprendió de encontrar que ella no había vuelto. Tampoco se preocupó en llamar a casa de su suegra. Quizá era hora de arreglárselas solo. Salió a la calle con buen abrigo. Llevaba el maletín con descuido, intentando ordenar mentalmente lo que había pasado antes de irse a dormir. Pero le costaba concentrarse. &lt;br /&gt;No vio a la chica que salía de una tienda deportiva. Se la llevó por delante, haciéndole caer a ella una bolsa con una caja de zapatillas y él, desparramando el maletín en el suelo. &lt;br /&gt;Con mucha vergüenza, le pidió disculpas. Ella parecía simpática o quizá, tan solo, se apiadó de un viejo estúpido que casi la hace caer. Cuando irguieron sus cuerpos tras levantar las pertenencias, de reojo observó el reflejo en la enorme vidriera. El terror lo embargó al punto de soltar otra vez su maletín.&lt;br /&gt;- ¿Se siente bien? – preguntó con melodiosa voz la blonda joven.&lt;br /&gt;No le salieron palabras, solo movio ligeramente la cabeza, dándole a entender que si. Le resultaba imposible quitar los ojos del reflejo, de su imagen desgarbada y anciana, acompañada por un esqueleto algo más bajo de estatura, sosteniendo un bolso que en su interior contenía una caja de zapatillas.&lt;br /&gt;Se alejó, excusándose que se le hacía tarde. Recogió el maletín y huyó a su oficina. Estuvo recluido allí toda la jornada, sin siquiera tomarse la hora del almuerzo. Volvió a su casa cuando atardecía. El silencio gobernaba el lugar, como hacía tiempo no ocurría. Cómo nunca en realidad. Por las dudas, al entrar, llamó a su mujer por el nombre. Nada. Ella no había vuelto. ¿Tan grave había sido la pelea? Si, no había dudas.&lt;br /&gt;Comió poco, se duchó y se acostó. Pero no pudo dormir. Los sonidos que le llegaban de la calle le figuraban ideas absurdas y cada tenue sombra proyectada en las paredes, con la complicidad de la luna, le parecía un fantasma a punto de abordarlo.&lt;br /&gt;Cuando el despertador chilló desde la mesa de luz, sus ojos aún permanecían abiertos. Se puso de pie con el semblante destruido, pero así y todo, enfrentó su vida. Llegó al trabajo y como era su costumbre tomó el diario. En primera plana un rostro conocido. Sintió que un frío envolvía cada músculo de su cuerpo. La mujer de la foto lo miraba a los ojos y por alguna razón parecía culparlo. Era la joven del día anterior, la que el reflejo de la vidriera le mostró como un esqueleto. Dejó caer el diario sobre el escritorio, aterrorizado. A la chica la habían degollado la tarde anterior. Pero el la sabía muerta desde horas antes.&lt;br /&gt;No esperó el momento de la comida para salir. Cruzó la calle y fue hasta el bar. Pidió el teléfono y llamó a la casa de su suegra. No atendió nadie. De golpe, sentía la necesidad de saber como estaba su mujer. Pero al mismo tiempo, no quería llamar desde su oficina. Se tomó un café y mientras lo hacía, vio en el reflejo de la ventana dos esqueletos tomando un té. Escupió el líquido que tenía en la boca y se giró para observar la mesa. Eran dos señoras mayores, charlando sin preocupaciones. &lt;br /&gt;Le corrió sudor por la frente. ¿Qué significaba aquello, que iban a morir? ¿Debía decirles, advertirles que estaban ante las últimas horas de sus vidas? Se hundió en cavilaciones. De pronto, las vio salir por la puerta. Se puso de pie, con la intención de perseguirlas. Sin embargo era tarde, tomaron de inmediato un taxi. &lt;br /&gt;Quedó paralizado, sentado ante su taza de café frío. Estaba aún inerte, cuando vio pasar por la misma calle una ambulancia a rauda velocidad y las sirenas encendidas. Segundos después, a la policía.&lt;br /&gt;Pagó el café y abandonó el bar. Caminó por la misma calle, siguiendo el sonido de las sirenas. Cinco cuadras más adelante, no se sorprendió ante el trágico desenlace. El taxi incrustado debajo de un camión de recolección de residuos. Las mujeres estaban sin vida, no necesitaba acercarse para saberlo, ni preguntarle a nadie para corroborarlo. Pegó media vuelta y volvió a su trabajo, no sin dejar de pensar en la foto del diario y en esos esqueletos tomando el té.&lt;br /&gt;Regresó a su casa y repitió lo del día anterior. Llamó por el nombre a su mujer. Esta vez escuchó un crujido en su pieza. Corrió hacia allí, esperando encontrarla haciendo la cama. Pero no, no había nadie. Se dejó caer sobre el colchón, rendido. Tenía mucho sueño, pero no podía dormirse. Las imágenes lo asaltaban, muchas de ellas incoherentes. Lo que más lo asustaban eran los huesos. Los huesos articulados llevando las tazas a las mandíbulas abiertas. Y las sombras que al caer la noche los dibujaban en cada rincón de su mente, sin permitirle descansar.&lt;br /&gt;A partir de esa mañana, antes de salir a trabajar, llamaba a casa de su suegra, pero sin lograr que alguien levantara el teléfono. En el camino hacia su oficina veía muchos reflejos en forma de esqueletos. Evitaba el contacto con las figuras reales, no quería saber a quiénes pertenecían.&lt;br /&gt;Ya no leía el diario, las miradas inquisidoras lo asustaban. Volvía a su casa agotado, con el deseo de no cruzarse con más proyecciones de muerte. El insomnio lo maltrataba, llevándolo a una agonía sin paz.&lt;br /&gt;En el trabajo pidió licencia. Dijo no estar bien. Y era cierto. Puso llave a su casa y se encerró en su cuarto. Intentaba dormir de día, cuando las figuras de las cosas le resultaban familiares. Pero no lo lograba. Sus ojos estaban invadidos de un rojo inestable. Sentía como sus manos temblaban cada día más. El estómago gruñía de hambre y lo saciaba con pequeñas mordeduras a sobras viejas, muchas de ella en mal estado.&lt;br /&gt;Si, era consciente que estaba perdiendo la cordura. A veces sentía la necesidad de levantarse de la cama a cualquier hora y marcar el número de teléfono de su suegra. Se quedaba parado con el tubo en la mano varios minutos, escuchando el tuuuu de la línea muerta.&lt;br /&gt;Las sombras en la noche juegan con el, buscan enloquecerlo. Su mano amaga a ir al velador, pero se aferra al cuerpo avejentado. No sabe cuánto más va a poder resistir así, su corazón lejos se encuentra de ser fuerte. Esa noche de luz mortecina, la mano llega al interruptor. Las sombras se escabullen a sus escondites, sabiendo que podrán salir más tarde.&lt;br /&gt;Otra vez las figuras que ya conoce: el ropero, la cómoda, la cajonera, su ropa desperdigada por el suelo. Se pone de pie. Siente como la sed reclama a gritos un poco de agua. Su mujer siempre tenía un vaso a mano, sobre la mesa de luz. Pero ella ya no está y el jamás ha sido previsor.&lt;br /&gt;Mientras camina hacia la cocina, la luz se va de golpe. La oscuridad se arroja sobre su cuerpo como un demonio. De repente el miedo lo envuelve, como pocas veces. Se apura y avanza a ciegas hasta la cocina. Siente que algo lo persigue, que algo camina tras sus pies. Quiere llorar, quiere gritar. Pero en algún resquicio de esa demencia, sabe que todo es producto de su mente. &lt;br /&gt;En la cocina siempre hay velas a mano. No sabe bien por qué. Quizá por el hecho de que son instrumentos para combatir la oscuridad. Enciende una. La luz es suficiente para darle tranquilidad.&lt;br /&gt;No quiere volver a la pieza, de momento no. Teme por eso que creyó, lo estaba persiguiendo. Tiene sed. Bebe agua. Aparta una silla y se sienta. Aprovecha para recordar aquella noche, esa discusión de la que ha perdido memoria. Parece que fue hace una eternidad.&lt;br /&gt;Se percata entonces del viento que hay afuera, recién cuando unas gotas de lluvia repiquetean sobre el alero. Hay tormenta, piensa. Una tormenta de la nada, como las discusiones con su mujer.&lt;br /&gt;Vuelve a su habitación. Por la ventana ya no se ve la luna. Una gruesa capa de nubes oscuras la ha arrojado al abismo de la oscuridad. El avanza con la vela, como si fuera un ángel protector. Pero tiene miedo. Siento que eso que lo perseguía sigue allí, latente. Se gira, quiere escapar de la habitación y queda de frente al espejo. Se mira pero no se ve. O si, pero ya no es el. Es un manojo de huesos, sosteniendo una vela.&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Tk4dKFy_OhU/TeKYxPLzCuI/AAAAAAAAA9U/2TtfMw5PBXY/s1600/viejo+vela+final+blog.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-Tk4dKFy_OhU/TeKYxPLzCuI/AAAAAAAAA9U/2TtfMw5PBXY/s320/viejo+vela+final+blog.jpg" width="227" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Grita y suena como un aullido. Deja caer la vela y escapa en la oscuridad, tropezando con los muebles. Abre la puerta del frente y sale a la vereda, donde la lluvia lo golpea en la cara. La puerta se cierra a sus espaldas y produce un ruido que lo retrotrae en el tiempo. Ahora ya no llueve. El cielo es claro y está repleto de estrellas. Delante de él hay un volquete, el mismo que hace semanas permaneció en el frente de su vivienda. Se siente cansado de haber estado haciendo fuerza. No entiende de qué. Se asoma al volquete y entre los escombros de la construcción de la casa de al lado, divisa las dos bolsas negras. Le resultan familiares. Se inclina con esfuerzo para abrir una de ellas. A pesar de la noche, al abrirla, reconoce al instante los dos ojos que se clavan en los suyos. &lt;br /&gt;Retrocede, asustado. Es la cabeza de su mujer. Se da cuenta, comprende. Regresa a la bolsa, la ata como puede. No necesita mirar en la otra bolsa. Sabe que encontrará a su suegra, también descuartizada. Ahora recuerda, la discusión, su mujer llamando a la madre para que la fuera a buscar. Luego, el horror. No pierde el tiempo, acomoda los escombros de tal manera que las bolsas quedan sepultadas. Trabaja arduamente, termina agotado. Entra a la casa, sin fuerzas ni para cerrar la puerta. El viento hace ese trabajo y el ruido sordo que hace al estrellarse contra el marco lo despierta de un ensueño.&lt;br /&gt;Otra vez llueve. Está en la vereda. Ahora lo sabe todo. Ahora comprende. Ha visto la muerte y la muerte lo ha visto a él. No queda más remedio que entregarse. De permitir que eso que lo persigue, lo atrape al fin. Emprende la caminata, la última, buscando el lugar donde decir adiós. Camina sin mirar las vidrieras, pero sabiendo que a su lado marcha un manojo de huesos sin alma alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Este cuento pertenece a la &lt;a href="http://eldesgraciosaurio.blogspot.com/2011/05/calaveras-vs-diablitos.html" target="_blank"&gt;propuesta de don Belce &lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7358829-4606911777638546441?l=netomancia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://netomancia.blogspot.com/feeds/4606911777638546441/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7358829&amp;postID=4606911777638546441&amp;isPopup=true' title='15 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4606911777638546441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7358829/posts/default/4606911777638546441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://netomancia.blogspot.com/2011/05/huesos-sin-alma.html' title='Huesos sin alma'/><author><name>Netomancia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15565061418388622444</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/-O6YaUS4bi9g/TsM0iV9pWcI/AAAAAAAABRw/JJeK32cHkFk/s220/jack.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Tk4dKFy_OhU/TeKYxPLzCuI/AAAAAAAAA9U/2TtfMw5PBXY/s72-c/viejo+vela+final+blog.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7358829.post-3237613553582487944</id><published>2011-05-27T01:11:00.091-03:00</published><updated>2011-05-27T01:41:02.499-03:00</updated><title type='text'>De gente mala e infiernos eternos</title><content type='html'>La nívea mirada de la niña confirmó su primera hipótesis. El inmaculado vestido que envolvía su delgado cuerpo la convertía en un ángel sin alas, que ya jamás volaría ni podría soñar con hacerlo.&lt;br /&gt;Entre tantos pasos que iban y venían, sus ojos se desplazaron por toda la habitación acumulando detalles, buscando dar con algún indicio que se les hubiera escapado a todos los demás.&lt;br /&gt;Estaba de rodillas, como implorando un milagro. Pero no lo hacía, los años habían recubierto sus sentimientos con una capa tan resistente como el acero. Indagaba de cerca, aproximándose como quizá lo había hecho el asesino. Esos ojos abiertos, sin embargo, lograban recordarle que no estaba hecho de piedra.&lt;br /&gt;Se puso de pie y salió de la casa. Afuera el ambiente no era mejor. Corría aire, el sol brillaba, pero el arremolinamiento de vecinos y medios de comunicación lo sentaban de culo en la realidad, en el hecho de verse en otra escena del crimen. Se pasó un pañuelo por la frente, secándose el sudor.&lt;br /&gt;Sabía que sería el blanco de las preguntas de los reporteros; confrontarlos era una tarea secundaria de su trabajo. Odiaba esa parte, pero la gente necesitaba respuestas. Las cuales, siempre resultaban escasas. &lt;br /&gt;Regresó a su oficina, sintiéndose viejo. Y era porque lo estaba: las canas que peinaba no formaban parte de un decorado, sino que eran producto del paso del tiempo (y de las muertes).&lt;br /&gt;Una niña, un futuro truncado. Otro más. A veces a la capa de acero le salían grietas, pero se ocupaba de ocultarlas. Era mentira aquello de que los años cicatrizaban las heridas, por más que las mismas las sufrieran otros. El estar cerca las contagiaba. Y el tiempo se encargaba de hacerlas eternas.&lt;br /&gt;Por la noche, intentó en vano cenar. El estofado se le hizo espeso. Miró en cambio, los portaretratos cubiertos de polvo en los estantes. Su mujer, sus hijos. ¿Pensarían en él? A veces se lo preguntaba, pero no tenía respuestas. Jamás les había dedicado tanto tiempo como en los últimos años, en sus pensamientos. Sus casos habían estado por delante de todo. Siempre.&lt;br /&gt;La soledad lo embargaba, haciendo permeable el regreso de esas imágenes grabadas a fuego en sus recuerdos. Niñas y niños. Ángeles de Dios. Víctimas de miserables seres, de gente horrenda, sin corazón. No había sepulcro que los mantuviera a salvo. En su mente, siempre lloraban, reclamando justicia.&lt;br /&gt;Ese era su propósito, su razón de ser. Y lo hacía bien. Vaya que si. Su reputación lo decía todo. Y sin embargo... no alcanzaba. Nunca era suficiente ante tanta maldad. &lt;br /&gt;Últimamente la acidez lo tenía a maltraer. Chequeos con el cardiólogo, el pedido de menos horas de trabajo, la sensación de estar en los últimos kilómetros del camino. Las canas en el espejo, las arrugas, el pesar de los años. Y cada muerte, un nuevo puñal en el corazón. &lt;br /&gt;La niña de esa mañana, otro ángel caído. Otra esperanza por el retrete. Y alguien suelto. Y allí renacía el dolor, la angustia. El deber, la necesidad de apresar al maldito. Una persecusión interminable, porque el mal cambiaba de rostro, de cuerpo, pero seguía existiendo. Las rejas parecían no alcanzar para todos. El infierno era la Tierr
