Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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21 de febrero de 2018

Escritor nocturno

Espera a que las potentes luces delanteras del ómnibus se pierdan al doblar la esquina y recién luego cruza, cuando la oscuridad ha devuelto su manto a la calle, a merced del silencio y el leve movimiento de las hojas en los árboles.
Un maullido. Un ladrido distante. La soledad reina en el barrio. El hombre camina lentamente, sin apurar los pasos. Le gusta escuchar el eco de sus propias pisadas. Parece ser la única persona transitando esas altas horas, pero sabe que otras almas deambulan cerca, algunas errantes, otras apresuradas y temerosas.
Lo sabe porque la noche es su hogar, un refugio al que acude en tiempos de desesperación pero al mismo tiempo, de inspiración. Se siente escritor, reconoce la pasión que recorre sus venas, pero no puede ejercerlo continuamente.
Tiene etapas. A veces duran semanas, otras meses y hasta incluso, ha sido escritor por un breve lapso de días. Desde que tiene memoria, el instinto ha sido el disparador de sus obras pero una vez agotado ese impulso inicial su mente se torna un verdadero vacío de letras.
Pero por suerte allí está, lo que sea que se convierte en fuente de sus obras, ha vuelto. Y el hombre, otra vez escritor, está en la calle en plena noche, saboreando las sombras, los contornos poco definidos, el murmmullo del viento, el ocaso de la comunidad como tal. Y espera. Aguarda. Camina con paciencia, con la tranquilidad de la experiencia de otras novelas ya escritas. Tarde o temprano aparecerán. Se cruzará con una, dos o tres personas a lo largo de la madrugada y escribirá sobre ellas.
Entonces, escucha pasos, otros, no los suyos. Se detiene. Juega con el contraluz que le regala la luna. La ve venir. Una mujer, a media cuadra. Sonríe. A su cabeza ha llegado la primera oración para un nuevo capítulo.

Tiene sueño. Ha sido una noche larga, pero fructífera. Se mira las manos repletas de tinta. Se pregunta si será necesario lavarse ahora o pegarse un baño al levantarse. Decide lo segundo. El sol comienza a filtrarse por la ventana a pesar de estar la persiana baja. Corre la cortina y la penumbra lo envuelve. Así está bien. Se recuesta. Los ojos comienzan a cerrarse. De fondo, desde la cocina, llega el sonido bajo de la radio. Mientras se duerme, escucha con claridad la voz grave del locutor del informativo: "Reiteramos, dos nuevos homicidios durante la madrugada, ocurrieron en la zona sur de la ciudad. Si bien la policía no dio detalles oficiales, fuentes confiables indicaron que se trataría del asesino de las letras, como así se lo conoce al homicida aún no identificado que tras degollar a su víctima, con una navaja escribe mediante cortes en todo el cuerpo lo que se supone es una novela en capítulos. Las personas asesinadas anoche son..."

Duerme.

2 comentarios:

el oso dijo...

Lo bueno de las crónicas policiales es que no tiene que tomar nota de lo que escribe, se lo recuerdan al toque. Y no anda renegando con editores, etc.
Muy bueno, Neto. Al principio pensé que era autobiografico, pero al final lo comprobé.
Abrazo

Ernesto Parrilla dijo...

Shhh que nadie se avivó todavía! Jajaja
(abrazo Oso!)