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23 de julio de 2016

Conservar la calma

No podía llamar a su hermano, porque él lo primero que haría sería echarle en cara las veces que se lo había advertido. Y era cierto, no una, dos o tres veces... ¡al menos cien!: Marisa, poné alarma. Marisa, tenés que poner rejas. Marisa, vienen unos rollos de alambre para poner encima del tapial. Marisa, tené cuidado, dejá las luces prendidas.
Y lo peor es que ella había considerado cada uno de los consejos, pero jamás materializó alguno. Porque costaba dinero, porque había otras prioridades pero principalmente, porque a ella no le iba a pasar. Entonces, por todo eso, no podía sencillamente marcar en el celular el número de su hermano. ¡Pero algo tenía que hacer! Esta gente no actúa sola, y tarde o temprano, algo van a sospechar y entonces... el gato pasó corriendo entre sus piernas y se tiró de cabeza a su sillón preferido. Marisa sintió que se le escapó un poco de pis entre las piernas.
Temblaba. Todo su cuerpo era una bola de nervios. Sentía que la presión se le caía al suelo, pero mentalmente se imponía mantenerse erguida, tomar un vaso de agua, asegurar las puertas, las ventanas. Pero tenía que llamar a alguien. ¿A quién podía recurrir? Claro, cómo no lo había pensado antes. Edgar, el guardia de seguridad de su trabajo.
Buscó en la agenda de contactos del teléfono hasta dar con su número. Lo marcó, pero sabía que era tarde, que quizá no estaba, o estaría trabajando de vigilancia en algún lugar, sábado a la noche, era de esperarse, podría estar durmiendo, con el celular apagado.
- ¿Quién habla?
La voz la sorprendió al punto de dejar caer el teléfono. Se apresuró en levantarlo del suelo. No sabía que decir, las palabras se agolpaban en su boca, fuera de control de su cerebro.
- Soy Marisa, Marisa del trabajo, Marisa,,,
- Calma, calma... ¿qué sucede Marisa?
- Edgar, siento llamarlo a esta hora, pero ha sido algo horrible, he llegado a casa, tarde, abrí la puerta y ahí estaba, no me dio tiempo a nada.,.
- ¿Quién estaba Marisa?
- ¡El ladrón! ¡El ladrón estaba dentro de casa!
- ¡Por Dios! ¿Está escondida en alguna habitación, logró salir de la casa...?
- No, nada de eso, estoy en mi casa. Pero tengo una situación complicada. Por eso lo llamo.
- ¿La está amenazando? ¿El ladrón aún está allí?
- No, no me amenaza. Pero está acá, es decir, está y no está. ¡Lo maté Edgar! ¡Lo maté!
- ¡Cómo sucedió eso! ¿La ha lastimado?
- Vea, entré así de sopetón porque me estaba orinando encima, ni siquiera encendí las luces y este delincuente debe haber estado tan concentrado buscando cosas de valor a oscuras, que ni prestó atención. Así que imagínese, entré y ahí veo su silueta. Casi me cago encima Edgar, se lo juro. El ladrón se me vino encima y atiné a tomar lo primero y lanzarlo en su dirección.
- ¿Qué le tiró?
- Una imitación de espada samurai que estaba en la pared, al lado de la puerta. Es de mi ex marido. Nunca la vino a buscar. Se la tiré a la bartola, no apunté ni nada. Pero cuando prendí la luz, porque el tipo no se levantaba, vi que se la clavé entre los ojos.
- ¿Está segura que murió? ¿No lo habrá golpeado nada más?
- ¡Claro que estoy segura Edgar! No seré médica, pero que la punta de la espada haya salido por atrás es señal que lo reventé. Además, no se imagina cómo quedó la alfombra persa que era de mi abuela. ¡Llena de sangre! No sé cómo voy a limpiar eso.
- Está bien, trate de conservar la calma.
- Eso intento, pero no se qué hacer. Mi duda principal, no le voy a mentir, es si llamo o no a la policía. Es decir, voy a tener que llamarla, pero... ¿cómo tengo que explicarle, debo decirle que fue defensa propia, qué debo decir?
- No Marisa, no los llame. En primer lugar, si esto llega a la policía, usted va a tener un montón de horas perdidas en la comisaría, en los tribunales, porque por más que haya matado a un ladrón y dentro de su vivienda. Por otro lado, uno nunca sabe de qué lado están, a veces dejan salir de la cárcel a tipos como este para que afanen y se reparten el botín. Además, piense en la prensa, van a venir a hacerle notas, llamarla por teléfono. Pero eso no es nada. Este delincuente debe tener amigos y familiares. Y a ellos les importa un comino que el tipo haya estado violando la ley. Lo único que les va a importar, es cobrarse venganza. Si ellos se enteran, usted es boleta.
- ¡Ay, no! ¡No quiero que me vengan a buscar! ¡Esto es una encrucijada! No lo puedo creer, es una pesadilla. ¿Los ciudadanos que vivimos al día y pagamos los impuestos no tenemos forma de defendernos?
- ¿En qué país vive Marisa? Claro que no. Desde los que gobiernan hasta el más mísero ladrón tienen más derecho que usted y cada uno de nosotros. Tanto unos como los otros viven de nosotros. Lo único que nos queda, es ayudarnos entre nosotros y usted lo ha hecho al llamarme.
- Menos mal que lo llamé Edgar. ¿Usted puede venir a ayudarme?
- Estoy en la isla Marisa, del lado de Entre Ríos. Me vine a pescar. Pero puedo ayudarla igual, Usted tendrá que seguir al pie de la letra mis instrucciones.
- ¿Y no puede venir igual?
- Deberá hacer lo que le digo. No se ponga nerviosa. Primero, debe asegurarse que esté muerto.
- ¡Le digo que está muerto!
- Bien, le creo. Pero busque una cuchilla afilada. ¿Tiene una?
- Por supuesto, para hacer las milanesas. La llevo a afilar una vez al mes.
- Búsquela y clávesela por todo el cuerpo.
- ¡Está loco Edgar!
- Hágame caso. Imagínese que es la rueda del auto de su ex marido y que en un ataque de bronca, le clava la cuchilla cien veces,
- ¿Por qué le haría algo así?
- No sé, quizá la engañó.
- ¿Ese estúpido? No lo creo.
- Marisa, piense en alguien que odie y entonces imagine que le está haciendo agujeros a la pelopincho en el fondo del patio.
- La turra de mi vecina, que le da carne podrida al gato para que se intoxique.
- Eso, piense en su vecina. ¿Ya tiene la cuchilla?
- Si. ¿Podré usarla en milanesas después de esto?
- Claro que podrá, pero trate de clavarla por todo el cuerpo.. Eso servirá para lo que haremos después.
- ¿No cree que si le clavo una sola vez la cuchilla en el corazón, ya está?
- Hágame caso Marisa.
- ¡Lo estoy haciendo, lo estoy haciendo! Esto no es soplar y hacer botellas. Hay partes donde cuesta sacarla.
- Lo está haciendo bien. Ahora vaya recordando donde puede conseguir un poco de alambrado romboidal.
- ¿Qué cosa?
- Un poco de cerco de alambre, ese que tiene forma de rombos.
- ¿Y eso para qué?
- Para envolver el cadáver.
- ¡No diga cadáver! ¡Qué me impresiona!
- Bueno, el cuerpo. Hay que envolverlo.
- Puedo usar la alfombra, total, ya está perdida.
- El alambrado no dejaría que suba a flote.
- Espere un momentito... ¿a flote de dónde?
- Del río. ¿Dónde piensa esconderlo? ¿Va a hacer un pozo en el patio de su casa o en el de su vecina? Apuesto que no tiene ni una pala.
- Claro, apuesta eso pero me pide un cerco perimetral de alambre.
- ¿Tiene o no una pala?
- No tengo.
- ¿Y sabe dónde conseguir algo de ese alambre?
- El frente de mi vecina tiene. Todavía no hizo el tapial. Puedo quitar una parte.
- Bueno, vaya por el alambre.
-  Estoy yendo.
- Antes de salir a la calle, mire si no hay un secuaz del ladrón esperando afuera.
- Acabo de mirar por la ventana, no hay nadie.
- Sea cuidadosa. ¿Llevar algo para cortar?
- La cuchilla.
- ¡Va a ensuciar donde corte con sangre!
- ¡Ya la limpié! En la alfombra. ¿Se cree que soy una improvisada?
- Disculpe, no me gustaría que deje cabos sueltos.
- Le dije que la cuchilla es buena, corta como si nada el alambre.
- Solo un poco, con una vuelta alrededor del cuerpo alcanza.
- Ya lo tengo. Me demoré porque aproveché para cortarle el rosal a la turra ésta,
- Vuelva rápido a su casa, no pierda el tiempo.
- No pierdo el tiempo, fue solo una satisfacción personal, ¿Algo me merezco en una noche de mierda como ésta, no cree?
- No se me vaya de tema, necesitamos concentración. Proceda a envolver el... cuerpo.
- Iba a decir la palabra que me impresiona. Vamos, concéntrese.
- Utilice el mismo alambre para ajustar, así no se abre.
- Se lo estoy enganchando en la ropa, así tiene un agarre extra.
- Bien pensado Marisa. Ahora, dígame. ¿Tiene auto?
- Si, un Mini Cooper.
- ¿Y entra el fiambre en el baúl?
- ¿Quiere que lleve el cuerpo al río en mi auto?
- Pedir un taxi y cargar un muerto va a ser sospechoso.
- Tiene razón. Pero ahora que lo pregunta, este tipo no entra en la parte de atrás.
- Va a tener que llevarlo con usted.
- ¡Me va a manchar todo el interior con sangre!
- Utilice una frazada o algo para cubrirlo. O cubra los asientos con algo. Un plástico, una lona.
- Tengo un mantel de hule que era de mi abuela. Pobre abuela, estoy arruinando todas las cosas que me dejó.
- Valore que se las haya dejado, entonces.
- Tampoco me dejó tantas cosas. Era media amarreta la vieja.
- Ya tengo el mantel dentro del auto, ahora tengo que arrastrar al ladrón hasta ahí.
- Use la alfombra para llevarlo.
- Cuando vuelva voy a tener que baldear todo. Es un desastre esto.
- Revise antes los bolsillos del tipo. Saque todo lo que tenga en ellos y después lo quema.
- ¡Cien pesos! No paga ni los productos de limpieza que voy a necesitar.
- Si es documentación, queme todo. Así demoran más en identificarlo, en caso de encontrarlo.
- Usted me dijo que con lo que hice, no deberían.
- Exacto, no tendría motivo para salir a flote. Pero siempre existe la posibilidad que lo encuentre alguien pescando o alguna embarcación lo enganche y lo tire para arriba.
- Ufff... ¡cómo pesa!
- Fuerza, Marisa. Vamos, que usted puede.
- ¿Me está alentando o se refiere a que soy gordita?
- La aliento. De todas formas el ejercicio no le viene mal.
- El lunes vamos a tener que hablar seriamente, Edgar. Creo que se está pasando de la raya.
- Concéntrese. Cierre bien el auto. Ponga el cuerpo de tal manera que no parezca extraño lo que lleva si alguien mira desde afuera.
- Lo estoy haciendo, soy la menos interesada en que eso suceda.
- La idea es arrojarlo al río. Un sector profundo. Si lo hace en cualquier lado, corre el riesgo que sea una zona playita y el cuerpo quede a la vista.
- Odio el río, así que dígame usted dónde lo llevo. Mi ex marido me llevaba a pescar. Bah, pescar. Estábamos cinco horas con las cañas y no sacábamos un solo pescado.
- Tiene que ir más cerca del puerto, donde el calado es mayor. Pero debe evitar lugares donde vea gente paseando.
- ¿A esta hora?
- La gente pasea a toda hora Marisa.
- Se nota que estoy mucho tiempo sola en casa. ¿Debería salir más, no cree?
- Si hubiese estado en casa, el ladrón la hubiese sorprendido dentro.
- Buen punto. En realidad salgo poco. Hoy había ido al cine. Sola.
- El lunes podríamos hablar también sobre eso.
- ¿Quiere que le cuente la película? No se desconcentre Edgar. Ya tomé la calle que va al puerto.
- Siga de largo en la zona de remolcadores. Y también donde se realiza la carga de buques cerealeros.
- Más allá está bastante oscuro.
- Por eso es mejor esa zona. Nadie podrá verla.
- Muy astuto, pero me da miedo.
- Acaba de matar a un delincuente y viaje con él en su auto. ¿Algo le puede dar más miedo que eso?
- Si, que la familia y amigotes de esta mierda se entere y quiera hacerme vuelta y vuelta a la plancha.
- Estacione lo más cerca de la orilla que pueda. Con la puerta del acompañante del lado del río,
- Listo. Le digo Edgar, no se ve un alma. Hasta el río parece quieto. Y a la luna la deben tapar los nubarrones. No está por ninguna parte.
- Mejor, mejor. Saque el cuerpo y hágalo rodar hacia el agua. Esa orilla tiene pendiente, así que va a caer rodando al río.
- Uff... y eso que era flaco. Listo, en el suelo. Ahora lo empujo.
- Empuje.
- ¡Está rodando! ¡Está rodando!
- Bien, bien. Asegúrese que entre al agua.
- Oh no.
- ¿Qué pasa Marisa?
- Se trabó en una madera atravesada. Pensé que la saltaría.
- ¿Había visto la madera antes? ¡Cómo iba a saltar...!
- Ya cállese Edgar, un error de principiante. O cree que salgo a hacer esto todas las noches.
- Baje con cuidado y saque la madera del camino. Luego vuelva a empujar.
- Ve, mire usted lo que ha pasado. La madera tenía clavos y se han enganchado en el alambre romboidal. No es toda mi culpa, Edgar. Usted ha tenido su parte.
- Al contrario, eso demuestra que el alambre va a servir.
- Claro, lo suyo es positivo, lo mío es negativo.
- No discutamos Marisa. Prioricemos el asunto principal.
- El fiambre.
- El fiambre, usted lo ha dicho.
- Listo, ahora si. ¿Escuchó? Entró al agua.
- Bien, ahora aléjese con tranquilidad, súbase al auto y vuelva despacio.
- ¿Le molesta si conversamos en el camino? Esta situación me ha dejado algo tensa. ¿A todo esto, le queda batería en el celular?
- Afortunadamente, parece que ambos lo teníamos bien cargado.
- No hay nada mejor que tener el celular al tope de carga. Mire de la que me ha sacado esta vez.
- Lo que debe prever de ahora en más, es la seguridad de su casa.
- Ya se parece a mi hermano, Edgar. Siempre con advertencias que ponen los pelos de punta.
- Ha quedado demostrado que es mejor prevenir. ¿Tiene alarma?
- No.
- ¿Tiene un perro para que ladre si entra algún intruso y despierte a los vecinos?
- No.
- ¿Tiene rejas en las ventanas, así los delincuentes se topan con un obstáculo que los haga desistir?
- No, harían desentonar los marcos de las ventanas.
- Tiene que pensar en todas esas cosas, Marisa. Hoy en día nadie está seguro.
- ¿Usted tiene alarma dónde está?
- Estoy en la isla, claro que no hay alarma. Pero tengo un arma cerca, por las dudas.
- Si ese es el punto, yo tenía un sable samurai.
- Y ha visto todo lo que ha implicado utilizarlo. Piense si le hubiese errado, quizá no estaríamos hablando.
- Puede ser, debo considerar esos consejos, lo sé. Estoy llegando Edgar, quiero agradecerle lo mucho que... ¡la puta madre!
- ¿Marisa? ¿Qué pasa?
- ¡Dejé la puerta abierta de casa! No, no, no... no puede ser. ¡No, Edgard, no!
- Marisa, me asusta, qué sucede,
- ¡Se han llevado todo, se han llevado todo! ¡La casa vacía, Edgar! ¡No hay seguridad en este país! ¡Estamos solos, Edgar, estamos solos! Lo único que han dejado, es la alfombra repleta de sangre. Ni el estúpido favor de llevarme esa porquería han hecho, malnacidos de porquería. ¿Qué voy a hacer, Edgar, qué voy a hacer?
- Marisa, no hay otro remedio: llame a la policía.

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Después de todo lo que pasó, va tener que llamar a la policía, lo que Edgardo le aconsejó evitar. Me gusto el planteo paranoico de los personajes.
Bien contado.

Iber diez gomez dijo...

no me gusto.