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19 de junio de 2016

La complejidad de tener una mascota

Nunca estuve seguro de querer tener una mascota. Porque una cosa es tener y otra querer tener. Puede que uno de tus hijos se aparezca un día con una mascota que lo siguió en la calle y no quede más remedio que aceptarlo, como para demostrar que uno tiene sentimientos o quiere apoyarlo en la causa. O bien, puede suceder, que uno quiera tener una mascota con todo lo que eso implica.
Porque más allá de lo lindo que puede resultar la compañía, hay que entender que conlleva responsabilidades. Se le debe proveer comida, cuidar que esté limpia, que no tenga parásitos, que no se enferme, darles las vacunas necesarias, limpiar donde ensucia, adiestrarla para que haga caso, para que no rompa el mobiliario... podría enumerar cientos de detalles que deben ser tenidos en cuenta a la hora de introducir una mascota en el hogar.
Los límites es otro de los temas. Dónde puede estar, qué hacer, en qué horarios. La permisividad no solo hará que gane una confianza no deseada, sino que además complicará la relación con la mascota. De la misma manera que lo hará el hecho de no impartir las mismas reglas. Esto se aplica a los integrantes de la familia. Porque si alguien desautoriza a otro delante de la mascota, ésta podrá entender de inmediato quién es más débil para tratar de dominarlo.
La debilidad es una cuestión de carácter. Uno puede ser débil con la mascota por una razón de ternura, de no querer retarla cuando es necesario. Los roles deben estar bien distribuidos, pero en ningún momento se debe perder la noción del respeto. Dejarse avasallar por una mascota es firmar la derrota en su educación. Y seamos sinceros, nadie disfruta cuando delante de familiares, amigos o conocidos, la mascota hace de las suyas, pero no precisamente de las "cosas graciosas" que podrían ser motivo de celebración.
Cuando llegó Larry a casa, me propuse ser un dueño con carácter pero que al mismo tiempo le brindara al nuevo habitante de la casa, todo el cariño y atención que fuera posible. Previamente con mis hijos y mujeres acordamos el tema de los roles. Creímos que sería fácil.
Larry, sin embargo, poco tiene de fácil. Esta raza, capturada más allá del cinturón de Orión, suele ser problemática, no sabemos por qué. Pero se deja adiestrar. Lleva trabajo, es cierto, pero es posible. Además, verlos con sus cuerpos de dos patas, erguidos, esas dos extremidades superiores que terminan en pequeñas garritas con cinco extensiones móviles tan flexibles y hábiles que causan gracia y esos rostros diminutos y bellos con tan solo dos ojos y una boca, despiertan en el interior de uno sentimientos que parecían ocultos.
Y ni hablar de la variedad de sonidos que emiten, que en el caso de nuestro Larry, se escuchan a toda hora detrás de los barrotes de su jaulita y que también tanta gracia nos hacen: "Joeputas, joeputas, joeputas".
¡Qué hermosa especie! Y tan escurridizos, que debemos estar alertas y mantener nuestros veinte ojos bien abiertos para que no se nos escapen.
Pero reitero, entre tener y querer tener hay un abismo de diferencia, sin embargo, lo más importante es comprender las responsabilidades. Una mascota no es un simple pasatiempo. No señor. Es mucho más complejo que eso.

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Ya sabía que iba a haber algo extraño, tal vez siniestro. Y lo había.
Ser mascotas para extraños extraterrestres. Es inquietante.
Bien contado.

Facu Dassieu dijo...

jajajajaja muy bueeeno.

No podía ser un perro ni de casualidad.

¡Un abrazo enorme!