Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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1 de febrero de 2014

Pasajes

Los ojos lo delataban. Pedro no había dormido en toda la noche. Y a partir de ese indicio, si uno miraba bien, iba a notar las ojeras, el cabello desaliñado, las manos temblorosas.
- ¿Qué ha pasado Pedro, una mala noche? - preguntó Andrés, mientras servía un vaso de caña en una mesita retirada, del otro lado del mostrador.
Pedro, que se había acodado en la barra, lo miró de reojo. El café humeante iba perdiendo temperatura poo a poco delante de sus narices. Bebió un sorbo, en tanto Andrés volvía tapando la botella.
- Algo así - masculló, dejando el pocillo sobre el plato - Tuve una pesadilla larga, de esas que uno cree despertar pero en realidad, sigue soñando.
- ¿Y te seguía algún mostruo o algo de eso?
- Má que monstruo - rezongó Pedro - Te cuento. Estaba en una estación de colectivos. Pero una grande.
- Una terminal.
- Eso, si. Como la de Rosario. O no, más grande. Como la de Retiro. Bien grande, con muchas boleterías. Demasiada gente para mi gusto. Iban de un lado para otro, iban a los andenes o se ponían en las colas para comprar pasajes. Y yo ahí, también, apurado, buscando un pasaje.
- ¿Pasaje adonde?
- ¡Ni idea! El tema es que estaba desesperado yendo de ventanilla a ventanilla, a veces saltándome la fila, preguntándole a los vendedores si había pasaje.
- ¿Pero a qué parte? ¿O no preguntabas en el sueño eso?
- Pero no, hombre. Si hubiese preguntado sabría y te diría. Pero no, estaba en medio de una pesadilla, acordate, todo sudado, agitado, corriendo prácticamente, como si el tiempo se me acabara. Y cada vez que llegaba a una ventanilla de boletería, preguntaba lo mismo: ¿Quedan pasajes?
- ¿Y entonces nada?
- ¡Nada! No paraba de ir de una boletería a otra. Preguntaba y no había. Y así, continuamente, con el corazón en la boca.
- Qué desesperación, Pedro. ¿Tenés en mente algún viaje? Por ahí el subconciente sospecha que no vas a conseguir pasaje...
- ¿Yo, viajar? No te digo que fue una pesadilla. De pedo que camino de mi casa a la esquina y me meto en tu bar de mala muerte.
- No entiendo.
- ¡Pero claro Andrés! Yo con el corazón en la boca en todo momento, temiendo que me dijeran que si, que había pasaje. Por Dios, si me levanté con un cagazo y la madre. Estoy seguro que no me despertaba y algún vendedor hijo de puta me vendía un pasaje a alguna parte.

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Hay temores insolitos, que otros no pueden entender.

SIL dijo...

Al Infierno, por ejemplo...




Abrazo