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4 de febrero de 2014

Crónica real: Dame todo

Hablo muchas veces con amigos de la inseguridad, de lo importante de sentirse seguro, sobre todo estando en una ciudad chica que en proporción, no tiene los mismos índices delictivos que una metrópolis.
Sufro, a la distancia, que la persona que amo esté tantos días en una ciudad que considero super peligrosa. Me asusta pensar en la seguridad de la gente querida que reside en ciudades vecinas grandes, y que con sus familias, viven el día a día sabiendo de los peligros que nos rodean en la actualidad.
Y me entristece a diario, apreciar como esa seguridad que uno siente donde vive, ciudad pequeña, merma continuamente, comprendiendo que en un futuro muy cercano los que vamos a vivir entre rejas en todo momento somos nosotros, los ciudadanos trabajadores, y que los que van a pulular por las calles, cargando el miedo a sus espaldas, llevando el terror a cada rincón de mi tierra, van a ser ellos, los delincuentes, que en gran número, mantenemos entre todos, gracias a esta política clientelista que nos domina, que solventa a muchas de estas parias desde la cuna hasta que es grande, acostumbrándolo a tener todo de arriba, para que el día de mañana, cuando le toque trabajar no sepa que es eso y decida, como lo hace un número mayor a diario, salir a ganarse la vida con el sudor de la frente de otros.
No hablo desde lo lejano, desde un punto político  distinto al tuyo. Hablo desde lo humano, desde la necesidad de gritarte en la cara que esto no va más así, que uno nace para vivir la vida, no para sufrirla, que si uno sale a la calle, desea ser libre y no prisionero de los miedos.
Decir que lo que hay es una sensación y no una real inseguridad, es de hijo de puta. De malparido. De cómplice, de ciego, pero ciego cómplice, que lo único que hace con su discurso barato es cubrir lo que ya no se puede seguir tapando y es que esto, señores, señoras, se les ha ido de las manos.
Esta política que mantiene por conveniencia a ciertos sectores, sin aplicar ni un solo intento de política educadora, que ampare y otorgue conocimientos, que brinde reales soluciones a la coyuntura en la que se ven inmerso, que no acostumbre a que todo viene de arriba, sino que existe algo llamado esfuerzo y otro algo llamado trabajo (para lo que, por supuesto, se debería generar verdaderas fuentes laborales y no cubrir baches con mentiras a medias), esta política no va más, en realidad, se ha visto desbordada y hace agua, nos inunda, nos ahoga como sociedad.
No se puede caminar por las calles, no se puede salir a altas horas, debemos poner rejas a nuestras ventanas, trabar bien las puertas, rogar que la figura que viene hacia nosotros de frente por la vereda no pretenda asaltarnos. Parece que hubiésemos retrocedido decenas de años.
¿Quién puede seguir llenándose la boca de elogios a esta realidad? ¿Quién puede ser tan ciego para no ver más allá de su propio orgullo?
¿Tan importante es para ellos mantener con la panza llena a más del treinta por ciento del país a costa del porcentaje restante, solo por el hecho de asegurarse una continuidad que repercute solo en sus bolsillos? Olvidémonos de ideales. Acá no hay ideal que valga. ¿Cuándo van a entender que las banderas políticas que creen que están flameando no existen más desde hace años y años? Acá no representan a los viejos caudillos. Acá se las rebuscan para seguir incrementando sus patrimonios.
Somos títeres y a la vez rehenes de la obra que representan. Mientras los que nos gobiernan políticamente se cruzan con los que nos gobiernan comercialmente, mientras unos nos imponen medidas irracionales y otros precios irracionales, mientras entre unos y otros nos vacían los bolsillos, nos quitan toda posibilidad de futuro, nos obligan a temerle al presente y más aún, al horror del regreso a un pasado poco feliz.
Esto lo pienso desde hace mucho tiempo y quienes están cerca, lo saben. Soy una persona apolítica en el sentido de no creer en ningún político. Quizá la política sea buena, en teoría. Pero los que la llevan a cabo, la ejecutan según sus propios intereses. Hace tiempo comprendí que ellos no son nuestros representantes. Si así fueran, serían como nosotros. En todo sentido. Uno a sus pares, los mira a los ojos. Nadie se sube a una plataforma para hacerse entender. Uno a la gente que quiere no le roba, no le miente.
Y si bien lo pienso hace rato, lo digo ahora por una razón. Quizá mañana no pueda contarlo. Me di cuenta hace un par de horas, cuando a media cuadra del trabajo, al que llegaba caminando, un pendejo de unos quince o dieciseis años que venía de frente tras dejarme pasar por su lado, sacó un objeto con punta y como si nada me dijo "dame todo".
¿Dame todo? ¿Todo el dinero? ¿El celular que con sacrificio compré? ¿La mochila que mi novia, con aún más sacrificio porque nunca andaba con un peso encima y así y todo me la regaló? ¿Las zapatillas? ¿La ropa? ¿Todo eso que con el esfuerzo uno ha conseguido, que incluso sin lujos, comprando barato, porque de lo contrario no alcanza para otra cosa? ¿O todo también incluye mi vida, alcanzado por ese objeto en tu mano izquierda? ¿Qué es todo, pendejo de mierda? Explicate. ¿Qué es todo hijo de mil puta? Vago, porquería, mierda rastrera. ¿Qué carajo es para tu mente flácida y haragana, todo? Explicate, porque no te entiendo. ¿O todo es mi libertad? ¿Mis ideas? ¿Mi futuro? Me decís dame todo, amenazándome con un cuchillo o un pedazo de metal o lo que carajo sea, porque además sos un putazo de cuarta que te escondés en las sombras y no te dejás ver, y no me explicás que carajo es todo. ¿Es la alegría de mi gente? ¿Es la esperanza de mi pueblo? ¿Es la ineptitud de mis gobernantes? ¿Qué carajo es todo, basura?
Pero no, no te voy a dar nada.
Solo pensé en eso. No te merecés nada. No me diste miedo. Solo deseos de tener un país mejor, de que la bendita buena gente de una vez por todas diga lo que piense sin temor a ser acribillados a epítetos. Que es hora de enfrentarnos a los problemas y no seguir hablando por hablar. Que es hora de sentar las bases de un futuro para los que valen la pena.
Por eso, por todo eso y mucho más, te di un manotazo y te dejé atrás. Porque a vos y a toda tu corte de ladrones, lacras, basuras y malparidos, no pienso darles un carajo.
Porque quiero vivir este mundo sin miedo, afrontar el futuro con mi novia sin temor a nada. Porque me gobierne quién me gobierne, no me quiero sentir robado, estafado, engañado, maniatado.
Porque quiero algo mejor. ¿Dame todo? Laburá, ensuciate las manos por el país, arremangate para sacar esta tierra adelante, pensá para lograr una nación como Dios manda.
Todo implica sacrificio. El que vos, pendejo de mierda, no te dignás a hacer porque te acostumbraron a eso.
¿Y vos, querés seguir defendiendo esta forma de llevar el país? Pues bien, vas a tener que dormir sabiendo que cada asalto, cada muerte, cada siniestro, por acción u omisión, tiene como responsable lo que tanto defendés. Y no hablo de políticos, hablo de medidas. Porque quedate tranquilo que no es cuestión de banderas, sino de intereses. Y estos o los que vengan, van a seguir jugando este juego. Y te van a pedir lo mismo que ellos te piden en la oscuridad. Todo. Y no van a necesitar meterse entre sombras para hacerlo. No. Porque los que gobiernan, tienen la impunidad que nosotros mismos les damos.

3 comentarios:

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Te aplaudo Neto.
Ningún politico entra en el gobierno por amor, lo hacen para llenarse los bolsillos y desgraciadamente inculcan, fomentan la vagancia.
Vos lo veraz, como lo veo yo, las colas en los bancos para cobrar las subenciones, son muy jovenes los que van muchachas y muchachos que deberían, a las once de la mañana estar trabajando o estudiando y se han desidido entrar por la puerta de la comodidad, no trabajar.

SIL dijo...

Mi gran ammigo... La debacle empieza de abajo para arriba, siempre.



Otro abrazo.

RACING_CAPO dijo...

Cristina es amiga de los negros de mente