Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

www.OLVIDADOS.com.ar - Avila + Netomancia

22 de octubre de 2013

Paredes adentro

Cada mañana escucho las bombas y luego el crepitar de las llamas. El viento parece traer los sonidos a la habitación, para que sufra en soledad. Escribo apuntes en mi libreta y me dejo descansar contra la pared, acostumbrado ya a los fétidos olores y la falta de higiene. De vez en cuando ellas salen y me hago un festín.

Calculo que es la tarde por la posición del sol, que apenas alcanzo a divisar entre los vidrios sucios y rotos de las ventanas más altas. Así está bien, no necesito mayores precisiones, con eso me alcanza y sobra. Nunca me pongo de pie, por miedo a las sombras. Eso me cuesta dolores difíciles de narrar, por lo que tengo que ejercitar mis piernas de alguna manera. La tarde se vuelve siempre un suplicio.

Es común que me sobresalten las ráfagas de disparos, muy entrada la noche. De todas formas, me cuesta dormir. Hacerlo, por otra parte, es arriesgar la vida. Al menos estando despierto, uno tiene tiempo para razonar. El rechinar de las maderas, también eriza mi piel. A eso, no puedo adaptarme. Me imagino en todo momento alguien abriendo la puerta y accionando el gatillo sin nada de piedad. Pero eso no sucede nunca y aún permanezco aquí.

El tiempo se vuelve una irrealidad cuando se hace imposible seguirle pisada. Y los hechos que suceden, ajenos a mis ojos, son una especie de realidad vedada, que no puedo apreciar. Creo distinguir ese mundo que va mutando paredes afuera, a través de los sonidos, los olores, los temores. El pasado inmediato que lejos está de abandonar mi cabeza, me dice que finalmente han ganado.

De vez en cuando cabeceo y el mentón cae sobre mi pecho. El estómago me gruñe, la boca se siente pastosa y la fiebre me arranca del suelo, llevándome consigo a parajes insospechados, muy lejos de este escondite. Solo cuando amaina, comprendo que ese viaje que ha sido una ilusión. Porque aún estoy en esta habitación sucia, de un edificio en ruinas, escondido de la muerte, de ellos, del planeta que se viene abajo día a día, noche a noche.

¿Sobreviviente? ¿Fugitivo? ¿Cuál es la diferencia? Pienso que alguna vez dejaré de comer las desprevenidas cucarachas y beber la poca orina que genero, y entonces todo terminará de una vez por todas. Quizá cuando me canse. Por ahora evito esa salida. ¿Qué sentido tendría entonces, todo lo hecho? ¿Esta triste supervivencia, recordando la frustrada revolución? Escribo apuntes en mi libreta, antes de perder la razón.


2 comentarios:

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Tremenda historia. digna de una película.

mariaorsa

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Apocalípittico, descriptivo hasta hacernos sentir allí, en ese espacio reducido y junto al protagonista.
Muy bueno, Netomancia.
¡Saludos!