Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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31 de octubre de 2013

La luz de la luna

Tuvo una visión muy clara y luego despertó. Las sombras de su cuarto desdibujaban las paletas del ventilador de techo, que giraba a muy baja velocidad, moviendo el aire de aquí para allá. Apenas si escuchaba el sonido del motor, casi imperceptible. Estaba empapado, pero no tenía calor. Al contrario, sentía como si alguien le hubiese enterrado bajo la piel una enorme barra de hielo.
Dudó entre levantarse o seguir en la cama. Finalmente se sentó.
Miró la hora.
Volvió a vacilar en lo que haría a continuación. Juntó coraje y se puso de pie. Luego, casi obligándose a hacerlo, avanzó en busca de la puerta. El pasillo se le antojó desolador. Al final del mismo, podía ver como las luces azules y rojas penetraban como puñales por el ventanal del living. En medio de la noche, parecían carcajadas de un payaso diabólico.
Tanteó los cajones de un escritorio y sacó un revólver. La visión había sido muy clara. Con furia abrió la puerta y salió al jardín. Allí estaba la policía, desenterrando el cuerpo de Amanda, apenas iluminados por la luz de la luna. Allí estaban, sacando todo a la luz. A la luz de la luna.
Les apuntó y apretó el gatillo tantas veces como pudo. Pero los disparos solo resonaron en sus oídos, una y otra vez. Sin embargo, ningún policía se inmutó, ningún siquiera se percató de que estaba ahí. Siguió disparando hasta que alguien detuvo su mano.
Amanda le sostenía con fuerza la muñeca y entre gestos de dolor, suplicando piedad, dejó caer el arma. Desconsolado, se dejó caer sobre la gramilla húmeda, y llorando, enterró la cara en el barro.
Cuando la policía interrumpió en la habitación, estaba con la cabeza debajo de la almohada. Se había orinado encima.
- ¡Dejen de cavar en el jardín, dejen de cavar en el jardín! - gritó como un poseso, mientras se lo llevaban para interrogar.
Entonces, los uniformados buscaron palas en un cobertizo cercano y empezaron a cavar.
- ¿Por qué se habrá delatado solo? - le preguntó un joven oficial a un superior.
- Es que el crimen pugna por salir a la luz. Tarde o temprano lo hace, sin importarle las consecuencias.
En ese preciso instante, alguien gritó que habían encontrado un cuerpo. La luna, en su intensidad, acompañaba lúgubremente el momento.

4 comentarios:

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

La conciencia es una rueda con puntas, gira y gira, hasta que el dolor no te deja vivir y termina saliendo a la uz el mal cometido. El problema es que personas que no tienen conciencia...
Muy buen cuento Neto.


mariarosa

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Amanda vengó su muerte, haciendolo confesar..

José A. García dijo...

La culpa nos carcome...Siempre.

Saludos

J.

SIL dijo...

Nadie escapa a su conciencia.