Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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22 de septiembre de 2013

Un disparo en la oscuridad

Nos quedamos quietos, casi sin respirar. No podíamos afirmar si primero había sido el disparo o el corte de luz. Creo no estar equivocado al afirmar que ambas cosas sucedieron al mismo tiempo. El disparo y la oscuridad, dos hechos que se cruzaron en forma deliberada en nuestras vidas, cambiándolas para siempre.
¿Cómo es que permanecíamos quietos luego de algo así? Es que omití un detalle crucial: previo a ese instante, cinco maleantes nos apuntaban con pistolas. Nosotros, los cinco empleados del negocio, estábamos dispersos, sin contacto el uno con el otro.
Sabíamos sin embargo, que a pesar de haberse ido la luz, uno de ellos había disparado y que ante el menor movimiento, los demás harían lo mismo. Corríamos la suerte de recibir una bala en el cuerpo. Ninguno se iba a arriesgar. A pesar del temor, creo que teníamos bien en claro ese punto.
El disparo, ese sonido certero, llevaba implícita una muerte. Pero la luz se había ido y sin ella, no podíamos distinguir quién había caído. De eso estábamos seguros. A pesar de la oscuridad, cerramos los ojos, apretándolos con fuerza. Quizá es una forma de defensa, de encerrarnos muy adentro, esperando como cuando somos niños, que al cerrar los ojos nadie nos encuentre.
Ellos no hablaban, pero se movían. Uno iba hacia la entrada y volvía, casi como si se tratase de un tic. El tema de la energía eléctrica no había estado en su planos, eso era un hecho. Los ponía nervioso. Pero tampoco explicaba el disparo. Porque había sido en el mismo instante, no producto del apagón, de la reacción súbica ante la sorpresa por parte de alguno de ellos.
No, el apretar el gatillo tenía alguna otra intrincada explicación, pero éramos ajenos a la misma. De igual modo, no era nuestra principal preocupación. La sería, claro, en el caso de ser los próximos en ser acribillados. Pero para entonces, no nos serviría respuesta alguna. En ello pensaba con los ojos cerrados, con las piernas temblando como si por debajo de mi cuerpo estuviese pasando un tren.
Escuchamos las sirenas policiales del otro lado de las persianas bajas. Aún no las habíamos levantado cuando ellos entraron por la fuerza. No recuerdo quién les había abierto. Ellos estaban apuntándonos de un momento a otro. Y fue casi de inmediato que ocurrió la macabra coincidencia.
Buscaba apartar de mi mente la imagen de alguno de los compañeros de trabajo herido de muerte, desangrándose sobre el parqué, pero volvía como un fantasma, o mejor dicho, como un presagio de futuro cercano.
Fueron cinco minutos desde que entraron hasta que se marcharon, utilizando una puerta trasera. Escuché la orden de retirada, casi en un susurro, y luego la sucesión de pasos, que casi tropezando se alejaron hacia la parte más distante del local.
Para cuando la policía logró ingresar, yo estaba corriendo hacia el tablero de energía. Me paralicé al escuchar el ¡alto! proferido por uno de los uniformados. Jugué a la estatua, quedando en una posición ridícula, a punto de caerme.
La voz volvió a repetir la misma exhortación a pesar de estar tan quieto como un muerto. Ni siquiera podía abrir la boca del miedo. El policía me siguió apuntando, en la misma medida que se me fue acercando. Debe haber visto el pánico en mis ojos, porque bajó de repente el arma y continuó su camino hasta el lugar donde me dirigía. Abrió el tablero y accionó la llave térmica.
La luz parpadeó una vez y luego se encendió en todo el salón, iluminando hasta el último rincón. Me costó adaptarme, pero fue cuestión de segundos. De inmediato vi los cuerpos, la sangre en las paredes, el trágico espectáculo.
Quedé atónito. Allí estaban, desplomados, mis cuatro compañeros. Los policías se me acercaron y me llevaron afuera, con sumo cuidado. Habían comprendido que no era uno de los criminales, sino...¿el sobreviviente?
¿Pero cómo? Si tan solo había sido un disparo, tan solo uno...
No hay explicación posible, ni siquiera la de cuatro disparos al unísono, combinados con el corte de energía al mismo tiempo. No existe posibilidad, no hay lógica, no hay motivos. Y sin embargo, aquí estoy, pensando en todo aquello, sin poder dormir, comer ni descansar la mente. Rememoro el disparo una y otra vez, al punto de taladrarme los nervios, tratando infructuosamente de develar detrás de aquel sonido, otros tres más. Y si quizá lo logre, tenga que pensar luego en el apagón. Y más adelante en los motivos. Y en por qué estoy vivo.
Son muchas tareas para una sola vida, son muchos castigos por haber sobrevivido.



6 comentarios:

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Que misterio!!

¿Cómo y por qué?

Interesante trama y el desarrollo de la historia esta logrado, nos va metiendo en el ambiente y en el miedo del protagonista.

mariarosa

José A. García dijo...

Los sentidos se confunden con facilidad éstos días...

Saludos!

J.

el oso dijo...

Un disparo a modo de sastrecillo valiente, pero con misterio incluido.
Netísimo relato.
Abrazo

Un punk ignorante dijo...

Tiene mucho que ver la sugestión. Es como cuando vez una película de terror y cualquier ruido te parece que es Freddy Kruegger entrando a tu casa.

Muy bueno el blog, te dejo el mio

http://cordurainsana.blogspot.com.ar/

Nos leemos, saludos.

Juan Esteban Bassagaisteguy dijo...

Crudo y sorpresivo relato, Netomancia. La redacción en primera persona le da un plus más a la angustia del protagonista. La habilidad de siempre en tus letras.
Me encantó, che.
¡Saludos!

SIL dijo...

Coincido con el comentarista, en que narrarlo en primera persona hace que sospechas, interrogantes y misterio se potencien.

Sobrevivir, SIEMPRE, tiene un costo.



Abrazo.



SIL