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13 de mayo de 2013

Decisión en plena noche

Solo hay dos maneras de encarar el asunto, pensó. La primera, quizá la más resuelta, le revolvía el estómago. La segunda, más medida, le llevaría mucho tiempo.
Debatió entre dudas, en la soledad del patio. La brisa le traía recuerdos, la mayoría de una vida que le parecía lejana. Miró hacia la puerta y suspiró. La sangre en la pared era condenatoria: aquello había ocurrido.
Muy en lo profundo de la noche, escuchó el ladrido de los perros. Vaya saber dónde, vaya a saber a quién. Buscó la pala. Esa era la opción dos. No llovía desde el mes pasado, la tierra estaría dura y más en su patio, siempre repleto de tosca. La arrojó con bronca.
No tenía otro remedio. La opción uno era más práctica. Entró a la casa y esquivó como pudo el cuerpo. Buscó en la cocina el cuchillo de trozar carne. El eléctrico haría mucho ruido. De día pasaría desapercibido, pero a la una de la madrugada era imposible.
Se acercó con el cuchillo en la mano y contuvo una arcada. Se había olvidado las bolsas de residuos. Volvió a la cocina y las buscó. Regresó con el estómago queriendo escapar del cuerpo.
Su mujer le gritó desde el piso superior:
- ¿Todavía no terminaste con lo del Cachilo?
La odió de manera fulminante. "Lo del Cachilo". Lo hacía parecer tan sencillo. Maldita la idea de dejarlo afuera, maldita la insistencia de ella para que pasara la bordeadora a las diez de la noche, casi sin luz. La cabeza del pobre San Bernardo descansaba aún cerca de la puerta, mientras el resto del cuerpo permanecía tieso sobre el ingreso a la casa.
Aún no entendía como, estando decapitado, había avanzado tanto. Creyó que nunca caería. Ni siquiera el sonido al golpear el suelo, similar al de una bolsa de papas al caer desde una altura considerable, podía proporcionarle una pizca de realidad a lo que había ocurrido.
Su esposa volvió a preguntar a los gritos. Apretó con bronca el cuchillo. Cerró los ojos. ¿Cuánto valor se necesitaba para subir y hacerla callar? Los volvió a abrir. Demasiada tragedia para una sola noche. Conteniendo el vómito inminente, se puso a limpiar lo acontecido.

7 comentarios:

juan panno dijo...

!Qué fuerte! Muy bueno.

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Por qué la maldita no bajaba y le ayudaba....

Uff terrible.


saludos.

Eva Letzy dijo...

Me gustó mucho. Qué pesada la mujer!!!
Saludos

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que personas detestables, especialmente la mujer.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Es peor que la del relato anterior.

SIL dijo...

Genial, Netito.
Me imaginé cualquier cosa.

La mujer, la detestada del relato.


Otro abrazo.


SIL

José A. García dijo...

Cuanto hasta su vos empieza a molestarte, mejor irse. La violencia no resuelve nada (casi) nunca.

Saludos

J.