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20 de marzo de 2013

Con la muerte no se jode

El hombre, vestido de saco y corbata, se acercó a la recepción del lugar. Una mujer joven y bonita le dirigió un cordial saludo.
- Quiero contratar sus servicios - anunció.
- Bien señor, le agradecemos en primer lugar su confianza. ¿Nos podría decir quién es la persona fallecida?
- No, en realidad es para mí.
- Entiendo, desea reservar un servicio de sepelio. ¿Usted tiene obra social?
- No, por eso estoy aquí. Tengo unos ahorros y me gustaría organizar todo, porque éste sabado me muero.
- Disculpe, pero... ¿usted quiere contratar un servicio ya, para éste sábado? Es decir... puede reservar un servicio, pero poner la fecha no es algo tan sencillo. A ver, si me aguarda...
- Espere. No se apresure. Tengo la plena certeza que el sábado voy a morir. No tenga miedo de organizar el sepelio, no le voy a fallar.
- Es que jamás han venido a contratar un servicio fúnebre con una fecha de antemano. Tengo que llamar al dueño para que...
- Perdón que insista, pero lo del sábado es un hecho. ¿Podríamos cerrar la compra sin necesidad de alarmar a nadie?
- Señor, tengo que consultar antes...
- ¿Prefiere que sea ahora y no el sábado?
- ¿Cómo dice?
- Mi muerte.
- ¿Su muerte? ¡No, por favor! Ni hoy, ni el sábado. ¿Qué clase de broma es esta?
- Si prefiere que sea hoy, le pago ahora, me deja terminar con unos asuntos y vuelvo hasta aquí para morir, así les ahorro el traslado.
- ¡Usted es un demente! - le gritó mientras se ponía de pie dispuesta a cruzar la puerta que tenía a sus espaldas.
- Aguarde, no se vaya. Le pago y muero, no voy me voy nada, así ni siquiera tienen que esperarme. ¿Le parece mejor?
La joven salió por la puerta, llamando a gritos al dueño. El hombre, lejos de inmutarse, se acomodó en la silla. Aprovechó para poner sobre sus piernas un bolso que llevaba y acomodar algo dentro. Al cabo de un minuto, la joven regresó con la compañía de una persona de edad avanzada, repleto de canas y que se sostenía con un bastón.
- Señor, le voy a pedir que se retire. Me dice Noelia que usted está haciendo una broma de muy mal gusto y eso acá no lo toleramos. ¡No se jode con la muerte! 
- Por favor, no se altere. No es ninguna broma. Es una pena que esta chica lo haya creído así. Déjeme explicarle, tengo la imperiosa necesidad de morir y deseo dejar organizada la cuestión del sepelio, para no importunar a mi familia.
- Le reitero, lo quiero fuera de esta oficina.
- Pago en efectivo.
- No me importa.
- Puedo dejar una importante propina.
- Le dije que no.
- Es una lástima, tenía muy buenas referencias de este sitio. Me hubiese gustado que fuese aquí.
- Acá no hay cosas raras, la gente se muere y la familia lo trae. Su pedido no es admisible. Así que si es tan amable...
- Ya me voy, no se preocupe. De todas formas, si el sábado desean pasar por mi velorio, serán bienvenidos.
- Gracias, pero me temo que estaremos aquí.
El hombre se retiró al fin. El dueño del lugar suspiró aliviado.
- Si vuelve, me avisás.
- Si señor. Lo haré, por supuesto.
Había pasado casi una hora, pero la joven seguía aún pensando en lo que había sucedido. Entonces, empezó a sonar el teléfono. Atendió.
- Funeraria Gómez, en que puedo ayudarlo.
- Si, cómo te va. ¿Noelia creo que te llamás, cierto? Mirá, yo estuve ahí hace un ratito. Era el que quería el servicio este sábado. ¿Podrías decirme si me dejé un bolso? Sabés, es gracioso. Estaba seguro que me vendías el sepelio y cuando te fuiste para adentro, programé la bomba con la que quería matarme. Está a quince segundos de explotar y no la encuentro por ningún lado. ¡Qué mala pata!

4 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Genial final pleno de humor.
Me hizo pensar en la rigidez del pensamiento de las personas en cuanto al vivencialismo.
Los de la funeraria claramente no querían parte alguna en un suicidio cuya decisión no les correspondía. Un tanto congruente con la mentalidad de ambulancia que hacen lo imposible por salvar al moribundo con la mística de que al lograr que alguien sobreviva están haciendo el bien absoluto.
No importando si en realidad rescatan la vida de gente sin la cual el mundo estaría mejor.

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

¡¡Ay que locura...!1

Muy bueno. Una historia de esas que ponen los pelos de punta, te felicito.

mariaorsa

SIL dijo...

Uhhhhh.

Buenísimo.


Pobre Noelia, eso le pasa por no darle al cliente la razón.


Abrazo, Netito.



SIL

el oso dijo...

Son esos pequeños detalles que hacen que la vida sea cotidiana y la muerte no.
Al menos la de Noelia.
Abrazo