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7 de enero de 2013

Veraneo ardiente

Vimos el tatuaje muy tarde. Demasiado. Para entonces, ya estábamos todos muertos.
Todo comenzó el domingo. Nos levantamos tarde, con resaca y ganas de ir al mar. Éramos cuatro en el departamento. Mi novia se despierta siempre antes, se prepara un café y me espera leyendo en el balcón. Eso lo hace en la ciudad como en la costa. Ese mediodía durmió lo mismo que yo. La pareja amiga con la que habíamos alquilado el lugar, esperó que nosotros usáramos el baño para poner las piernas en movimiento.
Armamos sánguches y pusimos bebidas en la heladerita portátil. Bajo el rayo del sol hicimos las cinco cuadras que nos separaban con la arena y el mar. No imaginábamos lo que luego nos pasaría.
El voley playero no se nos da muy bien, pero cuando uno veranea, no pretende ser una estrella del deporte. De todas maneras, jugábamos para ganar. Mi novia es buena armadora. Ponía en juego cada pelota y eso suele alterar los nervios de cualquier oponente. Mi amigo le reprochó su buena suerte y allí terminó el juego. Discutieron y cada pareja se fue por su lado.
Más tarde, avergonzada, me pidió el celular para pedirle disculpas a Walter e invitarlos con una cerveza. No contestó. Suponíamos que seguía enojado. Había estado de mal humor los últimos días.
Al llegar al departamento, ya estaba anocheciendo. Sentíamos cierto gusto amargo, por la pelea de la tarde. Esperábamos hablar y llegar a buen puerto. Encontramos la puerta abierta, casi de par en par. El equipaje estaba revuelto y las habitaciones desordenadas. El celular de Walter estaba tirado en el pasillo que iba al baño, muy cerca de una gran mancha de sangre.
Anahí se asustó. Me pidió que dejáramos el lugar, que fuéramos con la policía. Pero me negué, tenía que entrar al baño. Quería ver que había detrás de la puerta cerrada.
El cuadro era un horror. En la bañera, desnuda y cubierta de sangre, estaba Alejandra, la novia de Walter. En el suelo, otro cuerpo, apenas vestido con un short. Tenía un hacha clavada en la espalda.
Mi primer pensamiento fue "cuánto dolor, pobre Walter". Entonces Anahí, que estaba gritando a mis espaldas, me señaló el tobillo del cuerpo en el suelo.
Un tatuaje. Un cisne negro. Walter no tenía ningún tatuaje.
Una señal de alarma se encendió en todo mi cuerpo. Atraje a Anahí hasta mi pecho y le dije "salgamos". Pero ya era tarde. Walter estaba de regreso. No pensó que llegaríamos tan temprano. Traía un bidón de nafta en las manos. Su presencia nos cubría la salida. Sonrío. Le hablamos, le preguntamos que estaba pasando, pero solo vimos locura en sus ojos. Se puso a derramar el contenido del bidón, esparciéndolo con furia por todas partes.
Entonces, no lo dudé. Corrí hacia él y me arrojé encima. Le grité a Anahí para que escapara. Caímos al sueño con Walter. Sentí algo en mi vientre. Un fuego ardiente. Anahí gritó, pero escuché su voz proveniente de la puerta: lo había logrado, podía irse, salvar su vida.
Quedé de espaldas, mientras él se erguía. Pude ver el mango de una cuchilla sobresalir a la altura de mis intestinos. Mi suerte estaba echada. Me roció combustible sobre el rostro. Lo vi alejarse y encender un fósforo.
Solo deseaba una cosa en ese instante. Que Anahí estuviera lo más lejos posible. El por qué, ya no tenía sentido. Luego, todo fue calor. Pero sin playa, sin mar, sin arena.

6 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El personaje tenía que haberle hecho caso a su novia, ir rápido a hacer la denuncia. Sobre todo cuando reaccionó tan mal solo por perder. Era para desconfiar.

José A. García dijo...

Y de seguro Anahí se quedó parada en el pasillo y Walter la obligó a entrar...

Saludos

J.

Pd: Hacer la denuncia a la policía no siempre soluciona las cosas...

HUMO dijo...

Neto querido, que buen cuento!
te deseo un genial 2013!

besos!

=) HUMO

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Walter se volvió loco. Que historia de terror, me la imagino en cine y se me pone la piel de gallina.

mariarosa

SIL dijo...

Terrible reacción.



Abrazo, Netito.




SIL

Juanito dijo...

Fantástico, Netomancia.
Violencia al por mayor desde tus letras, a la par que nos pintás a un villano realmente detestable.
Te felicito.
¡Saludos!