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28 de enero de 2013

El turista

Había algo raro en el viaje que no me convencía. No era el guía, ni los lugares. Tampoco la gente que me rodeaba. En realidad, era algo más profundo. La sensación, casi palpable, de ya haberlo realizado.
Cada cosa que veía no me parecía nuevo, como tampoco las acotaciones de los otros turistas. Esto ya lo había vivido. Al tercer día creí estar enloqueciendo. Sobre todo cuando, sentado en la cama de mi habitación, me dije a mi mismo, en voz alta, como quien está perdiendo la razón:
- Ahora van a golpear a la puerta.
De inmediato, de forma mecánica, alguien golpeó tres veces la puerta. Mi corazón pareció trepar una montaña y caer al vacío en el intento. Supe incluso las palabras que escucharía luego.
- Diez minutos y nos vamos.
Sentí naúseas. Nada de lo que pasaba estaba bien. Alguna tuerca se había salido de su lugar y mi mundo giraba a contramano. No me cambié ni me alisté. Aquello debía llegar a su fin. Si me quedaba en la habitación del hotel, la cadena invisible con aquel viaje paralelo llegaría a su fin. Sería libre de poder apreciar el viaje como una novedad y no como un viejo fantasma que me abrazaba mórbidamente cuando se le cantaba las ganas.
Volvieron a golpear la puerta. Contesté diciendo que prefería quedarme, que no me sentía bien. Comprendí entonces que lo que venía a continuación también lo había vivido. La puerta se abrió a la fuerza, con un violento empujón. No era el guía, sino un encapuchado, munido de una AK 47. El sudor le recorría la piel que la tela no ocultaba de su rostro y el movimiento de sus manos, temblorosas portando el arma, me hicieron saber que estaba nervioso y asustado.
Me apuntó, mientras pronunciaba a gritos palabras en un idioma que no conocía. Sabía de antemano que entonces dispararía al techo y luego volvería a apuntarme. Pero ese conocimiento no apaciguó mi sobresalto al escuchar los disparos. A continuación supe que en diez segundos moriría. Porque ya había muerto una vez, en aquel viaje paralelo. Y ahora, estaba a punto de volver a ocurrir.
Vi el arma apuntando hacia mi rostro y pensé, quizá una vez más, si acaso no estaba muriendo continuamente, una y otra vez, en una realidad inexistente, en una condena sin destino ni final. Luego, el hombre disparó.

5 comentarios:

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Una muerte interminable y un mundo que se renueva a cada instante. Muy bueno Neto,esos mundos paralelos a los que acudimos cada tanto en nuestros cuentos...¿ existirán?
No lo sé, pero me encanta leerlos.

mariarosa

Felipe R. Avila dijo...

Sos único inventando mundos.Te felicito,es poco.
Un abrazo
que se volverá a dar
y otra vez
y de nuevo.

Con tinta violeta dijo...

Me gusta ese juego con el terror en un mundo imaginado...¿0 será en uno real? uff
¡que bueno!
Besos artista!

el oso dijo...

Qué buen clima, Neto!!
Un relato que se te mete adentro inquietando.
Abrazo

Juanito dijo...

Fascinante, y muy inquietante: el tipo no puede (aunque lo intente mil veces) escapar a su destino.
Excelente, Netomancia.
Saludos...