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14 de noviembre de 2012

Vida moderna

Jaime era un tipo desconfiado y para su suerte, la tecnología se convirtió en una especie de alivio, porque gracias a Google podía buscar rápidas referencias de personas y mediante Facebook, tener un perfil acabado de la misma.
No iba a ninguna parte sin su celular con conexión a internet, wi-fi y acceso con una sola tecla a las redes sociales y a los buscadores.
- ¿Cómo me dijo que se llama?
- Alfonso Almada Cascarrillo.
- Permítame un segundo.
Y de esa forma Jaime podía relacionarse con los demás sin temor a ser embaucado, porque consideraba fundamental para la supervivencia diaria el hecho de saber a que atenerse (las fotos de los perfiles eran de gran ayuda, por las situaciones que retrataban). En algunos casos, incluso, hasta solicitaba a la persona con la que estaba dialogando, número de documento de identidad para corroborar que no tuviera deudas financieras o problemas legales.
Las veces que supo quedarse sin señal de internet, estuvo al borde de un ataque de pánico. Si eso ocurría, era probable que se refugiara en el baño de alguna estación de servicio hasta que estuviera otra vez conectado y con la información disponible para sentirse a salvo.
De vez en cuando googleaba su propio nombre, por temor a que alguien lo estuviera involucrando en alguna mentira. Si alguien le presentaba a una amiga, con el fin de ayudarle con su gran estigma de no poder conseguir una novia, la candidata debía pasar al menos por los filtros de cinco redes sociales, tres buscadores y la base de datos de cuatro diarios online.
De esa manera tenía todo bajo control. Podía hablarle a una persona. Animarse a salir a cenar con una mujer. Comprarle un kilo de yerba, doscientos de mortadela y cien de queso al almacenero de la vuelta de su casa. Jaime confiaba en aquello que la tecnología le devolvía.
Por eso, la mañana en la que no encontró el perfil de su padre ni de su madre en Facebook, desistió de ir a almorzar con ellos.
- ¿Cómo que no vas a venir, querido? - preguntó angustiada su madre.
Pero no recibió respuesta alguna. Jaime colgó el teléfono. Una sensación de inseguridad recorrió su cuerpo. Estaba asustado. ¿Cómo podía ser que durante años estuviera bajo el cuidado de dos desconocidos?
Por las dudas, entonces, bloqueó en su celular el número de los dos. Ahora se sentía más tranquilo.

5 comentarios:

SIL dijo...

Salvando el toque de surrealismo genial que tiene el relato, y el detalle del celular,
Jaime y yo haríamos un lindo dúo.


Abrazo, Netito.


SIL

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Ingenioso relato, de llevar al extremo la consulta en algo, que puede ser util, si no se exagera.

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

Que loco. No sería nada raro que dentro de unos años muchos terminemos igual.

Muy bueno Neto.

mariarosa

José A. García dijo...

La peor parte de esta historia es que, realmente hay gente que se comporta como Jaime... Tétrico futuro nos aguarda.

Saludos

J.

Juanito dijo...

Lo leí como un drama, triste, terrible.
Los raros (¿raros?) sentimientos del protagonista, a flor de piel.
Excelente, Netomancia.
¡Saludos!