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30 de octubre de 2012

La mujer y la posición adelantada

Se preguntó por qué su mujer aún estaba en la cocina. Miró el reloj y dudó entre indagar o no. En la pantalla del televisor los equipos ya salían a la cancha. No resistió.
- Querida ¿no ibas a lo de Carmen a ver la novela?
Ella abrió el agua caliente y puso debajo una olla a la que previamente le había echado detergente.
- No gordo, hoy me quedo a ver el partido con vos.
La respuesta lo noqueó durante unos segundos.
- ¿Cómo? Te entendí que te quedabas. ¿Escuché para la mierda, verdad?
- No mi amor, me quedo. Escuchaste bien. Veo el partido con vos, así te hago compañía, que no te vi en todo el día.
Él carraspeó y se apresuró en contestar.
- Por favor, mirá si vas a hacer ese sacrificio. Andá a lo de Carmen y mirate la novela.
- No, ya le avisé que me quedaba. No te preocupes, una vez que viste una novela, las viste todas.
La situación no era buena, más bien incómoda. ¿Su mujer mirando el partido de fútbol a su lado? ¿Que pasaría con las latitas de cerveza que tenía en la heladera, debería compartirlas? Además, si se quedaba con él, no podría ocupar todo el sillón. Que ella permaneciera ahí no era admisible.
- Nunca ves los partidos ¿qué te dio?
Su esposa lo miró desde la cocina, con el semblante serio.
- ¿Cómo, qué me dio? ¿Acaso te molesta que me quede a ver el partido con vos?
- No, claro que no - mintió apresuradamente - Es que me resulta muy extraño.
- ¿Extraño? Es fútbol, no un curso audivisual de microcirugía.
La frase no le gustó, pero no quería pelear. La conocía demasiado como para saber que por más que discutiera, no iba a cambiar de opinión y si sospechaba que su presencia lo molestaba, con más razón se iba a quedar.
Como se había imaginado, tuvo que compartir el sillón. Dudó entre buscar las cervezas o no. El partido estaba por comenzar. Optó por guardarlas. Si era necesario, las buscaría en el entretiempo.
La pelota se puso en movimiento. Los nervios habituales se apoderaron de su cuerpo. Se pasaba la mano por la barbilla, cruzaba y descruzaba las piernas, se rascaba la cabeza.
- ¿Por qué no te quedás quieto?
La observó de reojo, para no perderse detalle del tiro de esquina.
- ¿Te molesta acaso? ¿Me vas a decir como comportarme para ver un partido?
- Me ponés nerviosa.
- Andá a ver la novela entonces.
Silencio. En realidad, únicamente el sonido del televisor, con el relato y los comentarios de la transmisión. Y así se prolongó durante varios minutos, hasta una jugada en la que el árbitro cobró posición adelantada.
- ¿Cómo offside? ¡Cómo offside!
- ¿Qué es eso?
- ¿Qué cosa? No interrumpas mujer, no ves que el hijo de puta del árbitro nos cagó la jugada.
- El orsai ese que decís.
- Posición adelantada.
- Ah, estaba en posición adelantada.
- ¡No! No estaba en posición adelantada, por eso grito.
- ¿Y qué es la posición adelantada?
- No vas a entender, en otro momento te explico... ¡pero que árbitro hijo de su puta madre, clarita la repetición, casi un metro habilitado estaba!
- ¿Habilitado para jugar? ¿Quién lo tiene que habilitar?
- ¿Lo vas a ver al partido o vas a hablar todo el tiempo?
- Te hago una pregunta, che.
- Ves, por eso deberías ir a lo de Carmen, las novelas son menos complejas.
- ¿Ahí está en posición adelantada?
- Eso es un lateral.
- ¿Y entonces cuando se da eso?
Él se puso de pie y fue hasta la heladera. Necesitaba una cerveza. Regresó casi de inmediato, ya con la lata abierta. Se sentó otra vez en el sillón, ante la atenta mirada de su mujer.
- ¿Para mi no trajiste?
- En la heladera hay. Buscate.
- ¿No pudiste traerme una?
- No sabía que querías. ¡Foul! ¡Foul referí de mierda!
La vio pasar delante suyo, en dirección a la cocina. Escuchó el sonido de la puerta de la heladera, al tiempo que el árbitro le mostraba una amarilla a un defensor de su equipo, por protestar. Su esposa regresó con una lata de cerveza.
- ¿Me la abrís? Tengo las uñas largas y se me pueden romper.
A regañadientes tomó la latita y le pegó el tirón al anillo de aluminio para destaparla. Un borbotón de líquido saltó directamente hacia su rostro, bañándolo de cerveza.
- ¡Pero... la puta que te parió! ¿La trajiste sacudiéndola, que mierda le hiciste?
- ¡No hice nada che, así como la saqué, te la traje!
- ¡Estoy empapado!
- Andá a limpiarte al baño.
- ¿Y me pierdo el partido? Dejame de joder mujer, cuando termine voy.
- No podés quedarte así de sucio. Tenés que cambiarte la ropa, se va a arruinar.
- Está el partido. Ni en pedo me mueve de acá.
- Te traigo una toalla.
- Hacé lo que quieras.
Se fue para el dormitorio. Él contempló el desastre que había hecho. Se quitó la camisa y la tiró al suelo. En el televisor el equipo contrario se perdía una buena oportunidad para abrir el marcador.
- ¡Están todos dormidos! ¡Solo entró el nueve, solo!
Ella volvió con una toalla.
- Para que te seques - le dijo al tiempo que se la alcanzaba.
- Ahora no te dije, me pierdo el partido. Ya me saqué la camisa.
- Y la dejaste tirada en el piso, ya veo.
- ¿Pretendés que la lleve al lavadero? Esperá a que termine el primer tiempo entonces. O llevala vos, que en el último de los casos, la culpa es tuya.
- ¿Mía? ¿Creés que sacudí la lata adrede?
- Si no es por eso, es por quedarte. Vos te la buscaste. Me estás haciendo perder el partido con todas tus estupideces, esas preguntas tontas...
- Si, serán tontas, pero no me las respondiste.
- ¿Qué querés que te responda?
- Qué mierda es eso de la posición adelantada.
- ¡Cuando lo pescan a un jugador en una zona que no debe estar! No te voy a explicar el reglamento ahora.
Durante quince minutos, ella se limitó a mirar el partido. De vez en cuando sorbía un poco de la lata cuyo contenido (la mitad del mismo) se había desbordado sobre el cuerpo de su marido.
El desarrollo del encuentro era desprolijo, con pocos avances en ofensiva. Ambos equipos se dividían la posesión de la pelota, sin lastimar a la última línea. Hubo una nueva posición adelantada, que protestó todo el estadio.
- ¡Otra  vez! No se puede creer, no se puede creer...
- ¿Qué cosa no se puede creer?
- ¡La posición adelantada que cobró! ¿No ves?
- Si no entiendo, como querés que vea.
- Mirá, es fácil. El jugador que ataca tiene que tener un rival que lo habilite además del arquero. El defensor está acá -señala un punto imaginario en el aire-, el atacante está acá -señala otro-, es decir, detrás del defensor, de la línea a lo largo, de lado a lado, que marca si está adelantado o no.
- No entiendo.
- ¡Y claro, que vas a entender! Me hacés perder el tiempo y lo que pasa en el partido.
- Van cero a cero, no pasa nada.
- Mejor no te contesto.
- ¿Me vas a decir que no tengo razón? Es un partido de morondanga.
- Sabés qué... me hinchaste las pelotas. Me voy al bar. No me esperes levantada.
Buscó la camisa que había arrojado al suelo y se fue dando un portazo. Ella se quedó mirando la puerta, esperando durante algunos segundos que volviera. Cuando vio que no lo haría, se dirigió al teléfono.
- ¿Carmen? Hola linda, dale, cruzate, ya tengo el tele. Si, te dije que no me iba a costar nada. Y vos haciéndote drama porque hasta mañana no te reponen la energía eléctrica. Dale, apurate, que está por comenzar.Y una sorpresa: ¡Tengo cerveza fría en la heladera!

5 comentarios:

Con tinta violeta dijo...

Jaa,jaaaa...tanto interés en una cancha con muchachos correteando tras la pelotita por parte de una esposa...ché, debiera haberlo imaginado...
¿Esta vez te vino la vena realista?
Abrazos!

el oso dijo...

Creo que conozco personalmente a un par de sujetos y sujetas que protagonizarían perfectamente el cuento.
Buenísimo, Neto.
Abrazo

Juanito dijo...

¡¡Jajaja!!
Muy, muy bueno. La construcción de los diálogos, de primera. Los personajes, ambos entrañables. El final, para mí, inmejorable.
Disfrutadísimo.
¡Saludos!

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Como se puede ser tan irritante? Y eso que no soy un fan del futbol.

SIL dijo...

Somos así de yeguas.


El relato es una postal, jaja.


Abrazo de gol


SIL