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17 de junio de 2012

Cuento para la hora de dormir

Es tarde, le repite la madre una y otra vez. Papá ya debe estar acostado, le advierte por última vez. Pero Nadine, con sus cuatro añitos, solo entiendo una cosa: quiere a papá al teléfono para que le cuente una historia antes de ir a dormir.
Entonces mamá, mirando de reojo el reloj y esperando no despertar a su marido, que con seguridad está acostado en el hotel que le da la empresa en la capital, con motivo de la reunión semanal del consejo directivo, marca el número de la habitación.
Suena una vez, dos, tres, y se muerde los labios, porque se imagina a Carlos abriendo los ojos en medio de la oscuridad, insultando mentalmente al que está llamando. Y entonces, se escucha el sonido del tubo al ser levantado y seguido, casi sin dar tiempo a nada, ni siquiera a respirar, la voz de una mujer: ¿Hola?
María del Carmen se queda muda, solo atina a decir: ¿Carlos?. Del otro lado se escucha un cuchicheo, el ruido del teléfono cambiando de manos y la voz de su esposo, que sin tener el teléfono cerca de la boca ya está preguntando ¿quién habla?.
Nadine se apresura, no sabe que no ha sido su padre el que ha contestado del otro lado, le arrebata el teléfono a su madre, que parece una estatua apoyada contra la pared, sostenida por piernas que no responden a una cabeza que está viajando sin destino, rondando ideas sin sentido.
La niña grita ¡papá! entusiasmada y papá entonces, sopesando la situación, cumple su rol. Nadine permanece cinco minutos al teléfono riendo y haciendo acotaciones a la historia que viaja cientos de kilómetros para llegar a sus oídos, mientras mamá mira a la nada misma a los ojos y retiene el llanto que más tarde derramará en la soledad de su habitación.
La pequeña se despide, le da un beso al auricular del teléfono y luego cuelga. Una sonrisa le atraviesa el rostro. Está feliz, ahora puede ir a dormir. Mamá la acompaña hasta el cuarto, pintado de rosa y la arropa en la cama, para que no tome frío. Cuando apaga la luz, Nadine ya está dormida.
Ella, sin embargo, no podrá. Y lejos, muy lejos, su marido se quedará pensando si acaso ella escuchó la voz de la mujer o la creyó producto de su imaginación. El mundo, para ambos, dejó de ser el mismo. Por suerte, Nadine ya duerme.

4 comentarios:

Con tinta violeta dijo...

Feliz regreso Carlitos!!!
Creo que vas a contarle muchos cuentos a tu hija por teléfono...a tu mujer ¡no creo!
Real como la vida misma, Neto!!!
Abrazos!

mariarosa dijo...

El mundo cambio para los dos, es así, menos para la niña, ella no entiende el mundo de los adultos y sus penas.

Muy buena historia Neto.

Buena semana.

mariarosa

SIL dijo...

Hay casualidades que pueden cambiar el rumbo de tres vidas, en un tris.


Abrazo, Neto.



SIL

Yunuén Rodríguez dijo...

Mirar a los ojos de la nada, pero no devuelve la mirada.