Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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1 de marzo de 2012

Rutina de campo

Agobiante, el calor se aferra a la tarde. No hay silencio en el aire, lo abarrotan esas cadencias propias de la estación, que parecen querer sofocar los instintos de quienes resisten al aire libre.
No llueve desde hace cuatro meses y el verde amarillea con vergüenza. Los animales pastan donde ya no quedan ni raíces secas. Pronto morirán algunos. Ramírez lo sabe, por eso maldice al cielo.
A lo lejos su hijo mayor cierra el enorme portón de chapa del galpón de suministros. Están escaseando víveres y productos para trabajar el campo y en lo que va del año, la cosecha se ha perdido en una gran parte. Ramírez se resigna con un gesto que solo los años han sabido domesticar.
Observa su vivienda a la distancia y distingue por la ventana abierta la figura ancha de Carmen, su mujer. Está amasando, lo que sugiere que está horneando pan casero como cada tarde desde que tiene memoria. Lo degustarán con la cena o al amanecer siguiente untado con mermeladas también elaboradas por ella.
No puede evitar extrañar el diálogo de antaño con aquella mujer. El tiempo redujo todo a breves intercambios de miradas y frases sueltas. La rutina convierte lo que toca en polvo, casi de la misma forma que lo hacen los años.
Su otro hijo está en la ciudad. Vuelve el fin de semana y traerá novedades de los animales que se llevó para vender, buscando obtener el mejor precio posible a pesar del estado de las pobres bestias.
Siente la espalda húmeda y la piel pegajosa. La sensación es placentera, a pesar del calor. La poco brisa que hay es cálida y llena los pulmones de un aire irrespirable. Allí, en medio de la nada, la vida tiene una marginalidad solo para entendidos.
Ramírez desmonta y camina hacia su hijo. Ha crecido y está hecho todo un hombre. Además posee inteligencia. Le hubiese gustado que él viajara a la ciudad con los animales en lugar del hermano, pero comprendía que quisiera quedarse, porque era más importante estar encima del campo y de su madre.
Tiene los rasgos firmes y el rostro tosco y hundido en vaya a saber que pensamientos. Los últimos tiempos han sido una sucesión de infortunios difícil de digerir.
Eso Ramírez también lo sabe. Desearía fundirse en un abrazo con aquel cuerpo que camina en su dirección. Cuerpo curtido por el trabajo bajo el sol desde muy pequeño, que más de una vez soportó el hambre y que a fuerza de resignación supo hacerse duro frente a las inclemencias de la naturaleza y las adversidades de la vida. Cuerpo de hijo, de hijo querido y valeroso, de niño que se hizo hombre y hombre que volvió a crecer, esta vez de golpe.
Ramírez duda en abrazarlo, pero se contiene. Lo deja pasar, pero el joven no le dirige la mirada. El hombre no se ofende, ya se está acostumbrando.
Aún lo sorprende el momento en el que es traspasado, como si no fuera nada. Sin embargo es mucho más que nada, es el recuerdo del que fue, es el alma en pena que no se ha podido ganar su descanso por culpa de la preocupación constante por los suyos, que es más fuerte y pura.
El calor lo agobia tanto como la muerte, pero al menos sabe que el calor no lo va a matar porque la muerte le ganó de mano. Pero el sigue allí, cuidando a su gente. Aunque más no sea con el deseo y la compañía silenciosa, que en los tiempos que corren es más que lo que otros tienen.

11 comentarios:

Con tinta violeta dijo...

¡que duro relato sobre la crudeza con la que se presenta la vida en multitud de situaciones! Te quedas con el corazón encogido al leerlo... Me gustó Neto.
Besos!

SIL dijo...

Neto me tildé...

Exceso de Diclofenac 75 en el último mes... ¿?


Venía como muy crudo de realidad el relato, maravilloso, me encantaron las líneas

¨la rutina todo lo que toca lo convierte en polvo, como lo hacen los años ¨ ( great !! )


Pero después me tildé acá:

¨el calor lo agobia tanto como la muerte pero al menos sabe que no lo va a matar, porque la muerte le ganó de mano

pero sigue cuidando a su gente
es mucho más que nada
es el recuerdo de lo que fue...

Ramírez es una compañía intangible, verdad (por no decir ghost)

¿?

Si no es así, cambiaré el diclofenac por ibuprofeno 700mil


Abrazos muchos


SIL

mariarosa dijo...

¡Muy buen cuento!

Neto: no me vi venir el final, ese traspasar a su hijo, me hizo volver en la lectura y comprender. Excelente relato.

mariarosa

Mariela Torres dijo...

Muy intenso y vívido tu relato. Me pareció verlos, sentir esa dureza y desamparo de la vida misma.

Saludos.

Netomancia dijo...

Doña Tinta, la crudeza y la impotencia de ya no ser. Muchas gracias! Saludos!

Doña Sil, diga ghost, diga ghost! En criollo: el tipo era fiambre pero seguía latente por esas cosas de lo sobrenatural, vio. Muchas gracias! Saludos!

Doña Mariarosa, muchas gracias! El hijo tampoco vio venir al padre! Je, perdón, un chiste muy malo! Saludos!!!

Doña Mariela, tiene la crudeza justa para ocultar el verdadero nudo del cuento, que es la muerte. Gracias! Saludos!

Juanito dijo...

Netomancia, de lo mejor que he leído en los últimos tiempos por la web.
Descriptivo, desgarrador, vuelco impensado al final. Fantástico en todas sus líneas.
¡Felicitaciones!
Saludos.

Netomancia dijo...

Don Juanito, muchas gracias por sus elogiosas palabras. Saludos!

SIL dijo...

Bien ahí... bien ahí :D

Felipe R. Avila dijo...

Excelente,Neto de lo mejor que se escribió en la literatura contemporánea y no exagero ni un poco.
Hay una palabra que hace ruido y yo la cambiaría, cuando dice que "el mejor precio posible a pesar del estado de los pobres BICHOS."
Bichos no, pondría mejor "de las pobres bestias" para no repetir "animales" que va mas arriba.
Escuche:¿quién soy yo para corregirlo,no?
Pero me sonó muy mal "pobres bichos".
Lo que me parece sin dudas sobresaliente, excelso, què se yo: inmejorables son estos dos párrafos:
"allí, en medio de la nada, la vida tiene una marginalidad solo para entendidos"
y la otra, que me encanta tanto que no se si no la copio y se la uso,mire.Cuando usted escribe:
"Cuerpo de hijo, de hijo querido y valeroso,de niño que se hizo hombre y hombre que volvió a crecer, esta vez de golpe".
Maravillosa forma de describir ese momento en el que el hijo quedó huérfano de padre, es decir del narrador, por su propia muerte.
Excelente es poco.
Me encanta leerte y me dan hasta ganas-si hubiera tiempo- de dibujar esto.

Mariela Torres dijo...

Neto, volví para contarte que te espera una mención en mi último blog, con la excusa de un premio.

¡Saludos!

Netomancia dijo...

Felipe, mil gracias. Muy buena observación sobre "bichos", la cambié. Se agradece! Dibuje cuando pueda amigo, que seguro saldrá una historieta estupenda. Un abrazo!

Doña Mariela, muchas gracias!