Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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28 de marzo de 2012

Cicatrices

- ¿Y qué te dijo?
- Que se vuelve.
- ¿Se vuelve?
- Si, en cinco días llega.
- ¡Cinco días! ¿Y tu mujer, contenta, verdad?
- No para de llorar desde el miércoles. Quiere arreglarle la habitación, pintarla… ya la conocés a Ilda, así que imaginate. Igual, mucho tiempo no hay.
- Si, si, no es para menos. Che, que lindo, que vuelva Ignacio, después de…
- Nueve años, casi diez.
- Casi diez años. La pucha, como vuela el tiempo. ¿Vos todavía tenías la agencia para entonces?
- No, ya la había vendido. Con un poco de esa guita es que se fue. Tenía una ilusión tremenda.
- Me acuerdo, si, me acuerdo. Estaba muy enfurecido. Siempre fue así Nachito.
- Siempre… se tomaba todo muy a pecho. Pero lo que lo decidió fue aquello de diciembre, a fines del 2001. No como creen algunos en el barrio que se fue porque perdió el laburo.
- No, más vale. Ignacio perdió la fe en este país después de aquello.
- Cómo muchos.
- Si, tal cual.
- Pero vuelve Cacho, el pibe vuelve. No sabés las ganas de darle un abrazo que tengo. Apenas si lo vi para el 2006, cuando nos pagó el pasaje para ir a ver un par de partidos del mundial, en Alemania.
Esteban sonrió, compartía la felicidad de su amigo. Se hizo hacia atrás cuando el mozo puso el pocillo humeante sobre la mesa de madera y aguardó a que le sirviera a Cacho para continuar con la conversación. Antes, cuidándose de no ponerle mucho azúcar, vació un sobrecito y medio dentro de la taza.
Mientras revolvía observó que la sonrisa no se borraba del rostro que conocía desde hacía tanto tiempo, de una época que parecía arrancada a la historia, de rebeldía en medio del caos, de aquellos setentas nefastos en los que en la ignorancia comprendían que ocurrían cosas fuleras alrededor.
- ¿Te acordás cuando teníamos la edad de él? – preguntó Esteban.
- ¿La de ahora?
- No, no. La edad que tenía cuando se fue.
- Si, cómo no recordarlo. En aquel entonces tener dieciocho era todavía de muy pibe, era otra época.
- Totalmente Cacho, pero te acordás que fantaseábamos con salir a la calle y confundirnos con los que querían sacar a los militares.
- Pero del hecho al trecho…
- Se… eso es verdad. Pero otros se metieron, tuvieron más agallas.
- A muchos les fue mal.
- Pero lo hicieron Cacho, se animaron. En cambio, fijate como son las cosas, con esa edad Nacho y tantos otros decidieron también pelearla, pero afuera.
- ¿Y qué querés, que la luchara acá? ¿Con la miseria que había? ¿Con lo que pasó a fines del 2001?
- No Cacho, no te confundas, no lo recrimino, ni a él ni a nadie. Te digo, fijate como cambian los tiempos y sin embargo, sigue siendo una edad difícil, dónde tenés que tomar decisiones y esas decisiones siempre están condicionadas por algo aún más grande: el país.
- Si, es así. Nosotros comprendimos lo que vivíamos años después. Nacho necesitó también alejarse para ver mejor. Y ves, vuelve Esteban, vuelve.
- Nosotros nos alejamos en el tiempo para comprender, él y muchos otros pibes se movieron geográficamente.
- Y las cosas han ido mejorando. Por eso se vuelven.
- Han empeorado allá también. Ojo, no quita que acá se respire mejor que hace diez años.
- ¿Respire nomás? Es mucho más Esteban, se siente la esperanza flotando en el aire. Si vieras a la Ilda estos días te darías cuenta. Es el reflejo de muchos. Creo, y espero no equivocarme, que es tiempo de dejar de ser un país cargado de penas y mirar hacia delante con más optimismo.
- No estoy del todo de acuerdo Cacho con este gobierno, lo sabés bien, pero es cierto, se vislumbran nuevos aires. No en vano se vuelve Esteban.
- Uno crece, uno aprende al caminar, del paso anterior, de cada peldaño que sube, de cada obstáculo con el que tropieza. No son los años los que vuelven a uno más sabio, sino lo que se absorbe de la vida. ¿Qué hubiésemos hecho a los dieciocho si teníamos la determinación de Nachito? Quizá arriesgado nuestras vidas. O no. Quizá no hubiésemos hecho nada, porque no veíamos las cosas con claridad. En cambio Nachito no lo pensó dos veces y se fue. De una u otra manera, arriesgó. Y hoy vuelve, pero ya no es Nachito, es Ignacio. Y fijate, maduro, con experiencia de vida, decide volver al país. Porque ahora cree en lo que ve.
- Si de algo sirven los hechos nefastos de la historia querido Cacho, es para que nunca más los volvamos a permitir.
- Y bueno Esteban, si estos pibes regresan, parte de nuestra vida se vuelve a asentar. Ilda está feliz porque regresa el nene, pero también porque la vida vuelve a tener sentido. Porque por más que lo queramos disimular, el desarraigo lo sufrimos todos, incluso los que nos quedamos.
- Diez años atrás el país se partió Cacho y entre las grietas perdimos a estos pibes. Por suerte, las grietas se van cerrando.
- Como sucede con las heridas.
- Exacto, como con las heridas. Y al igual que éstas, nos quedarán por siempre las cicatrices para no olvidar el pasado, para no repetirlo, para no desearlo.
Sonrieron al unísono, con la mirada cómplice. El mozo se detuvo en la mesa y preguntó si deseaban otro café. Pero las obligaciones apremiaban. Auque parecía mentira, el mundo seguía girando más allá del ventanal del bar. Cacho y Esteban se despidieron con un abrazo y un “hasta la semana que viene”.
La semana que viene, serían tres.

8 comentarios:

SIL dijo...

Es precioso el diálogo, es esperanzador.

Hay unas cuántas perlitas.
Vuelven porque aquello ya no es la salvación...

Y en esta especie de Arca de Noé, todavía no volvió la paloma con el olivo, pero al menos dejó de llover a torrentes.


Un abrazo grande, Netito.


SIL

Camilo dijo...

Es una bonita historia de esperanza nacionalista. La imagen de un país que se recupera a pesar de su pasado. Pero más que eso es el deseo que este texto sea más que un cuento, es el deseo que sea una historia real. Muy bonito mensaje.

HUMO dijo...

Que lindo volver a leerte!

Gracias Neto :)

=) HUMO

Horacio Beascochea dijo...

Esperanzador y necesario, ante tantos buitres dando vuelta. Gran texto.

Abrazo desde el sur

Yunuén Rodríguez dijo...

Hay heridas que nunca cierran.

Es conmovedor el relato, pero se cuela el discurso por el hueco vacío de la acción.

Felipe R. Avila dijo...

Muy lindos diálogos, Neto, y un muy buen relato.
Me escribió una compañera que piensa que tal vez este texto sea una pieza de teatro, en su gérmen.¿Qué te parecería?
Si podés escribime o hablame.

Juanito dijo...

Tengo un hermano viviendo en el exterior desde principios del 2001, sé lo difícil que es no poder darle un abrazo a un ser querido con toda la asiduidad que que uno quiere, que uno necesita (y el otro también).
Muy buen texto, Neto.

Anónimo dijo...

Sil te amo! Te amo! Quiero mellizos contigo! E ir a Alemania y luego volver ❤