Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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7 de marzo de 2011

El olor de la muerte

El olfato, ese sentido que nos deleita tanto como nos asquea. No me imagino el mundo sin poder apreciar las fragancias ricas, los olores mundanos, el olor de la calle, del barrio e incluso, de cada hogar. Porque cada uno tiene el propio que lo vuelve místico, único. Pero no soy un experto en la materia, tan solo lo se porque he leído, me he preocupado por aprender un poco más de este poder que tiene nuestra nariz al asociarse con el cerebro. De la misma manera que catalogamos con la vista, casi en forma incosciente, relacionando un objeto con un término, lo hacemos con los olores.
Aunque, debo reconocer, a veces esa memoria no es infalible, porque el olor a pesar de la fuerza con la que penetra nuestra mente, a veces se nos asemeja a otro. Quizá podría explicarse con lo que nos sucede con algunos rostros, que se nos confunden con otros. Los aromas se comportan en forma similar, fluctúan en nuestros recuerdos y si no lo sentimos en forma continua, es probable que perdamos la relación que en algún momento hubiésemos hecho en nuestra cabeza. No podría decir lo mismo de los sonidos, los cuales definimos con mayor exactitud en ese enjambre de impulsos eléctricos que conforman nuestro cerebro.
Pero que me dirían si les confesara algo, que probablemente rechazarán enfáticamente. Algo fuera de todo raciocinio, de todo pensamiento cabal, si es que acaso estos existen. Pues debo hacerlo, debo compartir esto que me empuja a la locura.
Trabajo en un mercado, uno muy grande. Soy repositor, me encargo de reponer la mercadería que va quedando en faltante en las góndolas o exhibidores. Comunmente estoy sentado mirando televisión o escuchando música en el depósito, cuando no me encargan alguna otra labor, y me llaman por parlantes para que vaya a un sector en particular a reponer algún producto puntual. Fue haciendo mi tarea que lo percibí por primera vez.
Era un aroma agrio, no amargo, sino de una aspereza tal que me hizo acordar a una manzana en mal estado, pero que hubiera sido bañada con un toque de dulce de naranja demasiado madura. Creo que los olores pueden tener texturas. Algunos tan suaves que parecen caricias y otros tan firmes que dan la sensación de golpearnos de lleno en el rostro.
Recuerdo que estaba parado entre los lácteos y las mermeladas. Miré alrededor en busca de algo roto en el suelo, porque solía pasar, que alguien sin querer dejaba caer un frasco o envase y este se hacía mil añicos en el piso y allí quedaba, hasta que algún empleado lo veía. Sin embargo no había nada fuera de lugar. Ni siquiera los lácteos, en góndolas refrigeradas podían estar emanando ese olor tan particular.
A mi lado, eligiendo entre varias marcas de leches descremadas, estaba una viejita. No quise ser impertinente, pero me acerqué para olfatearla. Sin que se diera cuenta, claro. Porque me parecía que el olor venía de ella... ¡y así era! Esa fragancia repulsiva, que me helaba la piel, provenía de esa mujer entrada en años. Pensé en que quizá se había orinado o alguna otra necesidad no había aguantado hasta volver a casa, pero por más que evaluara esas posibilidades, en mi mente no se asociaban al olor.
Acomodé los productos que debía reponer y me retiré al depósito. Cinco minutos después, el ir y venir de algunos empleados me llamó la atención y volví al interior del mercado. Desde la puerta del fondo, que daba al depósito, podía ver por el ventanal del frente las luces de la ambulancia estacionada en la calle. Dos paramédicos estaban en el pasillo de la limpieza, alrededor de una persona tirada en el suelo. Se los veía trabajar frenéticamente en salvarle la vida. Me asusté. Alguien se estaba muriendo a pocos metros de donde estaba. Pero sabiendo incluso eso, me acerqué como atraído por una morbosidad desconocida en mi.
Me acerqué tanto como pude y desde donde me detuve, pude ver bien a la persona que estaba muriendo. Era la viejita que tenía ese olor asqueroso. Tenía la cabeza vuelta hacia donde yo estaba. Y pude ver, con pánico, el abismo detrás de su mirada. Fueron segundos solamente, porque no tardó en morir. Los paramédicos insistieron durante dos minutos más, pero ya nada había por hacer. Lo supe de inmediato, cuando sentí el olor pasar a mi lado y alejarse, hasta finalmente desaparecer.
No dormí en varias noches. ¿Qué había olido en definitiva? No lo sabía, pero me aterraba pensarlo. Quise olvidarme del episodio, pero entonces estando en casa de mi novia, esa fragancia me volvió a asaltar. Fue como un martillazo, llegó de golpe. Me puse pálido, al punto que Analía, mi novia, me preguntó que me pasaba. Yo atiné a preguntarle si se sentía bien. Ella rió. Le anuncié que debía irme. Que no podía estar un segundo más en la casa, pero cuando me puse de pie, mientras ella me tomaba del brazo y me preguntaba que era lo que pasaba, sentimos el grito proveniente desde el baño. Era su padre. Llegamos corriendo, en el instante que se desplomaba tras haberse aferrado unos segundos a la mampara de la ducha.
Un infarto. Tal inesperado como letal. Fulminante. El cuerpo cayó pesadamente y Analía corrió a levantarlo. Me quedé en el lugar, quieto. Sabía que no quedaba nada por hacer. El olor había pasado por mi lado y se había ido por la ventana. Mi novia me gritaba y yo ahí parado, como un estúpido, sabiendo que a su lado yacía su padre. ¿Pero cómo explicarle que ya sabía que estaba muerto? ¿Cómo?
La semana pasada estaba en el subte y de pronto el olor inundó mi mente. Estaba dormitando y aquello me despertó. Primero pensé que era un sueño, pero al abrir los ojos, mirar alrededor y olfatear el aire, lo sentí presente. Era nauseabundo, mucho más fuerte. Se impregnaba de tal manera en mi nariz que pensé que iba a vomitar. Quise preguntar cuánto faltaba para la siguiente estación, porque quería bajarme ya del vagón, cuando sentimos la explosión. El sacudón nos despidió a todos hacia delante. Recuerdo los golpes, la oscuridad, los gritos, los llantos... recuerdo todo, tan vívido, tan espeluznante. Apenas si me lastimé una pierna. Tuve suerte. Murieron siete personas, una de ellas delante de mí.
Por las noches me hago un ovillo pero no puedo dormir. Estoy con licencia médica, pero no quiero regresar a trabajar. No quiero ni siquiera salir a la calle. Tengo pavor, horror, de toparme con ese olor nuevamente. Porque estoy seguro que tarde o temprano me sucederá. Creo que si ocurre, perderé la poca cordura que me queda. Se que es el aroma de la muerte, pero quién puede creerme, quién se detendrá a escuchar a un sobreviviente de un accidente tan grave.
Mi novia me ha dejado, luego de aquel trágico episodio en su casa. Mi mente ya no es la misma, con este conocimiento. No permito que mis padres entren, ni mis hermanos. Y cuando el departamento queda solo, a veces tengo ideas raras, aquí encerrado en mi habitación. Ideas sobre matarme, sobre escapar de este mundo... y entonces, casi como un fantasma, llega ese olor, como un invitado cruel y despiadado. Me obligo entonces a pensar en otras cosas y el olor desaparece.
Pero temo que un día ya no se vaya.

12 comentarios:

SIL dijo...

Neto sos terrible!!
He leído sobre sombras, colores oscuros, caras horribles, etc, incluso escrito y hasta imaginado característica o entidades para ella, pero jamás se me ocurrió a qué podría oler la Parca, y que su aroma anunciara su paso.


Genial - y es poca nota.

TKmucho

SIL

d80 dijo...

mirá que uno sospecha muchas cualidades de esta señorita Parka, pero su perfume, nunca me lo hubiera sospechado! jaja, genial Netito!

Carla Kowalski dijo...

Que intenso Neto. La verdad muy original el cuento. Debe ser terrible pobre muchacho saber cuando alguien deja este mundo.

Netomancia dijo...

Doña Sil, había que hacer honor a ese sentido tan noble. Ja. Saludos!!! Gracias!

Carla, tendrá que acostumbrarse, para eso tiene el don ja. Gracias! Saludos!!

Majo dijo...

El olor de la muerte... Antes he pensado en eso, pero no me ha pasado como a ti. Yo percibí un olor diferente en mi abuelita antes de que muriera, pero fue meses antes de que muriera, luego la fragancia de mi mama cambió, percibí el mismo olor que antes en mi abuela y meses despues murio. Lo asocié en mi mente como el olor de la muerte, pero no sé si tendrá alguna relación.

paquito dijo...

Soy umapersona que hoye alos muer y que también guele a las personas cuando ban a morir el holor de la muerte soy paquito y tengo un don y no soymalo soy diferente a ti

Unknown dijo...

Me pasa,lo juro! No se como,pero puedo sentir la muerte incluso meses antes de que suceda,también puedo olerla y saber si alguien esta muerto estando a metros de mi y sin verl@
Es algo que me quita el sueño y que para mi no tiene explicación.

valeria diaz dijo...

Me pasa,lo juro! No se como,pero puedo sentir la muerte incluso meses antes de que suceda,también puedo olerla y saber si alguien esta muerto estando a metros de mi y sin verl@
Es algo que me quita el sueño y que para mi no tiene explicación.

Unknown dijo...

Me pasa lo mismo. Y no me resulta para nada de mi agrado.

Patty Betancourt dijo...

Puedo oler la muerte toda mi vida he tenido mascotas y cuando las olía me daban el olor a muerte y al día siguiente ya no estaban con vida las personas desprenden cierto olor a muerto y no pasa mas de 15 cuando me llega la noticia de su muerte me he acostumbrado pero ahora tengo la manía de oler a las personas

Ese olor dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Buenas noches amigo me pasa exactamente lo mismo, trabajo en una clínica, mis compañeras me tratan como la bruja de la muerte, ya que siempre sé cuando una persona va a fallecer, en mi caso ya es totalmente normal.
Saludos ✌