Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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24 de octubre de 2010

Huyendo

Entre sueños retumbaron los últimos tambores. La selva quedó atrás. La fatiga lo acostó sobre la tierra húmeda, el sol acariciando sin lastimar. Aún retumbaban sus oídos, como a punto de estallar. La sangre ardía en sus venas y él todavía sin creerlo.
No quiso mirar hacia el lugar de donde venía, porque temía volver a vivir la pesadilla.  La respiración era agitada, su pecho se hinchaba y luego se desinflaba como un viejo fuelle. Cerró los ojos pero los abrió al instante: la oscuridad lo asustaba.
Se parecía tanto a las noches en medio de la nada, sin luces ni estrellas, sepultadas en lo alto, detrás de las frondosas copas de los árboles. Sintió el dolor en sus piernas. La piel lacerada por las ramas y las caídas. El cansancio en los músculos, la debilidad mental en su punto cúlmine.
Sin pretenderlo, se echó a llorar. Quería detenerse, pero no podía. A lo lejos, incluso encima de los tambores, se escuchaban gruñidos. Se estremeció entre lágrimas y haciendo un esfuerzo, abrió los ojos y miró hacia atrás.
Allí estaba la ciudad y sus bestias de cemento, ocultando el día e invitando a la noche. Había escapado de sus fauces, de ese voraz apetito que devora almas y corazones sin consuelo. Su vista se nubló por un instante y entre fantasmas volvió a ver esa selva moderna que lo había azotado sin piedad, repleta de rugidos extraños y tambores que presagiaban el rito de la muerte.
La muerte del ser humano, ni más ni menos.

14 comentarios:

Viviana dijo...

Me encanta ese crescendo de sensaciones entre rápidas y aturdidas y el contundente final.
Muy bueno! ¡Y mi reiteradas felicitaciones por los múltiples premios!
Un abrazo

SIL dijo...

El monstruo de cemento.
Es una metáfora perfecta.
El relato es maravilloso.
Hay quienes no quieren escapar, hay quienes no pueden.
Lo más irónico es que son monstruos creados por el hombre, en su infinita escalada de voluntad auto-destructiva.

TKmucho Netuzz


SIL

mariarosa dijo...

Muy buen relato.
La ciudad suele ser una selva, cuando te cierra sus puertas y corazones, es el peor de los monstruos y se debe salir, correr, antes que te debore.
¡Excelente!

mariarosa

Netomancia dijo...

Doña Viviana, muchas gracias! Ese incremento de sensaciones es lo que potencia el ahogo, la necesidad de huir de ese mundo hostil. Saludos!

Doña Sil, bien dicho, somos autodestructivos, erigimos monstruos que terminan aplastándonos. Una y otra vez, a lo largo de la historia. Gracias! Saludos!

Doña Mariarosa, la ciudad además tiende a hacer esas cosas o en todo caso, sofocarnos de tal manera que queremos escapar. Muchas gracias! Saludos!

Con tinta violeta dijo...

Esta mañana escribí un comentario...que al parecer se "perdió" entre un continente y el otro...ja.
Me gustó la sensación de angustia que rodea toda la escena de la escapatoria...La frase final quedo lapidaria...y ¿profética?.
Abrazos!!!

Sonia. dijo...

creo que cuando se ha vivido en ciudades tan grandes, la frase "el mounstro de cemento", tiene un impacto que retumba en el pensamiento.

una forma comun de morir.. sera?


besos

camila-ilustraciones dijo...

Neto!! paso a dejarte mi nuevo blog!!

Besotes!!

www.cami-manualidades.blogspot.com

Netomancia dijo...

Doña Tinta, su comentario "huyó" jaja. Muchas gracias! Saludos!

Sonia, una forma común o un destino para los habitantes de los "monstruos". Gracias por pasar. Saludos!

Cami, muchas gracias! Ya me puse como seguidor, muy lindas cosas!!!

Felipe R. Avila dijo...

Neto, ahora tiene que escribir una historia donde el ciudadano, ese pobre humano como uno, bicho de ciudad, crece en pánico ante el silencio del campo, el rumor del rio y la vastedad de la bóveda celeste en una mañana absolutamente limpia...digo, ¡como para compensar!
Muy bueno lo suyo, ahora...¿cómo hace para que sean todas mujeres las que lo leen y le comentan?

Mannelig dijo...

¿Y adónde escapará? Los tambores seguirán sonando dentro de su cabeza, las lianas que no puede ver con los ojos cerrados continuarán aprisionándole, quizá su misma garganta emita de repente un rugido...

Netomancia dijo...

Felipe, puedo escribir la historia del citadino que en ocasión de una feria del libro en un pueblo del interior, sufrió los vaivenes de la vida "chacarera", donde la paz y la armonía se hamacan en un columpio al son de una guitarra melódica. Jeje.
El tema de las muejres no se. Ud es hombre che o cuando abre el blog se pone peluca y se pinta con rouge?
Un abrazo!

Don Mannelig, que buena pregunta la suya. La civilización lo ha invadido todo, ya casi no hay sitio donde escapar. La angustia que describe, es muy real en ocasiones. Saludos!

el oso dijo...

Bellísimo, Neto. Hay monstruos de esos por doquier. Lo peor es que los ignoramos, hasta que es tarde.

Abrazo!

Mariela Torres dijo...

Hermoso relato, puedo sentir la angustia.

Saludos.

Netomancia dijo...

Don Oso, nos rodean, pero el error es cerrar los ojos y hacernos los que no los vemos! Un abrazo!

Mariela, muchas gracias!!! Otra vez un gusto verla por el blog. Saludos!