Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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15 de septiembre de 2010

La leyenda del Boga y el Diablo

El cigarrillo pendiendo de la comisura de sus labios, el humo flotando en torno a sus ojos, el olor rancio del abandono. El cuadro inevitable que cada noche deparaba la mesita más retirada del bar de García.
Hombre de pocos amigos, se sentaba cada luna con el rostro pétreo y el billete de diez en la mano, doblado en dos y estirado hacia delante.
Julián, el más jóven de los mozos que trabajaban para García se acercaba en silencio, tomaba el billete y volvía al cabo de unos minutos con el habitual vaso de whisky, un cenicero y, fundamental, un vasito de soda.
Se cuchicheaba en las mesas lindantes sobre los orígenes del hombre, aunque en realidad no se supiese nada, como en toda comunidad que se precie de tal. Aventuraban historias mal habidas, viejas deudas y hasta enconos con la ley.
Lo cierto era que el sospechoso bebedor de whisky, sospechoso para las mentes inquietas, permanecía siempre en silencio y si alguna vez oyó hablar de su persona, hizo caso omiso y jamás perturbó la paz del lugar.
Fue aquella noche de pertinaz llovizna en la que se desencadenaron los hechos que ya son leyenda en el pueblo. Apareció el hombre empapado y rumbeó como de costumbre hacia la mesa del fondo. El cigarrillo ya venía encendido, algo mojado eso si, por la lluvia que caía en forma de garúa, molesta y húmeda, esto último para variar.
Tomó asiento, soltó una bocanada de humo y dejó ver su mano hacia delante, con el billete doblado como era habitual. Sin embargo tamaña sorpresa se llevó Julián al retirar el billete y caminar hacia la barra. ¡No eran diez, sino cien pesos!
- ¡García! - llamó a su patrón por la puerta que daba a la bodega - ¡Psss! ¡García!
Petiso y desgarbado, si acaso era ello posible, García se tiró hacia atrás el poco cabello que le quedaba y con un gesto de fastidio muy teatral, preguntó que pasaba.
- El sucio de la mesa del fondo, el de siempre. ¡Me acaba de dar cien pesos en lugar de diez!
- ¿Y? - preguntó absorto Garcia - No tendrá cambio.
Un segundo de indecisión atravesó la mente de Julián. Era una posibilidad que no había pensado.
- No García, siempre paga con diez, jamás pagó con un billete más grande ni con uno más chico.
- ¿Qué pasa che? - la voz era de Pedrito "la Boga" Cardinali. Había visto que hablaban por lo bajo y se había interesado.
- Nada Boga, volvé a tu mesa - le contestó García.
- No seas ortiva García, la reconcha de tu madre, que nos conocemos de pibes - dijo riendo -  Dale flaco, contame, que pasa - y con la mirada prácticamente convenció a Julián de hablar.
- El del fondo Boga, me dio cien en lugar de diez.
- ¿Cien? No creo que se haya quedado sin cambio. Acá hay gato encerrado.
- Ve don García - exclamó con cierta alegría Julián, viendo que el Boga pensaba como él.
- ¿Qué querés que vea nene? Te dio cien, llevale el whisky de siempre, la soda, un cenincero y el vuelto.
- Pero...
- Pero nada Julián, me cago en vos.
- García - intervino el Boga - El pibe tiene razón, déjeme que yo le averiguo.
- ¿Qué vas a averiguar? Por el amor de Dios, la Virgen de Luján y todos los santos. Llevale Julián el maldito w... ¡Boga, vení para acá!
El Boga salió sacando pecho de la barra, encaminándose hacia la parte más oscura del bar, justamente la del fondo. Pensó en ese detalle, en que García debía dejar de amarretear y poner un tubo fluorescente en lugar de la bombita de cuarenta que no alumbraba una mierda. A cada paso retumbaba la madera, como en las viejas películas del oeste que miraba de pibe, tirado en la cama de su abuelo, con el viejo al lado. Escuchaba como el agua caía afuera, haciendo tintinear el alero de chapa. El cuchicheo de las conversaciones penetraba la piel, pero no desviaba su atención. Caminaba con paso firme, decidido en llegar al fondo del asunto.
Quedó delante de la mesa, a un metro del sujeto. El humo ocultaba sus facciones, aunque podía ver los remiendos en la vestimenta, el cabello enmarañado y sucio. Carraspeó dos veces y fuerte, para llamarle la atención. El hombre levantó la vista y las miradas se cruzaron.
El Boga creyó ver el mal en persona, dos centelleantes cañones de piratas, el presagio de una pelea inminente. Ese hombre no era de fiar, lo veía en el rostro curtido, quizá por una vida repleta de crímenes. Podía jurar, ahora que lo miraba de cerca, que esa cara había aparecido alguna vez en un noticiero, como un criminal buscado. Estaba seguro de haberlo visto en algún diario. Si, era la mismísima cara del diablo. Y en esos ojos que ahora pendían en la misma dirección de los suyos, había algo que podía calificar con una sola palabra: maldad.
Hasta el silencio mismo parecía haberse extinguido. Una exhalación podía llegar a aturdir los oídos en tremendo instante. Todas las mesas miraban hacia esa dirección. El pulso se había acelerado en todos los parroquianos. En todos, menos en el Boga. Le hacía frente al mismísimo demonio, al menos eso pensaba mientras sopesaba las palabras adecuadas para iniciar el diálogo que estaba al caer. Ese diálogo que marcaría el comienzo de una leyenda en todo el pueblo. La leyenda del Boga y el Diablo, enfrentados cara a cara en el bar de García.
Entornando los ojos, ladeando la boca y colocando las manos sobre la cintura, el Boga articuló una primera palabra:
- Mire...
Y luego, impostando la voz, como si fuese un locutor de radio matriculado, prosiguió:
- ...acaba de darle al mozo un billete de cien. ¿Qué tiene para decirme?
Acentuó cada palabra del interrogante, como quizá Dick Tracy lo hiciera en aquellas historietas que se devoraba de pequeño, intentando asemejar el tono que tendría un héroe de acción en un momento similar, sabiendo del peligro de muerte, del péndulo sobre su cabeza, pero a la vez, manteniendo la convicción de la justicia, del honor.
El hombre, aún con el cigarrillo en la boca, hizo hacia un costado la silla y se puso de pie. El Boga se vio sorprendido y dio un salto hacia atrás. Varias sillas se arrastraron en la misma dirección en todo el salón y el chirrido de las patas de madera fue un solo estruendo. El sujeto hizo un movimiento de manos veloz, digno de un gran contrincante y la llevó a la cintura. La mano volvió y no lo hacía sola.
El Boga alcanzó a ver el bulto y tragó saliva. Cerró los ojos, convenciéndose que quizá también otro héroe hubiese hecho lo mismo, quitándole mérito a las viejas películas, donde los protagonistas jamás arrugaban en las feas. En su mente cruzó "los del cine que mierda van a saber de esto", elevándose a mártir en ese mismo instante. Esperó el disparo, resignado. Hubiese querido hacerlo con el pecho hacia delante y no de costado como estaba ahora, porque no había podido evitar voltearse, como si aquello obrase el milagro de esquivar la bala.
Pero solo escuchó una voz ronca, agrietada por el pucho.
- Disculpe don, no me di cuenta. Está muy oscuro acá atrás. Tome, uno de diez así no se hace quilombo con el cambio.

Cuenta la leyenda que desde entonces el Boga no sale de su casa de noche, asustado por esa voz fantasmal que ulula los días de viento, arreciando con fuerza sobre las tejas de su casa. La misma voz que cuando se ve obligado a hacer los mandados en horas del día lo ataca sin clemencia desde cada esquina del pueblo. Esa voz tremenda y descalificadora que dice con furia "¡Boga cagón!".

8 comentarios:

SIL dijo...

Valía la permuta para el pobre Boga de su propia muerte por una eternidad gloriosa enmarcando la leyenda. Su vida era demasiado gris, y ese final le habría dado un blasón de brillo...

PERO NO... éso pasa sólo en las películas.

Muy bueno el cambio de registro, hasta manoteé el freno de mano, Netuzz, porque si no, pasaba de largo.

ABRAZO GRANDE

SIL

Con tinta violeta dijo...

Muy buena la concepción de la historia...y el enfrentamiento con el hombre del fondo digno de la mejor peli del oeste. Muchas veces creemos ver en las miradas actitudes que luego no se corroboran en la realidad...pero que dan para fantasear a los escritores y a los parroquianos para levantar toda una leyenda...
me encantó, Neto.
Abrazos!!

mariarosa dijo...

La imaginción juega malas pasadas. ¡Pobre Boga!
después de está no se mete más en problema ajeno.
Muy bueno.


mariarosa

Felipe R. Avila dijo...

Muy bueno.
Pero me quedo con este fragmento:
"cada paso retumbaba la madera, como en las viejas películas del oeste que miraba de pibe, tirado en la cama de su abuelo, con el viejo al lado. Escuchaba como el agua caía afuera, haciendo tintinear el alero de chapa".

Neto querido, me hiciste evocar tiempos idos, viendo TV junto a mi abuela fascinados los dos(vieja y niñito) por las películas de acción, las históricas y las de aventuras en general... y la lluvia sobre el techo de chapas...qué lindo sonido perdido.

Los Aspirantes dijo...

Hola amigo, si estaría buenísimo nosotros hace como 5 años que participamos de la Feria del Libro de Villa, estaría muy copado hacer algo juntos para la próxima feria del libro de villa, yo tengo mas acceso por que trabajo en casa de la cultura, y gracias por pasar por nuestro blog.

Mr. Brownie dijo...

Jajajajaaaa! Muy bueeeeenoooo! Me hizo acordar a mÍ el narrador, esa puta imaginación de creer que todo es una película, porque con todas las que ví, me es imposible hacer un paso y no recordar alguna escena... Pobre Boga che, una persona con esa valentía de querer llegar al fondo del asunto, que no tenía nada en particular (solo un error a la hora de sacar el billete), se merecía un final como vencedor, pero por metido se llevó lo que correspondía, un eterno "¡BOGA CAGÓN!"
CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP! CLAP!

Netomancia dijo...

Doña Sil, menos mal que es hábil para el manoteo (de freno de mano) porque si no el final quedaba catastróficamente estrellado. Y si, pasa en las películas. En la realidad, otra que el Boga. Saludos!!!

Doña Tinta, no todas las leyendas hablan de ganadores. Aquí un ejemplo. Tenía el final de película, digna de una de Clint Eastwood, pero terminó como un personaje de Adam Sandler. Saludos!!!

Doña Mariarosa, la imaginación y la valentía exagerada. El Boga no solo no se mete, sino que no sale más de su casa, ja! Saludos!!!

Don Felipe, sin dudas que también evoqué ciertos momentos de televisión junto a mi abuelo, no por algo apareció esa escena con reminiscencias de western. Y la lluvia en al techo de chapa, bueno, todavía hya mucha gente que lo escucha. Recuerde que hay un mundo del otro lado de la General Paz don Avila jaja. Abrazo!

Don Aspirante Leonardo, seguramente se podrá hacer algo. Primero esperemos que se haga la Feria, ja. Un abrazo!

Mr. Brownie, gracias por los aplausos! Es que usted se cree las propagandas de TNT don Brownie y no es así, porque si pasa en las películas es mentira que va a pasar en su vida también, entiéndalo don Brownie. Ah y por cierto, dice el mozo de Capital que les quedó un culito en la botella de Fernet, que por qué no vuelven. Ud ya sabe que Paul Grill vuelve por una gota aunque sea. Un abrazo!

el oso dijo...

Buenísimo, Neto, y yo que pensé que el Boga iba a sacar el revólver y sin apuntar a ningún lado lo iba a agujerear al desconocido...
¡Qué fácil es ganarse el mote de "cagón" cuando nos asustamos de malos inexistentes...

Abrazo