Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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27 de septiembre de 2010

El cafetero

Qué raro nos parece verlo vestido de blanco, recorriendo los comercios de la cuadra cada mañana. Casi una imagen robada al tiempo, mientras empuja su carrito de madera con pequeñas ruedas por las veredas imperfectas cargando consigo una decena de termos humeantes.
Siempre con su sonrisa por saludo, inmutable más allá del clima. Se asoma, pregunta y no importa la respuesta: sonríe. Es así con todos, cada día. Julián, el cafetero. Juli a secas, debido al saludo diario, a la rutina repetitiva de las mañanas, a esa figura casi necesaria para comprender que una nueva jornada estaba en marcha.
Diálogo corto y habitual, sobre el frío o el calor, la lluvia de la noche anterior o el anuncio para la tarde. Breve quizá como el chorro de café que vierte con profesionalismo, sin siquiera salpicar la inmaculada camisa blanca que lo identifica.
Juli no se preocupa si alguien no tiene cambio para abonar los cuatro con cincuenta, porque está toda la mañana recorriendo la calle y vuelve más tarde, o cuando uno le dice. Es bonachón, alegre y trabajador.
Pero es raro verlo, como decía al principio, más que nada por la tragedia. Quién diría que ese hombre carismático que empuja el carrito sirviendo café perdió todo lo que tenía pero realmente no sabe qué.
En qué pensará cuando regresa a su casa cada mediodía y al abrir la puerta lo recibe el silencio, la ausencia de vida, el futuro truncado. Pero aún peor, el tormento de ignorar aquello que tendría que doler, pero a su vez, dolido por no poder recordar lo que le cuentan que perdió.
Es que Julián sobrevivió entre los hierros retorcidos, pero no así sus recuerdos, agravados con el golpe, que lo dejó sin memoria. Y luego que no lo viéramos por meses, regresó un día, vestido de blanco y sonriendo, como si el tiempo no hubiese pasado, como si la muerte no lo hubiese acariciado en tanto se llevaba consigo a sus niños y a su amor.
Es raro verlo, cumpliendo con el trabajo que le contaron, solía hacer; intentando ser cordial con los que le dijeron, eran sus clientes; pretendiendo ser feliz con lo que le aseguraron, era un milagro.
Y sin embargo, cada vez que nos da la espalda para seguir con su rutina, aparece ese nudo de angustia irreprimible que nos atenaza la garganta y nos nubla la vista, y un deseo, casi una necesidad, de gritar de cara al cielo un insulto infinito en nombre del cafetero, imposibilitado de sufrir por aquello que la muerte le arrebató.

9 comentarios:

PABLO FRANKO dijo...

A veces son extrañas las formas en que la mente nos cuida para sobrevivir. Ocurre a veces con los traumas de la infancia que no recordamos o creemos no recordar pero que seguro se sienten al tomar la ultima gota del cafe con leche... como antes de. Muy bueno. Abrazo

Con tinta violeta dijo...

Coincido con el anterior post de Pablo...es una bendición que uno no recupere la memoria después de un trauma como éste que relatas...
Está genial, en esta ocasión el trabajo para él es una forma de sobrevivir a la desgracia.
Abrazos!!!

SIL dijo...

Los mecanismos de supervivencia que activa la mente son múltiples.
Las formas de no sucumbir, son inesperadas.
Sobre todo ante la tragedia y la imposibilidad de morir con quién amamos, se intenta una especie de eyección que a veces nunca nos devuelve a la realidad.

Great, Netuzz

TKmucho

SIL

mariarosa dijo...

Impresionante relato.
Neto me da la impresión de que es real la historia. Y si, lo he vivido, cuando el dolor es muy grande, la mente se cierra,no te deja recordar.tal vez te ayuda a seguir viviendo.

Un beso.

mariarosa

Netomancia dijo...

Pablo, muchas gracias. Hay ocasiones en que nos replegamos ante los recuerdos, como única forma de supervivencia. Un gran saludo.

Doña Tinta, tanto para sobrevivir como para mantener la cordura, claro que si. Gracias, como siempre. Saludos!

Doña Sil, métodos de defensa que vienen con uno de fábrica, no? Ja. Muchísimas gracias! Saludos!!!!! (el 5 se avecina, ya tiene el pasaje?)

Doña Mariarosa, la mente se cierra porque teme por el mismo dolor del persona, sin dudas. Dolor que no siente, pero que los demás sienten por él, gracias! Saludos!

SIL dijo...

Nop.

La Tomata dijo...

Es hermoso, y triste a la vez... Me encanto Neto!! Ya nose de donde sacas tanta imaginación!! jeje!!
Saludos miles!!!

Netomancia dijo...

Daiana, muchas gracias! Si, es la sensación que me deja a mi. Tristeza por ese recuerdo en el que cree, pero no llega. Saludos!!!!

HUMO dijo...

Querido Neto: excelente como siempre.
El ser humano posee mecanismos de defensas inexplicables.
No se si viste "la isla siniestra", no te la voy a contar pero si recomendar y tiene que ver con este tipo de realidades traumáticas que abría que ser muy locos para bancárselas.

Besote y te felicito!

=) HUMO