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4 de mayo de 2010

Vieja deuda

Dejó las llaves puestas en el coche y el motor encendido, como presto a salir en cualquier momento. Tampoco cerró la puerta, apenas entreabierta. Caminó sobre la grava hasta donde comenzaba el césped.
El rocío de las primeras horas del día iluminaba el verde, aunque el contraste con el cielo gris y con ánimo de tormenta era notable. Sus zapatos se mojaron con el contacto, pero ni siquiera se percató de ello.
Pasó por encima del vallado de madera que demarcaba la propiedad privada a la que estaba entrando. Dos perros de enorme porte se lanzaron sobre él, apareciendo de la nada misma y uno logró darle una dentellada a sus pantalones.
Sin cambiar el semblante, les arrojó patadas, logrando en más de una ocasión acertar en los hocicos de los canes, entrenados para repudiar cualquier intromisión desconocida. Pero los animales no desistieron, frenándole la marcha.
En la vivienda de tres pisos se encendieron las luces. Se escuchó el ruido de una puerta trasera y una alarma aguda y potente se puso a sonar, como un bebé enfermo en pleno berrinche.
Para los caninos fue como una orden. Gruñeron con ferocidad y se lanzaron coordinadamente, uno de cada lado, sobre su persona.
Lograron tumbarlo y en medio de ladridos, le mordieron la cara. La sangre fluyó de inmediato, tiñendo el césped e inundando sus cuencas oculares. Un disparo en el aire detuvo el atroz ataque. Los perros corrieron hacia el hombre que había usado la escopeta, de cuyo caño una pequeña estela de humo indicaba la procedencia del reciente sonido.
El aprovechó para levantarse del suelo, a duras penas, dolorido y sangrando. Miró al viejo con el arma y no esperó a que lo reconociera. Al menos, aún no. Dio media vuelta para emprender el camino de regreso. Pero la escopeta volvió rugir y su andar se detuvo en el acto.
Sabía que ahora el cañón apuntaba a su espalda. No necesitaba girar para saberlo. La voz del viejo llegó a sus oídos temblorosa y supo también que no era un efecto del viento. Esa voz cargaba miedo a pesar de sujetar un arma.
Sonrió para sus adentros, seguro, sereno, cínico. Y sin elevar la voz, dijo:
- Lo espero en el auto. Cinco minutos. Si demora, usamos también los asientos de atrás. ¿Comprende?
Y dicho esto, volvió a su coche.
El viejo lo vio marcharse sobre el césped, traspasar la valla de madera y seguir camino hacia la calle. Sintió que sus piernas se doblaban y la escopeta le pareció pesar toneladas. La arrojó a un lado y se pasó la mano por la boca. ¿Con qué así era? pensó.
Retornó a su vivienda, apagó la alarma y fue hasta su habitación. Besó en la mejilla a su mujer, observó sus arrugas amables y familiares, agradeció que casi no oyera y secándose una lágrima que le caía, tomó el saco que estaba sobre la silla más cercana y con cuidado, cerró la puerta.
Acarició a la pasada a sus leales guardianes y salió a la calle por el portón del frente. A unos quince metros lo esperaba el coche en marcha. No se extrañó al notar el rostro pálido pero intacto del hombre que lo conducía. Nada lo extrañaba por entonces. Sabía que era hora de pagar el pacto.
El auto arrancó sin que nadie pronunciara palabra alguna. La calle se lo tragó en silencio, llevándose consigo al escritor famoso y al cobrador del infierno.

16 comentarios:

SIL dijo...

//Sus zapatos se mojaron con el contacto, pero ni siquiera se percató de ello.///
Je-je-je

Primero pensé que era la muerte.
Casi gol...

El precio de lo fatuo mundanal, suele ser muyyy caro.
No hay pompa terrena que defienda al hombre de su trágico destino.
La historia y sus personajes lo ratifican.
(y tu relato)

Genial Netuzz

Abrazo más que grande

SIL

Felipe R. Avila dijo...

Sorprendente final. Muy linda hsitoria,che. Y bueno,las deudas hay que pagarlas, dicen.
Usar los asientos de atrás quiere decir que...¿se llevarían también a la esposa?
Me gustó que el escritor se despide besándola a la esposa."es casi un beso del infierno, pero un beso al fin,señora", diría Serrat.

d80 dijo...

la calle se lo tragó de lleno, la oscuridad también... al menos pudo dar un beso con forma de final, un cierre a esos años adeudando tanto...
grande maestro!
saludos!

La Tomata dijo...

Yyyyyyyyy??!!! Que paso Netooo?????!!!!!
Yo sabia que te ibas a mandar una de las tuyas y nos ibas a dejar con la intriga carcomiendonos la cebeza!!

Que malooo!!! jeje!

Pero indiscutiblemente genial y atrapante!!!

Saludines!!

Con tinta violeta dijo...

Muy bueno, Neto. Sorprendente el final...Muy bueno el enviado del sótano profundo, haciendo de "cobrador del frac"...(aquí tenemos una empresa de cobros de morosos que tiene esa imagen)
Al final de una u otra forma siempre se acaba pagando...
Felicidades!!!
Abrazos.

Netomancia dijo...

Doña Sil, palo y casi gol, pero estuvo ahí. Pero lo de los zapatos fue porque eran de marca jaja. Broma. Saludos!!!

Don Felipe, si señor, se llevaban señora y lo que encontraran pululando por la zona. Ese tipo sabía hacer negocios. Lo del beso fue un gesto de "chau vieja, tengo que hacerle frente a la macana que me mandé", ja. Un abrazo!

Don Dieguito, pobre tipo, ya que había comprendido lo que pasaba, lo más lógico era eso. Claro que ahora la mujer lo debe estar buscando por toda la casa!!! Un abrazo!!

Doña Daina Tomata, no se violente que le mando al cobrador ese. Jaja. Pasó eso, se lo llevó, el precio de vender el alma o la vida por la fama. Saludos!!!

Doña Tinta, no hay morosos en el infierno (lindo título para una novela jaja) porque hay buenos cobradores. Por las dudas hay que mudarse y no dar a nadie la nueva dirección! Saludos!

mariarosa dijo...

Glupp... El anciano sabía por donde venía la mano, muy buena historia.

Saludos.

mariarosa

Carla dijo...

mmmmmmmmm! Que final!
Excelente redacció Neto! Muy buenos los detalles, y el ritmo que tiene.

Ruminant dijo...

Es autobiográfico? Sabía que no era trigo limpio lo suyo, que en algo raro andaba!
Bueno, pero disfrute de la fama antes de que se presente el cobrador.

Netomancia dijo...

Mariarosa, el anciano deseaba que nunca llegara el momento, no hay dudas. Saludos!

Carla, muchas gracias! A ritmo de cobrador del infierno! Saludos!

Don Alvarez, ese no soy yo, no leyó? El tipo era un escritor famoso y aparentemente había hecho guita. Un abrazo!

SIL dijo...

Pero guarrrrrrrrrrrrda !!! diria mi abuela, que el relato no determina en qué año transcurre, no vaya a ser que sea profético ehhhh...

:DDDDDDDDDD

PD:
Ud va a ser famoso igual,
sin tener que poner precio a su alma, caballero.
HE DICHO.

;)

Netomancia dijo...

Con chirolas me conformaba jaja.

el oso dijo...

No se haga el sota, Neto, es una predicción de su propia escapada a los avernos.
Aunque... pensándolo bien... como dijera Felipe, debería pasar a darle un besito a los enanos que tiene laburando en negro...
Excelente, lleno de misterio, suspenso y verdades.
Abrazo

Ruminant dijo...

Neto, la verdad que no sé si tiene una cuenta en suiza, ud lleva una vida austera, anda hecho un croto pero eso no quiere decir nada. Jaja, mentira, anda muy bien vestido, Cristian Dior y sandalias con soquetes. Todo un Dandy Chicas!

Mannelig dijo...

Un pago eterno a cambio de un servicio temporal. Mal negocio...

¿De dónde habrán aprendido los bancos?

Netomancia dijo...

Don Oso, que no le llene la cabeza Felipe, que a él le gustan los enanos, no a mi jaja. Gracias don Oso, cuando el ministerio de magia lo deje en paz, haremos mates en el fogón. Un abrazo!

Don Alvarez, váyase a... jajaja. No, a Dior no lo junamos. Tiene razón sobre lo de croto jaja. Un abrazo.

Don Mannelig, para mi que los bancos tienen un pacto con el mismo jefe que el cobrador del cuento! Saludos!