Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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6 de abril de 2010

Las formas del miedo

Los vidrios del coche se empañaban por la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior. Esa fina diferencia de cristal lo era todo. Al menos en esa época del año. Abrigada igualmente con campera, bufando tapándole casi todo el rostro, pasamontañas protegiendo cabeza y orejas y guantes oscuros enfundados en sus manos.
De vez en cuando levantaba la vista por encima del periódico que sostenía delante de sus ojos y se animaba a mirar la calle oscura en la que estaba estacionada, convirtiéndose testigo de ese mundo silencioso que se desarrollaba ajeno a su presencia, con transeúntes de paso apurado, abrigados a más no poder, seguramente pensando en la posibilidad de arribar a sus hogares, al calor de la cocina o del calefactor.
Coches en movimiento se perdían a lo lejos hasta ser solo haces de luz en la oscuridad, cuyo derroteros desconocía y tampoco pedía saber. La estación de colectivos estaba a pocos metros, por lo que el ir y venir de los enormes transportes era incesante. A cada tanto un taxi estacionaba delante o detrás de su vehículo, dejando gente en la acera para que luego se dirigieran a las boleterías con destinos inciertos.
Le era difícil imaginarse una postal de ese lugar sin movimiento. Parecía un gran hormiguero, previo a la tormenta. Salvo que allí era así todos los días, sobre todo a esa hora, cuando la noche se asentaba sobre la ciudad y la misma, al menos en su faceta comercial, se aprestaba a dormir, escupiendo gente hacia las afueras.
Volvía la vista entonces al diario, a las noticias del día, que ya por entonces había leído varias veces. Pasaba de largo política y también economía. Una sola lectura era suficiente. Más era masoquismo. Sin embargo, volvía una y otra vez a las policiales.
Se escribía sobre la inseguridad, los robos, los asesinatos de policías, secuestros express, sobre el grave crecimiento de la delincuencia juvenil, las drogas marginales, los allanamientos que nunca eran suficientes, los tiroteos en las villas, la violencia en las calles.
El tema del día era el caso del torturador de jóvenes, como lo empezaban a llamar los medios. Hasta el momento habían sido cinco víctimas, en menos de una semana. Todas de entre dieciocho y veinticinco años. Jóvenes, hermosas, de cuerpos atléticos. Ideal para que en las líneas periodísticas no faltara el típico "una vida por delante, ahora trunca".
Ella leía con avidez, repasando los detalles que la policía daba a conocer. Las violentas muertes, producidas por la pérdida de sangre de los cuerpos luego de una tortura que los peritos estimaban de cuatro a cinco horas, durante las cuales el torturador las abría con un bisturí desde la vagina hasta el cuello, para luego hacer cortes de cinco centímetros de longitud a lo largo de todas las extremidades. No se daban a conocer detalles más morbosos, como ser en que momento de dicha atrocidad se producía la muerte. O si acaso, había una firma de parte del asesino o pistas que hayan quedado en las inmediaciones de los lugares (casi siempre descampados) donde eran arrojados los cuerpos.
En las series policiales esos detalles eran clave para la resolución de los casos, pero en las declaraciones que daban a los medios, la policía de la ciudad decía no tener pistas. Claro que también podía ser una forma de confundir al asesino, lograr de esa forma que se relajara y pensara que se estaba saliendo con la suya. También solía verlo en las ficciones de la televisión.
En los últimos días era el caso que acaparaba no solo los diarios, sino también la televisión y la radio. Suponía que también era el tema de charla en los bares, en los almacenes de barrio o en la misma internet. El miedo recorría las calles en situaciones así. Eran los momentos en los cuales las personas reflexionaban sobre cuán seguros estaban o si acaso, al salir de sus hogares, volverían al atardecer para ver nuevamente a los ojos a sus hijos. Si, el miedo ganaba a las masas en casos de esta índole.
La gente al caminar miraba a los demás con desconfianza. Toda persona mal vestida era tomada como "extraña". Si era posible, la gente cruzaba de vereda antes de toparse con rostros sospechosos. Los pelilargos eran mal vistos, aquellos desaliñados también. Se miraba mal a los que esperaban en las esquinas o aquellos que amables, intentaban ayudar a alguna mujer a cruzar una calle o subir a un vehículo. La mayoría pasaba a ser sospechosa, claro que sin saberlo y de esa forma, el miedo se transformaba en desconfianza y la comunidad, en forma tácita, se desmembraba y dejaba de ser una sola cosa, para convertirse en islas acorazadas, indiferentes, asustadas, huidizas.
Y mientras tanto, los medios de comunicación pedían tener cuidado, denunciar movimientos sospechosos y entonces los teléfonos de las comisarías se abarrotaban de llamadas anónimas, la mayoría de gente grande que veían actitudes raras en cada persona que pasaba por delante de sus viviendas. Eran signos de pánico. Por supuesto, nadie corría por las calles gritando o dando alaridos, pero la mayoría transitaba las calles con el corazón en la boca, aguardando el momento inevitable en el que el asesino saldría de un rincón oscuro o lo acecharía con un coche de vidrios polarizados, dándole fin a su vida, o lo que es peor, torturándolo antes de cerrarles los ojos para siempre en este mundo.
El diario no decía todo eso, pero ella lo intuía. Podía ver el miedo caminar las calles a través de las personas, que disimuladamente escudriñaban cada rostro con el que se cruzaban, para luego apurar el paso como si con ello el peligro se conjurara.
¡Toc!¡Toc!
Se sobresaltó y sin querer dobló el diario en dos sobre el volante. El corazón se le había acelerado. Miró hacia su izquierda. Una joven aguardaba pacientemente del otro lado del vidrio, mostrándole una sonrisa a modo de disculpa por haberla asustado.
Se serenó y bajó la ventanilla. Sintió como el frío penetraba como una daga, acariciándole el cuello como un asesino considerado.
- Disculpe si la asusté - dijo la joven veinteañera que había golpeado el cristal - Creo haberme perdido. Necesitaba tomar un colectivo y no sale de la terminal. Me dieron esta dirección de una parada, pero no estoy segura de cómo llegar. Creía que era por aquí, pero me debo haber confundido...
- A ver, dame lo que te dieron - ella estiró el brazo y con sus manos enguantadas tomó el pequeño trozo de papel escrito, garabateado con tinta azul - Mmm, si, ya se qué línea es. Claro, esta esquina te podría servir, pero solo hasta las siete de la tarde. Ven, sube, que te acercaré.
- ¡Oh gracias!
Y sin perder tiempo rodeó el auto por detrás hasta la puerta del acompañante. Ella se estiró por dentro y sacó la traba de seguridad. La joven se apeó con ganas, feliz de haber encontrado ayuda y contenta por escapar del frío de la calle.
- Señora, no sabe cuánto le agradezco. Ay, mire, yo con las botas llenas de barro y usted tan pulcra. Hasta tiene naylon negro recubriendo todo el interior del autor... vaya que es sorprendente, debe ser una maniática de la limpieza, verdad? Jajaja.
- Si supieras corazón. Odio las manchas. Pueden delatarte en cualquier momento. Principalmente, las de sangre.

El auto se perdió en la noche, dejando un haz de luz como recompensa.

12 comentarios:

Felipe R. Avila dijo...

Sorprendente final, Neto!
Igual, me quedo con el clima opresivo que tan bien manejaste mas que con la anécdota del final, de quien es el(la)asesino.
Escribiste:"Coches en movimiento se perdían a lo lejos hasta ser solo haces de luz en la oscuridad, cuyo derroteros desconocía y tampoco pedía saber"
Y mas abajo:"Sintió como el frío penetraba como una daga, acariciándole el cuello como un asesino considerado"
Excelente.
Tods alguna vez hemos sentido algo parecido a esto, sobre todo si pasamos esos años de plomo en el país, tan oscuros que -a la distancia- al evocarlos se nos hace difícil pensar cómo pudimos haber sobrevivido a años tan destructores.
Recuerdo tardes con ese frio, que no era sólo climático, me parece...

HUMO dijo...

Comparto lo de Felipe, sigues sorprendiendo!
Antes pasé por los dos cuentos anteriores y llevo la mueca de monalisa disfrutándote, de verdad sin desperdicio :)


Cariños Neto, qué pretendés que te diga, si sos genial!

=) HUMO

SIL dijo...

Sospeché de la veinteañera que golpeó el vidrio...:)))
Me c...ambiaste el rumbo.
Espectacular, Netuzz...

//Toda persona mal vestida era tomada como "extraña". Si era posible, la gente cruzaba de vereda antes de toparse con rostros sospechosos. Los pelilargos eran mal vistos, aquellos desaliñados también//

Vaya lección... verdad??

Abrazo inmenso, Netito.

SIL

Con tinta violeta dijo...

Deliciosamente siniestro. Me recuerda los inicios de una serie (mentes criminales, no se si allí la veis)...
Cuando leí lo de los pelilargos que eran mal vistos...ja, ja, recordé una foto y casi me muero de la risa...
La verdad es que las últimas frases son escalofriantes.
Como siempre y hasta el próximo relato: insuperable.

Besos.

Luis dijo...

Como siempre un texto en el que uno advierte que se asfixia, que le falta el aliento, y luego de ese sufrimiento, un final que hace saltar por los aires todo lo pensado. Un saludo

La Tomata dijo...

Primero pense que era una policia onda "CSI" o "BONES", dspues pense que la que toco la ventanilla era la asesina y despues NOOOO!!! Guauu!!

No deja de sorprenderme señor Neto!!

Ademas de que nunca se queda solo con un tema, es usted muy variante y eso es geniaal!! (como digo siempre)

Geniaal!!!!

Saludines!!

d80 dijo...

esto tiene unas reminiscencias históricas nacionales que me pone la piel de gallina...
que terrible relato, que desesperación!!!
En cada frase hay un salto tremendo a la realidad que golpea duro y a la vez uno se deja llevar por la negra imaginación de los persoanjes, por los hechos... Neto cada día me vuelvo más adicto a tus textos!!!

mariarosa dijo...

Muy bueno, como siempre. Que bien vas mostrando la situación, el ambiente los miedos y al final llegas a la asesina, que no esperaba.Te dejo mi aplauso.

mariarosa

Mannelig dijo...

Otra muesca en la culata de aciertos. Estilo "marca de la casa".

Carla dijo...

Como siempre tus finales me dejan con la boca abierta.
Excelente cuento Neto!

Netomancia dijo...

Don Felipe, muchas gracias! Si, la idea era crear un clima tal que nos despistara en la búsqueda del "malo" del cuento. El frío no siempre es climático, bien dicho, a veces el miedo y la inseguridad también suelen darnos la misma sensación. Un abrazo!

Doña Humo, le agradezco, sinceramente! Gracias por las lecturas! Saludos!

Doña Sil, vió como le c... cambié el rumbo! A un toque y de taco jajaja. Lo de los pelilargos fue adrede, porque en mi caso siempre se quedan mirándome como si el pelo largo fuera señal de algo raro, como que se un momento a otro voy a sacar un revolver y los voy a asaltar. La gente es así. Mire si voy a sacar el revolver para eso nada más! Jajaja. Saludos!

Doña Tinta, si, la dan, con el nombre sin traducir (Criminal Minds) y siempre que estoy en casa en el horario que la dan, la veo. En realidad, debo confesar, soy un adicto a las series (menos Lost, que no me gusta). Las fotos de los pelilargos son siempre graciosas jaja. Saludos!

Don Luis, algún día voy a matar alguno según lo que describe ja. Gracias! Saludos!

Doña Tomata, usted me solucionó el problema de "qué será la mina esa en el auto". Porque yo mismo me preguntaba qué podría ser esa mujer para pasar desapercibida en el relato. Hice la más fácil, no hice mención alguna ni para orientar ni para desorientar. Saludos!

Dieguito, si, sabés que releyendo veo eso, que cada oración (o bastante seguido) hablo de la realidad como parte de esa ficción. Es un buen recurso, más siendo algo relacionado a la inseguridad de nuestros días por estos pagos. Un abrazo!

Mariarosa, le agradezco el aplauso y las palabras! Saludos!

Sir Mannelig, vamos a registrar el estilo entonces ja. Saludos!

Carla, muchas gracias! Es bueno saberlo! Saludos!

el oso dijo...

Che, Neto, te mandaste un policial excelente. Tiene todos los elementos necesarios para hacerte mirar alrededor para ver si no hay alguien que te ppueda partir de una puñalada.
Excelente para leer en una noche a solas, en un auto cerca de la estación de colectivos.
Abrazo