Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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25 de noviembre de 2009

El canto de los grillos

Eran los grillos los que cantaban atravesando la brisa de la mañana. Los sonidos amansaban mis nervios en la oscuridad y acallaban el miedo que sentía en el interior.
Casi hecho estatua, me escondía en un rincón del cuarto de invitados de la mansión del viejo Jaime. Esperaba atento los movimientos del otro lado de la puerta, donde quedaba el pasillo y la escalera que bajaba a la planta inferior.
Llegado el momento, actuaría con el sigilo de la muerte, el atrevimiento del diablo y la decisión que impulsa la venganza. Al escuchar sus pasos, saldría a cobrar la deuda.
Varios aspectos del plan de todos modos, aún me alarmaban. Muchos "pero" sin resolver, dudas que no había sabido responder y cierta vacilación a la hora de determinar cuál ruido sería el correcto. Es decir, los pasos que escuchara del otro lado de la puerta de madera podrían ser los de cualquiera. Y entonces, me delataría antes de tiempo, arruinaría el factor sorpresa e impediría por imprudencia consumar la tan esperada odisea.
Las primeras horas del día desempolvaban sus rutinas. Escuché lejano el sonido de otras puertas, dejando de lado por el momento el canto de los grillos. Tragué saliva, respiré hondo. Agucé el oído. Podía sentir la intensidad de la adrenalina en los músculos del cuerpo, la rigidez de las piernas y el corazón latiendo con prisa. Tenía las uñas clavadas en las palmas de las manos.
Estiré los dedos, estaban húmedos y un hormigueo los recorría sin piedad. Llevé una mano al bolsillo derecho y allí palpé el bulto pesado que hacía una panza hacia fuera en la tela. La pistola adormecida esperaba fiel el llamado a la acción. En tanto, era un objeto oculto, uno más en la misteriosa ecuación de la vida y la muerte.
Los pasos llegaron a mis oídos. ¿Serían los correctos? Avanzaban poco a poco y la suela del calzado o el pie parecía arrastrarse sobre el piso. El sonido era áspero, lento, espaciado. Como el andar de un muerto.
Estaba en el pasillo. Estaba allí. Mis manos se pusieron tensas, pero no dudé y tomé la pistola. La sostuve con fuerza, por miedo a dejarla caer. La espalda parecía no querer despegarse de la pared en la que estaba apoyada. El rincón parecía un lugar seguro, sin embargo era consciente que los pasos provenían del otro lado, que tenía que moverme, abandonar el escondite.
Intenté mover primero una pierna, pero no hubo caso, se quedó allí, como agarrotada. Mi pecho subía y bajaba, producto de la agitación, de los nervios. Me recordé lo de la muerte, el diablo y la venganza, pero no sirvió. Los pasos se hicieron más intensos, más audibles. Los supe enfrente de la puerta.
El cuello me transpiraba a mares, sentía el sudor en la piel, en tanto el corazón me daba un vuelco: llegado el momento, no era capaz de hacerlo. Mis manos permanecían duras, lo mismo que mis piernas. El estómago de repente amagó con doblarse en dos y me costó respirar por unos segundos.
Tengo que dominarme, me decía mentalmente en tanto era testigo del sonido de la puerta abriéndose, el chirrido tenue de las bisagras crugiendo en el suave impulso que manos anónimas le daban desde el otro lado. Una corriente de aire penetró al cuarto y llegó al rincón, donde hasta un rato antes solo llegaba el sonido de grillos distantes y pasos sospechosos. El aire era frío y tenebroso a la vez. Mis ojos ciegos pidieron socorro y mi mente se puso en blanco mientras garabateaba alguna idea de lo que estaba pasando.
Sentí un chasquido, breve pero real y la certeza de un revólver paralizó lo poco que se movía de mi ser. Intenté un lacónico lamento, pero supe que todos mis intentos por alcanzar la venganza no fueron más que ideas atrevidas de un joven poco amigo de la razón.

El viejo Jaimé disparó dos veces y su ciego invitado cayó abatido, dejando una gran mancha en la pared.
Debió haberse dado cuenta antes, el rostro le había sido familiar en la cena. Si no hubiese sido por ese sueño que lo sobresaltó, no habría escuchado a los grillos. Y solo quién entiende a los grillos, conoce la verdad y lo que está por suceder.
Vaya si lo sabía el viejo Jaime.

16 comentarios:

SIL dijo...

Neto, AVISÁ que en el último párrafo ya hablás en tercera persona...

Pensé que tu protagonista era testigo de un asesinato.

Después me avivé...(o no...)


Don Jaime , advertido por el sonido de los grillos, se levantó y mató a su potencial asesino...
Si entendí,
muy bien.
Y si no,
ya me lo harás saber (con delicadeza, por favor, comprendé que soy ya mayor y me cuesta interpretar...)
;D

Un beso hermanito.
Los nervios del tipo los sentís en el cuerpo mientras vas leyendo.
Great!

SIL dijo...

Ah, y era ciego.
De eso sí me di cuenta !!!
Juas.

HUMO dijo...

Otro magnífico cuento!
Tienes el don de atornillarme a la silla para sufrir!


Y siempre, siempre me desconcierta el final!

Besos!

=) HUMO

Con tinta violeta dijo...

Fantástico Neto, como siempre me encantó. Es buenísima además la idea de ver la acción desde los dos puntos de vista.
Menos mal que cantaban los grillos...
Besos y hasta muy pronto.
Paloma.

Felipe R. Avila dijo...

nerto su facilidad para escribir es tanta como su imaginación, me parece.
Escribiste en este cuento, como quien no quiere la cosa:
"Las primeras horas del día desempolvaban sus rutinas"
Neto, esto es poesía,che...

Felipe R. Avila dijo...

Nerto,no.Quise poner "Neto",disculpe...

Lisandro dijo...

UHHHH m cmabiaste el final hermano!!! espectacular!!! jejejej.. buenisimo... con sabor a sangre!!!

d80 dijo...

que buen relato Netito, está cargado de un "aroma" denso, hay muchas imágenes que se me venían a la mente mientras lo leía; y ni hablar del ruido de los grillos que creo que ahora los tengo en la mesa del salón de casa indicándome el peligro que nos rodea, el misterio de la vida....
un abrazo!

mariarosa dijo...

¡Un cuentazo!
El lector va sufriendo con el protagonista cada detalle, su miedo, temblor, transpiración. Muy bien la forma en lo vas describiendo. Un saludo.

mariarosa

Sofy M dijo...

Muy buenos los cuentos.que imaginación.Besos.

Netomancia dijo...

Doña Sil, bueno bueno, aviso jaja. Y si, fue testigo, del asesinato propio. Claro que no lo puede contar. Y si, Jaime actuó primero, está acertada. Saludos!

Doña Sil bis, si! Como Stevie Wonder!

Doña Humo, señal que vamos por el buen camino! Saludos!

Doña Tinta, si no fuera por los grillos ni hubiese existido el relato, ja. Gracias!

Felipe, muchas gracias. La poesía poesía no es lo mío. Esa es una oración "linda" jaja. Un abrazo!

Lisandro, viste, venía para un lado y nos fuimos para el otro (lado del pasillo, claro). Y con sangre, como a vos te gusta. Un abrazo!

Dieguito, cuidado con los grillos, le deben estar contando al vecino como le sacás el cuero jajaj. Un abrazo!

María Rosa, se agradece! Si eso se transmite, el cuento cumple su objetivo. Saludos!

Sofy, gracias. Hay que cerrar los ojos nomás y dejar que ella venga. Saludos!

Luis dijo...

Cada vez que paso por aquí siento que me queda paralizado leyendo y que no hay modo de mover un musculo mientras voy recorriendo tus letras.
Un saludo

Sonia. dijo...

me encanta tu manera de narrar tan atinada en el momento, el arte de describir las cosas, los suceso en el instante en el que debenser leido ni antes ni despues, es que eso es de admirar, de verdad, te lo aplaudo muchisimo, en simple detalle, como cuando dices que la sangre mancho la pared despues de los balazos...uf!, suena simple, pero en el contexto mismo donde lo colocas es perfecto.

fmuy buen cuento.. esta por demas decirlo.

un abrazote

Netomancia dijo...

Luis, muchas gracias, es un placer lograr eso en un lector. Saludos!

Sonia, millones de gracias. Me encantaron tus palabras y que cada detalle sume a la opinión final de un relato. Cuando escribo intento hacerlo palabra a palabra y guardando cuidado de cada una de ellas. No siempre sale, pero cuando se logra, es muy lindo. Gracias. Saludos!

el oso dijo...

Ufff... Uno no gana ni para sobresaltos leyéndote. Encima, me había encariñado con el que después fue difunteado.
Buenísimo, Neto, muy fuerte.

Netomancia dijo...

Don Oso, lo peligroso de encariñarse con el candidato a morir es que uno después odia al escritor jaja. Saludos!