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9 de octubre de 2009

El hombre de la obsesión extraña

Cierta obsesión traumaba a Ricardo. No concebía ver dos objetos similares o relacionados juntos. Si dejaba revistas sobre la mesa, debían ser distintas, es decir que si había una historieta, no podía haber otra, pero si un catálogo, la programación del cable, pero ojo, un ejemplar solamente de cada uno, por más que fuera de otro mes.
Tenía cinco platos en su casa y no guardaba ninguno en el mismo lugar. Ni hablar de apilarlos. Uno estaba en la alacena, otro en el cajón de los cubiertos (donde solo había un cubierto), otro encima de la helada, uno siempre en la mesa y el restante en la pileta de la cocina.
No dejaba perfumes juntos, ni colocaba monedas del mismo valor dentro del bolsillo o billetes iguales dentro de la billetera. Solo plantaba una flor por cantero, que debía ser distinta a su vez de la que ponía en otro (el otro cantero no podía estar lindante al primero).
Muchos de sus amigos le recalcaban que lo suyo era para el diván. Pero Ricardo no les hacía caso. Incluso, no permitía que lo visitara más de un amigo por vez.
Cuando se llevaba un bocado a la boca, siempre hacía una pausa para el siguiente, bebiendo un vaso de agua.
En los muebles había adornos, pero ninguno tenía relación del otro. Había un elefantito con un billete de un dólar en la trompa, pero ningún otro objeto de cerámica. Un pequeño molino de metal, y ningún otro adorno de metal. Una casita hecha de madera y ningún otro objeto de madera.
La obsesión llegaba a grados inimaginables. Ropa interior desparramada por toda la casa, con la idea de no encontrar pares de medias o calzoncillos que estuviesen encimados; cigarrillos ubicados en lugares insólitos ante su imposibilidad de aceptar que pudieran estar juntos dentro del paquete en el que los compraba; verduras guardadas de la misma forma, por lo que se podían encontrar tomates en todas las habitaciones (uno en cada una, claro) y los ejemplos podrían extenderse para una infinidad de cosas.
Nadie recordaba cuando comenzó esta obsesión, pero lo cierto es que a Ricardo la actitud le costó bastante caro. Fue perdiendo conocidos, sus familiares comenzaron a considerarlo un ser extraño y a tomar distancia, su novia (la que tenía cuando comenzó su rara forma de actuar) lo dejó y perdió el trabajo de cajero de supermercado al comenzar a perder tiempo para guardar el dinero que cobraba.
Ahora es beneficiario de un plan por desempleo, pero retira del banco un billete distinto por vez.
En su casa nunca enciende más de una luz por habitación y si es posible, nunca dos en toda la vivienda. Y si tocan a la puerta, nunca la abre más de dos veces en una misma hora, por lo que si es un conocido, le pide que vuelva más tarde o bien, que espere.
Claro que cada vez son menos los que acuden a su casa. Es que su propia imagen ha ido cambiando desde que comenzó a actuar tan extrañamente. Porque en su obsesión llenó una oreja de piercings y la otra la dejó como siempre; se tatuó un brazo y el otro no; se prendió fuego una pierna protegiéndose bien la otra y se extirpó un ojo, cuidando de no lastimar el otro. En cuánto a sus dedos, quizá sea lo que más impresión provoca: muñones de por medio dejan a la vista que la obsesión ha cruzado ya la línea de la locura.
¿Cuál es la solución para Ricardo? Nadie lo sabe con seguridad, pero todos piensan en que tarde o temprano algo pasará. A muchos se les cruza por la cabeza que hay un solo destino para Ricardo. Un solo camino, no más.
La única bala en toda la casa la guarda en la mesa de luz.

14 comentarios:

Netomancia dijo...

Este relato se lo dedico al gran Felipe, que me dio una idea algo parecida a lo que salió para un relato. No es la idea que me dio, porque en un punto agarré para otro lado y me perdí. Pero la intención es lo que vale, jaja!

Posmoderna dijo...

me encanto tu relato.
Pobre Ricardo, como lo hacia para escribir, sin poder usar las mismas letras.

Saludos!!!

Harold Diaz dijo...

Gran relato, como siempre me encantó.

Saludos!

Con tinta violeta dijo...

Hola Netomancia: antes de la bala puede probar como busca tesoros para coleccionistas ricos...ya sabes esos que siempre buscan piezas únicas...
Rara e inquietante obsesión. Me gustó.

Paloma.

SIL dijo...

Defintitivamente coincido en que hay un solo destino para Ricardo...
Ya no hay retorno.
Me inclino por la bala en la mesita de luz.

ORIGINAL y MAGNÍFICO, NETO,
muy !
Cómo vos, sí que no hay dos iguales, hermano.

SIL dijo...

uy!!

Léase correctamente:

- definitivamente
- sólo

Vale

Mannelig dijo...

Estupenda descripción de la locura, que de lo risible pasa sin solución de continuidad a lo escalofriante. Brrrr, muñones...

nina dijo...

¡Neto, me encantó el final!
Y la parte de "Ahora es beneficiario de un plan por desempleo, pero retira del banco un billete distinto por vez. " me hizo reír mucho.
¡Un besote y suerte!
Nina

Raul Avila dijo...

menos mal que no tiene un hermano mellizo....sino pobre..

saludos

Felipe R. Avila dijo...

Epa! Usted, señor Neto, genio al que le brotan las ideas, no necesita ideas ajenas.Igual le agradezco la atención.
Usted se basta solo.¿cuál idea le pude haber dado para que usted haga luego este cuento?
¿Será cuándo le conté de la obsesión de esa mujer por coleccionar todo lo que podía, hasta que terminó coleccionándose a si misma? ¿O será la lectura del poema "del amor navegante", de Marechal que concluye:
"con el número dos, nace la pena?

(Ojo, ahora Paul Grill o D80 van a decir que andamos leyendo poemas juntos,por ahí,che)

Magah dijo...

Neto, aun no me he tomado la costumbre de "prepararme" antes de comenzar a leerte, termino con escalofrios y un sorpresivo miedo ante tus relatos.
Siempre lo lográs, nunca se para que lado vas a terminar.
Sin duda una virtud envidiable!

Un abrazo enorme.

MAGAH

Netomancia dijo...

Posmo, muchas gracias. Sabés que cuando terminé el relato empecé a preguntarme ¿y cómo haría esto? ¿y aquello? Es un buen ejercicio, jaja. Saludos!

Harold, como siempre, muchas gracias!

Sra de la Tinta, la verdad que si, pero si no hay sangre o algún muerto o suicidad, no tiene forma de ser publicado acá jaja. Muchas gracias!!!

Doña Sil, es un destino ineludible. De esos que no se gambetean. Y si, no hay dos como yo porque a mi gemelo ya lo estrangulé. Mentira. Saludos!

Don Mannelig, muchas gracias, el concepto de locura da tela para cortar siempre. Un abrazo.

Nina, gracias! Je, si, una línea de humor no viene mal entre tantas oscuras. Gracias!

Don Raúl, que placer verlo en mi blog, sinceramente. Es un enorme honor. Y tiene toda la razón con lo del mellizo... aunque no sabemos si alguna vez lo tuvo. Saludos!

Felipe, la primera, la primera! Aunque la de Marechal debe haber sido en forma subliminal, porque concuerda. Y que hablen lo que quieran esos dos, total a nosotros nos gusta leer poemas juntos jajajaja. Un abrazo Felipe y gracias, como siempre.

Doña Magah, mejor entonces, así la sorpresa llega con más fuerza. Eso si, después no me rete si hay mucha sangre, ja. Gracias!

Ivan Ignacio dijo...

Muy buen relato Neto.
La verdad es sorprendente como escribis.
Saludos!!!

Netomancia dijo...

Gracias Iván! Un abrazo!