Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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30 de agosto de 2009

Acorralar al loco

Los ojos parecían que se salían del rostro y el cabello empapado de sudor le daba un aire aún más grotesto. El joven se agazapaba contra la pared, mientras varias personas lo calmaban con palabras que no parecía escuchar. Estaba agitado, aterrado, aunque el aspecto demencial en el que se encontraba lindaba más el terreno de la locura que el del miedo.
Nadie sabe de dónde apareció, solo escucharon su respiración entrecortada como si hubiese estado corriendo o escapando de alguien. Y cuando quisieron ayudarlo, dado que parecía que se iba a desplomar sobre la transitada vereda, reaccionó hostilmente, empujando los brazos socorristas y gritándoles enfurecidamente que se hicieran para atrás.
Algunos de los transeúntes buscaron de inmediato el celular y llamaron a la policía. Ese joven necesitaba ayuda, era un grito de auxilio implícito que había surgido de la nada.
Quedaban aún osados que insistían en acercarse, pero eran repelidos por patadas y una mujer se ganó un arañazo en una de sus manos. ¡Alejénse! gritaba el muchacho, en un solo hilo de voz.
Alguien se dio cuenta que ocultaba algo en su pecho, cubriéndolo con la palma de su mano derecha. ¡Tiene algo! ¡Tiene algo! decían y la gente se agolpaba para ver y empujaban a los que estaban más cerca del joven y éste, pensando que se le iban encima, los atacaba con violencia.
¿Qué tienes ahí? ¡Vamos, muéstralo! le gritaban. ¿Es un arma? ¿Lleva una bomba? se preguntaban por lo bajo entre ellos.
Se escucharon las sirenas policiales. La masa se dispersó, pero sin alejarse demasiado. Querían ser testigos de lo que pasara. El orden contra la demencia, la ley sobre lo fuera de lugar.
Los uniformados pidieron calma a la gente. Se acercaron al chico, pero en forma prudencial. Notaban su miedo, sus ojos exaltados, la piel sudorosa. Podían jurar que emanaba olores extraño.
"Vamos pibe, quedate tranquilo" le decían. ¡Tiene algo en la mano, tiene algo! informaba la gente a los agentes de policía.
"Vamos pibe, no te hagás daño, entreganos lo que tenés ahí, dale".
Pero el chico se aferraba a lo que fuese que tuviera bajo la presión de la palma de la mano derecha.
Los policías insistieron por varios minutos. Llegó otro patrullero y más público. La escena era propia de circo romano. La presa contra la pared y el resto hostigando, enfureciendo a la fiera acorralada.
El chico quería salir corriendo, pero estaba rodeado. Empezó a moverse de un lado a otro, siempre con la espalda pegada a la pared. Los policías ya eran seis. Comenzaron a separarse entre si, cubriendo todos los ángulos de huída. El joven se vió invadido. Los uniformados saltaron sobre él. Forcejeó con bravura, asestó golpes, pero no pudo impedir que lo apresaran. Lo tomaron del cuello y los hombros. Lograron ponerlo contra la pared y llevarle los brazos a la espalda. En su mano derecha, seguía aferrando algo.
¡Suéltalo! le ordenaron. Su respuesta fue un rotundo ¡no!. Uno de los policías comenzó a golpearle la mano con violencia, pero el chico no aflojaba la presión. ¡Suéltalo! le repetían. ¡Suéltalo o te haremos daño! El joven les respondió, casi llorando, al borde de la desesperación: ¡No! ¡Si lo suelto, ustedes se harán daño!
Los representantes de la ley perdieron la paciencia. Uno de ellos sacó de su cinturón una picana eléctrica y la aplicó sobre la mano derecha del muchacho. Este dio un alarido y aflojó la presión. Sus dedos, casi morados, se replegaron hacia atrás, producto del dolor. Cayó sin fuerzas sobre un lado, con un hilo de baba cayendo de la boca y lágrimas surcándole las mejillas.
De su mano cayó un papel, arrugado y escrito de un lado.
¡No lo lean, imploró con sus últimas fuerzas! ¡Por favor, no lo lean!
El de la picana eléctrica lo levantó del suelo y mirando casi con lástima al que creía un pobre demente, leyó el papel escrito con letra manuscrita y tinta roja: "Y he aquí que la maldición no se consumará, hasta tanto un ser humano lea estas letras presumiendo que al dárselas de cuerdo, lo que está por suceder e ignora, no sucederá".
Sin dejarles tiempo a nada, una bola de fuego convirtió el día en noche, esparciendo al demonio por los cielos y llevando la muerte por todos los suelos.

17 comentarios:

LOLI dijo...

HALA POR LISTOS!!!
Un besazo

leoriginaldisaster dijo...

Tu imaginacion me impresiona neto. Ademas tienes un arte muy lindo para contar las cosas, como ya te he dicho mas veces, teletransporta!eres un gran escritor.
un placentero abrazo:)

SIL dijo...

Ahhhh...hermanito, que buena recreación del clima de desesperación de TODOS, incluyendo a tus lectores ehhh.
El final es DESTRUCTOR.
(No es la primera vez en la historia,que tratamos de LOCO a un tipo valiente, que nos quiere salvar a cualquier precio)
GREAT !!
Abrazo de hermana (mayor)
:)

el oso dijo...

No hay loco que no oculte una verdad. Y nunca es trivial.
Hablaba de Foucault, ¿no?

Abrazos

Harold Diaz dijo...

Gran final, muchísima fuerza.

Saludos!

HUMO dijo...

Desbordante!!!! de qué??? de todooooooo!!!!


besos lujito!

=) HUMO

Evangelina Prieto dijo...

Neto, me encanta como relatas, tu pluma es poderosa, logras que elaboremos una película de tus narraciones en la mente...
Ojalá algún día pueda ver una producción tuya en las carteleras, no estaría mal verdad??...
Mi abrazo

d80 dijo...

Grande Neto, que fuerza hay en este relato!!!
el final nos deja a todos con el aliento cortado, pensando en cuantos "locos" sacrificamos en la historia cuando ellos sólo querían redimirnos hasta el útlimo instante.
impresionante!
un abrazo enorme!

Martín dijo...

Los locos y los niños siempre dicen la verdad... Gran relato! Un abrazo

Carla dijo...

Un excelente relato, Cuando el ayudar se convierte en una locura mas grande de lo que podemos mmanejar.

Maria Susana dijo...

Muy fuerte buen relato ...nunca me voy de aqui sin quedarme pensando....
un abrazo.

Shirubana dijo...

MUY BUENO.
Buen relato de la clásica actitud de la masa, esto de temer que haya una bomba y seguir mirando de cerca. Y la ignorancia de los cuerdos, creyendo saber sobre todo y haciendo oídos sordos a los que consideran locos.
Saludos!

Mannelig dijo...

A este paso, yo ya voy a desistir de hacer comentarios, porque salgo siempre con tan buen sabor de boca, que casi son superfluos.

Netomancia dijo...

Loli, por listos pagamos todos. Los locos tienen la razón.

Leo, muchas gracias. Que las letras te lleven a la situación y además disfrutes la lectura, es un halago, gracias.

Gracias doña Sil. No, es más, siempre tratamos al que trae algo desconocido como ser una profecía, un mensaje, con cautela, con miedo, y pensamos que está loco. Y bueno, no todos lo están.

Don Oso, tiene unos días foulcarianos últimamente jaja. Te suena la canción de Queen "The prophet's song"?. El estribillo repite hasta el cansancio "listen to the madman". Inconscientemente este relato está inspirado de ese tema.

Harold, mil gracias!

Doña Humo! Gracias desbordantes por su comentario!

Evangelina, ojalá, no? No estaría nada mal! Gracias!

Don Diego, muchas gracias, tiene fuerza y hasta quizá mucho de lo raro que es el ser humano.

Martín, muy bien dicho. Hay que escucharlos al menos.

Carlita, me gustó lo que escribiste. Gracias!

Susana, bueno, mientras eso no sea un problema... jaja. Gracias!!!

Doña Shiru, excelente lectura, tal cual así. Gracias por leer y comentar!

Don Mannelig, no, por favor, siga comentando, que es un gusto saber que ha pasado. Saludos!

d80 dijo...

Netito querido, te dejo el link de un lugarcito q estoy armando con biografías de directores y datos de cine por si te interesa chusmearlo http://direcine.blogspot.com/
es que empecé hace unos meses con un curso de cine y este proyecto de blog me viene bien para estudiar también jjeje!
saludos a la flia!

Lisandro dijo...

Neto, que buen relato!!!! desde principio a fin lo lei rapido y despues me calme, porque la adrenalina me contagio a mi tambien... un abrazo amigo!!! espectacular!

Netomancia dijo...

Dieguito, ya estoy yendo hacia el blog. Che, que grata noticia que hayas comenzado un curso de cine. Me encanta la idea. Ya te imagino filmando. Quiero ser extra de algún corto eh!!

Lisandro, muchas gracias. Vos más que leer los cuentos, los viví. Ojó con los asesinos que andan sueltos en mis relatos!