Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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10 de julio de 2009

La verdad tras la mirada

Siempre he sabido el secreto que guardan. Lo descubrí de pequeño, cuando jugaba con ellos. Si bien mi madre no lo permitía, porque temía (y con razón) que me rasguñaran, cuando ella no estaba me tendía por horas en el piso disfrutando de su presencia y prácticamente obligándolos a jugar conmigo.
Más de una vez, salí lastimado. Pero fue en esa intimidad, ganada a base de tiempo, paciencia y más que nada, puro capricho, que fui tomando nota de un conocimiento inadvertido por la mayoría.
Por qué, me decía silenciosamente, abrían así de grande los ojos, con ese amarillo inyectado convertido de pronto en una enorme yema, mirando la nada misma, en un rincón, en una pared, detrás mío. Quizá de niño tengamos algún sentido más o sea simplemente la curiosidad de la edad, pero lo cierto es que mis meditadas observaciones me llevaron a una única y sencilla razón.
Los gatos veían gente que no estaba. Veían muertos, fantasmas, espíritus, cómo queramos llamarles. Noté cómo no solo sus ojos se fijaban en un punto invisible en el espacio aledaño, sino las señales que sus cuerpos despedían: las garras afuera, los lomos erizados, la boca retraída, los dientes amenazantes. A veces presentaban un solo signo, otras dos o tres a la vez, y en ocasiones, todos juntos.
Otorgué en mis anotaciones el valor más bajo cuando solo había mirada. Y fui agregándole, proporcionalmente se sumaba otra señal, un punto más hasta llegar al máximo exponente, que solo podía indicar la presencia de un ser no vivo de carácter peligroso, que llevaba a los felinos a desplegar todo su encanto hostil.
Por supuesto, siendo un niño, mis afirmaciones fueron tomadas como todo intento de un niño de sobresalir en un mundo de mayores. Con risas. Decidí no perder el tiempo, pues difícil me sería derrumbar la muralla de inmadurez que me rodeaba como estereotipo claro y retrógrada de una sociedad conducida por seres que se alegraban de usar traje y corbata y corresponder sus necesidades alimenticias con un ritual estúpido alrededor de una mesa, como si de un rito se tratase, del cual, con mis más arteras artimañas, aprendí a rehuir desde que tengo uso de la razón.
Mis estudios continuaron en privado, en la oscuridad de mi habitación, en los callejones húmedos y peligrosos de la ciudad y en el mismísimo cementerio. Utilicé gatos domésticos y no tantos, lo que explican las cientos de heridas que mi cuerpo atestigua y de las cuales mi mente, aún hoy, no reniega.
Con los años, orienté mis estudios a las ramas que fui creyendo más propicias para poder demostrar mi teoría. Siempre me sentí cerca de poder develar el misterio, no obstante, cada vez que creía tener en mis manos las pruebas fehacientes, los experimentos fracasaban.
Alejado de la sociedad, para evitar la intervención de terceros en más pruebas fallidas y encerrado en una vieja mansión victoriana en las afueras de un pueblo cercano, prácticamente desierto ante el éxodo de sus habitantes hacia horizontes con mejores perspectivas económicas, busqué por todos los medios arribar a la verdad.
Y debo decirles, que luego de cientos de fracasos y gracias al aprendizaje de los mismos, puedo hoy comprobar fehacientemente que los felinos tienen el poder oculto, quizás milenario, de poder ver a los muertos, a los espíritus de éstos que aún deambulan en la tierra de los vivos, y no solo contemplarlos, sino también combartilos, puesto que he descubierto que esa es su misión en la tierra y no jugar con ovillos de lanas o perseguir ratones, como la tradición nos lo ha enseñado.
Los combates feroces y mortíferos se desarrollan en las noches de la luna resplandeciente, y las batallas son cruentas, desleales, salvajes. No veremos jamás los restos mutilados de los espíritus derrotados, pero si seremos testigos de las heridas de los felinos, que de no mediar esta explicación, jamás sabríamos a qué atribuirles. Los regresos nocturnos de los animales, a veces cortados en el rostro, otras cojeando con dolor, lacerados en un costado o simplemente con una oreja desgarrada, representan la marcha de los sobrevivientes en la lucha eterna para la que han sido bendecidos desde su nacimiento.
Disfruto de este conocimiento, por el que he abandonado la sociedad, las comodidades, la cordura. Esta verdad me pertenece, es fruto de mi vida y producto de mi muerte. Por años buscando la respuesta, comprendí muy tarde que la misma había estado siempre en mis manos. Aún en la mansión victoriana, si alguien se atreviese a entrar en la que llaman la guaridad del loco, podrían observar mi cuerpo humano pendiendo de la horca, en el candelabro principal. Mi cuerpo espiritual deambula libre en otro plano de la existencia, compartiendo con los gatos, que solo me miran, ese amor sincero y leal que les he tenido desde pequeño, sabiendo que no ignoran que mi naturaleza no es la de hacerles daño, sino la de comprenderlos como nadie hasta el momento.

20 comentarios:

d80 dijo...

magistral! mágico!
estoy convencido Neto que de niños tenemos otros sentidos despiertos, que con el paso de los años los perdemos, como el hombre pierde su conexión con la naturaleza a medida que nos "modernizamos", el gran riesgo de estas evoluciones es ese temor a nuestro lado animal, espiritual, que tanto no queremos reconocer...
precioso relato, me encantó!
un abrazo enorme!

Alejandro Ramírez dijo...

Me gustó. Y mucho. Ese final es extraordinario.

Abrazo.

el oso dijo...

¡¡Y yo que tengo turno para castrar el gato mañana!! ¡Qué lo tiró! Viene desgarrado por todos lados por las madrugadas y yo lo hacía un Gatolán de barrio siendo un combatiente del más real de los mundos...

Por otra parte, me parece que ud. ha estado conversando seguido con el Sr. Osval, quien postula que los gatos se comportan de esa insólita manera porque "algo ven".

Ya estoy por mensajearlo. Si no me responde, tal vez penda de la soga.

Grande Neto!!

d80 dijo...

Oso piedad con ese gato ganador y atorrante!!! no lo castres mira q estos ven algo más!!!
jejeje

Carla dijo...

waw! Que interesante este relato...
Mira hasta donde llego para confirmar lo que pensaba.

Mannelig dijo...

Está muy bien, tiene un aura gótica, estilo Poe...

nina dijo...

¡Qué historia encantadora!

cotepinta dijo...

simplemente genial..increible...como me llevas a ciertas realidades o conciencias tan cercanas a mi...me siento profundamente tocada..y sonriendo, pensando y sintiendo..

un beso grande
la cote

Kutxi Romero dijo...

Extraordinario. Es la primera vez que te leo, llegué acá en medio de una caravana interminable de links, y me detuve ante lo que parecía ser (y luego fue) un brillante relato.

Gracias por compartir tu arte.

Abrazo grande,

Kutxi.

crayola dijo...

muy bueno!!!!! es verdad todo lo que perdemos y no apreciamos dia a dia!
excelente!
saludos

HUMO dijo...

Otro de tus encantadores y geniales relatos!!!

Boquiabierta de tu admirable trabajo!

=) HUMO

LOLI dijo...

Precioso relato!!!Por eso mi gato está deseando siempre salir a la calle?Tiene6 meses y está hecho un callejero me tiene todo el dia detras de el...
Que es lo que dice Oso?mensajearlo?pender de la soga?que significa?no pensara hacerle daño?Alguien me lo aclara?
Un besazo fuerte.

Severi dijo...

Sublime relato Neto! sos un groso!! A la gente que no le agradan los gatos, es porque éstos le tienen alergia a esas personas...Me atrapó mucho, buen ritmo, no se cae, no te duerme..y el remate a lo sexto sentido es soberbio! como amante de los felinos vale citar esa vieja frase que dice: Dios inventó al gato, para que el hombre pueda acariciar al león. Un abrazo.

Annie dijo...

Don Neto:

MAGNÍFICOOOOOO!!!!!

Este es para encuadrar ehh!!
Me gusta mucho el tema, la historia y por si todo esto fuera poco, el final es genial como de costumbre...

Besotes

=)

Felipe R. Avila dijo...

Muy interesante, Neto. El hecho de que la casona sea victoriana y todo ese clima de cementerio, me parece advertir una cierta cuota de ironía, más que alegoría. Es decir: manejás ciertos estereotipos como un guiño cómplice.¿Me equivoco?
Me parece un relato soberbio y más que el final me encanta el planteo inicial, con esa teoría que parte del niño curioso y observador. Eso, me engancha y creo que atrapa al lector de una forma única.felicitaciones de nuevo,che.

Lisandro dijo...

Espectacular Neto, el final esta mortal.... y yo creo en esas cosas, por mas que muchos me sean indiferente....

Netomancia dijo...

Diego, esa teoría a veces también la pienso. Es como en "Los Padrinos Mágicos" jaja. Me contaron ese dibujo, yo no lo veo no señor no no. :)

Gracias Alejandro!

Don Oso, le va a acotar el radio de acción al pobre minino? Bueno, a esta altura, ya se lo acotó. El Osval algo debe saber, se hace el sota nomás.

Carla, a veces uno da lo que no tiene para confirmar que tiene razón.

Don Mannelig, quizás la ambientación nos trae a Poe a la mente.

Nina, gracias, el final sobre todo jaja. Saludos!

Doña Cote, es un placer saber que se ve transportada de esa forma. Saludos!

Kutxi, gracias por detenerte en este blog. Ojalá sigas viniendo. Saludos!

Crayola, muchas gracias por pasar y comentar!

Doña Humo, gracias totales!

Loli, su gato le debe estar diciendo algo, no confíe demasiado... Le traduzco el lenguaje oseril: mensajear es enviar un sms de texto por el "móvil", y pender de la soga es... pender de la soga!!! Loli, por favor! Colgar de la soga, estar ahorcado. Ud me entiende y si no, le pregunta a su gato. Saludos!!!!

Don Severi, si quiere acaricielo ud, mire si le come la mano! Gracias por el comentario y es una alegría que te gusten los relatos.

Doña Annie: Graciaaaaaaaas! Y si, al final siempre un fiambre. Me auspicia Paladini, por eso.

Felipe! Pucha que hilaste fino. La verdad que no sabría decirte si inconscientemente pienso en eso, la verdad es que me dejo llevar por lo que veo al cerrar los ojos. Me encanta que estés enganchado con los relatos, te mando un abrazo!

Netomancia dijo...

Lisandro, apareciste justo que posteaba los saludos y agradecimientos! Gracias! Si, yo no dejo de no creer. Lo sobrenatural es algo fabuloso.

Annie dijo...

Qué lastimorrr!!!!
Y yo que soy hincha de Patty!!!

Buena semana Neto!!!

Besos

Martín dijo...

Netomancia, este relato es increible. Genera intriga, cierra perfectamente y tiene un final asombroso. Envidio sanamente tu forma de crear esos raros ambientes casi tenebrosos. Para colmo, no me gustan los gatos! Felicitaciones! Me gustó mucho. Un abrazo