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3 de junio de 2009

El escritor que se creyó prolífico

Anastasio Noriega hubiese sido un gran escritor si pudiese haber evitado ese episodio tan dramático cuando niño, en el que estando de visita con su madre en un museo de arte de la Capital, se le vino encima una réplica del David de Miguel Angel.
El accidente le costó varios puntos de sutura, innumerables estudios y un problema de memoria sumamente curioso y sin remedio alguno, según sentenciaron los especialistas que lo vieron entonces y todos aquellos que a lo largo de los años siguió visitando.
De pequeño en el colegio, sus maestros lo felicitaban muy seguido por la soltura y belleza de sus escritos, claro que se tornaban muy repetitivos. El problema no radicaba en falta de imaginación, sino que no recordaba lo que antes había escrito y volvía a la carga con lo mismo, o bien, situaciones que apenas se diferenciaban con otras de anteriores relatos, por mínimas diferencias.
Con el pasar del tiempo, siguió sin saberlo, repitiendo el mismo relato, aunque las experiencias de vida lo llevaban a aumentar el volumen de lo escrito y a agregarle, en cada oportunidad nuevos hechos al texto, aunque siempre la trama tomaba el mismo rumbo y el final conocido (por su círculo de amigos) irremediablemente se hacía presente en las páginas decisivas.
Por más que se lo dijeran, Anastasio olvidaba las advertencias y no paraba de escribir hasta acabarlo. Si bien siempre creyó haber publicado treinta y dos novelas, dado que sus amigos de siempre se habían hecho cargo (debido a los problemas que originaba su problema de memoria) de sus negocios, en realidad escribió solo una, aunque con treinta y ún reediciones, contando cada una de ellas con agregados distintos al anterior.
No obstante, su libro, era una maravilla literaria, en la que el desengaño y la pasión iban de la mano, hasta el instante final, donde una sospecha que se infiltraba en la trama desde un principio se volvía realidad y un asesinato remediaba todo, con la muerte de uno de los tres protagonistas principales.
A lo largo de los sesenta años que vivió, Anastasio mató a su personaje en más de doscientos relatos cortos, cincuenta poesías y cinco ensayos, contando además la brillante novela y sus reediciones. Murió creyéndose prolífico, pero tan solo publicó esa única novela y una versión de la misma como cuento corto y otra, como poema. Jamás lo supo. Y si acaso alguien se lo hizo notar, lo olvidó así sin más.
En su epitafio, sus amigos grabaron: Siempre te recordaremos, nosotros y también David, ese ser imaginario que tantas veces mataste en tu venganza inconsciente, pero que con tu muerte, dejará de morir.

12 comentarios:

Sil dijo...

Con tu muerte, dejará de morir...


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Aplausos, Sr Misterio.
No ínvolucró a Ismael pero sí a un David...la amenaza de bomba sigue eh...

GENIAL relato.
BESOS desmemoriados.

Annie dijo...

Ahhh, bueno ahora entiendo
tanta saña..!!!

GENIAL, DON NETO. GENIAL!!!
Ya no encuentro palabras (que no se repitan) para felicitarlo.
Un placer leer sus cuentos!!!

BESOS AMNÉSICOS

HUMO dijo...

BRAVO, BRAVÍSIMO,BRAVO!!!!

Un placer la lectura!

=) HUMO

Carla dijo...

Que belleza Neto tu cuento, y muy original...
Que bueno que el personaje tuvo buenos amigos que lo ayudaron hasta el final.
por lo menos se murio feliz, pensando que habia publicado infinidades de historias distintas.

Luís dijo...

El texto de hoy es interesante y presenta una reflexión a cada uno de nosotros. ¿No estaremos repitiendo aquello que ya vivimos en otras vidas anteriores y por eso nos creemos que lo sabemos todo?
Un texto con un estilo sencillo pero con profundidad.
PAZ

Martín dijo...

Neto, muy bueno este relato. A veces tengo miedo de que me esté pasando lo mismo. En ese caso, no dejes de avisarme! Un abrazo

Netomancia dijo...

Doña Sil, tiene razón. Por las dudas no abandono la trinchera. Gracias!

Doña Annie, con su mensaje en Villeraturas caí en lo de la saña y de ahí nació este cuento. Gracias!

Doña Humo, muchas, muchísimas, gracias!

Carla, si, el valor de los amigos en el cuento es fundamental, porque sin ellos no habría historia.

Don Luis, sabiamente ha reflexionado. Alguien nos tendría que avisar al nacer qué hemos hecho y que no con anterioridad.

Martín, este comentario ya me lo hiciste antes (jajaja)

el oso dijo...

Uno no deja de ejercitar una sonrisa piadosa al pensar en Anastasio. También me parece que Anastasio tiene alguna ventaja. Se creía prolífico por escribir siempre el mismo mensaje en las botellas que arrojaba al mar. Uno, por ahí tira avioncitos de papel, barquitos, bollitos etc. y se siente más prolífico que él. Sin embargo, quizás su único mensaje llegó al destinatario justo, mientras que tantos papelitos diferentes tal vez nunca encuentren destino.
Corto este pesimista comentario, luego del abrazo, acá.

d80 dijo...

pobre anastasio, o afortunado quizás, es como uan teoria del eterno retorno patas pa arriba, como si la repetición de sus historias, o las vueltas de cada una de sus palabras nos llevaran a su interminable juego de opuesto con el David acechando sus espaldas, jeje, q bueno neto leer este tipo de historias, siempre tan brillantes y hasta diria yo con una pizca de inmortalidad que las vuelve fascinantes!
abrazos!

d80 dijo...

pobre anastasio, o afortunado quizás, es como uan teoria del eterno retorno patas pa arriba, como si la repetición de sus historias, o las vueltas de cada una de sus palabras nos llevaran a su interminable juego de opuesto con el David acechando sus espaldas, jeje, q bueno neto leer este tipo de historias, siempre tan brillantes y hasta diria yo con una pizca de inmortalidad que las vuelve fascinantes!
abrazos!

Verónica A. dijo...

Muy bueno.

Severi dijo...

A Sofovich le pasó lo mismo!