Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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22 de mayo de 2009

Pensamientos de un hombre que desea que la muerte llegue pronto

¿Cuándo claudica el hombre? ¿Cuál es el límite por soportar?
Las preguntan rondan en su mente con una inconsciencia encubierta, mientras por la ventana observa el paso de las nubes que presagian una tormenta. Es llamativo como las formas que gana el cielo ante el espectáculo del cual son testigos sus irritados ojos insisten en hacerlo viajar a recuerdos remotos, de cuando jugaba tirado en la tierra ensuciándose las rodillas, sin tener en cuenta el día de la semana , sin saber que marcaban esas agujas en el reloj ni preocupándose si alguien le decía algo hiriente, porque en definitiva, era el idioma de todos los niños.
El viaje atrás lo consume, lo revuelve interiormente. Se da cuenta que el dolor aflora cuando las lágrimas le mojan las manos, apoyadas sobre las piernas bien apretadas. Y se da cuenta además que hace rato que está llorando. Hace tiempo que comprendió que también hay llantos sin lágrimas, que son silenciosos y arden por dentro. Son llantos que se amontonan, se juntan como en una represa y el día que ésta se abre, fluye una cascada de insostenible pesar.
Si pudiera, dejaría de respirar en ese instante. Siente como la agitación del pecho lo domina, como se infla para luego desinflarse sin poder tomar control de la situación. Quiere detener todo, quiere decir basta, quiere creer que aún hay cosas en las que creer, que el amor volverá, que no quedará solo, que será querido otra vez
Se desploma sin caerse, se desmorona mentalmente, cruza esa línea entre la realidad y la locura, para después volver y no tener la certeza de haber vuelto de verdad. Se siente confuso, aturdido, defraudado. La resignación ya ha remitido, queda la angustia, el resabio de la amargura.
Pero sigue en la cama, sentado de frente a la ventana. Las nubes siguen su curso, ajenas a su presencia y el cree tener entonces algunas respuestas, que sin sentido van cobrando forma desafiando el caos de sus ideas.
¿Es cuando ya no quedan puertas por abrir, caminos por recorrer, miradas por conocer, amores que corresponder...?
Pero la respuesta es distinta cada vez. No hay una sola respuesta, como no hay una sola causa por la cual la vida no es la que desea. Los sentimientos apuñalados yacen en un cajón, a la espera del resto de su ser. Y lo sabe. Es una de las pocas cosas de las que puede estar seguro de saber. Que desea morir. Lo anhela con todo el alma. Se ha formulado esa palabra en su cabeza un millón de veces, ha estudiado sus ocho letras con tanto detenimiento que podría jurar conocer su substancia. Y juega con ella como si fuese un dado, una ruleta rusa, un maldito boleto de lotería. Pero no culpa al azar por no dictar sentencia, sino a su propia voluntad, aún engañada por los fantasmas de la vida, aquellos que le susurran en los momentos aciagos convenciéndolo de que aún hay motivos por los cuales vale la pena sobrevivir.
Entonces las voces en su cabeza se elevan en eterna discusión, algunas murmullan secretos, recuerdos escondidos por vergüenza, otras reclaman partir, otras quedarse; algunas alegan ya no sentir, otras ya no amar; se escuchan pedidos de auxilio, socorros no correspondidos, preguntas sin contestar, respuestas de preguntas jamás formuladas. Las voces se entrelazan una a otra, el aturdimiento llega a su climax, la cabeza estalla de dolor, de horror, de temor.
En cuando las voces se vuelven una, la definitiva. Esa que traerá la decisión, que marcará el destino y demarcará el futuro. Al menos, por un tiempo.
Pero nunca, jamás, todas las voces suelen acallarse. Y por más que se silencian, quedan allí latentes, en alguna parte, a merced del miedo, de la impotencia, del dolor, de la pena. Aguardando para un nuevo veredicto.
Hoy dijeron que no. Y la vida, entonces, sigue. Con sus sinsabores, sus esporádicas alegrías, sus ilusiones sin fin, el deseo de que todo cambie, de que el sol brille siempre y las cálidas caricias sean cosa de todos los días.
Hoy las voces le dieron otra oportunidad.
Verá que hacer con ella.

15 comentarios:

Carla dijo...

Que decirte Neto... senti el dolor, y encima venia de publicar lo mio que tiene que ver con sentir dolor.
Asi que se me achico el corazón y hasta me dieron ganas de llorar... porque pude ver a tu personaje, retorciendose de dolor,tirado en una cama, con las manos abrazadas a su cintura, con los ojos apretados.
hiciste una muy buena definicion del dolor, te diria que perfecta, Neto.
Pero, por suerte, al final hablas de una oportunidad... esperemos que tu personaje y cada uno de nosotros, sepamos aprovecharla.

Sil dijo...

¨... Se ha formulado esa palabra en su cabeza un millón de veces, ha estudiado sus ocho letras con tanto detenimiento que podría jurar conocer su substancia...¨
S U I C I D I O
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Si ya la tiene grabada en su memoria, no la podrá desterrar jamás.
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Hoy las voces le dieron otra oportunidad....pero llegará un día en que ya no se la darán.
(éso dicen algunas teorias ...)

MAGNÍFICO RELATO, SR MISTERIO, como leyendo paso a paso la mente del protagonista.
BESOS SUICIDAS.

Luís dijo...

Esplendido relato. Has logrado un ritmo, un tempo perfecto entre la presentación del personaje y el trascurso de la historio, del tiempo. Me encantó como hablas del dolor, del temor, la impotencia ante el deseo y la duda escondida.
En fin, un texto magistral.
La angustia, el desasosiego, atrapa al lector y lo mantiene atento hasta la última letra.
Enhorabuena.
PAZ

HUMO dijo...

Leerte me provoca un enorme placer!

=) HUMO

Martín dijo...

El dolor se siente como si fuera propio! Muy bueno Neto. Me atrapó desde el título! Felicitaciones!

el oso dijo...

Uy, Neto, ¿te diste cuenta de la cantidad de expresiones sublimes que tiene este texto? Si esto no es filosofía me retiro...
Veremos qué ghacer con cada oportunidad que nos den las voces.
Abrazo

Cecy dijo...

Excelente texto.
Esas voces han sido dibujadas muy bien en su maxima expresion.

Me gusto mucho.

Besos.

Emiliano Orlando dijo...

Hasta principios de julio son las inscripciones!

Saludos.

MICAELA dijo...

Hola! Hace bastante dejaste un comentario en mi blog, y me gustó mucho saber que al menos uno lee todo lo que uno escribe o copia y pega! No leí nada de tu blog, pero ya voy a tener oportunidad :)

Muchas gracias por tu comentario.
Un abrazo, Micaela.

Netomancia dijo...

Carla, gracias por tus palabras. Si, sabés que al rato de esribirlo y publicarlo, leí el tuyo y me dije "la pucha, lo mío es ficción, pero el tuyo suena a personal" y me arrepentí de haberlo publicado porque supuse que si lo leías te iba a afectar y cuando volí a mi blog, ya habías comentado. Pero esta vez, por suerte, el final tiene una luz de esperanza. Es que en realidad, siempre tenemos la oportunidad de hacer algo por cambiar las cosas. Saludos!

Doña Sil, exactamente esa es la palabra, ese es el eje de este relato en realidad. Cómo hablar de esa palabra sin mencionarla, fue mi idea al encarar el texto y bueno, salió. Y si, no dude que para escribirlo me tuve que poner en la mente del protagonista.

Luis, es un placer leer tu comentario, es 100% elogio! Fuera de broma, me alegro saber que pude lograr lo que me propuse al escribirlo, saber que te sentiste atrapado hasta el final y además, sintiendo esas sensaciones como reales.

Doña Humo, es un halago saberlo.

Martín, si, está cargado de dolor desde el arranque. Y tenía ganas de un título largo. Me gustan, ja.

Don Oso, gracias. Pero no cree que es demasiado decir que es filosofía, jaja. En todo caso, todo pensamiento humano lo sería, porque el texto son cavilaciones en el borde de la muerte, en el precipicio mismo de la locura.

Cecy, muchas gracias, agrada saber que el texto ha gustado tanto.

Emiliano Orlando, gracias por la respuesta.

Micaela, si, recuerdo haber pasado por tu blog, gracias por venir vos al mío y si, te esperamos con toda esta gente linda que viene a diario.

el oso dijo...

Ponerse a filosofar no está muy lejos de la locura. De hecho, más d euno delos grandes filósofos no escribieron tratados sino que transmitieron algo a través de sus escritos literarios.

Netomancia dijo...

Es cierto don Oso, también puede ser que justo al estar al borde de la misma contemplemos cosas que de otra forma no veríamos. El tema es volver para contarlo o contarlo estando loco, punto este último en el que nadie nos creerá.

Carla dijo...

Gracias Neto por tus palabras... si, lo mio es personal, tuve unos dias tristes... pero sabes que me encanta leerte, y lo bueno es que al final hay una luz de esperanza, asi que me hizo bien leerlo.
Besos!

Netomancia dijo...

Me alegro entonces si es así Carla. Qué te pongas mejor entonces, todo se supera o se asimila. Ley de la vida que le dicen.

Viento en suspenso dijo...

Exactamente lo que lamentablemente siento en estos momentos es tu relato.... al mezclar la ficcion con la realidad uno descubre el mundo imposible que anhelamos con el que nos da la vida ....
tu relato esta lleno de miradas introspectivas y con una profundidad que me hacen pensar...
yo también intento explicar las razones y las locuras del hombre sobre el papel... eso no quiere decir que lo logre pero si que lo intento... te queria avisar que me gustaria poner tu pagina en los enlaces de mi blog... es vientoensuspenso.blogspot.com
saludos y segui escribiendo que solo asi, a traves del arte desatamos nuestras limitaciones fisicas para ser libres en espiritu....