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15 de abril de 2009

El brillo de la luna

Soy investigador privado desde hace quince años. He seguido a gente famosa, he investigado en villas en las que pocos salen vivos a plena luz del día y hasta, en varias ocasiones, me he visto envuelto en tiroteos con maleantes peligrosos.
Esta noche es especial. Sigo a una persona misteriosa, que pocas veces se deja ver. Me encomendaron esta tarea ayer por la tarde, en mi oficina. Una persona alta, cabello rizado, ojos negros como la noche. Usaba bastón y sombrero de copa. Me pareció bastante gracioso, pero no dije ni pío, puesto que me pagó por adelantado y en efectivo.
¿Por qué especial? Por el nombre de la persona que sigo. Es el de mi hermano. Hace dos décadas que no lo veo. En realidad, debido a que había desaparecido de la faz de la tierra. Fue la idea de no poder encontrarlo, la impotencia durante mucho tiempo de observar a la institución policial incapaz de resolver su desaparición, la que me llevó a convertirme en investigador.
Aparentemente había estafado a la persona que me fue a ver. No me resultaba extraño, claro que no se lo dije al hombre del bastón. Mi hermano, en realidad, no era un santo. Al cumplir los dieciocho ya había cumplido más de dos años en distintos reformatorios de la zona. Para los veinticinco, sus entradas y salidas de las comisarías en cien kilómetros a la redonda sumaban más de una centena.
Era ladrón de poca monta, se quedaba prácticamente con vueltos y si, efectivamente, no era muy bueno. Acababa siempre adentro, como si le gustara pertenecer a ese mundo, tanto fuera como dentro de la cárcel. Hasta el día que desapareció, claro.
El hombre fue muy claro. Saber dónde se alojaba y si lograba un contacto directo con el individuo, hacerle saber que "Don Savarino" lo estaba buscando y darle una tarjeta con un número telefónico.
La noche estaba más oscura que otras noches. La luna no se decidía a brillar con fuerza, como temiendo a ser descubierta allí en lo alto y delatar su presencia a los astros celosos que pueblan el cielo.
El sujeto que seguía, en teoría mi hermano, había cenado en "Britney", jugado al bowling en "Carnavalarama" y luego, acompañado de una dulce y joven señorita, pasado gran parte de la noche en el motel "Sexys". Era una noche de mucho despliegue, algo raro para una persona que hace veinte años nadie encuentra.
Cerca de las cuatro, salió de la habitación solo. Caminó hasta la ruta y se dispuso a esperar, quizás un auto o un taxi, nunca lo sabré. Fue mi oportunidad. Descendí con velocidad de mi oxidado Fairlane y llegué hasta sus espaldas. Pronuncié su nombre, pero no se dió vuelta. El sujeto, con toda la naturalidad del mundo, encendió un cigarrillo y arrojó el fósforo hacia la ruta, como si no me hubiese escuchado. Le toqué un hombro y reaccionó con tal velocidad que no vi venir el cuchillo. Por fortuna sólo rozó mi cadera. Me sobrepuse, le di un golpe en la mandíbula pero el sujeto (que la noche no me dejaba ver el rostro) sacó un revólver, calibre .38 y gatilló.
Se escuchó el click del tambor vacío. Había olvidado cargarla o fue solo la suerte que jugó a mi favor. Sin pensarlo saqué mi pistola y disparé al corazón. Cayó fulminado. Miré su rostro, a la luz de la pálida luna. No era mi hermano. Una sensación extraña me recorrió el cuerpo, sentí que las piernas se me doblaban. Pude recuperar la compostura a tiempo, sabía que el disparo alarmaría a la gente del motel. Corrí al coche y huí de la escena.
¿Cómo podía ser? No me había equivocado con la persona. Estaba dónde debía estar. Las características que me habían dado, eran las que encontré. Salvo el rostro, que nunca había podido ver, lo demás era exacto. Pero el nombre y esa persona no tenían nada que ver.
Conduje hasta el otro lado de la ciudad. Debía llamar al hombre del bastón. Me detuve en una cabina telefónica. Busqué monedas en el bolsillo y encontré las suficientes para que la operadora me comunicara con el teléfono que tenía escrito en la tarjeta.
- ¿Don Savarino? - pregunté al sentir que levantaban el auricular del otro lado de la línea.
Una risa.
- ¿Don Savarino? - repetí, ahora levantando un poco la voz. No quería dejar que se me notara la falta de aliento y el miedo de haber fallado.
La voz me contestó. Conocía esa voz.
- Muy buen trabajo. Más de lo que pedí, pero mejor.
Aún no le había dicho nada, alguien seguro me había estado observando. Entendía poco de lo que pasaba y la verdad era que no quería entender más nada. Volvió a hablar y esta vez me estremecí.
- Es fácil ser el diablo, cuando nadie espera encontrárselo. Sabes que es malo y le temes, pero no quisieras topártelo. En cambio tu, querido hermano, has sabido de él durante mucho tiempo, hasta que claro, era hora de buscar nuevos desafíos. Sabía que si me buscabas, sería para matarme. Fue como sacarle un caramelo a un niño o mejor, como quitarle...
Río alocadamente y colgó. Me dejó helado en aquella cabina telefónica, casi temblando del miedo y del espanto, de odio y bronca. Mi cabeza era un caos y su frase final me remontaba a un ayer olvidado, que ahora vertía otra vez la sangre sobre la herida, haciéndome sufrir. "Como quitarle la vida a quién amas" había querido decir.
Si, tenía razón. Si lo encontraba, lo iba a matar. Pero no se mata al diablo, ahora lo sabía. El te mata a tí y no una vez, todas las que quiera.
Las sirenas policiales se escuchan muy cerca. No me extraña, la luna ahora si ha vuelto a brillar.

12 comentarios:

Sil dijo...

Don Neto, Ud. es formidable.
El final es para aplausos.

BESOS DIABÓLICOS.

Paul Grill dijo...

Mientras lo leia lo imaginaba en blanco y negro con pequeñas sospechas de color....al estilo Frank Miller.

el oso dijo...

...todas las que quiera... definitivamente.
Me encantó don Neto, y reafirmo lo de Paul. Me pareció una escena de Sin City.
Excelente una vez más.

Sil dijo...

COMENTARIO EN MI BLOG DE TU COMENTARIO:

SOS UN GENIO.

CÓMO ME GUSTARÍA SACARTE ESA MÁSCARA HORRIBLE...

BESOS DE ADMIRADOS.

Annie dijo...

UFFF!!!

EXCELENTE!!!
MUY BUENA LA PELICULA!!!
ACA COBRAN ENTRADA????

SALUDOS...

Netomancia dijo...

Póngase a reflexionar doña Sil, que mayor testigo mudo de asesinatos y tristezas noctunas a lo largo de la historia que la Luna. Cómplice callada y vaya a saber uno si también involuntaria.

Netomancia dijo...

Annie, por ahora es gratis. Estamos viendo si hacemos con don Oso, que pide facturas en la entrada.
Gracias por leer!

HUMO dijo...

Un lugar fantástico!

=) HUMO

Annie dijo...

Dígale a don Oso, que
no hay problemas...

Yo para las facturas
soy mandada a hacer,
y mucho mejor si vienen
con unos mates!!!

Espero su nueva entrada
Saludos!!!

el oso dijo...

Epa, don Neto, que los visitantes van a creer que nos la pasamos garroneando. Para que deje esto de ser un acto de fe comunico que cebo unos amargos sublimes, pero, estimada Annie, igual se entra con facturas en mano...

Annie dijo...

Buenas Don Neto! Ya pasaré con más tiempo,(para seguir sus "pelis"...

Don Oso! para unos mates sublimes, bizcochos de chicharrón!!! Invite a los que quiera, que yo pago(los bizcochos!)... Jé!

SALUDOS, ANNIE

Netomancia dijo...

Don Oso, doña Annie (falta Don Cella nada más! malísimo, pero oportuno) tenemos al cebador, tenemos a la compradora de facturas. Pongan la pava nomás.