Versión con fondo blanco, para ojos sensibles

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10 de febrero de 2009

En el tercero C

Oprimía con furia el timbre del portero eléctrico mientras se preguntaba qué pecado escondía debajo de esa imagen angelical, de esa pureza maquillada, de tantas mentiras disfrazadas de verdades.
No le contestó. Llamó de nuevo, maldijo y volvió a llamar. El portero, que lo conocía de tantas veces que lo había visto entrar al edificio en medio de una discusión, se apiadó de su figura recortada contra la lluvia de la calle, y le abrió.
Subió presuroso las escaleras, porque no tenía paciencia para esperar el ascensor. Llegó al tercero C. Respiró hondo, se miró las zapatillas desatadas y dudó por un instante si atarse los cordones o no.
Demoraba el momento, era consciente de ello. Sabía que su piel estaba sudando. Volvió a tomar aire y exhalarlo. Se tocó la cintura, del lado derecho. Si, allí estaba, fría incluso debajo de la remera. La .38 de su padre.
Golpeó la puerta. Los dos primeros toc fueron débiles, tímidos. Los últimos cuatro, hirientes, impacientes. No le abrió. Decidido, sujetó el picaporte, lo giró y la puerta cedió. Estaba sin llave.
La imagen fue impactante. Los muebles desparramados, copas y platos arrojados con bronca contra los rincones, las paredes rociadas de sangre. En el dormitorio, un torso decapitado descansaba cruelmente sobre sábanas teñidas de rojo. No se preocupó en buscar la cabeza. Quizás el amante despechado que le había ganado de mano la había tomado como premio.
Se retiró en silencio, pero sonriendo y feliz de no haber tenido que usar el arma. Tarde se había dado cuenta que no la había cargado.

3 comentarios:

Carla dijo...

Excelente! Muy bueno...

el oso dijo...

Muy bueno!! Ja! Frustrante tranquilidad la del tipito.
A veces la vida hace lo que nosotros queremos remediar en un acto de justicia. Lo que nos rebela es que a veces se olvida.

Natanzuelo dijo...

Claps!
Muy bueno :-D